jueves, 9 de junio de 2011

Nocturno de Fréderyck alentando a componer al soñador de la vida a su alma.



Nocturno de Fréderyck alentando a componer al soñador de la vida a su alma.

¡Oh acordes míos necesito vuestros alientos!,
dejadme vosotros que les de el ardor que duerme en mi cuerpo,
¡cómo en toda esta noche que les estoy componiendo!,
¡oh que son más que divinos para mi pasión que quiero!,
en cada acompañamiento que les hago son tan sonoros de mi sentimiento,
sentimiento que nadie comprende en lo que digo de mis vastos versos,
a veces son como clandestinos al momento de componeros,
como en las líneas de escalas además con calderones
los cuales en ese aumento, da el silencio de mis voces,
ahí es cuando me invoco y se ven imágenes de pasiones,
pero: ¿cuál imagen o figura de pasión?,
de ese tono mi otro yo tocando el piano de ilusiones,
sabiéndoos él que estoy ahí viviendo de amor.
Así compongo y vivo de fervores,
y oigo de un piano un nocturno de mucho corazón,
un nocturno que a mí de lejos al componer me hizo oír sus voces,
y a todos mis rincones le hizo enamorar de esa musa música de efusión,
de la obra treinta y dos número uno del compositor Polaco,
qué dulce tocada fue esa la que tocó de pasión
que a mí aquí me dejó apasionado,
y así dándome ese sonido la magia de componer más de amor,
y no dejar de querer a esta composición que me ha hablado,
así como él de lejos tocando, como en sus sonidos tan acariciados,
difícil de olvidaros sería y que en esta noche compongo el nocturno igual de lo sagrado;
y claro no solo eso sino a la vez escribiendo esta poesía que amo,
una venustidad es toda esta musa de sonidos que he querido,
que no han sido jamás olvidado de mi ente en los días benditos,
y que siempre sonaréis vosotros en mi alma y en mi destino,
en mis sueños los cuales son vosotros sonidos,
y los cuales son la clave de mi vida y la llave eterna de mi destino,
no hay otra vida en que dormir y por eso estaré durmiendo ante el aroma de su alma;
estaré ahí por siempre componiendo y escribiendo en noches y mañanas,
no me alejaré sino les alentaré de mucho romance,
porque es la música en que vivo de quimera como esta a lo imaginable,
y porque en ella veo amor y una primavera de colorido forraje,
de noches tranquilas tocando el piano a lo apasionante,
y sabiendo que no es mentira sino mi mundo a lo calmante,
y es lo que todo compositor desea vivir en la vida sonante,
que nada sea averno ni tártaro de esta naturaleza apreciable,
sino lo alentador como lo son los músicos y como la pieza que oigo de romance,
tan dúctil ella y hablada de su amado lenguaje.
Pero que sigo componiendo el nocturno para él de palpitante,
siendo mi vivir eviterno de cada minuto de lo maravilloso,
de que este es mi sitio y que haré ver lo grandioso,
no había antes en vidas pasadas descubierto lo sonoro,
pero al descubriros entendí que es mi idioma amoroso,
en el cual debo dormir y escribir siempre de lo grandioso,
por eso Fréderyck ahora os daré una gran composición,
la que me ha llenado en el alma como a ti las vuestras de ilusión,
y siempre en la vida vuestra le llenó de sus piezas el inmerso amor,
es sempiterno vivir de lo que amáis tanto en tú corazón.

Termino las hojas del nocturno y se la toco,
oye a lo lejos y dice Chopin: ”¡es horrible lo que has tocado!,
no combináis en los acordes lo ornamentado,
os faltad mucho para poder ser el mago de las manos,
de la sabiduría que tiene en el silencio de una alma y del piano,
mis oídos se han detestado,
os pareceréis al tiempo a un ignorante tocándoos,
no servís joven de la poca magia que has dado,
hasta los ruiseñores se han espantado,
al pobre instrumento que es el piano
solo ha recibido el felón defecto de lo engarnio,
solo por vuestras impúdicas manos.
Sólo es una mendaz memez de ludibrio o escarnio,
porque vos tenéis sonidos súper románticos,
condujisteis los mejores acordes del idioma que has creado,
has hecho de tu ser ver la obra de un nocturno salvado,
no está en morriña vuestra pieza sino en lo Dandi,
así como la ópera completa de Mozart,
como la de Don Giovanni,
vuestra pieza que tocasteis es tan imaginable y hermosa
fue como oír los violines mágicos de Antonio Vivaldi,
vuestros tonos que disteis en cada sonido como estrofas,
como poemas lo que elaborasteis para mí de tu idioma,
y espero que no os hayáis molestado,
por si fui cruel pero quise darte una sorpresa en lo mágico”.
Soñador: “Sus palabras al principio me dieron dolor,
pensé que en realidad había hecho una espantosa composición,
pero luego cuando cambiasteis el sentido de la palabra
me maravillé de emoción,
y sentí que tenía pura y dulce el alma
al solo al ver oíros vuestras palabras de pasión.
Y lo que más e importa fue que vuestro nocturno me hizo hacer esto de amor,
fue porque vos dio primero esa magia de ilusión,
no fueron solamente mis acordes sino vos que eres el poeta,
un poeta del piano que ofrece siempre milagro,
y que al oíros fue cuando despertasteis la belleza,
y el mundo en que me trasladé fue tan de lo enamorado
que vi hasta diosas de ese forraje o naturaleza,
y que no dejé de acariciar a más de una de lo encariñado,
y solo ofrecer en ese mundo imaginario lo apasionado,
vos fuisteis lo que hizo a mi magia a dar el amar,
a que conociera más del piano y de su entonar,
porque no son solo sonidos sino el lenguaje de nuestra paz,
y de esa sagrada sonata número tres del movimiento tres
que vos tocó en mi mundo imaginario,
al cual aún suena en mi poesía de lo hermoso y sagrado,
no soy solo yo quien compone lo tierno,
sois vos también Chopin que dejáis lo eterno,
lo dúctil y bello, mágico e infinito de los tonos ante este mundo de sentimiento;
tantas piezas vuestras son la calma de la naturaleza oyendo,
es como oír una cascada, sentir el agua que llueve y que cae en las montañas,
vuestra música hace ver más, hasta me hace contar las estrellas para ver si consigo
en una de ellas tu aroma, a descifrar tus palabras que tienes de vuestro romántico idioma”.
Chopin:”qué palabras decís, mejor dicho sois el poeta,
o los dos de esta vida y del adorable planeta,
en verdad estoy agradecido de conoceros soñador,
sois la única persona que me entiende en la pasión,
de mis tonos en que hago en los nocturnos y piezas de amor,
os enamoráis muy fácil de ese mundo en que vivo,
y es lo que me hace feliz en realidad del destino,
y si la música musa mía os hace ver eso,
que siempre sea así porque es lo dúctil y eterno”.
Soñador:”sí así es amigo, lo grandioso y bello,
lo que no se puede quitar de uno en lo imaginable,
sino que vivir ahí siempre en lo adorable y afable,
siempre os quise conocer Chopin en la vida,
eres para mi un compositor que sabe vivir en las cantigas,
sabe dar la frase a cada tono de una poesía,
eres él que dio y da pasión a lo lejos de la existencia,
y al que toco solo vuestras piezas de mucha terneza,
de eso viviendo vuestro mundo de belleza”.
Chopin:”¡Gracias, sois muy increíble!,
de verdad me dejáis sin palabras,
¡que viva el amor del soñador en que vive!,
y que en su corazón se llene de sonidos visibles,
que siempre lo toquen de armonía porque eso en él existe”.
Soñador:”igualmente gracias, vivo de amor,
sí de amor que viva mi pasión, que viva mi ente como el vuestro,
que seamos solo nosotros en el mundo de sentimiento,
sin ver a lo lejos tanto lo mesto,
solo que lo alegre de un verso,
de un sonido al componer de lo tierno.
Ahora me iré, chao amigo espero veros pronto”.
Chopin:”Ha sido un encuentro muy afable y admirable,
siempre estaréis en mis sonidos a lo grande,
nos veremos pronto allá en el cielo de Dios,
esperad cuando sea la hora y hablaremos amigo,
no olvidaré su grandiosa admiración
porque estáis en mis divinos sonidos”.
Soñador:”será entonces esa vez que nos veamos,
siempre tocaré vuestras piezas de lo amado,
hasta ese día entonces será,
hasta ese día y tocaremos juntos,
espero eso amigo Chopin, cuídate mucho,
yo tampoco lo olvidaré amigo,
hasta pronto pianista”.
Chopin:”hasta pronto joven gracias,
no es para llorar, lo veo con ojos tristes”,
Soñador:”sí así ando es que lo quiero y aprecio.
Y al irse siento que va faltar un gran amigo y compañero.
Chopin: “tranquilo ( y le da un abrazo)
no se sienta mal”.
Soñador:”gracias por el abrazo. (con lágrimas en los ojos)
Seré fuerte y esperaré hasta ese día”
Chopin:”gracias así podré irme tranquilo,
si mi venida fue porque me di cuenta que te faltaba un amigo”.
Soñador:”sí así fue, bueno vaya al paraíso. (ya estaba feliz)
Chao Fréderyck Chopin”.
Chopin:”Chao amigo no lo olvidaré jamás.(y desaparece y el hombre queda solo pero feliz).
Soñador:”ya la vida me dio un amigo y no imaginario,
un amigo con quien compartí lo que yo más amo,
viviré bien y seguiré componiendo en la vida,
es mi destino y es mi amada poesía,
son mis versos y son mi eterna vida, ”.(y se va el soñador).

jueves, 2 de junio de 2011

"El compositor de una noche"



El compositor de una noche

Vivo entre las santas melodías y acordes,
odoríferas entre el tañer de mis voces,
las cuales son vastas en uno solo de mis imaginaciones.
Pero hoy sentado en frente de los astros,
viendo vesanias solamente ante mis pasiones,
sabiendo que no soy un poetastro
y que siente el alma entre lo musicastro.
He vivido amándoos cada vez a ella,
ahí aromaré, viviré como rastro,
y ningún inmortal me quitará de mi naturaleza.

¡Oh cuánto os siento alma mía en esta noche ante Gustavo Mahler,
como en sus trazos de notas que cantan de grandeza,
su sinfonía cinco del Adagietto que entona de romance,
y que oigo tan enamorado sus voces de belleza!,
Fue un austriaco que cantaba ante nuestro salvador,
y que lo leo así ante los vocablos de sus cuerdas en amor.
Comienza el compás con una nota fa del dulce violín,
pidiendo ante nuestro Dios compasión.
Y toma el relevo de la estrofa de las voces ocultas el arpa en tono si,
y en La luego convirtiendo a su alma en paz hacia la cara del amor,
del perdón que es el en tonos de su Adagietto a do y sol,
muy sumisos dan hasta en los violines que tocan para la paz,
para la vida de lo que él rodea hasta su último olor.
Violines al sentirlos y verlos en mi noche de su sonar,
me acobijo ante sus cantos que expresan el lenguaje,
estoy en paz como el de gran felicidad,
y sé que allá debe de estar romanceando de magia astral, como Gustavo Mahler,
el que amaba componiendo de sensibilidad,
y que era su lenguaje no salvaje,
y que siempre vivirá en sus sonidos y en su nombre lo adorable,
lo apasionante que sentía como un poeta en sus líneas del romance.
Así fue ese amigo grande de la historia sinfónica de su alma,
de sus sueños que vivió como de lo mozo para su sonada,
y que hoy he dado en tinta de caricias como en su sinfonía esa arpa,
la que arrulla como gotas de lluvia dulces cayendo a mi calma,
qué rutilante es ver las luces que bota  Mahler ante sus violines que no descansan;
como de sonar ante la noche mía en que escucho su alma.
Termina la música, los violines se van y las voces que escuchaba en silencio igual,
las voces eran los instrumentos de las notas y de la historia,
no veo ya nada y solo tengo en mis manos una dócil bella pluma,
¡no sé qué hacer! sólo sé que voy a escribir en partituras,
y agarro mis hojas que son mi eviterno vivir de ternura,
que son el hablar de mi noche de locura,
y me acuerdo de Federico Chopen de su concierto número uno de la obra once;
y empiezo con su allegro maestoso a escribirlo y a vivirlo de ensoñaciones,
comienza con dos violines y un chelo simple de notas como si mi re sol,
creciendo luego en: si tres tonos de un tiempo de lo enloquecedor.
Se vive a través de la viola , del fagots y el oboe de cuatro minutos de explosiones;
del aullido agitado en su entorno de sus voces,
se ve en mis manos mucha tinta regada por haber escrito ya de partituras catorce,
como de páginas del allegro maestoso
que dio este joven Chopen de lo majestuoso,
y que al oír en ese momento es de lo que vivo al escribir de él.
Doy la entrada al maravilloso piano, sigue en fa mayor la composición de lo sacro,
y las notas son estas de ese concierto mágico,
clave de sol con un acorde: “mi sol si mi”,
clave de fa de un tiempo con: “mi hasta una octava más con mi”,
luego dos arpegios rápidos, y se unen luego las semicorcheas,
y otro de un quintillo de semicorcheas de dulce belleza.
Es una maestría hasta que su alma habla poco a poco de la vida que lleva;
luego prosigue un tono, al pasar eso varias semicorcheas,
con acentos entre ellas muchas hasta dar en el compás próximo su gentileza,
de un tono para un trino divino de un tiempo,
y se repite igual que el comienzo pero en diferentes pisadas las notas de su aliento;
se vive grandioso al escribir su partitura,
hasta que llega el momento de oír ese sonido que nos levanta la piel y el alma;
que nos da el arrullo a nuestra poesía que tenemos encerrada,
y a la que hoy da luz ese sonido que escribo de magia,
y suena en un tiempo así: “mi en la clave dominante de sol,
sol si re en clave de fa de esa sonada de fulgor,
una octava más de do central el do y fa en clave de sol,
como una semicorchea luego con fa mi re#”,
y la clave fa: “de la y una octava más unidas
de un tiempo llena de su concierto de vida”,
y de clave de sol: “en ese mismo compás de tres tiempos,
suena la corchea de si mi unidas, luego con una semicorchea la fa”,
en clave de fa viene el tiempo: si re# y así termina el compás,
y aún sigue la marea sin terminar sino fluye aún más,
con un sonido que sabe solo detallar,
como la pureza de su alma de Chopen en majestuosidad,
la dócil sensibilidad que tenía de ese olor que siento en paz,
y que mi noche no se va apartar,
porque ella me habla y me dice que soy su compositor que le ama,
y que rodea mi alma y que al escribirla me entona de magia,
no sé pero me da su romanticismo en pocas palabras,
me ofrece su mundo, su vida en que vivía de pasión vesánica,
solo mi sentimiento oled lo que el sentía en noches su alma,
y son las notas siguientes de sentir como ellas,
que son una deidad de notas que posee gran belleza,
llega hasta el paraíso ese sonido que hasta afroditas besa,
que ahí en esa paz se llena,
y que ante ese sitio al escucharlo hoy aquí a Chopen de mi partitura embelesa,
se maravilla por mi obra que hago de tanto venero,
que no soy un chico que vive de lo loco sino de lo tierno,
que ellos también en esa época vivieron,
y que yo la quiero vivir escuchando su sonido de lo eterno,
que me toca y me hace hablar como a Dios en frases de lo poético,
y que resulta ser ante la humanidad esto esotérico,
y más que en palabras del sonido del mago lo patético,
y de esa congoja llega más a lo plañidero,
por ser el fortunio que dicta el poeta y yo mismo al mundo de los versos,
que no son mentiras sino la felicidad en que se lucha y se solloza más por lo bello;
por lo encontrado de ese si mi sol que suena de dulces tonos en mi pecho,
que lo huelo y amo por ser el sonar y soñar de mi noche de sentimientos,
¡qué belleza, qué sonido me da la vida en un divino concierto!,
en que escribo y vivo solo del imaginario mundo en que beso,
no hay más adonis que pinte o Zeus que mande como yo a mi sueño,
o que haga milagro como yo a mi piano
que lo dejo en versos de lo enamorado,
que es mi idioma en que manifiesto lo más sagrado,
lo más puro como el reino de Dios mi pasión a que amo,
y el mundo ni se da cuenta ni siquiera lo que hago,
como de lo inmortal que es esta esencia,
esencia en el que respiro siempre en lo que pruebo y consumo,
que es mi melódica primavera,
y que en el es todo mi fortunio,
que es mi pintado único mundo,
que es mi piedad de mi ser profundo,
no hay más que este melodioso amor,
que este armonioso ardor
que se agita en mi corazón,
que dicta la lengua a la aflicción,
y en caminos allegros maestoso a la radiación,
todo es una marea que sube y sube sin cambiar mi amor,
solo relevo el sentir para ser la obra de la noche,
un astral universo que en mi toque,
que se deje mostrar al mundo que es mi orbe,
que es mi vida su pasión y que en mi se adorne,
que duerma conmigo de su sonido que es este de soles,
de un tono la clave de fa: mi y una octava más mi,
de un tono la clave de sol es: sol y una octava más sol,
ergo dos silencios y suena el compás siguiente,
en clave de mi pequeña fa: mi en corchea, y tres acordes en sol si mi de corcheas,
y en clave de sol: al pasar eso hay dos silencios,
falta un tiempo que es en clave de fa el mismo acorde en dos corcheas de sutileza;
del primer acorde une de la clave de sol; el de un silencio de semicorchea para otra de semicorchea en tono de si siendo una octava más de belleza;
y el próximo acorde une a sol y la que es semicorchea,
y así se ve mostrando el mundo colorido que vive ese poeta,
el polaco que vivió y que dejó aroma de grandeza.
Y en sí viene unas 21 notas rítmicas divinas que sonáis de la dulzura de esa pieza,
y se une el romance del idilio que el romancea,
y que escribo para mi amada naturaleza,
la cual son estas letras y notas de mi poema,
y que no dejo de escuchar en esta noche ese sonido que a mí de paz me deja,
sueño y sueño hasta que los ojos se me cierran y logro por terminar las veinticuatro páginas de mi noche fresca;
y cansada en que vivo de lo poeta,
de mi esencia sagrada que es inmortal de mi vida que me respeta. Solo durmiendo en la pasión sin ser acompañado de nadie durante mi madrugada que me lleva; solo ilusiones por hacer en violines, pianos nada más que eso que en verdad amo, no hay más que eso en mi, solo es frenesí, es delirio, es la vida que vivo. Y que eviterno será mi camino, nada podrá apartarse del ósculo que acaricio, como notas y a mi alma, porque ella volará para la vida, no será mustia en la existencia. Sí llegaré a ese mundo de ganadores de las almas de esta vida que hicieron sus anhelos piadosos que viven allá; los amigos que espero encontrar, y que espero hablar de las aventuras que he vivido. Tocaré lo más intocable de un imperdonado pecador, gozaré de lo que siempre he querido amar, porque los versos hablan de lo que he sido y solo eso, no hay otra alma que exista en mí, solo vive una siempre, no hay personalidades respecto al amor, solo la de mi ente hacia Dios, hacia mis principios que devoro en pasión, solo mi anhelo fue alabar y orar en música a Dios de paz, de que es esta la vida y que está lograda si mis ilusiones son de los versos voces de óperas, que fuesen cantados así no lleven música. Que me lean y se den cuenta de lo que quería, que nada fue un sueño solamente, fue la historia de los sonidos, fueron los violines de mi amado ser, !qué siempre soñé tener! como en hojas y abrazar en masajes; y besar en versos más por lo que me da vida en el romance. Solo vivo y viviré en remembranza del paisaje, del cielo e imaginaciones de los sonidos de los astros que suenan al solo veros, del surrealismo que en mi se explaya al amor de las letras, de que los nocturnos clásicos en el piano son mi misma pasión. Franz Liszt como el sueño de un amor, nocturno número tres, el que habla en el nombre de su amor, no se podría decir solo es esotérico, el cual a mí me habla, cuando lo oigo de esa magia, de esas tonadas, su vivir clandestino, su sonido y del surrealismo, a qué más va ser, solo que a su amado castizo sensualismo, a su efusión del apasionaos tañer del nocturno y de todos sin torbellino, sino vencido a esa gloria de su sentimentalismo, su raza, su voz y su corazón encendido, su corazón en paz de su surrealismo, de lo que vivió y que quiere en su nocturno bellido. Y muchas otras sonatas, la Hungarian rhapsody número dos, empieza con un movimiento: “lento caprichoso”. Y es muy marcado en los acordes de la clave de fa de acento fuerte, lleva adornos en sus ocho compases del comienzo, luego viene el movimiento andante mesto, que es otro flébil movimiento, su ánimo es de ida para saborear la belleza de su cielo, de su patria a esa tocada de esotérico aliento, vivía entre ese mi mayor sostenido, así de lo bendito y dulce de su sonido, lo cual hacía cada vez el Franz de lo bellido, y que esa música a mi me da serenidad y amorío, no se puede decir el lenguaje verdadero, solo los de esta pasión saben leer su sentimiento, y es así como yo os siento Franz y a otros al escucharos en sus obras de silencio, porque es solo eso el silencio de su música y así ella os habla de lo bello y eterno. Y está otra obra, su sinfonía fausto, su poema sinfónico número dos y su campanela de ilusión, sus baladas del húngaro de pasión, todo era el roce de sus mismos labios sentir la fortuna de su gran reino de la poesía sonada, y sus consolaciones que compuso en refugio de sus voces, las cuales transmitíais vosotras ardores, y en pocas palabras en su vida de él consolaciones, por eso es que se llaman así, y su mágica e inolvidable es la “consolación número tres”, la cual oigo ahora y que he oído siempre de Liszt, por esos tonos que son consolaciones, como a mi alma y a la de él que lo era seguro, porque estáis tranquilo sin rencores, de una identidad de soñadores, de una paz fuera de este orbe o mundo, y que en mi suena tan lluvioso de esos tonos de fortunio, y que llega a lo más hondo y último, como de mis genes en romances de diluvios, para crear poesías con lo que siento siempre en lo cándido de mi rumbo, de no saber si alguien o destino me entenderá, por lo que en mi he creado y amado, de no saber si alguien igual lo amará, así de inmenso en su corazón bombeando.
Józef Elsner
Pero Franz Listz era muy amigo de Federico Chopen, los cuales se llevaban muy bien, Chopen dejó gran romanticismo en sus letras de los acordes de sus composiciones de la pasión, preludios como la obra veintiocho de número cuatro, sonatas como la obra treinta y cinco número dos, la cual invoca de gran misterio esa música de gran valor y amor, nada se pudiese cambiar a lo que está pintado en sentimientos por el poeta del amor, y de esas sonatas que él creó y que olió, la que resuena en las costas de Polonia de vibración, la número tres del movimiento tres de gran modulación, de la obra cincuenta y ocho de adoración y salvación. Son el acento de su nación, de su alma joven al amor, de lo que siempre vivía y en que vivo de inmensa predilección. No se apartaría ni se ignorara lo que Dios le ofreció y que al oír se siente solo calma y pasión, y que a eso mis sentidos en todos ellos no hay evasión, porque a ellos yo me siento con vida así esté mal a veces en la vía. No se apartara, así como en los valses como: el vals número diecinueve, el cual es allegretto en muchas semicorcheas y adornos de pasión, un sonido que en mi supo llegar ante el piano de gran romanticismo, sentir ese sonido en metáforas grandes, de lo que vivía en aquel tiempo Chopeen de sentimentalismo, y que oigo ahora su Vals de imborrable vida, el que me sé de memoria de las dos hojas de partituras, y al cual devoro con pasión en el piano de ternura, en clave de sol empieza así: mi, la si do, do re mi fa, si do re la sol fa, y luego una apoyatura de: “mi fa y corchea de mi y re sostenido, ergo mi con dos tiempos, una belleza la clave de sol empieza, y eso a mí me da terneza, porque siento lo que Chopeen veía en su mundo de la encantadora naturaleza, sus ojos a través de notas de delicadeza. Componía nocturnos poéticos, aunque hayan muchos, era su gran aliento, del vivir en sonidos de fe, yo me aprendí estos tres, son cambios de ritmos los que diré, como de cada pieza que solo expresa el ser humano en vida a carne de notas; un hombre luchador de sueños, el soldado de la fidelidad a su patria, que con música hizo para la alabanza, de esperanzas mantuvo en su ser, de amores también, pero la pasión que más le hizo ver, fue que tener música y oler sería su paz de su alma y sonidos, cubiertos con sus sentimientos sagrados de este joven que vivió muy enamorado, nadie ahora habla de él, solo los grandes que lo conocen, porque ha dejado de verse un rapsoda Eros del amor, como Federico Chopeen, el cual tuvo gran romance en la vida con George Sand, la cual fue una araña venenosa con él, al querer ella hacer con su vida lo que quisiera, no dejaba que estuviese con su profesor Józef Elsner, con el que pasó moza vida ante el piano, al ser tan víbora llevó a Chopeen a Mallorca, ahí le hizo componer, y Chopeen olvidaba a su gran amigo, con el maestro que compartió sonrisas y una historia de gran afable amistad, el maestro a tal lejana distancia se sentía mal, por no verlo más, Chopeen se había ambicionado con componer aún más, y la duquesa Sand era cada vez más dominadora ante él, él en el rincón de su alma la quería, componía valses, nocturnos poéticos, etudes, y ya estaba cansado de obras tan repetidas, prefirió componer una obra que perteneciera a su patria, se enfermaba en el frío de España, llovía mucho, su profesor Józef Elsner veía como su alumno crecía en las obras tanto, sabiendo que él iba a componer una que cause pasión al mundo, y sobre todo a su nación, él por sus piezas se maravillaba, pero en su ser lo añoraba, ese amigo quien le hizo crecer así en la noble pasión de la música, él fue quien le dio ese idioma a su piano, a su alma su lirismo poético, y su magia de Frederick por eso que creció tanto, pero algo le faltaba a este compositor, algo, ese profesor amigo de su joven vida, para poder lograr una vida de arte renacida. Un día regresa a París, interpreta ahí sus obras, y va su profesor a verlo, porque se entera que iba a ir a tocar el piano, y cuando termina Chopeen y lo ve, no dice nada, su profesor le dice tantos años ya sin verte Frederick, y ni un abrazo me das, que te ha hecho esa mujer, te ha transformado en una persona fría, o habéis olvidado aquellos tiempos de nosotros”, George Sand entra diciendo: ”Aquí no hay nada de qué hablar ya los años pasaron y lo que queda es el arte de Frederick, vos no sois digno de dirigiros ante él en palabras, ya vuestro pasado feneció, mejor retiraos que Frederick no quiere hablaros, o no os dais cuenta en su forma de ser, en su mirada, no hay cariño, mejor alejaos de aquí”, Józef Elsner en el fondo tan tedio y lacrimoso, le dice a Frederick: “una vez un patriota dijo al que conocí, que así su arte sea el don, esa misma arte iba a convertir en gloria a su país, no que iba a realzar su elegancia con vanagloria en el mundo, no debe, pero vos no tenéis eso Frederick, no contenéis esa vida que cohabitaba hace años, vuestras ideas han cambiado, sois otra persona, sois irreconocible, me da a veces lástima veros así tan caduco y fusco en el alma, solo os diré una situación que ha pasado, vuestros amigos de Polonia lo van a matar y vuestra hermana anda mal, Polonia está mal Frederick”, al momento Frederick reacciona diciendo: “como quisiera ayudaros a ellos con mi vida, darles algo y que salgan de ahí”, algo en las palabras de su gran maestro noble le había hecho recapacitar; y le había hecho sentir su maestro, se aleja y le dice: “ vos ante esta ramera qué vais a tener vida, si estáis más que podrido ante su viles ideas, y por último esto os dejo”. Le había dejado en un saquito adentro algo, y cuando se va Frederick lo alza y lo ve en frente del piano, era tierra de Polonia, eso le tocó a su sentimiento empedernido que tenía, le hizo ennoblecer más, hasta que de esa vez Frederick va donde interpretaba las obras, y le dice al gobernador del salón que el busque la manera de que el vaya a tocar a vastas personas del mundo, que haga sacar todos los francos si es posible para que se lo den a su profesor Józef Elsner, de su victoria que tuviese en las interpretaciones de recitales, iban hacer para su maestro, ahora comprendía todo, se volvió ese joven humilde de su sentimiento y querer, y le dice:” y vuestra salud Frederick, pensad más en vos”, responde: “Has lo que os digo, sé quiénes importan más ahora, hacedlo sino destruiré vuestra ganancia”, el gobernador de parís de la misma música de los recitales, tuvo que hacer caso, y la obra con que luchó componer todos los días, dio el resplandor, y que da es en el piano con su obra más férrea y con querencia a su misma sangre, Frederick toca y el mundo se da cuenta de su Polonesa opus cincuenta y tres, el mundo se vuelve mudo y ciego ante tal obra milagrosa que moja de heroísmo a su mismo país, quien dedica y de las ganancias iba recibiendo su profesor Józef Elsner, se dio cuenta que Frederick volvió hacer el amigo que extrañaba, juntos otra vez, ahora Frederick estaba más alejado de la víbora de George Sand. Estaba ya Fréderick más enfermo, mientras tocaba el piano en los recitales derramaba ante el piano sangre, ya su salud empeoraba, pero al pasar tantas cosas de la vida, aprendió la mejor salida de seguir en una vida a la muerte pero con gloria de su nación ante su mágica y viva heroica polonesa cincuenta y tres; así él vivió, Chopeen al final muere pero acompañado de su Profesor Józef Elsner, tocando afuera de su lecho de muerte Franz Liszt un nocturno, el opus cuarenta y ocho, número uno, y mientras sonaba, el ambiente era así mismo la misma defunción para ir ante el paraíso con paz y calma de su gran espíritu que logró dar lo que en su pasado de niño se lo confesó a su maestro, fenecía feliz, escuchando su mismo piano la obra que hace ya mucho compuso, el gobernador lo acompañó, sus amigos, su enamorada no quiso ir en donde ya no había ni el roce de esa pasión, quizá ella estaba ofendida, porque ella fue quien estuvo más a su lado quién le dio todo, pero jamás ese amor real que su maestro en amistad dio, quizá al fenecer Frederick su amada Sand habrá sollozado ante lo consternado, muere entre los tonos de las notas, y en su país Varsovia, se sentía en su país, cuando cae su cabeza y fenece el piano hace silencio, y suena el Réquiem para elevar a su alma al santuario de Dios, por haber sido un índole como de aquellos clásicos que vivió solo a través de la música, no de óperas, sino él como el poeta del piano, pero en su fúnebre partida suena ese ambiente de Mozart, para que así su alma se eleve a ese paraíso de gloria y extensa paz, así vivió, así vivirá como en sus obras que está su lenguaje para siempre, sucumbe de tuberculosis, la vida le ofreció una genialidad inmensa y la hizo y no pudo más que irse a descansar, unos de sus nocturnos son, de los tres que amo entre mi alma de verdad son, el nocturno número veinte, muchos grandes artistas lo han tocado, saben vivir esa música eclesiástica ante el tono de evocarse, lo que a veces un poeta del piano puede vivir, y que en lágrimas tocan y la sienten, que ven visiones que él mismo Chopen veía, el movimiento es lento con gran expresión, y la armadura de mi mayor, dan unos acordes al comienzo, igual se repite el próximo compás, y dos silencios, y luego el relevo de la hermosa nota sol en clave de sol siendo una octava más de dos tiempos, acompañado de la clave de fa que son corcheas, do sol mi do, y un trino en clave de sol de dos tiempos en fa siendo una octava más que la fa del comienzo de las notas, se llena de esa gran composición de este mago de las notas, y la tocada es vidorria de cuita existencia, es lo que habla en el silencio del sonido su alma compungida, habla del extremo de que todo no es como uno cree que es, es lo que vivo y siento, no un decir de cualquier cosa, es la vida que me flecha en tonadas de aflicciones, es todo y así será, hasta que cree otro de fortunio y vasto ardor. El próximo nocturno es la obra treinta y siete, número uno, movimiento lento, el cual es un sentimiento de la plañidera vida, plebeyas voces se escuchan oír, poética la obra, como muestra en tañeres su sentir, solo es eso y más que la tormenta entre nubes que da a su alma plebeya, como tañeres de sus acordes que revientan, se trata de un Chopen, un Dios de la música, y al ser así es el Dios de esta obra de la cariacontecida, del infortunio el cual refleja de su alma y parte de su vida. El nocturno no número dos de la obra nueve, es allegro andante, es la renovación e ida de su alma, su mismo sentimiento a un orbe de flores, de primavera florecida de olores, qué pieza majestuosa es y que al tocar hoy junto al componer el poema me siento único del astral universo, de este sueño que huelo y que hoy toco ante mis versos, jamás la música dan en finales de los compases, ellos siguen subiendo a la voz de Dios sin dejar de cambiar al amor, a él que uno está en armonía, estás en paz, duermes con alma de hombre hacia un paraíso mágico, y las manos de él te caricia la cara, se amolda a tu semblante e imagen, vives de lo que buscabais y que encontrasteis de amor, y vives del fortunio sin resquemor, es la vida, sí la vida de vivir de lo que quieres, ¿quién? solo que ¡tú!, y se es rutilante.
Y también este poeta como el mismo yo, dio conciertos como el romance larguetto, el larguetto del movimiento número dos, gran multitud de belleza, como de cadencias que suenan, en esas composiciones que a mí me dejan como de su existencia. Como la que conté de su concierto número uno de la obra once, eran lenguajes sacros que su alma hablaba en cuerdas de magia y amor, así eran esos dos grandes artistas como Franz Liszt y Federico Chopen de la música heroica, el que compuso muchas Polonesas, como su grande polonesa obra veintidós, que son primero violines y luego da la entrada del piano de un sonido tan sonador y embrujador, que contagia a nuestra alma su misma pasión. Qué delicia es oír sus grandes cadencias que transmite en esa pieza dócil del compositor, componía a su corazón de Polonia, con su polonesa que amaba siempre de locura. Chopen vivió en Polonia pero al tiempo se fue, y solo lleva el recuerdo: “que así no esté mi música ante Polonia, las polonesas son el reflejo de mi mismo amor, como a otras obras que expreso de lo clandestino de mi corazón, porque no digo en letras sino como lo poeta del piano de ilusión, y que soy, y que amo en las dulces notas mis alientos de mi relatada vida”. Así era como vivía este romántico ser en la vida. Ludwig van Beethoven de sus inmensas músicas que son el habla del indomable ser, de sus sinfonías que son parte de su idioma ferviente, como sonatas y conciertos como el Emperador del concierto para piano número cinco; el movimiento número uno que expresa gran velocidad en las notas de este Emperador de Ludwig van Beethoven de emoción, el allegro movimiento que tiene en su corazón, el que se mueve entre clarinetes y trompetas de ardor, y luego al terminar toda esa emoción empieza un sonido desolador, el movimiento dos de la obra treinta y siete, sonidos de violines y chelos muy tétricos, como que si le hubiese pasado algo a él, de luctuoso momentos durante su caminar y su aposento, nada más que este Maestro hablaba su idioma sin pronunciar una sola palabra, solo que tañeres de su misma alma, y al culminar estos tañeres de gran modulación, recobra vida su ente y da el alegro con rondo de ardor, de que sí vive y que la vida es su concierto del Emperador, que no está abandonado en su ser romanceador, que está de poesía y mucha sazón, era la verdad de su alma sin desolar, y así termina de hacerlo en su vida de recitar. A pesar de ser un pasado muy triste en la sordera, vivió solo de la música y eso fue lo que hizo a él oírla, en su silencio del alma, las palabras nuevas de su lenguaje, la lucha de su tétrica vida, y así vivió y vivirá para siempre, sin dejar de sonar sus latidos que fueron la paz a su mundo de vidorria, y que estuvo de rapsoda siempre con Johana van Beethoven, su amada inmortal, y que ahora en el más allá seguro qué hermoso será, deben de estar en ese desdén besándose de tanto amor que seguro en almas se dan, y que de paz descansan en ese oasis de ilusiones y pasiones. Amadeus Mozart la genialidad que no se había dotado en jóvenes como él, de ser él mismo al tiempo de gloria en la música bella, y ser ya vesánico en la vida solo que escribiendo, no pensando otro oficio que ese en su vivir, cantando en su aposento siempre, parafraseando las notas en su boca y en su alma igual. El tiempo en que vivió no pensó en el futuro de su bien económico, se daba cuenta que no comía y que solo bebía lo sagrado de la música, ya no daba centenares de conciertos como antes y a veces eso no le ayudaba. Consiguió librarse de su padre en el pasado, su padre había muerto, se libró de las garras del felón, porque su padre lo usó para que tocara de muy joven al mundo y así ganase de él, mientras más conciertos, su padre más vivía de su fortuna. Le dio tantos celos al padre porque su hijo era una magia y más que él, mostraba pasión de inmensa indefinición por lo astral que era Amadeus Mozart, y a Mozart no le dio nada hasta ese entonces su padre. Que padre tan empedernido de corazón fue, para Mozart la muerte de él fue como una vencida contrista, ese ser que lo hizo sufrir en su vida disipada, en sus pensamientos y sueños hubiese deseado su misma muerte, que partiese su alma del mundo, y por lo que le hizo vivir. Moría de rabia al tiempo de una vida tan injusta que en él estuviese. Si dio toda su eterna vida en algo que es deífico y romanceador , ¿por qué quedó tan solo?, porque la soledad era su religión, con nadie más convivía, ya no sonaba sus violines, es como si yaciera sordo del mundo, y luego de su fallecer ya deja un réquiem que hizo para su mismo funeral, el cual tocaron para él, la imagen de una sagrada silueta se ha ido, solo cuando muere recuerdan lo que era el poético ser, ¡cómo habrá sido su vivienda, qué palabras habrá dicho en sus momentos muy solos, cómo habrá vivido!, será igual que uno que amanece en lo que ama escribiendo, y que ve la misma voz de Dios en versos de sus estrofas de tonos del amor. Así fue o estará en el mismo oasis y aquí en sonidos de fortunio, porque son parte de él, de lo que hizo en cada noche de su vida apasionada y vesánica.
Antonio Salieri un gran compositor, vivía de gozo y riqueza, donde su sueño fue ser famoso ante el mundo, y así lo fue, pero él adoraba a Mozart, quería ser igual como él, jamás tuvo problemas para la vida de lo económico, y acompañó a Mozart en sus momentos, quizá un envidioso amigo que quería matarlo, pero que lo hundió con su Réquiem al final de su muerte ayudándole a componer, quizá Salieri deseaba vengar la burla que le hizo este en su vida, porque lo dejaba en ridículo con el Emperador, y así fue como Salieri pudo matarlo, componiendo su funeral que el mismo Mozart ya sabía que iba ser de él.

Antonio Vivaldi fue otro antiguo compositor que tocaba para el chelo y el violín, un Dios ante ese instrumento que a una gira de maestría. Dio grandeza ante el cúmulo de gente con un instrumento que ya se dañaba, era de seis cuerdas, y quedó con una y así tocó la obra grande que había compuesto, ¿de dónde sacaba este ser la magia de tener los mismos sonidos?, solo sabían que era Vivaldi el señor del sonido, hasta ese entonces, el que hizo ver en arias lo cantable de sus dóciles odas. Escribió su winter de las cuatro estaciones como del invierno, verano, otoño y de la primavera, a la misma naturaleza, gran virtud del idioma tenía, escribía cada estación en lo que sentía de sus violines romanceados, un vivaz ante la música sacra de su sonido. Vivaldi con su summer presto adagio pieza de un lamento que un Dios tenía, y que él en ese sonido ayudaba a elevarlo a la gloria y no al infierno, porque esa música habla de eso, que el Dios tenía esa luctuosa gira, por haber sido malo con sus poderes ante la vida, de haber sido un demontre ante otras almas sin piedad, y Antonio Vivaldi ante ese sonido lo rescata del dolor, lo perdona como si Vivaldi fuese el Poderoso Señor del Reino a este Dios de plañidera, sube este Dios pecador al reino y goza de la paz, y jamás vuelve a cometer el error. Así habla Antonio Vivaldi en su música, qué mago, qué señor del poder de su violín.

Ya mi mundo en la pluma se ha pintado mostrando a grandes del pasado, y mi romanza de letras dormís en paz, por lo que había hecho y mostrado. Así vivieron ellos y así viviré como lo es cada año, no dejo de amar la armonía que en mi se expresa de entusiasmo. Mis sueños son, y son más que Dios quiera traer todos los espíritus que son filántropos a su reino sacro, soy más que la inmensidad del reino de Zeus. El reino es de Dios pero hay un reino que quiero yo eres tú, ¿ése quién podría ser?, es mi reino de la rapsoda pasión de tañeres que me dan la inmersa predilección, solo que vos. Soy el ser que habla en idioma de humano, de un humano no igual que otros en la tierra, y que vive solo de la rapsoda música que amo, y ya mis sueños duermen, mi alma descansa, ya mis ojos por fin son luces, y mis letras son armonías, y no olviden que el reino es su sueño más acariciado, las flores de ese paisaje que acaricio con mis notas de lo ilusionado, y que violines suenan y doy por mis versos ya en la vida del latir de mi alma en lo alegrado.

martes, 31 de mayo de 2011



Sol de mi pasado que aún huelo

Sol de mi pasado que vi y que sentí,
hace mucho y que no tengo ya,
solo recuerdo tu sonrisa celestial,
pido al señor que os cuide más,
sé que duele no ver un alma que se ama en verdad.
Que hice locura en sueños de esa tranquilidad,
pero que os quiero aún así en esta noche más,
porque me separé de ti si te quería sol de mi alma,
quisiera besarte los labios bella dama,
lloro por ti, y más por la distancia.
Recuerdo cuando oía vuestros cantos en las calles,
de que soy el joven de las poesías,
vuestro gran admirador cuando os conocía,
algo así era sol de mi noche de alegría,
aunque digo alegría porque vivo recordándote mi vida.
Ojala volvierais algún día
y así os besara de amor y sonrisas.
Soy un zopenco poeta que sueña contigo chica,
porque seré así sol de mi poesía,
vivo tan loco por un beso de vuestra boquita.
¡Cómo amé vuestro ser mi hermosa afrodita!,
dame el anhelo de conseguirte en la vida,
así no aparezcáis siempre perfumaré vuestra alma bendita,
de mí amor que tengo aún por vos mi niña.

Cuento fantasioso pero luctuoso.



Cuento fantasioso !pero luctuoso!.

Desde la antigüedad,
conocimos de niño
personas de bondad,
rodeada de pleno cariño,
pero lo más fundamental
fue que tú erais la venustidad
imperecedera de mi camino;
agarrando tu mano como deidad,
esas manos suaves como plumas de un pajarillo;
envolviéndome de suavidad
al tocarte como lo era igual tú cuerpo por un abracito;
que sentí por el yerbazal
que caminábamos solitos,
y viéndote aún más esa cara angelical
brilladora ante mis ojos ennegrecidos,
dejándolos durante el caminar
por primera vez emblanquecidos,
interponiéndose un fantasear
de un reflejo de nosotros dos unidos,
eternamente por un solo abrazar
que nos dimos durante el camino.
Habiendo flores por el yerbazal,
sabiendo que tú me sonreías,
me preguntaba: “¿Es un sueño genial
todo esto que junto a ti vivía?
¿por si despierto se acabará
toda esta tranquilidad,
que vivo de melosidad
con esta dama angelical?”.
Y mi ser tan alucinado por esto sucedido,
no creía que lo viviera en verdad,
solo sé que ella existía en mi destino,
pero este momento que antes no había compartido
así tan apasionante que haya ocurrido,
con ella un sentimiento ¡tan bonito!,
y esotérico que sentíamos,
los dos al momento de mirarnos,
sabiendo que de eso palpitábamos
al solo los dos las pieles acariciarnos,
un sentimiento arduo de detallar
con palabras lo que sentía en la realidad,
ensoñada del camino de mi delirar
con flores y de mucha paz,
ese camino placentero del yerbazal,
y que no sé si haya podido sentir el mismo amor pasional.

Quizás ángel por no habértelo dicho,
cuando esa vez éramos niños,
hoy aquí no estaría
viviendo un suplicio,
por haberte hasta hoy perdido,
y que al comienzo del poema estado oyendo un sonido,
como de un piano, como el nocturno diecinueve de Chopin afligido,
suena por contar en versos lo que aún de destrozo vivo,
y por eso que aquí hoy del recuerdo lo escribo.
Ese nocturno rodea mi alma y le habla en vocablos de sus cuerdas,
cuando suena en mi entorno salen las voces de Dios de condolencia,
oír la música de él es oír algo sagrado para levantar a mi tristeza,
sentir vastas cosas en mi mirada, corazón y existencia,
hace que lo sienta tanto entre mi historia,
la música vuestra son susurros de vocablos que me llevan a estar en la naturaleza;
de saber que ahí fue que viví junto a ella,
y recordar entre imágenes lo que hacíamos de la vida bella,
y que me hablan tan sabias las tonadas y que vivo con la felicidad que pasamos de grandeza,
sin dejar de oír las vibraciones en el aire que tocan a mi alma y que hay me hablan las voces de la belleza, como la oda de la alegría de euforia inmensa, a mis sentidos por Beethoven en este poemario de vasta lengua, y que transmite él a mi joven alma que por esto revienta,
de esta pasión que es enigma ante mi poema.

Os fuisteis de mi camino
yerbazal que sueño cada noche en delirio,
y recuerdo cada momento que vivimos,
que resulta ser atroz mi sueño abatido,
si nos amábamos por qué no los dijimos,
eso ardiente y eterno que sentíamos,
el amor quedó eclipsado y podrido,
espinoso ¡y doloroso como un cuchillo!,
perforando así mi corazón sin latido,
y un sangrar inmenso ante lo ido
del mundo que amé en el silencio,
pero sabiendo que ella igual sentía lo mismo;
y por esa razón a ti mi Dios os pido,
que me quitéis la vida para ir con lo mío,
¡que extraño agitadoramente en mi destino!,
solo eso te imploro como anhelo de mi corazón gemido;
que lloro como un enamorado por lo más querido,
hazme ese deseo te lo suplico,
ella que tuve por un instante,
cuándo paseábamos ese camino,
naciendo una sonrisa brillosa y apasionante;
ella con sus cabellos de flores de lirio,
era una indecible y encantadora ornamentación
que despertó un inmenso delirio,
por haber hecho bombear mi corazón
y hasta hoy al no tenerla es un martirio,
porque aún la sigo añorando en la pasión
clandestina que nos sentíamos los dos,
hoy no te veo, ni te siento ¡que baldío!
es recordar minuciosamente el amor,
que corre tan acelerado como un río
en las venas por no tener tu olor,
¡qué era tan divino como él lirio!,
que inundaba mi alma de paz esa flor,
perfumando siempre el camino
y arrullándola con amor.

Hoy este fantasioso cuento escrito,
y pasado en muchos como a este niño,
por sus damas que aman y no saben
como decir su inmenso cariño,
que palpita y de miedo no dicen y es extinto,
porque se van con otro o no conocen su delirio
amoroso que despertó con una mirada,
con un abrazo o por un simple besito
en el cachete sintiendo una diosa amada,
que quieren darle la pasión romanceada,
y queriendo estar con ella hasta el fin,
y susurrándole tan armonioso como un delfín,
como en su oído para cortejar y estar con ella por siempre,
un amor que se sueña, que se espera alegremente,
y no como aquí que fue tristemente,
pero que recordaré como vivimos los dos,
y que hasta estos momentos termina el nocturno,
la pieza del polaco Chopin por el recuerdo de mí amor,
la que me trajo en silencio apego y fortunio,
y que estaré esperando para unirme junto a ella de pasión,
y así no seguir muriendo del fatuo dolor.

domingo, 3 de abril de 2011

La lluvia de mis sonidos contaos.



La lluvia de mis sonidos contados

Disturbio entre esa noche de lo mezquino,
eran tañeres que sonaban de torbellinos,
la cual absorbía entre una partitura mí aullido,
moraba de vidorria y alegría del destino,
solo era mi alma que poseía ese sonido,
reflejándoos lo que vivía en silencio de lo clandestino.
¿Nadie sabía que era lo que en ese mundo olía?,
solo era mi introspección que en ese tañer sentía,
caía de las nubes lluvia y vastos truenos,
era como oír el sonido de mi sentimiento,
temblabais tanto ellos del cielo,
feliz siendo en esos roces de rocíos en mi cuerpo,
a lo de una noche solo a ellos oyendo,
y a mí alma misma en silencio,
y sobre mi en ternura tanto sintiendo,
de eso estaba en reflejo viviendo,
viéndoos que las locuras salen en formas de destellos,
que a imágenes hace sentir tu mismo sueño,
y del cual soy amo y lobreguez de su aliento,
no me separo de el ni siquiera,
porque es la eterna estela que dejará siempre en mis letras,
la cobija con quien duermo en sueños de mujeres sacras y bellas,
que brilláis vosotras como cándidas estrellas,
centellean y centellean como la luna al pasto y árboles de belleza,
la cual esa misma luz entra a mis ojos en notas del poema,
a la cual suena alumbrando a mi alma de la naturaleza.
Amaseis sonidos al alma que por esto en la noche de lluvia se alienta,
amaros a ellas de ese ensueño tórrido que acaricio a damiselas,
y consuma mi alma en vesania de la noche entera.
¿Oléis o no tañer al perfume que aromáis las voces sopranos a mi existencia?;
llenándome de ese cielo de la pasión que revienta,
oliéndoos espíritus sopranos que cantan de una voz dulce de la noche fresca,
dulzura en sus labios al expresar su bellísimo canto
que dejan en calma a la lluvia de mi tonada sin llanto,
y enamorado porque aparecen en mi noche sola de lo embrujado,
dejáis vosotras a mi alma sin aliento por sentir su aroma de encanto,
y por fin en esa noche del sueño que siempre tengo se convierte en lo realizado.
Versos en sus voces oigo cantar,
y sin decir nada me acerco y les doy besos sin dejar de acariciar,
sé que sonad muy audaz, pero es la ley de mi vida en su entonar,
dejáis en mi alrededor y en mis manos una magia pasional,
una fuerza que no había tenido antes mi vida tan magistral,
y una pasión que no había olido en siglos de diosas,
y aparecéis vosotras para darme la tonada rescatadora,
la que han de florecer mi lluvia en tonadas de victoria,
y la cual convertís en vuestros cantos de heroica,
de esa polonesa opus cincuenta y tres que suena de gloria,
y la que oigo en la noche durante el poema del compositor de Polonia;
Frédéryck Chopán que canta junto a mi y ante las diosas,
por sus tonadas que da del piano en una noche maravillosa,
todos llenos de regocijo por la pasión que se explota,
se siente en el corazón de vasto ardor,
es la noche que hace explayar mi voz sonadora,
y solo por eso viviré de amor.

Amanece. Callado como siempre sin decir a nadie nada,
quedándome en casa en el aposento de gracia,
solo que escribiendo ante las honrosas letras,
sabiendo que son vosotras el idioma que de mi representa,
que ofreceréis al mundo el vocablo del verbo de mi poema,
ese verbo que conjuga más que la vasta ternura,
que al mundo hace girar y llenarse de mi alma nocturna,
lo que he pasado y vivido de vidorria y dulzura,
solo con eso de lo que representáis vida mía durante la lucha,
sonidos caen y mi nombre en el poema se escucha,
y así podréis cúmulo amar las cosas escritas que he dejado,
vivir en cada línea de lo que había soñado,
oler mi joven alma que siempre había en voces de lo estro entonaos,
que no había desaparecido en la morada del cielo lo amaos,
siempre ha estado ahí mi canto expresado,
mi anhelo de cantar a Dios siempre fue el ósculo de mi canto,
porqué vivéis así los soñadores de lo santo,
o es que somos almas que de esta vida existimos para recitar,
a contar historias en un mundo solo con un piano,
y sabréis que con eso adoraréis sin dejar de vuestra alma jamás,
porque siempre en la escritura de su tañer se amará,
se conjugará a lo infinito de lo que se sabe apreciar,
porque es el nombre que en la noche solo ha sabido en lágrimas amar,
a lo que forma parte de su entero ser,
que la lleva entre árboles espectrales su lobreguez,
y que de esto no va a fallecer,
y que oleréis a lo adulto de la vida desde la niñez,
solo recitando como un vesánico en calles,
naturalezas, playas de lo apasionante,
que no deja de sonar en su oído y carne,
de los sueños de la música adorable.
Al escuchar escucha una música muy sacra de Antonio Vivaldi,
era como los violines y las voces sopranos de una ópera de Don Giovanni,
todo era tan elegante que esa palabra era un “Dandi”,
como mis voces sumisas que al leer se nota mi alma cantando de lo Dandi.
Soñaba en esas escalas con diosas cuando recitaba,
era como acariciar en mis labios de las palabras unas serafinas de magia,
de una hermosura tan sagrada que aquí en el amanecer las adoro con mi alma.
Pero sigue sonándoos entre mis sueños el violín de Antonio,
muestra a Dios en frente de los sonidos que me habla de lo honroso,
Vivaldi dejaste al Domine Deus que escucho como lo más piadoso,
es él el que da a mi poema de una rutilancia de bellísimos tonos,
y que consuma mi alma por lo que siento del surrealismo,
con lo que sueño en esas hojas repletas de sonidos,
que se escucha en recitación mi romanticismo,
un idilio que va más allá del pasado en el Barroco de mí eterno idilio,
buscar y renacer lo que está perdido, que nadie casi ama y ni suena,
solo en pocos lados de esta vida sin esa alma de cuerdas,
de los instrumentos de tonadas que en mi mundo besa,
y que siempre ha dejado la tranquilidad de mi alma de poemas,
la cual habla y anhela bailar de esa sacra música de belleza.

lunes, 14 de marzo de 2011

El surrealismo de las almas en el piano.



El surrealismo de las almas en el piano.

La historia en esos tiempos eran de la dulce lira,
entre caminos e imaginaciones solo escribían,
sabiéndoos vosotros que en el alma está la caricia
de leer los labios que entonan a una hoja para las cantigas,
que siempre entre segundos de violines sus voces oían,
sentíais lo que les decía su misma semejanza en dicha o morriña;
tantas cosas sabían vosotros escuchar,
que de cada ser humano de vosotros son la identificación de la vida,
el mundo está ciego o alejado de su entonar,
y solo yo aquí estoy sentado sabiendo de sus líneas,
de sus sentimientos que tenéis en el arrullar,
y que solo quedaron en esos libros de las hojas níveas,
las cuales huelo y respiro de profundidad,
sin dejar las historias alejadas de lo que quisieron dar,
vivo en ellas y en los sonidos de los poetas,
escritores, novelistas que dieron el alma eterna,
y pianistas como Franz Liszt que dio el sueño del amor a huellas,
y que ahora escuchamos en nuestra lengua,
húngaro músico sentado en el piano de una pasión inmensa,
acariciando con sus manos las rosas de su ¡misma alma de las teclas!,
y oyéndoos al entorno su voz entre las beldades cuerdas,
y teniendo a lado suyo a una escritora romántica de esa época,
siendo Maria Catherine una dandi condesa,
con la cual no se casó Lizst sino disfrutó de esa reina,
estando en el lado derecho y aromando con su cabellera
hacia el compositor de una arrullada manera,
apoyada en el piano sin nublase sus ojos de ese poeta,
brillando sus ojos por ver esta vasta quimera,
y escuchando ella lo que toca en esa noche fresca,
oyéndoos el idioma del alma humana que esta joven amaba,
y que amará el recuerdo que tuvieron en aquel pasado la azucena,
y que no olvidará en lo que pasaron entre sonrisas y tonadas.
Lizst disfrutaba mucho con esta querida francesa,
su comunicación era entre poesías de sonidos que llevaban de terneza,
así vivieron y que aquí se da ha descubierto de grandeza,
mientras esto cuento en mis deíficas letras,
esto queda en el recuerdo aún de ellos de esa apariencia,
qué gloria fue el pasado entre la dulzura de ese poema,
¡cómo quisiera suspirar o vivir en ese olor que embelesa!,
de ser ese amigo de vosotros y de los otros como el poeta.
Pero está Beethoven en frente de Franz en blasón,
figura que formó parte de ellos en música de alegrías y deblas,
el cual en sus ojos y semblante fue el que dio pasión,
como en sonatas, sinfonías y óperas de su lengua,
sólo siendo él lleno de su inspiración,
el alemán que vivió de una sordera funesta
solo amaba sus sonidos que hablaban en su corazón,
así este no escuchara casi en su vida sin aullido de orquesta
la esperanza en una Oda a la Alegría le hizo escuchar en amor,
y morriñas desaparecieron y vivió feliz en su entonación,
casi ya terminando el tiempo de sus sonidos
fueron los últimos que dieron ante la pluma en su hoja de color,
entre los recuerdos de su cavatina y sonatas de amorío
fueron lo que el amó en esa cama en las hojas del amor,
hojas eran las partituras, eran ellas la que daban a él dulzura,
qué vida fue en la cual vivieron y recordamos en una pintura.
Sentada está George Sand, era una dandi duquesa,
vivía en la tierra en donde nacieron muchos poetas,
y a esa razón era la novelista escritora francesa,
muy sublime ante el entorno de su dúctil belleza,
en lo que era en ella y en sus historias de terneza.
Se inspiraba en los músicos de aquella época,
“los maestros soñadores” novela que escribió ella,
cuenta tanto del soñar en un ser por una quimera,
soñamos tanto con acariciar los labios de eso que es tan sagrado,
nada más que él, el que recita bellas letras,
y también con el soñar de una pasión en tu ser ilusionado,
manifestabais tanto vos duquesa
hasta que de redactarte hoy me dais lo entonado.
Andabais enamorada del aliento en el que no está observado,
sólo su magia recorre entre las almas en caricias,
como los nocturnos dóciles que os dan delicias,
era el poeta del piano no Liszt sino el de las poesías,
el que hacía ver solo en sus tonos fantasías,
y es lo que hizo a vos sentir más qué amor a su vida,
os paseabais con él a lugares sin tener alma cariacontecida,
todo era en vos glorioso hasta que vos andaba con un amante,
al serlo así jamás vuestra relación fracasó con el ser apasionante,
con el que andabais era Alfred de Musset como poeta del romance,
el que escribió a vos la confesión de un hijo del siglo enamorante,
era una historia de amores pero el que más sonaba era del polaco afable,
de Fréderyck Chopán en tu alma de soles y divinos valses,
al que vos bailabais en reuniones amorosas sin ahogarse,
y los momentos eran en sonrisas sin enojarse,
era así este poeta del piano que dio su corazón en el arte,
y a su país que es Polonia a lo grande,
y que vuestro aliento está en ese país en los pianos sin dejar de amarles;
todo es así de amor a la vida de su romance,
a lo que hace arder en su alma desde el oasis como ángel,
y que hace dar luz a los campos que toquen sus piezas siderales,
Alfred está sentado a lado de George Sand la escritora,
y a lo lejos de esta pintura en la ventana se ven las notas,
volando en imaginación de la pasión romanceadora,
las cuales voláis de Fréderyck en armonía que explotan,
como a los corazones de nosotros de dulce aroma,
de caricias que nos da sus voces de historias,
hasta del piano en que toca,
toca Liszt suena su sonido de gloria,
qué pasión es la de esa pintura que despierta el sonido del idioma,
qué noche la de hoy por vivir metido en esa victoria,
sin dormir y solo sentir las palabras de mi rapsoda,
que son como nocturnos que escucho en esta hora
la cual me lleno de mucha pasión sin vidorria,
qué visiones contemplo mi Dios por esta pintura portentosa,
es tan delicada del surrealismo que dio la honrosa,
el pintor austriaco Josef Danhauser a un aroma de rosas,
de sonidos que sonaban en su pincel de trovas. Berilos
Están de pie tres hombres que formaron parte de esta historia,
Hector Berlioz compositor de Francia inspirado por la literatura,
admiraba mucho a Beethoven por su magia que hacía en su música,
lo imitó y en sus sonidos sentía como si el Maestro estuviese de musa,
aparece apartado de los otros dos este compositor de sinfónica locura,
por sus trazos que hacía en sus noches nocturnas,
en sus partituras dejando siempre la voz de su ternura,
a lado de él está el italiano Niccoló Paganíni,
gran violinista en esa época de virtuosismo,
el cual en sus cuerdas tenía mucho romanticismo,
el hacía ver alrededor de los ojos quién era el que tenía el idilio;
el dominio de su mundo ante muchos ojos de clasicismo,
hacían brillar sus cuerdas como berilos,
mostraba la paz de sus cantos en sonidos,
sólo vivía de la música este gran ser del violín,
qué música ofrecía en los momentos de festín,
atraía damas pobres, condesas en sus violines alentadores,
locuras venían a sus dóciles voces,
nada se apartaba de este genio del entonces,
de ese siglo donde habían diosas que se alababan con flores,
con veneraciones en el amor que se adoraba en violines romanceadores.
A lado de él abrazado está Gioachino Rossini,
era el mago de las óperas de ese entonces de explosiones,
italiano el compositor que sorprendía al mundo de sus creaciones,
era tan lírico el sonar de los cándidos oboes,
que se veía paz alrededor de los tonos de las voces de las pasiones,
mezzosoprano tanto era en las óperas de este genio de amores,
tan ligeras voces se oía cada vez en el ambiente,
tanta paz había que ahora oigo sus sonidos,
era el mago de las óperas dulcemente,
y que Dios le debe de escuchar ahora de lo silfo,
que aventuras eran en aquellos tiempos,
qué ardor era entre la vida de aquellos,
cómo no dejaban de escribir en sus momentos,
de eso comían y vivían de sentimiento,
lo que nos da vida en el alma de aliento,
lo que no es dinero sino enamoramiento,
apego, lucha y guerra en la historia de los versos,
entrega, dulzura y el único universo,
así somos y seremos hasta saber que formamos de ese sueño,
que fuimos en letras el dueño,
en tañeres de esas sonatas lo tierno,
que vivimos respirando ese cielo
y amando tanto ese inmenso anhelo,
que duerme en mi joven alma de pequeño,
que suena y resuena sin dejar de amarme en lo inmenso.
Acompañado de lo que jamás dejara en el vivir,
saber que cuando a vos os leáis sonaréis de violín,
que nada a ti os desviará en los sonidos,
siempre tañeréis en mis caminos de lo vivido,
que estaréis en mis miles de libros,
que brillaréis como hermosos berilos,
y que aromaréis al amor como lirios,
es mi pintura del sonido en letras que despierta,
y despierta al mundo de la dúctil terneza,
y que en mi su alma se convierta
mi ópera de grandiosas tonadas de letras,
que se oiga mi nombre a lo lejos de la naturaleza,
del cielo de Dios mi sonada que embelesa,
y que a mi me lleva en pasión de la quimera,
¡oh amada poesía de mi alma que suenas!,
amadme siempre en la vida eterna,
y tendremos ternura sin los malos anatemas,
besadme siempre poesía loada de mi alma inmensa,
que a vos adorará siempre de loquera,
qué tranquilidad es vivir con este poema,
saber que de mis ojos no os desapareceréis,
y que en mi aliento vos de paz viviréis,
que vos a mi de tanta locura en pintura me amáis,
como en ese cuadro de pintura que me embelesáis,
y que nada más de pasión esto incrementa,
e incrementa al orbe de mis poemas,
vamos a dormir poesía en esta noche de alegría,
que juntos hemos hecho ver lo que viven en esa vida,
ellos los compositores y escritores de lira,
que son la fantasía de las líneas,
como de sus composiciones que jamás terminan,
y que ha sido mi calma de escribir en noche tranquila.

jueves, 10 de marzo de 2011

Sonando en una noche su alma y la mía.




Sonando en una noche su alma y la mía.

Es el momento de componeros,
así no sonéis, lleváis mi tañer de plectros,
como quisiera que mis palabras fuesen óperas de sopranos para el cielo;
para los amigos que son en el imaginario sueño.
Los cuales escribo siempre en noches de aliento,
acariciándoles solo entre arias de mi afecto,
usándoos vuestras músicas en expresión del momento
para hacer ver lo que hay en ella de ese calmado sentimiento,
haciéndoos igualmente que historias que pasan de apego,
dándoles vida, muchas cosas hago en lo que es de mi enamoramiento.
Consideremos que nadie había hecho en la vida esto,
porque soy solo una identidad que existirá en los siglos de eso,
como sentándome y entre muchas hojas versos escribiendo,
tomándoos de ellos y entre el tañer de su alma a ellos sintiendo,
como si fuesen lo más sagrado de la vida que haya tenido latiéndoos.
Mientras escribo escucho a lo lejos de mi aposento
algo tan apasionado en sus ojos de las cuerdas ante esa mirada,
sonando nada más entre el paradisíaco viento
las voces que agitan de esa cavatina de su alma,
tres violines y un chelo de ese hombre que hizo ese cuarteto,
de esa pieza que a mis poesías y vida llenan de magia
con un acariciar de sus mismos plectros
que a mi me dejáis para mostrar en las tonadas,
y que son solo en el vocablo del recital del sentimiento
que se oye cuando reciten esta dulce aria,
y de las otras las cuales he hecho
para tener en la vida refugio de lo que son estas palabras.
Y viene siendo Beethoven el señor y dueño,
por sonar a lo lejos de esta noche diáfana
su obra magistral que está en tres violines y un chelo
la paz de su pieza tan honrosa y cándida;
yo sé que en este mundo él no me acompaña
pero si sus sonidos que alientan mi noche,
que la pasión está ahí de sus voces
y me dejan el idioma de su alma.
A veces la música nos hace ver cosas que sentiríamos
en cada nota la voz de Dios de los trazos de esa mano,
de él para manchar de algo tan dulce que oleríamos
viniendo de este hombre que es tan apasionado.
Carácter brusco, fuerte, fue la vida de él,
muchos no comprendieron el motivo de su forma de actuar,
pensaron que era un loco cuando pasaba solo su ser,
él era la fuerza de las notas que caminaban latiendo en su piel,
solo de eso vivió y se alentó,
de eso comió y se trasnochó,
como a veces yo hago en las poesías,
cada vez escribiendo arias de amor
y llenándome de júbilo y sonrisas,
y tocando piezas de él que me dan caricias,
viendo en ellas las imágenes que el romanceó,
y dejando que vuelen a mi de ese mundo a mi corazón..
Le soñáis tanto a esas piezas hechas de amor,
os embelesáis las romanzas que en él vivió,
hacéis lo mismo con vuestras letras de pasión
para hacer ver al mundo lo que está hecho una música del corazón;
solo que un joven que sueña con volar más alto que el santo cielo,
que traspasar esa barrera sagrada,
y oler ahí ante afroditas sus dúctiles cuerpos
y solo ofrecer las poesías que lleváis sonándoos en vuestra alma,
solo que un jovenete más que audaz de la pasión
que suena en voces dulces de lo soprano,
como en sus letras de la vida de su ilusión
que lleva en los caminos la gloria de lo eclesiástico,
el cual quiere estar en casa de Dios
sin ser enviaos al averno del tártaro
sino sufriera tanto que no hubiese más sonidos en su interior.
Así son mis palabras tan bisbiseas del amor,
yo quiero dejar lo que nadie hiciera,
quiero mostrar lo que está en el sonaos poema,
y así la cavatina sonará tan lenta
entre lo adagio sin espantosas cadenas,
las cuales aten a lo que me alienta
de la pasión que en mi en cada crepúsculo me besa,
suena, me maneja y me eleva,
eleva a lo más dulce de unas letras,
que son aquellas en estrofas de el sonado poema.

Qué música se escucha aún de la cavatina,
mostráis pinturas en vuestros tonos,
diosas desnudas se ven en las escalas clandestinas,
dibujadas ellas y moviéndose ante mi entorno,
cada nota a vosotras en mi sentimiento pintan
de un amor al que me he vuelto hasta vesánico de lo loco,
por su vasta belleza que en mi gira
y que no les quito si quiera la mirada de vuestros ojos,
les necesito tanto diosas de mi alma que no se divisa
solo fuese de cada una que adoraría en lo melodioso,
solo vosotras a mi me han dado sonrisas
lo cual ha hecho este corazón amoroso,
de tocar el reino de sus bocas
comer de eso cada noche de lo hermoso
y no dejaras por ser lo que me apasionan
de esta alma que le mira entre la cavatina de lo milagroso.
Tanta magia hace ver nuestro amigo Beethoven del alma,
tanto que sentimos las voces de diosas de lo sonoro
sonando como el violín sus voces apasionadas,
y que bebo entre ese sonido en mi poesía amada.
Es verdad no son reales esas pinturas,
solo son imágenes en tu mirada
pero así me divierto de las dulzuras
y amo más la pasión que en esta noche me idolatra,
que las constelaciones me acompañan.
Me dan su magia de su rutilancia
para hacer cosas mágicas en esta noche de luna brillada.
¡Qué cuerpo fue ver el de esa diosa!,
¡qué locura vi en ese sueño de las notas!,
fue como oler a esas damas como a rosas,
y que hoy a mi poesía dejaron en pasión oledora.
!Cómo a un poeta le pueden impedir el anhelo de amar!,
si con eso nació para hacer magia en las letras ardorosas,
y para no desviar la mirada al ser que va a adornar,
de prendas, gemas hermosas,
y de olores del amor de lo que nunca dejara respirar,
porque siempre será esa flor que va amar,
a lo más piadoso de su ente,
y que en las nubes de los cielos es plebeyamente,
mejor deciros es una noble diosa,
es una melodía a la cual uno pone las mejores notas,
y la cual desprende en el mismo piano aromas,
aromas que calman de nuestra misma composición
que está hecha de esa melodía maravillosa,
la cual ella es el piano quien nos toca o roza,
roza entre caricias de nuestra partitura que es ella de gloria,
lo cual esa diosa son las dos arias de mis idiomas,
porque es el sonido y es mi poesía a quien da la dulce oda.

Que definiciones dais alma mía y tierna,
tan joven y que en la lejanía quema,
mostráis junto a mi surrealismo mi sagrario poema,
contenéis las voces de un escaldo que revienta
por la vida de la pasión inmensa,
que hasta los árboles de esta noche romancean,
romancean conmigo en la fantasía de mis letras,
por el Réquiem de mi alma a esa nueva vida que me espera,
muy pronto allá estaré pero dejándoos mi favila de huella,
huella que del silencio estaréis hasta los ojos de las reinas,
apasionados de esa misma carne que en mi suena,
a veces escribir e invocarse es tan real,
que vuestra imagen estará así pronto en lo celestial,
que nada ya vos veréis en lo que habíais luchado en la tierra,
y que el infierno se pudra entre el fuego de la miseria,
que el alma vuele en la dulce fragancia de la gloria de esa paz eterna,
y así dormiré por fin en tranquilidad mi alma en la vida de huellas,
tocando piano entre almas sanas de lo que mi sentimiento hoy reza,
tanto entre la fe de lo que en mi ante él da su eterna terneza.
¡Oh mi Dios que pocas veces e invocado!,
¡miradme como estoy aquí arrodillado!,
os pido desde lo más poderoso de vos que me deis la paz a vuestro reino,
que estén allá mis alientos junto a mi espíritu plenos,
que nada se aparte de mí ante vuestra entrada,
siendo aún pecador seguramente, os rezo del alma
con miedo ante las palabras, porque sois el que manda,
sois el que tiene el derecho poderoso de decidir quien es el que vive de venturanza.
¡No quiero anatema en aquel día cuando llegue al sepulcro!,
desde joven siempre he deseado vivir la vida de lo pulcro,
que ha sido escribir poesía y solo tocar el piano amado,
lo que me da paz aún así no tenga una diosa a mi costado,
que he buscado tanto entre los días de mis cantos,
que se han ido y no han venido ante mi llanto,
busco y busco y nadie aparece,
solo vivo la fantasía de mis versos que hasta ese día conmigo vuelen,
si aparecéis os daré pasión como doy a mis versos,
vuestra vida será más inmensa que el universo,
no habrá dolor sino amor de mi sentimiento,
y mi poesía hablará en vuestro lecho,
no sentirás jamás un abandono ante mis besos,
todo de mi será de vos el amor que espero,
no habrá cuchillas ni anatemas en tu cuerpo,
todo será ternura cuando nos acariciemos,
hasta de tanto amarnos, al besarnos sonaran chelos,
que armonía fuera vivir con ella en ese sueño,
si vienes viviera feliz y si no vinieseis; seguir,
seguir en el camino esperándoos ese dulce violín,
todo ahora como en las letras descansan,
mis sentimientos igual en la noche ahora en la cama,
he amanecido hasta el alba, viviendo en lo loco de mi alma,
pidiendo rezos sacros en mi vida para la calma,
y ahora cerrándoos los ojos para dormir en la pasión inspirada,
tranquilo y escuchando el Réquiem de Mozart que canta,
tan lumbroso el latín en las estrofas habladas,
contando las cosas que pasará en la profecía de las almas.
Sintiendo al dormir sus voces como las mías que gritan,
que van de aquí en los versos y que tiritan,
de tanta locura por lo que dice ese canto de morriña,
y a la vez de paz a las almas benditas.
Lacrimosa de ese día,
los que estén vivos verán la verdadera vida,
miedo habrá en los óculos de la mayoría,
porque estará el Juez sentado ante las mentiras.
Los locos que vivieron, viven de esa gloria de alegría,
los vesánicos que dieron cada vez la magia de sus liras,
que se sentaron a escribir dúctiles composiciones,
ahora gozan del fortunio de esa sagrada vida,
los cuales en sus agonías tuvieron ilusiones,
por ser personas índoles tienen ese sagrado monte,
las cuales no malgastaron su tiempo en maldiciones,
quienes vivían de la virtud de su entonces,
igual que los romanceados escritores,
como los poetas que dieron la voz del orbe,
que en sonidos los míos sonarán de odas y voces,
no voces las cuales conocen,
sino una voz muy sacra de mis plectros de inspiraciones,
llenas de regodeo y pasión vasta que a mi acaricia de tañer y voces.