martes, 31 de mayo de 2011



Sol de mi pasado que aún huelo

Sol de mi pasado que vi y que sentí,
hace mucho y que no tengo ya,
solo recuerdo tu sonrisa celestial,
pido al señor que os cuide más,
sé que duele no ver un alma que se ama en verdad.
Que hice locura en sueños de esa tranquilidad,
pero que os quiero aún así en esta noche más,
porque me separé de ti si te quería sol de mi alma,
quisiera besarte los labios bella dama,
lloro por ti, y más por la distancia.
Recuerdo cuando oía vuestros cantos en las calles,
de que soy el joven de las poesías,
vuestro gran admirador cuando os conocía,
algo así era sol de mi noche de alegría,
aunque digo alegría porque vivo recordándote mi vida.
Ojala volvierais algún día
y así os besara de amor y sonrisas.
Soy un zopenco poeta que sueña contigo chica,
porque seré así sol de mi poesía,
vivo tan loco por un beso de vuestra boquita.
¡Cómo amé vuestro ser mi hermosa afrodita!,
dame el anhelo de conseguirte en la vida,
así no aparezcáis siempre perfumaré vuestra alma bendita,
de mí amor que tengo aún por vos mi niña.

Cuento fantasioso pero luctuoso.



Cuento fantasioso !pero luctuoso!.

Desde la antigüedad,
conocimos de niño
personas de bondad,
rodeada de pleno cariño,
pero lo más fundamental
fue que tú erais la venustidad
imperecedera de mi camino;
agarrando tu mano como deidad,
esas manos suaves como plumas de un pajarillo;
envolviéndome de suavidad
al tocarte como lo era igual tú cuerpo por un abracito;
que sentí por el yerbazal
que caminábamos solitos,
y viéndote aún más esa cara angelical
brilladora ante mis ojos ennegrecidos,
dejándolos durante el caminar
por primera vez emblanquecidos,
interponiéndose un fantasear
de un reflejo de nosotros dos unidos,
eternamente por un solo abrazar
que nos dimos durante el camino.
Habiendo flores por el yerbazal,
sabiendo que tú me sonreías,
me preguntaba: “¿Es un sueño genial
todo esto que junto a ti vivía?
¿por si despierto se acabará
toda esta tranquilidad,
que vivo de melosidad
con esta dama angelical?”.
Y mi ser tan alucinado por esto sucedido,
no creía que lo viviera en verdad,
solo sé que ella existía en mi destino,
pero este momento que antes no había compartido
así tan apasionante que haya ocurrido,
con ella un sentimiento ¡tan bonito!,
y esotérico que sentíamos,
los dos al momento de mirarnos,
sabiendo que de eso palpitábamos
al solo los dos las pieles acariciarnos,
un sentimiento arduo de detallar
con palabras lo que sentía en la realidad,
ensoñada del camino de mi delirar
con flores y de mucha paz,
ese camino placentero del yerbazal,
y que no sé si haya podido sentir el mismo amor pasional.

Quizás ángel por no habértelo dicho,
cuando esa vez éramos niños,
hoy aquí no estaría
viviendo un suplicio,
por haberte hasta hoy perdido,
y que al comienzo del poema estado oyendo un sonido,
como de un piano, como el nocturno diecinueve de Chopin afligido,
suena por contar en versos lo que aún de destrozo vivo,
y por eso que aquí hoy del recuerdo lo escribo.
Ese nocturno rodea mi alma y le habla en vocablos de sus cuerdas,
cuando suena en mi entorno salen las voces de Dios de condolencia,
oír la música de él es oír algo sagrado para levantar a mi tristeza,
sentir vastas cosas en mi mirada, corazón y existencia,
hace que lo sienta tanto entre mi historia,
la música vuestra son susurros de vocablos que me llevan a estar en la naturaleza;
de saber que ahí fue que viví junto a ella,
y recordar entre imágenes lo que hacíamos de la vida bella,
y que me hablan tan sabias las tonadas y que vivo con la felicidad que pasamos de grandeza,
sin dejar de oír las vibraciones en el aire que tocan a mi alma y que hay me hablan las voces de la belleza, como la oda de la alegría de euforia inmensa, a mis sentidos por Beethoven en este poemario de vasta lengua, y que transmite él a mi joven alma que por esto revienta,
de esta pasión que es enigma ante mi poema.

Os fuisteis de mi camino
yerbazal que sueño cada noche en delirio,
y recuerdo cada momento que vivimos,
que resulta ser atroz mi sueño abatido,
si nos amábamos por qué no los dijimos,
eso ardiente y eterno que sentíamos,
el amor quedó eclipsado y podrido,
espinoso ¡y doloroso como un cuchillo!,
perforando así mi corazón sin latido,
y un sangrar inmenso ante lo ido
del mundo que amé en el silencio,
pero sabiendo que ella igual sentía lo mismo;
y por esa razón a ti mi Dios os pido,
que me quitéis la vida para ir con lo mío,
¡que extraño agitadoramente en mi destino!,
solo eso te imploro como anhelo de mi corazón gemido;
que lloro como un enamorado por lo más querido,
hazme ese deseo te lo suplico,
ella que tuve por un instante,
cuándo paseábamos ese camino,
naciendo una sonrisa brillosa y apasionante;
ella con sus cabellos de flores de lirio,
era una indecible y encantadora ornamentación
que despertó un inmenso delirio,
por haber hecho bombear mi corazón
y hasta hoy al no tenerla es un martirio,
porque aún la sigo añorando en la pasión
clandestina que nos sentíamos los dos,
hoy no te veo, ni te siento ¡que baldío!
es recordar minuciosamente el amor,
que corre tan acelerado como un río
en las venas por no tener tu olor,
¡qué era tan divino como él lirio!,
que inundaba mi alma de paz esa flor,
perfumando siempre el camino
y arrullándola con amor.

Hoy este fantasioso cuento escrito,
y pasado en muchos como a este niño,
por sus damas que aman y no saben
como decir su inmenso cariño,
que palpita y de miedo no dicen y es extinto,
porque se van con otro o no conocen su delirio
amoroso que despertó con una mirada,
con un abrazo o por un simple besito
en el cachete sintiendo una diosa amada,
que quieren darle la pasión romanceada,
y queriendo estar con ella hasta el fin,
y susurrándole tan armonioso como un delfín,
como en su oído para cortejar y estar con ella por siempre,
un amor que se sueña, que se espera alegremente,
y no como aquí que fue tristemente,
pero que recordaré como vivimos los dos,
y que hasta estos momentos termina el nocturno,
la pieza del polaco Chopin por el recuerdo de mí amor,
la que me trajo en silencio apego y fortunio,
y que estaré esperando para unirme junto a ella de pasión,
y así no seguir muriendo del fatuo dolor.

domingo, 3 de abril de 2011

La lluvia de mis sonidos contaos.



La lluvia de mis sonidos contados

Disturbio entre esa noche de lo mezquino,
eran tañeres que sonaban de torbellinos,
la cual absorbía entre una partitura mí aullido,
moraba de vidorria y alegría del destino,
solo era mi alma que poseía ese sonido,
reflejándoos lo que vivía en silencio de lo clandestino.
¿Nadie sabía que era lo que en ese mundo olía?,
solo era mi introspección que en ese tañer sentía,
caía de las nubes lluvia y vastos truenos,
era como oír el sonido de mi sentimiento,
temblabais tanto ellos del cielo,
feliz siendo en esos roces de rocíos en mi cuerpo,
a lo de una noche solo a ellos oyendo,
y a mí alma misma en silencio,
y sobre mi en ternura tanto sintiendo,
de eso estaba en reflejo viviendo,
viéndoos que las locuras salen en formas de destellos,
que a imágenes hace sentir tu mismo sueño,
y del cual soy amo y lobreguez de su aliento,
no me separo de el ni siquiera,
porque es la eterna estela que dejará siempre en mis letras,
la cobija con quien duermo en sueños de mujeres sacras y bellas,
que brilláis vosotras como cándidas estrellas,
centellean y centellean como la luna al pasto y árboles de belleza,
la cual esa misma luz entra a mis ojos en notas del poema,
a la cual suena alumbrando a mi alma de la naturaleza.
Amaseis sonidos al alma que por esto en la noche de lluvia se alienta,
amaros a ellas de ese ensueño tórrido que acaricio a damiselas,
y consuma mi alma en vesania de la noche entera.
¿Oléis o no tañer al perfume que aromáis las voces sopranos a mi existencia?;
llenándome de ese cielo de la pasión que revienta,
oliéndoos espíritus sopranos que cantan de una voz dulce de la noche fresca,
dulzura en sus labios al expresar su bellísimo canto
que dejan en calma a la lluvia de mi tonada sin llanto,
y enamorado porque aparecen en mi noche sola de lo embrujado,
dejáis vosotras a mi alma sin aliento por sentir su aroma de encanto,
y por fin en esa noche del sueño que siempre tengo se convierte en lo realizado.
Versos en sus voces oigo cantar,
y sin decir nada me acerco y les doy besos sin dejar de acariciar,
sé que sonad muy audaz, pero es la ley de mi vida en su entonar,
dejáis en mi alrededor y en mis manos una magia pasional,
una fuerza que no había tenido antes mi vida tan magistral,
y una pasión que no había olido en siglos de diosas,
y aparecéis vosotras para darme la tonada rescatadora,
la que han de florecer mi lluvia en tonadas de victoria,
y la cual convertís en vuestros cantos de heroica,
de esa polonesa opus cincuenta y tres que suena de gloria,
y la que oigo en la noche durante el poema del compositor de Polonia;
Frédéryck Chopán que canta junto a mi y ante las diosas,
por sus tonadas que da del piano en una noche maravillosa,
todos llenos de regocijo por la pasión que se explota,
se siente en el corazón de vasto ardor,
es la noche que hace explayar mi voz sonadora,
y solo por eso viviré de amor.

Amanece. Callado como siempre sin decir a nadie nada,
quedándome en casa en el aposento de gracia,
solo que escribiendo ante las honrosas letras,
sabiendo que son vosotras el idioma que de mi representa,
que ofreceréis al mundo el vocablo del verbo de mi poema,
ese verbo que conjuga más que la vasta ternura,
que al mundo hace girar y llenarse de mi alma nocturna,
lo que he pasado y vivido de vidorria y dulzura,
solo con eso de lo que representáis vida mía durante la lucha,
sonidos caen y mi nombre en el poema se escucha,
y así podréis cúmulo amar las cosas escritas que he dejado,
vivir en cada línea de lo que había soñado,
oler mi joven alma que siempre había en voces de lo estro entonaos,
que no había desaparecido en la morada del cielo lo amaos,
siempre ha estado ahí mi canto expresado,
mi anhelo de cantar a Dios siempre fue el ósculo de mi canto,
porqué vivéis así los soñadores de lo santo,
o es que somos almas que de esta vida existimos para recitar,
a contar historias en un mundo solo con un piano,
y sabréis que con eso adoraréis sin dejar de vuestra alma jamás,
porque siempre en la escritura de su tañer se amará,
se conjugará a lo infinito de lo que se sabe apreciar,
porque es el nombre que en la noche solo ha sabido en lágrimas amar,
a lo que forma parte de su entero ser,
que la lleva entre árboles espectrales su lobreguez,
y que de esto no va a fallecer,
y que oleréis a lo adulto de la vida desde la niñez,
solo recitando como un vesánico en calles,
naturalezas, playas de lo apasionante,
que no deja de sonar en su oído y carne,
de los sueños de la música adorable.
Al escuchar escucha una música muy sacra de Antonio Vivaldi,
era como los violines y las voces sopranos de una ópera de Don Giovanni,
todo era tan elegante que esa palabra era un “Dandi”,
como mis voces sumisas que al leer se nota mi alma cantando de lo Dandi.
Soñaba en esas escalas con diosas cuando recitaba,
era como acariciar en mis labios de las palabras unas serafinas de magia,
de una hermosura tan sagrada que aquí en el amanecer las adoro con mi alma.
Pero sigue sonándoos entre mis sueños el violín de Antonio,
muestra a Dios en frente de los sonidos que me habla de lo honroso,
Vivaldi dejaste al Domine Deus que escucho como lo más piadoso,
es él el que da a mi poema de una rutilancia de bellísimos tonos,
y que consuma mi alma por lo que siento del surrealismo,
con lo que sueño en esas hojas repletas de sonidos,
que se escucha en recitación mi romanticismo,
un idilio que va más allá del pasado en el Barroco de mí eterno idilio,
buscar y renacer lo que está perdido, que nadie casi ama y ni suena,
solo en pocos lados de esta vida sin esa alma de cuerdas,
de los instrumentos de tonadas que en mi mundo besa,
y que siempre ha dejado la tranquilidad de mi alma de poemas,
la cual habla y anhela bailar de esa sacra música de belleza.

lunes, 14 de marzo de 2011

El surrealismo de las almas en el piano.



El surrealismo de las almas en el piano.

La historia en esos tiempos eran de la dulce lira,
entre caminos e imaginaciones solo escribían,
sabiéndoos vosotros que en el alma está la caricia
de leer los labios que entonan a una hoja para las cantigas,
que siempre entre segundos de violines sus voces oían,
sentíais lo que les decía su misma semejanza en dicha o morriña;
tantas cosas sabían vosotros escuchar,
que de cada ser humano de vosotros son la identificación de la vida,
el mundo está ciego o alejado de su entonar,
y solo yo aquí estoy sentado sabiendo de sus líneas,
de sus sentimientos que tenéis en el arrullar,
y que solo quedaron en esos libros de las hojas níveas,
las cuales huelo y respiro de profundidad,
sin dejar las historias alejadas de lo que quisieron dar,
vivo en ellas y en los sonidos de los poetas,
escritores, novelistas que dieron el alma eterna,
y pianistas como Franz Liszt que dio el sueño del amor a huellas,
y que ahora escuchamos en nuestra lengua,
húngaro músico sentado en el piano de una pasión inmensa,
acariciando con sus manos las rosas de su ¡misma alma de las teclas!,
y oyéndoos al entorno su voz entre las beldades cuerdas,
y teniendo a lado suyo a una escritora romántica de esa época,
siendo Maria Catherine una dandi condesa,
con la cual no se casó Lizst sino disfrutó de esa reina,
estando en el lado derecho y aromando con su cabellera
hacia el compositor de una arrullada manera,
apoyada en el piano sin nublase sus ojos de ese poeta,
brillando sus ojos por ver esta vasta quimera,
y escuchando ella lo que toca en esa noche fresca,
oyéndoos el idioma del alma humana que esta joven amaba,
y que amará el recuerdo que tuvieron en aquel pasado la azucena,
y que no olvidará en lo que pasaron entre sonrisas y tonadas.
Lizst disfrutaba mucho con esta querida francesa,
su comunicación era entre poesías de sonidos que llevaban de terneza,
así vivieron y que aquí se da ha descubierto de grandeza,
mientras esto cuento en mis deíficas letras,
esto queda en el recuerdo aún de ellos de esa apariencia,
qué gloria fue el pasado entre la dulzura de ese poema,
¡cómo quisiera suspirar o vivir en ese olor que embelesa!,
de ser ese amigo de vosotros y de los otros como el poeta.
Pero está Beethoven en frente de Franz en blasón,
figura que formó parte de ellos en música de alegrías y deblas,
el cual en sus ojos y semblante fue el que dio pasión,
como en sonatas, sinfonías y óperas de su lengua,
sólo siendo él lleno de su inspiración,
el alemán que vivió de una sordera funesta
solo amaba sus sonidos que hablaban en su corazón,
así este no escuchara casi en su vida sin aullido de orquesta
la esperanza en una Oda a la Alegría le hizo escuchar en amor,
y morriñas desaparecieron y vivió feliz en su entonación,
casi ya terminando el tiempo de sus sonidos
fueron los últimos que dieron ante la pluma en su hoja de color,
entre los recuerdos de su cavatina y sonatas de amorío
fueron lo que el amó en esa cama en las hojas del amor,
hojas eran las partituras, eran ellas la que daban a él dulzura,
qué vida fue en la cual vivieron y recordamos en una pintura.
Sentada está George Sand, era una dandi duquesa,
vivía en la tierra en donde nacieron muchos poetas,
y a esa razón era la novelista escritora francesa,
muy sublime ante el entorno de su dúctil belleza,
en lo que era en ella y en sus historias de terneza.
Se inspiraba en los músicos de aquella época,
“los maestros soñadores” novela que escribió ella,
cuenta tanto del soñar en un ser por una quimera,
soñamos tanto con acariciar los labios de eso que es tan sagrado,
nada más que él, el que recita bellas letras,
y también con el soñar de una pasión en tu ser ilusionado,
manifestabais tanto vos duquesa
hasta que de redactarte hoy me dais lo entonado.
Andabais enamorada del aliento en el que no está observado,
sólo su magia recorre entre las almas en caricias,
como los nocturnos dóciles que os dan delicias,
era el poeta del piano no Liszt sino el de las poesías,
el que hacía ver solo en sus tonos fantasías,
y es lo que hizo a vos sentir más qué amor a su vida,
os paseabais con él a lugares sin tener alma cariacontecida,
todo era en vos glorioso hasta que vos andaba con un amante,
al serlo así jamás vuestra relación fracasó con el ser apasionante,
con el que andabais era Alfred de Musset como poeta del romance,
el que escribió a vos la confesión de un hijo del siglo enamorante,
era una historia de amores pero el que más sonaba era del polaco afable,
de Fréderyck Chopán en tu alma de soles y divinos valses,
al que vos bailabais en reuniones amorosas sin ahogarse,
y los momentos eran en sonrisas sin enojarse,
era así este poeta del piano que dio su corazón en el arte,
y a su país que es Polonia a lo grande,
y que vuestro aliento está en ese país en los pianos sin dejar de amarles;
todo es así de amor a la vida de su romance,
a lo que hace arder en su alma desde el oasis como ángel,
y que hace dar luz a los campos que toquen sus piezas siderales,
Alfred está sentado a lado de George Sand la escritora,
y a lo lejos de esta pintura en la ventana se ven las notas,
volando en imaginación de la pasión romanceadora,
las cuales voláis de Fréderyck en armonía que explotan,
como a los corazones de nosotros de dulce aroma,
de caricias que nos da sus voces de historias,
hasta del piano en que toca,
toca Liszt suena su sonido de gloria,
qué pasión es la de esa pintura que despierta el sonido del idioma,
qué noche la de hoy por vivir metido en esa victoria,
sin dormir y solo sentir las palabras de mi rapsoda,
que son como nocturnos que escucho en esta hora
la cual me lleno de mucha pasión sin vidorria,
qué visiones contemplo mi Dios por esta pintura portentosa,
es tan delicada del surrealismo que dio la honrosa,
el pintor austriaco Josef Danhauser a un aroma de rosas,
de sonidos que sonaban en su pincel de trovas. Berilos
Están de pie tres hombres que formaron parte de esta historia,
Hector Berlioz compositor de Francia inspirado por la literatura,
admiraba mucho a Beethoven por su magia que hacía en su música,
lo imitó y en sus sonidos sentía como si el Maestro estuviese de musa,
aparece apartado de los otros dos este compositor de sinfónica locura,
por sus trazos que hacía en sus noches nocturnas,
en sus partituras dejando siempre la voz de su ternura,
a lado de él está el italiano Niccoló Paganíni,
gran violinista en esa época de virtuosismo,
el cual en sus cuerdas tenía mucho romanticismo,
el hacía ver alrededor de los ojos quién era el que tenía el idilio;
el dominio de su mundo ante muchos ojos de clasicismo,
hacían brillar sus cuerdas como berilos,
mostraba la paz de sus cantos en sonidos,
sólo vivía de la música este gran ser del violín,
qué música ofrecía en los momentos de festín,
atraía damas pobres, condesas en sus violines alentadores,
locuras venían a sus dóciles voces,
nada se apartaba de este genio del entonces,
de ese siglo donde habían diosas que se alababan con flores,
con veneraciones en el amor que se adoraba en violines romanceadores.
A lado de él abrazado está Gioachino Rossini,
era el mago de las óperas de ese entonces de explosiones,
italiano el compositor que sorprendía al mundo de sus creaciones,
era tan lírico el sonar de los cándidos oboes,
que se veía paz alrededor de los tonos de las voces de las pasiones,
mezzosoprano tanto era en las óperas de este genio de amores,
tan ligeras voces se oía cada vez en el ambiente,
tanta paz había que ahora oigo sus sonidos,
era el mago de las óperas dulcemente,
y que Dios le debe de escuchar ahora de lo silfo,
que aventuras eran en aquellos tiempos,
qué ardor era entre la vida de aquellos,
cómo no dejaban de escribir en sus momentos,
de eso comían y vivían de sentimiento,
lo que nos da vida en el alma de aliento,
lo que no es dinero sino enamoramiento,
apego, lucha y guerra en la historia de los versos,
entrega, dulzura y el único universo,
así somos y seremos hasta saber que formamos de ese sueño,
que fuimos en letras el dueño,
en tañeres de esas sonatas lo tierno,
que vivimos respirando ese cielo
y amando tanto ese inmenso anhelo,
que duerme en mi joven alma de pequeño,
que suena y resuena sin dejar de amarme en lo inmenso.
Acompañado de lo que jamás dejara en el vivir,
saber que cuando a vos os leáis sonaréis de violín,
que nada a ti os desviará en los sonidos,
siempre tañeréis en mis caminos de lo vivido,
que estaréis en mis miles de libros,
que brillaréis como hermosos berilos,
y que aromaréis al amor como lirios,
es mi pintura del sonido en letras que despierta,
y despierta al mundo de la dúctil terneza,
y que en mi su alma se convierta
mi ópera de grandiosas tonadas de letras,
que se oiga mi nombre a lo lejos de la naturaleza,
del cielo de Dios mi sonada que embelesa,
y que a mi me lleva en pasión de la quimera,
¡oh amada poesía de mi alma que suenas!,
amadme siempre en la vida eterna,
y tendremos ternura sin los malos anatemas,
besadme siempre poesía loada de mi alma inmensa,
que a vos adorará siempre de loquera,
qué tranquilidad es vivir con este poema,
saber que de mis ojos no os desapareceréis,
y que en mi aliento vos de paz viviréis,
que vos a mi de tanta locura en pintura me amáis,
como en ese cuadro de pintura que me embelesáis,
y que nada más de pasión esto incrementa,
e incrementa al orbe de mis poemas,
vamos a dormir poesía en esta noche de alegría,
que juntos hemos hecho ver lo que viven en esa vida,
ellos los compositores y escritores de lira,
que son la fantasía de las líneas,
como de sus composiciones que jamás terminan,
y que ha sido mi calma de escribir en noche tranquila.

jueves, 10 de marzo de 2011

Sonando en una noche su alma y la mía.




Sonando en una noche su alma y la mía.

Es el momento de componeros,
así no sonéis, lleváis mi tañer de plectros,
como quisiera que mis palabras fuesen óperas de sopranos para el cielo;
para los amigos que son en el imaginario sueño.
Los cuales escribo siempre en noches de aliento,
acariciándoles solo entre arias de mi afecto,
usándoos vuestras músicas en expresión del momento
para hacer ver lo que hay en ella de ese calmado sentimiento,
haciéndoos igualmente que historias que pasan de apego,
dándoles vida, muchas cosas hago en lo que es de mi enamoramiento.
Consideremos que nadie había hecho en la vida esto,
porque soy solo una identidad que existirá en los siglos de eso,
como sentándome y entre muchas hojas versos escribiendo,
tomándoos de ellos y entre el tañer de su alma a ellos sintiendo,
como si fuesen lo más sagrado de la vida que haya tenido latiéndoos.
Mientras escribo escucho a lo lejos de mi aposento
algo tan apasionado en sus ojos de las cuerdas ante esa mirada,
sonando nada más entre el paradisíaco viento
las voces que agitan de esa cavatina de su alma,
tres violines y un chelo de ese hombre que hizo ese cuarteto,
de esa pieza que a mis poesías y vida llenan de magia
con un acariciar de sus mismos plectros
que a mi me dejáis para mostrar en las tonadas,
y que son solo en el vocablo del recital del sentimiento
que se oye cuando reciten esta dulce aria,
y de las otras las cuales he hecho
para tener en la vida refugio de lo que son estas palabras.
Y viene siendo Beethoven el señor y dueño,
por sonar a lo lejos de esta noche diáfana
su obra magistral que está en tres violines y un chelo
la paz de su pieza tan honrosa y cándida;
yo sé que en este mundo él no me acompaña
pero si sus sonidos que alientan mi noche,
que la pasión está ahí de sus voces
y me dejan el idioma de su alma.
A veces la música nos hace ver cosas que sentiríamos
en cada nota la voz de Dios de los trazos de esa mano,
de él para manchar de algo tan dulce que oleríamos
viniendo de este hombre que es tan apasionado.
Carácter brusco, fuerte, fue la vida de él,
muchos no comprendieron el motivo de su forma de actuar,
pensaron que era un loco cuando pasaba solo su ser,
él era la fuerza de las notas que caminaban latiendo en su piel,
solo de eso vivió y se alentó,
de eso comió y se trasnochó,
como a veces yo hago en las poesías,
cada vez escribiendo arias de amor
y llenándome de júbilo y sonrisas,
y tocando piezas de él que me dan caricias,
viendo en ellas las imágenes que el romanceó,
y dejando que vuelen a mi de ese mundo a mi corazón..
Le soñáis tanto a esas piezas hechas de amor,
os embelesáis las romanzas que en él vivió,
hacéis lo mismo con vuestras letras de pasión
para hacer ver al mundo lo que está hecho una música del corazón;
solo que un joven que sueña con volar más alto que el santo cielo,
que traspasar esa barrera sagrada,
y oler ahí ante afroditas sus dúctiles cuerpos
y solo ofrecer las poesías que lleváis sonándoos en vuestra alma,
solo que un jovenete más que audaz de la pasión
que suena en voces dulces de lo soprano,
como en sus letras de la vida de su ilusión
que lleva en los caminos la gloria de lo eclesiástico,
el cual quiere estar en casa de Dios
sin ser enviaos al averno del tártaro
sino sufriera tanto que no hubiese más sonidos en su interior.
Así son mis palabras tan bisbiseas del amor,
yo quiero dejar lo que nadie hiciera,
quiero mostrar lo que está en el sonaos poema,
y así la cavatina sonará tan lenta
entre lo adagio sin espantosas cadenas,
las cuales aten a lo que me alienta
de la pasión que en mi en cada crepúsculo me besa,
suena, me maneja y me eleva,
eleva a lo más dulce de unas letras,
que son aquellas en estrofas de el sonado poema.

Qué música se escucha aún de la cavatina,
mostráis pinturas en vuestros tonos,
diosas desnudas se ven en las escalas clandestinas,
dibujadas ellas y moviéndose ante mi entorno,
cada nota a vosotras en mi sentimiento pintan
de un amor al que me he vuelto hasta vesánico de lo loco,
por su vasta belleza que en mi gira
y que no les quito si quiera la mirada de vuestros ojos,
les necesito tanto diosas de mi alma que no se divisa
solo fuese de cada una que adoraría en lo melodioso,
solo vosotras a mi me han dado sonrisas
lo cual ha hecho este corazón amoroso,
de tocar el reino de sus bocas
comer de eso cada noche de lo hermoso
y no dejaras por ser lo que me apasionan
de esta alma que le mira entre la cavatina de lo milagroso.
Tanta magia hace ver nuestro amigo Beethoven del alma,
tanto que sentimos las voces de diosas de lo sonoro
sonando como el violín sus voces apasionadas,
y que bebo entre ese sonido en mi poesía amada.
Es verdad no son reales esas pinturas,
solo son imágenes en tu mirada
pero así me divierto de las dulzuras
y amo más la pasión que en esta noche me idolatra,
que las constelaciones me acompañan.
Me dan su magia de su rutilancia
para hacer cosas mágicas en esta noche de luna brillada.
¡Qué cuerpo fue ver el de esa diosa!,
¡qué locura vi en ese sueño de las notas!,
fue como oler a esas damas como a rosas,
y que hoy a mi poesía dejaron en pasión oledora.
!Cómo a un poeta le pueden impedir el anhelo de amar!,
si con eso nació para hacer magia en las letras ardorosas,
y para no desviar la mirada al ser que va a adornar,
de prendas, gemas hermosas,
y de olores del amor de lo que nunca dejara respirar,
porque siempre será esa flor que va amar,
a lo más piadoso de su ente,
y que en las nubes de los cielos es plebeyamente,
mejor deciros es una noble diosa,
es una melodía a la cual uno pone las mejores notas,
y la cual desprende en el mismo piano aromas,
aromas que calman de nuestra misma composición
que está hecha de esa melodía maravillosa,
la cual ella es el piano quien nos toca o roza,
roza entre caricias de nuestra partitura que es ella de gloria,
lo cual esa diosa son las dos arias de mis idiomas,
porque es el sonido y es mi poesía a quien da la dulce oda.

Que definiciones dais alma mía y tierna,
tan joven y que en la lejanía quema,
mostráis junto a mi surrealismo mi sagrario poema,
contenéis las voces de un escaldo que revienta
por la vida de la pasión inmensa,
que hasta los árboles de esta noche romancean,
romancean conmigo en la fantasía de mis letras,
por el Réquiem de mi alma a esa nueva vida que me espera,
muy pronto allá estaré pero dejándoos mi favila de huella,
huella que del silencio estaréis hasta los ojos de las reinas,
apasionados de esa misma carne que en mi suena,
a veces escribir e invocarse es tan real,
que vuestra imagen estará así pronto en lo celestial,
que nada ya vos veréis en lo que habíais luchado en la tierra,
y que el infierno se pudra entre el fuego de la miseria,
que el alma vuele en la dulce fragancia de la gloria de esa paz eterna,
y así dormiré por fin en tranquilidad mi alma en la vida de huellas,
tocando piano entre almas sanas de lo que mi sentimiento hoy reza,
tanto entre la fe de lo que en mi ante él da su eterna terneza.
¡Oh mi Dios que pocas veces e invocado!,
¡miradme como estoy aquí arrodillado!,
os pido desde lo más poderoso de vos que me deis la paz a vuestro reino,
que estén allá mis alientos junto a mi espíritu plenos,
que nada se aparte de mí ante vuestra entrada,
siendo aún pecador seguramente, os rezo del alma
con miedo ante las palabras, porque sois el que manda,
sois el que tiene el derecho poderoso de decidir quien es el que vive de venturanza.
¡No quiero anatema en aquel día cuando llegue al sepulcro!,
desde joven siempre he deseado vivir la vida de lo pulcro,
que ha sido escribir poesía y solo tocar el piano amado,
lo que me da paz aún así no tenga una diosa a mi costado,
que he buscado tanto entre los días de mis cantos,
que se han ido y no han venido ante mi llanto,
busco y busco y nadie aparece,
solo vivo la fantasía de mis versos que hasta ese día conmigo vuelen,
si aparecéis os daré pasión como doy a mis versos,
vuestra vida será más inmensa que el universo,
no habrá dolor sino amor de mi sentimiento,
y mi poesía hablará en vuestro lecho,
no sentirás jamás un abandono ante mis besos,
todo de mi será de vos el amor que espero,
no habrá cuchillas ni anatemas en tu cuerpo,
todo será ternura cuando nos acariciemos,
hasta de tanto amarnos, al besarnos sonaran chelos,
que armonía fuera vivir con ella en ese sueño,
si vienes viviera feliz y si no vinieseis; seguir,
seguir en el camino esperándoos ese dulce violín,
todo ahora como en las letras descansan,
mis sentimientos igual en la noche ahora en la cama,
he amanecido hasta el alba, viviendo en lo loco de mi alma,
pidiendo rezos sacros en mi vida para la calma,
y ahora cerrándoos los ojos para dormir en la pasión inspirada,
tranquilo y escuchando el Réquiem de Mozart que canta,
tan lumbroso el latín en las estrofas habladas,
contando las cosas que pasará en la profecía de las almas.
Sintiendo al dormir sus voces como las mías que gritan,
que van de aquí en los versos y que tiritan,
de tanta locura por lo que dice ese canto de morriña,
y a la vez de paz a las almas benditas.
Lacrimosa de ese día,
los que estén vivos verán la verdadera vida,
miedo habrá en los óculos de la mayoría,
porque estará el Juez sentado ante las mentiras.
Los locos que vivieron, viven de esa gloria de alegría,
los vesánicos que dieron cada vez la magia de sus liras,
que se sentaron a escribir dúctiles composiciones,
ahora gozan del fortunio de esa sagrada vida,
los cuales en sus agonías tuvieron ilusiones,
por ser personas índoles tienen ese sagrado monte,
las cuales no malgastaron su tiempo en maldiciones,
quienes vivían de la virtud de su entonces,
igual que los romanceados escritores,
como los poetas que dieron la voz del orbe,
que en sonidos los míos sonarán de odas y voces,
no voces las cuales conocen,
sino una voz muy sacra de mis plectros de inspiraciones,
llenas de regodeo y pasión vasta que a mi acaricia de tañer y voces.

lunes, 28 de febrero de 2011

Soñando con la pasión en un vals de una noche.



Soñando con la pasión en un vals de una noche.

Entre una noche solo, solo con mi alma,
solamente con mis alientos en la noche hasta el alba,
soñándoos con un tañer que estaba llena de pasión y magia,
la encuentro entre muchas sonadas,
como de varias opus esa divina tocada,
la cual dormía en sus escalas.
Pensaba que era de una balada,
porque era muy romántica,
y no fue así, fue en un vals que sentí esa pieza mágica,
en una partitura oí los labios de Frédéryck Chopán,
sintiéndoos de nuevo paz y el canto de su armonía hablada,
y sin marcharme cantaba junto a él igual
de esa pasión que el en sus vocablos expresaba,
era tan ardiente como un volcán
que a mi ser de soledad lo aliviabas,
era el vals número diecinueve que me apasionaba.
Buscaba entre mi noche amanecer de lo que me gustaba,
no importa si no duermo,
y solo me quedo oyéndoos lo que me calma,
porque son lluvias de gotas que caen del cielo
y lo que hace cantar a mi apasionadísima alma,
de saber que le ofreceréis sonidos de sueños,
y que le oleréis siempre en mis poesías que os ama,
porque no viene de milagro un ángel tierno,
quizá una mujer de radiante cara,
la cual acaricie y de mi sentimiento
y viva de la pasión vivo que en la música buscaba,
y le quitaréis Chopán la infelicidad que desgarra,
solo vos guiaréis la ilusión ante vuestra sonada
que da magia, imagen de algo y que es de esa dulce monada;
que huelo cada vaho como de tu tañer esa dama,
y es tan apasionaos como el surrealismo que me idolatra,
por buscar esa luz y dar mi respiración,
y así convierta la ilusión en esperanza,
y por fin podría mi alma besarte en canción
de sonidos de esa enriquecida palabra
que se llama en las mareas de los romances amor,
solo que un divino etéreo amor sentir cuando bese su corazón.
Aparecerá Fréderyck esa dama para que de romance,
que de vuestra música salga y deslumbre los valses,
y más el vals que escucho en esta noche apasionante,
tan delicado que consume mi ser en poesías de lo añorante,
será por querer eso que añoro en mis manos tener y besar,
que le veré pronto y a la mirada tierna podré mirar,
que los cielos de esta noche por vos se abrirán
y ante el sonido de Fréderyck Chopan los pájaros cantarán,
solo si vienes antes de la alborada de esta noche,
y feliz en la noche podré yo mismo cantar,
os amaré tanto que Dios sabrá
que la música hace milagro en la vida real,
y que nada es en la armonía misma mendaz
sino de regodeo y vasta felicidad,
rosas huelo en mis manos que son lirios y azahares,
siento tú hálito ahí y eso a mi alma, ser hace apasionares,
pero tanto que vivo loco por tus besos mi ángel
entre violines sintiendo en mi aposento que son tus caricias de romance;
vesania entre mi fóculo de querer traerte aquí a la fuerza,
de acariciarte y beber de vuestra pureza,
y saber que sois lo que he buscado de silueta
para atraer a mí ser que es ante el canto de él un poeta,
que escribe como un demontre por solo querer tener tu vasta belleza;
de sentir que la frescura de algo, de ese sonido viene de la naturaleza,
como de tu voz misma ángel que es tan tierna
y que lo es porque la escucho en mi alma como el vals de la noche fresca,
y que sois tan llena de amor como la armonía que toca a mi alma de poemas;
así tocaríais vos si venís en la noche que os espero,
y las melodías cantarán más y más por ti mi corazón eterno.

He esperado mucho tiempo ya de esta noche de un etéreo cielo,
no hay rastro de eso que quiero,
Dios verá que la música no es mi cielo,
y ahora los sonidos van tan adagios
de ese vals junto al claro de luna de Beethoven,
no son apasionados sino lacrimosazos
de lo que vive mi sentimiento de joven,
parece que viviré así sin ese deífico regazo
sin oler lo dúctil de sus labios que no me absorbe,
y saber que vuestra silueta no viene a mi orbe,
quiero llorar porque no?,
si ya no vivo con lo que he buscado en la noche,
si no vino porque fue mentira el amor,
y ahora miro solo el horizonte,
observo estrellas y la luna con dolor,
solo sentado en el monte,
todo veo en tétrica alma y en el corazón
por no tener esa dama que de su pasión.
¡Caminos, caminos mustios!,
de desespero mi ser y angustio,
parece que es el mes del infortunio,
locura veía en mi mundo,
nada pasa, solo que fueron deseos inútiles,
me duele el alma, vivo sin las luces,
como de sus ojos que quería en mi mirada,
en la vida tener y de esa viva sonada,
que sonaba en mi alma el vals que amaba.

Pasan vastos minutos y a lo lejos
solo llega una monada de reflejo,
turulato quedo, no sé que hacer y ni me muevo,
era muy vasta de belleza eso tierno,
no veía más el tártaro del infierno,
contemplaba solo esa chica que pedía en mis sueños,
como de el vals diecinueve que ahora quiero,
y que lo luctuoso se ha ido y solo sé que viene para amarme,
solo sé que su ser va ha calmarme,
que la vida está lograda,
y que yo estoy ahora soñando con sus manos acariciadas,
que me tocarán y me darán la locura que buscaba,
alma en vida de no vidorria que destrozaba,
os veré tan cándida en mis labios y alma,
y adornaréis con vuestros alientos el vals que en mi suena de magia.

Hola por fin has venido queridísima dama,
no sabéis como le esperamos a su belleza vasta,
-he venido por vuestra tristeza que le despedazaba,
y porque del paraíso vi que de verdad vos ama,
Dios vio igual que la música que pedís en amor esa magia,
fue tan vasto el anhelo que en la música llorabas
a la de ese índole Fréderick que gustáis de su música sacra,
y no pude resistirme escaldo que gritáis por una simple dama,
sin importar nada porque solo lo que has querido es amaras,
darle lo que en música vos amáis a ella en vasta alma
de la pasión que gritáis en tu dulce apasionada poesía,
porque a ella amas, y solo ella que es la gran alegría de la armonía
que ha vivido en tu silenciosa vida.
-Es así, he vivido esperándoos a vos anhelo tierno
para cuidar y dar lo noble de mi ser eterno.
En la música he vivido buscando ese sueño,
solo el ha sido el sitio de acariciar lo íntimo de mi sentimiento,
y por fin pude realizar eso tan bello
que os tengo ahora aquí vos mirándoos a mis ojos de enamoramiento,
y de rosas en mi alma a la luz de tus ojos de florecimiento,
de regodeo en el vals que suena aún de surrealismo,
y la vida de los libros es aquí tan quijotismo,
solo vos y yo unidos de la pasión del realismo,
y que ha sido en la música igual de romanticismo.
Quiero vivir siempre con la paz de tu alma,
que nadie nos quite la paz que tenemos de calma,
-así será querido tan apasionado que me encanta,
qué dulzura dices como decíais cuando me invocabas
en esta noche en cosas locas que expresabas,
y que vine a tu alma antes del alba,
no fue tarde, y por eso vine querido de la inspiración que canta,
¡ay que alegría mi escaldo que me da magia!,
y ahora vendrán los pájaros a cantar en la noche a la alborada,
no hay nada malo ya en la vida solo sonrisas mi poeta que me ama,
es felicidad en esta noche joven que sabe sentir la vida de una dama,
locura os haré en la vida que en mis alientos están hasta en tu cama,
-¡qué amor vida mía!,!dais solo en mi espíritu la poesía!,
entregáis la armonía que faltaba en mi morriña,
y de los sonidos del vals ahora se ve tanta lira,
qué hermoso sonáis en mí vida vals de la reliquia,
de la divina vida que en mi gira,
y qué vivo somos juntos ante ésta linda,
¡qué amor, qué pasión, qué olor!
¡qué perfume tenéis vida mía de mí amor!
¡qué tranquilidad se vive en estos momentos de felicidad!,
¡qué eterno es vivir con lo que uno ama en la realidad!,
ahora nada será triste en el corazón abrumador,
todo florecerá en la historia de nuestro amor,
veremos cosas que antes de los días no vimos,
sentiré el amor que antes no viví,
por fin sé que el amor no es en poesía lo sucumbido,
y que en este destino contigo en alma soy violín,
que sueno en tu ser de alegría y aromo como jazmín.
-Gracias hombre de mi corazón que os ama,
que en la lira siempre tañerá de la pasión cantada,
esto es una relación tan sagrada
que antes no se miró en el reino de las magias,
en el reino de las diosas que son más que alabadas,
esto aquí es un amor de música arrullada,
no vivimos en un amor que solo existe lujuria,
existe un amor que se une en cópula de aroma de ternura,
del amor que existe en nuestras almas de lunas,
de una inspiración que no termina en la escala del sonido,
sino sigue fluyéndoos como marea a la siguiente escala de historia,
de voces de enamoraos que expresan el amor de victoria,
y seguimos sonándoos ahí amado de mi alma de rosa,
no terminamos de sonar al tocarnos en la pasión sonadora,
siempre sonaremos y mostraremos la historia soñadora,
que existe y que pueden oír en el claro de luna y el vals la historia,
que nosotros vivimos de vasto romance de la divina gloria,
qué hermoso es amarte querido de mi idioma,
me entendéis que os amo tanto en mi dúctil aroma.
-sí, y os amo mi encantadora dama que expresa el amor tan armonioso,
dais matiz a mi ser y al sonido glorioso, vivo tan bien con tus tonos,
que siento que este es mí paraíso que toco, y que en las escalas en besos aromo,
como a tus labios, cuello, pecho, dejo ese olor amoroso,
nada es como esta relación en que vivo de lo melodioso.
Suena el claro de luna tan hermoso, muestra nuestras imágenes de lo glorioso,
qué fortunio se vive en el paraíso de sus ojos, de su vida que adoro,
que locura a veces es la pasión que amo, sonidos caen tan adagios,
suenan en las escalas tan delicados de lo apasionaos,
amo esta vida en que vivo de lo realizado, sois mi vida, mi vida amor,
nada más que la eterna vida de mi corazón,
se me acaban las palabras solo sé que sois toda esta sagrada pasión,
nadie como tu existirá para darme lo dulce de la inspiración,
¡os amo amor mío de mí amor, os querré siempre en mi olor!,
-y yo a ti os amaré con la fuerza de Dios, y por haber sido esta relación
la felicidad de tú funesto corazón,
que trajo sonrisas en el poema de los sonidos del amor,
lo cual dijeron que es lo que nos ha pasado en el vals de la ilusión,
y también acompañándonos el claro de luna de Beethoven de emoción,
tan noble todo y etéreo en alma de él victorioso fervor.

viernes, 18 de febrero de 2011

Noche rutilante ante los ojos del romanceador y del creador.



Noche rutilante ante los ojos del romanceador y del creador.

Las damas son vastas palabras en el amor,
son como las flores del jardín de Dios,
son como amaras en el olor de una flor,
saber que en la vida vosotras jamás dirán adiós,
soñamos con eso sin llegar al resquemor,
porque son vosotras fantasías de nuestra visión,
y que hacen agitar nuestras palabras bisbiseas del corazón,
para solo crear nuevas delicias que crecen de fervor.
Tantas cosas son las matronas en el amor,
como: Lirios aromándoos nuestra entonación
de los cantos dulces que damos a lo salvador,
de ese sabor que no se aparte de la devoción.
Son damiselas que consume mí olor,
y que desde vuestros ojos vuele mi emoción;
que es tan encomiástico a su ser de divino dulzor,
cuando les diera los besos de ilusión,
y que es la gracia de su paz y de su pasión,
son imaginaciones de las que digo de mi amor.

Muchos soñamos con que tengamos esa fragancia,
quien nos rodee y nos de calma,
quien nos de su entera alma,
y saber que en la muerte y vida ellas son la ganancia.
Son más que un poema y una música sacra,
son aquellas que a nuestro espíritu dejan lacra,
enfermedad de lo que es el amor de su semejanza,
“y que hasta los gallos de milagro cantan por la chacra”,
solo en las mañanas despertándoos a la esperanza,
como: ojos, caricias de ese ente de ellas para la sensación de mi venturanza;
los cuales buscáis olores de esa dama,
para alimentarse gracias a los cantos de la romanza,
pero si le encontrarais esa dócil alma encima de tu cama,
le gritaréis de entusiasmo por haber sentido tu alma lo que ama,
para poder contares lo que tanto en silencio clamas,
a ella; para dedicares dulces versos del alma;
y cosas de la vida que habíais pedido siempre en las mañanas,
como a ella en tú destino de magia.

La vierais de felicidad y dierais paz, lo que has buscado en la añoranza,
sin temer y dar todo sin obtener en ti la tribulanza,
sino alegría y al destino una dulce palabra.
Sería: ¡Gracias por mandaras y ante el canto que cantaba!,
para sentires ahora en alma que soy su apasionadora alabanza,
soy sus ojos y orgullo sin tener ya una lanza,
pero al ser fue toda una espera imaginándoos,
pero llega en los ojos de la joven alma,
y dice de una manera tan dulce de lo apasionado,
diciendo mi mismo yo a esa hermosa mujer de mi noche amada:
-¡estáis aquí bella, dulce y paradisíaca dama!,
¡veo entre vuestros ojos los míos! que están llenos de romanza,
¡oh mi yo lleno de amor! en el sentido de amarte en la alianza,
como de mis alientos, libros, que son las voces de mis palabras.
Y que lo de la chacra del canto pasó igual en el suponer de las cosas,
sucede y se obtiene la mujer del sueño de rosas.

Suspiros sentís de su boca,
alientos de fuego os da la diosa,
hombre inquieto consume su alma loca,
se ve que has creado la mujer maravillosa,
y gritáis: “Sois la bendecida de mi piel ardorosa”.
Siempre le buscó hasta en las mareas de las rocas,
y encontró lo que añoraba en su ser de gloria,
para dejares en el destino el aliento de su historia,
de que ha vencido en lo que creíais vidorria,
pero que terminó describiéndoos en palabras una diosa,
la cual tiene en su destino fiel de esa tenue flor olorosa,
y tan igual como las flores del jardín de Dios de gloria,
siendo ella esa flor tan pura de su vida de la amada historia.

Sentimientos crecen en la romanza de sus notas,
escribe notas de versos en un papel a la matrona,
“monada de cara pasea en mis ojos de fortunio
de haberte conocido en el mes de Junio,
llegasteis en esa fecha de un gran canto y de orgullo,
y no hay en la pasión el infortunio,
hay regodeo y soy hombre solo tuyo,
y ni hay ante el destino regomello,
sino flores de vuestro lirio que quiero,
y por eso que soy ante vos un gran caballero
que tengo el amor y de acariciar en noches vuestro castaño cabello;
y en el cielo de las noches se ven destellos,
son las luces que dais tú misma de tus ojos azulejos.
Locura en mi alma amada de mi cuento,
tengo ahí mis aromados sentimientos.
Vivimos en un jardín de lo que jamás imaginé tener en mi reflejo;
el cielo de esas noches canta junto a los románticos gallos,
y el sol arde por nuestro amor enamorado,
por las mañanas de lo apasionado,
todos nos acompañan en el amor ilusionado,
qué cosas son en esta nota de versos que le escribo a mi ser que amo,
que llegó de esa manera tan brillante en mi ser aromando,
y que despertó la felicidad que había implorado.
Dulcineas se ven desde la tierra volando,
parecen ángeles a lo inmenso del cielo claro,
solo las miro y sé que son ellas que vienen a darme su espacio,
que vienen acompañar el romance que tenemos,
sus labios botan luces vivas y no lacios,
y así no marchitos somos y de su luz floreceremos,
viviremos de paz y a Dios y a los cantos agradecemos
por haber dejado tener este amor dulce como su reino”.

Termina la carta y solo se observa que el hombre está feliz,
está de fervor su alma y siente que no es infeliz,
qué días viven los jóvenes enamorados,
qué siglos pasan ya, y siguen en el mismo romance copulados,
unidos siempre en lo que es el aroma de su ser explotado,
de lo que es el amor en las palabras de un Dios romanceado,
y de lo que es esta persona con su dama que tanto ha amado.
Consiguió victoria en su destino bendito,
este hombre que escribió a su flor de los lirios,
que sintió hasta aromas de diosas en su ser fundido,
que soñó tener una y llegó en el milagro del canto,
y no hubo en sus poemas llantos,
hubo la locura de su carta de su ser agitador,
para despertar el loco delirio del amor,
para tener ese romance bombeando en su corazón,
de lo que es para él lo más vasto de su interior,
lo más puro que es esa palabra de la pasión,
como ella su diosa que encontró de ilusión,
en una noche apareciéndoos para dar su dulzor,
y tener en la historia la carta del gran amor,
ellos juntos en esa noche de las estrellas de gran fulgor,
pasándoos estrellas fugaces de iluminación,
juntos amándose y abrazados de lo más enamorados,
viviéndoos juntos en el fóculo de su noche encariñados,
dos almas que despiertan la historia del romance,
que hasta viéndolos hacen arder mi misma carne,
son los versos quienes en las imaginaciones arden,
hacen transformar el estado mental a lo apasionante,
hacen ver a través de imágenes liras de lo delirante,
explayo mis pinturas de letras en sus almas,
pinto de paz sus dulces mañanas,
hago lo que no se vería en otras entrañas,
fortunio hay en mis palabras,
voces existen en el fondo de cada cuerda de una magia,
como de composición que haga en el piano de las entonadas,
para ser en historias de voces escuchadas,
eso es lo que somos los músicos, poetas de la magia,
sino somos nada, nada en la pasión de la noche de luna,
viéndote tan etérea y de explayada ternura,
hoy ya terminando y sabiendo que os escucho claro de luna,
pieza de Beethoven tan única, tan dulce y llena de su vida nocturna,
todo es oculta y a voces de las letras que hundan
las hojas de estos versos que dice la vida de las dulzuras,
de la historia que estará en la pasión de la luna,
no hay en las lagunas verdejas esta pasión de reflejo que le destruya,
no hay nada que pueda con las tonadas de su ternura,
es más inmensa que el paraíso que su gran dulzura,
vive feliz alma mía de la pasión que has redactado,
duerme bien en esta noche de luna que he amado.