jueves, 28 de octubre de 2010

¡El oriundo triunfador!




Venciendo a lo infortunio.

El piano será ahora el refugio de mis palabras,
entre cada tono que de
será pidiendo el aliento de mi alma,
porque vuestro progenitor en su vida siempre ha dado la espalda;
y a esa ignorancia él ha tirado lágrimas,
él no sabe por todo lo que he vivido de mi pasión,
él no ha sentido mi ilusión,
si supiera que la beatitud es apoyo,
más si es a tu oriundo del todo
que ni te acercáis a su hoyo,
como al que solloza de sus ojos
por ser él tan solo
que ni vos dais un soplo
para hacerle sentir una pequeña alegría;
pero a donde voy no siento esa dicha.
¡A veces unos son beatitudes y otros afligidos!
con la esperanza que se cumpla vuestro pedido
durante todo el destino;
pero el avanza como el río
que choca y da martirio,
y es tan solo el progenitor de mi suplicio.
Creía que iba a tener una vida florecida,
pero resultó una vidorria que lastima,
solo ando con mis pensamientos y sentimientos;
solo de ellos vengo
para que ante el piano exprese mis frenéticos movimientos,
de lo que es del alma de energúmenos alientos,
si el sol diera su calor inmenso
hoy ante mi piano, diera lozanía de florecimiento,
y hacer de todos estos versos
al mundo junto a sus nubes truenos,
tronaría por mí y del sonido del piano de enloquecimiento.
Vivo ahora conectado al mundo,
viviré recíprocamente de cada segundo,
segundo al estar él junto a mí de pasión
ardiendo en la vida mía del corazón.
Y hoy de mí será por fin lo fortunio,
porque de mi pasado ha sido lo fusco,
pero hoy mis sonidos alentaran muy profundo,
e irá al viento zurrusco,
y de esa fuerza amaré al futuro,
que de mí el dará lo pulcro,
así soy y camino
por mis sueños benditos,
que de las nubes caerá rocíos
siendo agua bendita de mis sonidos;
y que fundirán al destino
como de mi palabra y mi delirio.
Ni mi progenitor sabe quién soy,
sólo por el mundo voy,
y de la ganada alegría nace el amor,
y del sonido de mi paraíso será ardor,
a lo que lo convierte de armónica pasión,
y que estará sonando en mí corazón.

No es todo lo que uno acostumbra pensar que es la hermética;
si no toca su íntima palabra poética,
para hacer de él
entre versos una bellísima fonética,
para ser de sus voces a una naturaleza
su arte de la palabra mimética,
y amaos a ella
y tronar tenores en la palabra frenética,
en el levanto de la voz
ante muchos sin ser patética,
que era antes en el dolor
de esta poesía teorética,
del que le quedaba
entre la vena genética,
de ahí era así,
pero levanté con mi ética
del piano y poesía
para llegar a la melódica hermética,
que de mis enseñanzas tuve
de todas una sincrética,
para ser de sus sonidos
a una armónica simétrica,
que entre esta tarde
me ha hecho dar diaforética,
por ser tanto la pasión que entre palabras
es toda ante mi fuerte vuestra poliorcética,
nadie ante mis letras se meterá
por ser la pasión energética,
y por eso que ella atacará
por el olor que suena de simétrica,
y en cada verso no aparece la epentética,
porque de una palabra
muy pocas dan a su rima de ética,
solo habría que crearlas y ponerlas,
pero eso ya resulta difícil en la rima poética,
que de una palabra de su sinónimo
dé su rima para impresionar en la hermética,
pero ya que esta corriente consta de mi belleza,
a él daré todo de mí palabra poética,
y no posara vuestra alma de la dolorosa herética,
si no daré frutos ahora en adelante del verso;
y buscaré la forma de destrozar al infierno.

No es todo como uno acostumbra pensar que es la hermética,
si no acaricia su profunda ética
que al mundo daré de mí poema,
del más fondo de mis letras
que es entre violines mi belleza,
que dará melodía tierna,
porque es lo que palpito de mi amado surrealismo,
y luces al astro de si mismo
hablará al destino,
por ser todas mis letras mi libro,
y que él al mundo será futurismo,
y de mis libres caminos
haré el cubismo,
para solo extraer mis sueños del surrealismo,
¡tanto pero tanto amor!,
como a todo mi pedido,
que de él llegó a la presagia
para difundir la magia,
y que ha abrazado mi alma
su espíritu de llama,
por ser lo que me ama,
como vuestro ser de la pasión inspirada,
y que a muchos ojos estará entregada,
porque contemplarán todo mi estimado aliento;
sentirán lo que he sentido
como cuando escribo mi sentimiento,
por ser todo mi surrealismo
que entre sonidos ha estado mi idilio;
y que ha sonado en el piano de delirio,
y entre la naturaleza escucha mis gritos,
y de ella sus lirios
ofrecen aroma de amorío,
veáis que en noches viviré tranquilo,
y por fin estaré ardido,
todo por las cosas que están conmigo,
y porque no estoy solo en mi destino,
solo vivo de mi pasión y de la ilusión,
porque es ella de ardor
que entre mis entrañas da amor.
¡Qué ganancia de mis versos!,
es todo este duelo
que os tuvo ante mi progenitor de sufrimiento
para poder vencer con mi aliento;
que de él nació ante el enrojecimiento,
como de las palabras del poema,
y que no se irá de mi alma interna,
porque en ella está mi acariciado cielo,
como respirar el paraíso de chelos,
y por ser mi poderoso anhelo
que amaré de mi férvido sentimiento.
Vivo como quería en mi lecho,
el que está lleno de apego.
Los mundos son ellos,
como la poesía de florecimiento,
y el piano que ha abrazado mis huesos,
y de él he dado tiernos besos,
y no ha sido infierno,
porque lo he derrotado ante lo mesto,
y él no ha gritado en el intento,
solo ha llorado en su averno,
y ha nacido lo eterno
que en mi es de sus violines y chelos,
para sonar al mundo de renacimiento,
e invocarme en el fuego
de la verdad de mis notas que no son juego;
son tan ciertas que suenan hasta el cielo,
y que hacen arder de amor todos mis estros versos.

martes, 26 de octubre de 2010

"Un vesánico de la musa escribió"



En una noche pensando mil cosas, ¡y así debe ser¡.

Los violines junto a sus notas son:
derrame de agua de las nubes sonando
de esa amadísima sinfonía al mundo de ilusión;
porque está entre sus ojos y su corazón.

¡Oh qué pasión, qué delirio por vuestro amor!
que es el demiurgo de mis sonidos.

¿Por qué he sido yo de sentir estas infinitas cosas?
¿Por qué?; no lo entiendo, aún así ellas tiritan
en mí espíritu, vosotras me dan lo que tanto
me había faltado en el corazón,
y por eso es que hoy las beso junto a el lápiz
de mi ferviente escritura,
por vuestra dulzura
que me acompañado en la brisa,
cómo cuando salgo viendo en ella su sonrisa,
no sé por qué es así, sólo es mi destino
de adormecerme en sus notas de idilio,
que os veo entre los ojos del paraíso,
o como cuando contemplo el cielo infinito,
como ellas tañendo de delirio.
Así se dice y se siente entre violines de tú diáfano espíritu;
y que de él estalla de armonías de romance,
o de eso uno ir a un sagrado cielo,
y tronando ante ángeles mi apego,
y entre un pequeño silencio
se aparecen seráficas con chelos,
vuestras dan aire a mi sentimiento,
para que de él florezca lo eterno,
y entre flores de este paraíso sea lo tierno.
Se puede decir que sueño con esto,
y no voy a cambiarlo a lo mesto,
porque de mi pasión será el embeleso,
que entre el alma daré milésimos de besos,
y de él será mi acariñado anhelo
que hasta entre los sueños acariciaré con mi aliento…
así lo haré, y de eso viviré,
no lo abandonaré por ser mi sangre interna,
al cual en el suena
y me hace feliz,
por su tocada tan tierna
que entra en mí.

Mi mundo vuela y todo cambia,
menos el amor de mi magia,
que está entre mi alma.

Veo árboles en la naturaleza cantando,
siento nubes junto a los ruiseñores con voces sopranos,
es la fantasmagoría que despierta
y que hasta el oasis del edén suena,
como todo este canto que embelesa,
como de las aves de la naturaleza,
y que entre su sonido a mí me lleva,
a ese monasterio de piedra,
donde las aguas suenan,
y que entre las plantas se llena
de la melodía que siempre me besa,
como las palabras del poema,
como la de esta noche la luna y las estrellas,
porque ellas me dan su magia interna,
para ser de esto mi taumaturgia
que de él profundizo mi ternura,
y es toda mi liturgia
que amo como culto de mis sonidos de dulzura.

Es todo, y a lo lejos alguien clama,
que de mi amor dé la cúspide magia,
para que así el mundo vea mi indestructible llama,
que entre las partituras está de pasión florecida,
y de mi vida ardida,
¡todo, todo, pero todo de mi alma bellida!,
es así de grande esta melodía
que ronda mi vida,
no sé si haya más letras,
solo ellas son las que llenan de esencia,
o como en cada línea su íntima belleza,
y a la que se disfruta como vuestra esposa,
para crear de ella en canto una diosa,
y ser tu ambrosía del poema romanceado,
por la sinfonía que al edén ha acariciado,
porque allá llegamos, y en vuelo de su sonido acariñamos,
toda esa vuestra carne sacra con el aliento enamorado,
que fuese esas serafinas junto a chelos tocando
y entre mi alma a ellas arrullando,
y dulcísimamente besándola,
y entre mis ardientes brazos abrazándola,
para así a ella no olvidarla
por ser la esposa de mi pasión amada,
la cual es convertida en una seráfica casta,
para consumir así con las letras apasionadas.

viernes, 22 de octubre de 2010

Estrofas contando diosas del amor.



Estrofas de una historia de demiurgos.

En esta historia las diosas seréis mí liturgia,
a vosotras llenaré de mi pulcra teúrgia,
cual comienza con las oceánidas ambrosías,
viven en ese mar cada una del umbroso amor,
piden en sueño una alegría o caricia
para que el mar deje de ser fusco del dolor,
su sueño es así cada pero ¡cada noche!,
mi magia bendita entra en los sueños
y dejará de ser nocturno sus soles.
Pintados de la magia diáfana,
teñidos ninfas en su noche manca,
que le aseguro que será blanca.
Volé como un audaz a su noche del sueño;
y vosotras amaréis ahora a mi alma;
porque se acabará el duelo,
porque besé al dolor que maltrata,
y al despertar vieron mi cuerpo en su agua de cama,
acostado en ella y vosotras desnudas ardiendo en llama;
porque han sido beatitudes del sueño que les mataba,
y al verme dijeron: “ Has hecho la bendita magia de taumaturgia;
has hecho de nosotras enamorarnos de tú ternura.
-Ahora en letras vosotras seréis mi dramaturgia,
y en cada cuerpo entregaré eterna dulzura,
viviremos en esta cama de agua
como antes entre noches siempre anhelaba,
porque de lejos de donde vengo,
de ese inmenso e infinito mundo ciego,
es el astro rutilante más pequeño,
que muy difícil sabrían saber de él,
ahí miraba cada noche su sueño cruel,
pero cada ¡cada vez queriendo ir alguna vez;
no podía ir!, mi magia no era infinita,
y a ese obstáculo no pude viajar a la tierra prometida;
me era la distancia y la causa de mi magia viperina,
deseaba ir, en ir y ayudarles oceánidas,
porque al verlas a vosotras así me enamoraba;
soy enamorador de la tristeza,
y de ella ayudar y así a ver si puedo tenerlas,
todo era un fortunio en mi esencia,
la que se convirtió de magia inmensa,
y por esa amada razón fue que el poder mío
cuando entró a su sueño tornó a otras mozuelas;
y ahora saben ¡cuál fue la causa de mi huella
en su sueño en la noche de estrellas!.
Mi alma ahora las embelesa,
¡abrácenme que les pido en mi boca de poemas!;
la beatitud viene dulce y en el agua que me besa;
así es, ahora la mar será el lenguaje demiurgo;
mostrará mi sacra alma al mundo,
y de los soles con mi aliento espurgo,
habéis hecho en mí lo profundo
a este sitio de lo taumaturgo,
y ya no me he sentido furibundo,
porque he tenido en mi sangre el latir fortunio;
y que de los meses él cantará en junio,
porque ese fue el mes en que tuve mi magia de poder;
cantará al cielo y a las damas diáfanas,
y si en un mundo muy lejano sería la presagia,
como el amor juntos felices de esa magia.
-Nos has contado muchas maravillares,
y para ser tan solo que tuyas en estos pulcros mares;
tan solo queremos amado de nosotras,
que vos digáis si nos vais a dar vuestro nombre,
y así por fin saber de ti más en esta noche lumbrosa;
-me llamo como todas las mañanas,
veréis de este pensamiento e ida de pasión loca,
ustedes sintieran mi nombre en su alma,
y subirá en aliento mío a su boca,
y el nombré será dicho,
no os ofendáis ni os sorprendáis,
mis palabras serán en amor,
y así ustedes me amaréis,
sí cada noche entre la sábana del ardor
vosotras ahí a mi cuerpo saciaran,
y para florecer a la noche incitación,
besaré vuestras intimidades de pasión,
encendéis ustedes mi vida al amarlas,
han hecho de mi una vida romántica,
y de mi boca de poema una crisálida
suave como mariposa de las alas
a su cavidad en matiz al besarlas;
y ha de eso les señorearé su vida de amor,
floreceréis ustedes en mi carne de castidad
por copularnos de la tenue ovulación,
que manará mi ser en su divinidad
de la santa relación
que es la lujuriosa cavidad.

Pasan muchos días en nuestra vida,
hasta que mis diosas fenecen,
mi fortunio no fue eterno de alegría,
había creído que iba ser vaticinio el amor,
pero no fue así, sucumben en la mar ellas,
¡y por dentro yo, de mucho rencor!
eran personificas de los mares,
pero una ola inmensa las mató,
ellas no pudieron salvarse,
su aire tan solo de mi alma desapareció,
no estaba con las ganas de hacer magia
hacia este mar entre sus olas malas,
para así cobrar venganza
por haberme quitado a mis damas.
¡Se puede llorar cuando no se tiene lo pulcro!,
como entre tus ojos todas las noches diáfanas,
que pensando y soñando que iban a ser mi futuro,
y terminaron siendo otra cosa en mi vida eclipsada,
ahora mi vida es flébil y mis ojos lacrimosos,
no veo en la mar paz y menos en el alma
por haber arrancado ola en la mar lo fermoso;
o cual a mí daba mucha caricia a mi piel de sol grana,
sí y que sigue esmirriada
por ellas al no tenerlas en las mañanas;
ni olerlas y darle lo que tanto a ellas les gustaba,
y que en piel encendían enamoradas,
y las cuales eran de mi cama de agua
las gráciles y dulces diáfanas,
y que entre mi sueño de noche eran la poesía loada,
vosotras habríais hecho de mi orbe luz blanca,
y caricia a mis entrañas de pasión que soñaba,
por vosotras me sentía así, no se pero era el amor,
pero al volar e irse así quedó el resquemor,
no sé si un milagro ocurriera
para así sanar y elevar mi tristeza
que desgarra mi vespertina entre poemas;
y voláis letras entre la palabra injuria,
este anochecer destruye su belleza,
y solo queda el recuerdo de la lujuria
como cuando en estas noches hacía de mil partituras;
tocándolas a las diáfanas de mis manos musas,
porque amad de esa forma mis fusas
que a vosotras en esa caricia no daban fuga,
idolatrado eran al amor diáfanas de luna,
será que el anhélito de mi se irá,
para que mi espíritu pueda respirar
de esa anhelada paz,
sea o lo que sea, os amaré,
cómo recuerdo de este mar,
y que os escribo de fe,
o por si viene o sucede esté bien.

Nadie sabía quién era yo,
sólo al caminar por estas vías
respiraba siempre ese olor,
y a eso evadía siempre mis elegías,
porque olvidar a unos amores
era en tu aliento de rencor,
y todos esos olores
hacían perder mi razón,
pensé en la jurada liturgia
que había dicho a ellas de ternura,
y recordaos quedáis en teúrgia
de mi noche de locura,
así vosotras andaríais
en mi alma de dulzura,
así vuestras en silencio amaríais
mi corazón que tañía de partituras,
abandonado ya la penumbra
y quedará su olor divino de natura.

Mi vida cambiaba mucho de lo que posaba,
el aire volvió a mi alma,
las diáfanas de mi calma habían dejado
unos hijos en una cuna de flor amarrado,
estaban en un lugar muy ocultos,
porque venían de un ser tan pulcro,
esa era la más majestuosa de taumaturgia,
volvieron a dar en mi apasionada escritura
unas hijas y a mí a ellas la liturgia,
habido visto eso, que era el divino embeleso,
pensé en llevarlas a mi palacio y darle un mejor lecho;
y a cada una de ellas les di un beso,
pero cayéndoos lágrimas en sus pechos,
porque eran ellas la remembranza
de los rostros que amé en el corazón,
y con esta gran sublime esperanza
las llevé y les di de comer y mucho calor.
Habríais la mar lo que hace el amor.

En mi palacio en la costa del mar
las tenía a ellas de profusa paz,
mi hogar era por dentro de flores,
habitaba ahora muchos corazones,
era un sitio de despertar las pasiones,
habían ahora instrumentos de furores
por esta llegada de frenesíes
que daban al amor mil olores,
instrumentos como piano de acordes;
que al tiempo mis hijas crecieron
y tocaban ese armonioso piano en bemoles,
lo tocaban acompañada de un chelo
para tañer el sitio de mil soles,
y disfrutaba viéndolas en el lecho,
eran virtuosas las ninfas de mis amores,
y que amaría como a sus madres de ardores.

Pasa pero mucho tiempo y vienen unas Néfeles,
eran unas divinidades de los ríos y mares,
vienen a mi costa muy diosas y défeles,
nadan en el agua y los ojos son pasmares.
Las Néfeles me miraban y yo del palacio me exaltaba;
antes había vivido algo así pero diferente,
pero esto me hacía arder simplemente,
eran ellas como unas diosas de lujuria,
me tiraban del mar de su boca besos,
hacían despertar mi menuda lluvia
para caer en ellas de muchos embelesos,
y así quedarme con ellas de ternura,
pero pensando tantas cosas en respeto
por las diáfanas que eran mías en sueño
que soñaba del amado recuerdo,
pero una voz del paraíso bajó diciendo:
“Podéis agarrar a ellas y ser feliz,
nosotras de aquí os amamos,
pero seríamos más vivas si vos quitáis esa cicatriz;
y dais bienvenida a ellas sin rechazo,
y así de una venida del herbaje fuese lis
una deidad que amaréis igual de Artemisa,
que tendréis en expurgo de la luna en risa,
y querréis por ser la divina y dueña natura,
y vos de ella respirando su alentada brisa,
y entregado a ella en cavidad de ternura,
y floreceréis más que mi regodeada sonrisa,
y sus pieles de ellas tendrán mi alma sumisa,
y amaríais como me amasteis “Dios del astro”,
y compartís mis hijas con ellas como Réquiem de misa;
y mi vida será de allá de un color entusiasmado,
mis “y” son porque comparte mucho la pausa de lo amado.
Es todo nos veremos amor,
todas aquí os amamos astro de nuestro esplendor,
que veremos al universo como recuerdo tuyo
que nos salvasteis del resquemor,
sois grande en el alma que ni cabe el orgullo,
y que hacéis mover a otros mundos
por amarte así de lo profundo,
y por haber traído a nuestras vidas fortunio”.

Presagia dijo mis amadas encantadas,
me habló de una diosa natura que estará posada
más que en toda mi vida y alma,
me ha dejado conjeturar mi ser así de llama,
me da la entrada de la beatitud inmensa,
y así ha de eso hace florecer mi paz completa,
que ella estará en piel de las divinas azucenas,
cómo no amarlas si ella estará ahí acompañándome,
y de seguro a esas pieles estaré besando y excitándome
de mi vida como astro hoy da más luz al espacio,
y así de esa luz recibirá mis diosas que amo.

Bajo del palacio para ir con las Néfeles,
les cuento toda mi historia que he vivido,
pero al verles bien a los ojos me doy cuenta que son défeles;
y ellas al escucharme todo lo de mi corazón herido
y hasta el renacer de mis hijas en delirio,
quedan alumbradas y me aceptan como su amor;
me acerco a ellas y vivo pero tan feliz
que el mar se da cuenta y no volverá hacer más loquera;
respeta ahora mi vida y lo señoreo con mi magia bendita;
vienen mis hijas del palacio,
y todas ellas se presentan ante estas diosas,
y las Néfeles aceptan ser su madre de encanto,
mis hijas desean serlo para vivir de muchos cantos,
y así ellas enseñar a ellas de piano,
y así tocar todas de armonía y paz en el palacio,
y ante este mar que hoy ha sido de paz,
pero a vosotras Néfeles llevaré a mi lecho
y ahí las consumiré de rijosidad,
que dejaran al cielo la imagen del amar,
como un corazón de melodías amándose más y más,
como junto a sus notas en el piano el sonar,
como el violín junto a sus cuerdas besándose de felicidad,
así es nuestro amor mágico de la inmensidad,
y que no se dejaría de amar en el alma jamás.

Han pasado profusos longevos
y de todos ellos hemos tenido sueños,
nuestra piel sigue igual sin envejecernos,
hemos vivido junto al piano y el violonchelo,
hemos compuesto tanto junto a las Néfeles,
y entre su composición son tan défeles,
¡y queremos hacer hablar al mundo de lo que hemos hecho!;
¡queremos hacer ver en nuestra música lo que significa el amado sueño!;
y que no ha dejado de sonar en nuestra alma de sentimiento;
¡porque es grande!, ¡ésta pasión que es tan agitante!
y que ni otro ser podrá saber qué es lo que decimos en ella de apasionante;
lleva tantas cosas que ni Dios podría saber que digo en su historia,
y ni porque elegí querer esa amada gloria,
solo en nuestro mundo ella
es nuestra gritadora de jactancia y vanagloria.
Vivimos en el palacio difundiéndoos nuestra historia,
que a todo el mundo no quedará en derrota,
ella se invocará y dejará color de rosa,
haría ver a otros lo que suena en mi alma cariñosa,
siempre, siempre en mis sueños de pasión enamoradora;
pero a veces otros no entienden que es lo que siento en mi alma tronadora;
¡sólo yo sé lo que es ésta divinidad en mi vida virtuosa!,
y que está llena de la palabra surrealismo de las notas,
¡me duele, ay decir esto, porque es tan delicado como flora!,
y suena tan dócil los sonidos tenues en mi alma de rosa,
y que desde el palacio hacia la profundidad del mar
se oyen delfines, ballenas y violines a lo lejos de ellos de aroma,
cantan tan dóciles que me llenan de su melodía cariñosa,
tan hermoso es vivir y escucharlos a ellos de gloria,
como si cantaran en el silencio del mar sus historias,
sus voces o tañeres de sopranos en su pasión que adoran,
y qué cosas se preguntarán sobre el lenguaje que dan en esa oda,
solo dan lo que en mis notas doy siempre de lo que me apasiona,
eso es lo que dan ellos en la vida oceánica de las olas.
Pero que me alientan a mi mucho ante esta costa,
costa la cual es mi tierra sacra de mi vida sonadora,
y el alimento en las mañanas como mis hijas y diosas.

Al tiempo; aparece por la noche muchos silbidos de la naturaleza,
pero muchos que no podía aguantar,
venían tan solo de una dama bella y dueña,
dueña de la naturaleza del más allá,
pensé en lo que me había dicho mis esposas,
ellas hicieron presagia y ahora es cierto,
es lo más milagroso que apreciaba la voz de ese momento,
salí pero antes dejé una carta diciendo:
“Acuérdense de mi historia que conté,
tengo que salir llegó la natura,
ella hará algo que yo quiero saber,
¿por qué el silbido tan fuerte suena en mí
y no en ustedes?,
debo salir ya es como una llamada,
tengo que verla a esa bella dama,
que me describieron mis esposas de las diáfanas”.

Salí corriendo y corriendo hacia el forraje,
ella estaba ahí y me dijo: sois el astro Dios,
no sabéis como he visto vuestra historia,
has sido muy encantador con vuestras diosas,
y al ver eso he venido aquí así y me he hecho dueña
de esta naturaleza y de los animales;
soy la diosa virgen de la caza de ellos en la vida,
soy así y seré en la tierra querida,
soy su diosa Artemisa,
y he visto como vos ha dado tu alma sumisa
a ellas de un amor que a todo verso rima,
es armonioso vuestro amor a ellas hasta en brisa,
-así vivo, así soy, así me siento y así seré,
así a ellas las amaré,
-conmovedoras tus palabras astro,
porque no me dices si ¿os gusto?.
-Primero al verte es como dijeron mis esposas,
que seríais una luz ante mi tan lumbrosa,
una belleza deidad que se enamora
uno al solo mirar su profundo ser de diosa,
dijeron ellas que me enamoraría y así de rápido pasa,
no sé si vos podáis dejarme estar contigo,
y compartir el aliento de mi alma,
saber que mi vida tendrá otro idilio,
al cual será convertido en sol de delirio,
y esa seríais tú en mi destino florecido,
¡ah y sí me gustas, y de tu hermosura no asusta!,
hacéis ver mi pasión más dulce y llena de la ternura.
-Os acepto amor, yo quiero ser tu calor,
quiero darte de esta naturaleza mi corazón,
y me dicen “Artemisa y Diana”,
pero me podáis llamar como quieras en las mañanas,
o en las noches cuando os tenga en mi cama de magia,
iré a visitaros al palacio para conocer a vuestras Néfeles
y a sus hijas de vuestras esposas défeles,
-gracias Artemisa de pulcro nombre de Diana,
has enamorado en melodía mis entrañas,
habéis visto mis ojos lo dulce de una noche tan blanca.

Al llegar la alborada ya mi familia sabía de Diana,
había contado que había pasado en esa noche encantada,
y llega la diosa de la naturaleza y dice: He venido para ver si
vosotras me dan su entrada,
y el pase para estar también en vuestra casa,
y ha de ser de eso vivir con su astro en cama.
¿Qué dicen ustedes?.
- Que vos se quede y de más entusiasmo en nuestro palacio
que hace más falta para el astro enamorado;
porque nosotras ya sabemos quién es usted,
y sabemos que sois lo noble de lo purificado.
-Gracias Néfeles e hijas de él astro,
han dado calma de entrar a vuestras almas,
me quedaré aquí a vivir; y de la naturaleza daré frutas de magias
que harán avivar más el amor y nuestra divina cama,
y las hijas ante el astro querré como a mí misma alma.

Los días pasan y su relación había crecido de mucha calma,
el astro le hacía el amor con todo respeto en su piel venerada,
porque era virgen, pero ante esta historia él la hizo suya cómo sagrada;
su piel sacra era al hacerle el amor de divinidad soñada,
se respetaban tanto en el lecho del amor que difundían de ardor,
las Néfeles compartían igual su cuerpo de pasión,
vivían en un mundo del que no es igual al de ahora,
en aliento se recorrían todas en caricia romanceadora,
la cópula pulcra de ese entonces era sin juego,
se amaban como vinieron al mundo en fuego,
en ese ardor se desataban de adhesión,
hacían ver a sus hijas con entusiasmo de tocar el piano del amor;
así si se hace lo lúbrico sin pecado del gran olor.

Después a tanta aventura amorosa ,
la hermosa diosa Diana pasa hacer la luna,
era el ciclo de la vida de ella en su historia,
muchos de la familia no quisieron esa pena dura,
porque era luctuoso ver irse una dama tan cariñosa,
dijo ella: de allá daré el brillo de mi castidad,
estaré en símbolo de la paz,
ya viví con ustedes y fui feliz,
pero ahora debo irme a otro lugar,
donde me pertenece la vida y que me toca realizar;
-mujer que te conocí y que viví contigo años,
te vas así de mi corazón que te ha amado,
-tengo que hacerlo no seáis así, es mi deber vivir así,
nací para eso y viviré así, pero recuerda que siempre os amaré.
Lo decía botando lágrimas en sus ojos diáfanos,
porque eran tan igual como la luna su ser.
-Yo igual os querré amada de mi alma,
si lloro es porque os amo y no es malo,
si hoy lo hago no me importa,
pero siempre saberlo que mi aliento os amará
mirando cada noche tu brillo de luna de paz.

Ahora quedáis el astro con vuestras Néfeles e hijas,
y de ellas vivir de lo défel y de caricias,
y de la pasión del piano revivir más en sus vidas,
y así la pasión crecerá en ella de alegría,
y no se irá la felicidad jamás en sus días,
todo será flor en sus partituras latidas,
y que dan al corazón de mucha magia vivida.
Explayaremos ahí la historia que hemos vivido ahora
junto a la diosa Diana de dicha,
y que en luna la tendremos en la hoja de rimas,
que entre odas se dará entre los compases de sonrisas,
y acompañaos entre chelos sonando y alimentando la vida,
la vida que nosotros vivimos de inmensa y enamoradora beatitud,
que besaremos hasta la hoja del canto de la virtud,
que nos conduce a cantarla de pasión
por ser tan grande la vida del amor,
encariñado quedaría los sonidos en luz al canto de explosión,
que haremos de dulces voces,
por ser lo que la partitura apasione
durante el latir de sus acordes,
sí así debe ser la pasión de mis olores,
para ser elevado a la luna de melodías,
y de ellas yo compartir lo soprano
que es esta frase de lo romanceado,
y que llega a su figura en lo rutilado,
muy soprano de mi verso amado,
será a mi dama del canto,
que entre ópera he dicho entre el llanto,
porque a veces es así lo ilusionado
que cantamos de lo entusiasmado,
las Néfeles entonan sus voces igual,
en el aire a la luna como amiga íntima de soprano,
y así entre todo eso se va el día completo del canto,
la oda ha durado entre las frases
del destino a su brillo rutilado,
y mis hijas solo tocaron el piano y el chelo,
y así nosotros entre el canto dimos sentimiento,
es una armonía inmensa este que depositamos
para el querer de una diosa liturgia,
que entre ella dimos en la oda más que la teúrgia,
porque nos fue una diosa loada
entre la poesía romanceada,
para cortejar entre la vida a ella amada,
viviréis lejos allá y de aquí vos recibís alabanza,
entre el sonido del piano fue dulcísimo,
y lento ante trinos de los alientos de mi destino,
y cayeron cadencias ante el piano de idilio,
haciendo ver nuestro mundo tan distinto,
y el chelo daba sonidos de cuatro tiempos melodiosos,
y nuestro palacio y la mar brillaba de armonía por lo cariñoso,
y apoyaturas en el piano se daba en corcheas
haciendo ver en el piano de; de dulces cuerdas
una pasión que engendra y que da mucha terneza,
y que a mi alma ella le besa, y hace ver mi oda de paz eterna,
vivo tan feliz en esta composición que creamos de belleza,
nadie habría visto esto que tenemos como poderoso poema
entre nuestro aliento de vida que embelesa,
y que besamos hasta quedar sin aliento en la hoja
de partitura que alimenta, y suena a veces tronante como una tormenta,
y hace llover en las lluvias y a dar truenos de nuestra composición poética,
somos grandiosos prodigiosos de la música que enseña,
como la pasión que siempre besará en nuestra alma de terneza.

jueves, 14 de octubre de 2010

La damisela


La dureza de una azabache damisela.

Eras tan empedernir en tu corazón, que ni tenías ese aliento plácido de tú respiración, hoy ya ni sé como señalarte que me importas tanto; solo el idilio que soñé se transformo en llanto, por no contener tu encanto, ni tu forma de ser maravillosa que eras antes cuando te conocí, como benéfica diosa, que me amó y enamoró mi corazón, cuando no había conocido la romanceadora pasión.

Como quisiera que fueras diferente, y no seas ya con esa dureza matadora que me destruye aterradoramente; y envejece más tu belleza e interior que tenías de sonrisas y de mucha alegría, ahora sin ser esa blancura, solo siendo una oculta ternura, ¡que despedaza mi corazón, por no sentir el romance de tu amor!, y el viento solo sopla tu pasión al olvido en los días de dolor. Vislumbro en esta noche tu dicha perdida, tristemente en miles de lágrimas cayendo en esta hoja por la partida de tu idilio, con la noche eclipsada, porque desvaneció mi amada junto al brillo de la luna, siendo mi alma más que apenada. Sin su divino olor, con ninguna caricia de su piel, que era todo mi dulzor. Pero resulto ser hoy cruel.

Así donde estés, siempre la amaré, siempre la tendré entre los recuerdos de mi introspección, con nostalgia y pasión. A pesar de que te fuiste, mi vida realmente fue triste, por no abrazar tú cariño, como en el pasado de mi destino, entre tus besos y tu rijoso cuerpo que eran tan divino.

Métrica descalabrada.


Odas e ignoradas y métrica descalabrada.

Este orbe es tan hostil de las inspiraciones que sentimos los poetas, a la hora de solo escribir pasiones sentidas por completas en nuestros corazones; y de las cuales no son secretas, porque expresamos de forma romanceadora en una hoja de papel la pasión penetradora; relatando profusas historias, sobre aflicciones y otras son glorias, y terribles decepciones. Pero la gente
que leen nuestras poesías. ¿Sabrán muy bien lo que decimos?, cuando no tenemos alegrías o en cada letra de lo que sentimos. La pasión contiene tantas cosas que ni la luna en esta noche suele
ser esplendorosa; por darse cuenta de los que vivimos así con el sombrío que hasta sucumbimos escribiendo en nuestra mesa; sin ser la noche terneza.

Solo el frío hoy me acaricia, y de mis ojos caen lágrimas, como un río pluvial sin poder parar por lo que hoy mi corazón ha sentido; casi sin ese inmenso latido, por mis sentimientos que se trisan durante mi lamento de esta noche de muchas cavilaciones; por el idilio de nuestras composiciones, que son más que hojas marchitadas de terribles perdiciones, porque el mundo no entiende de nada, del comienzo de lo que expresamos hasta el final que narramos, casi los pocos poetas que quedan y que quieren ser, ya los son, porque su sentimiento es lo fundamental de la composición poética de su completa predilección.

La poesía, ¿cómo métrica de su mejor corrección?, de los que las escriben así en su composición analizada e interpretada de amor, pero su creación de exigente medición,
es lo que hace al poeta trancarse, ni contener el inmenso romance, porque el sentimiento no da buen avance, no deja correr como corriente de río, y es baldío su inspiración que siente de amor, verdaderamente son aversiones sus medidas del verso que solo te deja sin vida, porque te ata a su regla la métrica de cada palabra, como separar en silaba, como una hiriente espada que te quita el alma del tétrico poema, ¡no brilla como gema!, cuando cuentas en la estrofa, para ver si haces una octosílaba o quizás una decasílaba, y el poema es una esclavitud, una dictadura a sus órdenes que señorea fríamente al poeta, él deja de sentir el verdadero poema que debería de sentir como cálida arena entre sus dedos acariciando el papel; y eso es lo que llena al alma sin ser cruel, aromando su interior, sintiendo el amor en su corazón, amando la poesía como su eterna pasión, de crear fantasías que son en imágenes vistas. El ambiente en donde se traslada de alegría, son momento de brillazones, y otras desilusiones. No todos hacemos poesía porque es linda, y ni tampoco leemos porque nos parezca bonita, leemos y hacemos poesía porque contamos a través de las letras todo lo que penetra, una vida de aventura, más que vesánica como cuando el lobo maúlla en las noches de luna; como viéndola a ella su locura de belleza que quiere en su ruta, esto nace y perdura por siempre ante cualquier cosa de este mundo, hasta de una hoja de una naturaleza o una vulnerable flor desprendiendo remembranza de un amor; o de un hermoso y plácido herbaje, lo recordado de una salida de viaje, cuando diste bellos masajes a ese amor penetrante a tu ser que fue apasionante. Así escribimos y hacemos brillar más nuestras letras, no con reglas, que son más que candela, que destroza nuestra fluida inspiración que tenemos desde la fogosa vena, y que da circulación hasta llegar al corazón, donde despertamos más que una quimera, y nos sentimos felices por la pasión. Una sextina por ejemplo: y que lo destina a perder el tiempo de su estado sentimental, sin saber que se hace daño mortal.

Escribí poesía con medida, es verdad, pero me sentí tan sujetado a eso que hoy te confieso, que no eres ya la reja, ni la esclavitud a mi alma, eres solo un pasar, y te sujeto el cuello para decirte que entre mis cabellos, boto tu sucia maldad, por no ser la felicidad de mis días que estuve sentado, contándote entre estrofas benditas, que no soporté, y por eso que de ti me alejé, y a ti ya no me acostumbraré, y las historias o quimeras serán mejores al escribir, se sentirá uno más feliz, sin tener una dolida cicatriz. Versos libres tienen que ser, porque somos libres de la esclavitud, de la métrica con plenitud, y tenemos así a los versos libres, mucha beatitud, siendo ante la poesía una venerable virtud, de cada persona brillando como el cielo azul, sin ser infeliz tú.

Esa es la enseñanza del poema verdadero, no una medida que te aloja del cúspide querer, que tienes a una dama o una pasión de sueño, que se sueña desde pequeño, por ser eso, y lo terminas explayando en el verso, agitándose siempre en tu pecho la ilusión que amas por toda tu eterna vida; con el cual florecerá alegría.

Hay otros que son solo versos blancos, cuando expresa de forma corrida el escritor, que siente y que no piensa, solo sus palabras fluyen como corrientes de ríos sin defensa, durante lo que siente, porque traen tantos dolores acoplados ante los escritores, su inspiradora y congojada creación de engaño, de un desamor sin la abrazada pasión, y a veces otros versos son de beatitud ante la escritura desprendiendo su gratitud, por ser ese momento maravilloso el idilio romanceador de profunda pasión; ¡y ah Dios! por mandar ese ser hermoso que blanqueó y renació su pobre corazón.

Y nos da realmente mucha vida cuando leen con el corazón nuestras poesías, pero cuando no las entienden las vemos desaparecidas; sentimos que nuestras odas son más que vacías, y cubiertas de pavorosas espinas, hiriendo cada palabra y dejándola en forma de cenizas; fantasiosamente desaparecen ante la ruina, siendo solo el papel más que blanco, y las letras eclipsadas por la ignorancia de un dolor que los mancó plenamente, para desaparecer, para ser más que borradas
y a no volver florecer, solo cuando la idolatren desde su verdadera alma.

Solo mi espíritu tiene la certeza que nuestras odas son la belleza rutilante en los ojos que la valoran; de esas personas que la adoran, y que las entienden realmente cuando las leen con el idilio del amor. Y así mi corazón y mi alma brillaran eternamente de alegría; y se fuera mi apenado dolor de las letras y de la pobre poesía, teniendo más gratitud a la amada antología de la literatura, llena de dulzura.

La única manera de que un poema brille, como el fulgente universo, es que vivan en esa historia del poeta, y la leída será más brillante en los versos de alegrías o tristezas de la poesía cautivadora de mi noche romanceadora de luna y estrellas; entregándome su inspiración esplendorosa ante mis ojos que vieron la poesía, que es a veces una triste ruina.