martes, 20 de marzo de 2012

Rachmaninoff vivió en Rusia,
se dio a conocer en su maestría,
aprendió a componer con astucia
para vivir en ese mundo de armonías,
tenía el anhelo de hacer música
entre obras como gran concertista,
compuso conciertos para piano en la locura,
estudios tableaus y sinfonías,
nació en mil ochocientos setenta y tres este compositor,
amaba la música como a una poesía,
se relacionó con Franz Liszt como su profesor,
le enseñó mucho a este artista,
quien luego iba a tener como a mentor
más importante de Peter Llich Tchaikovsky de su vida;
con quien se la llevó de lo mejor
entre charlas tocando como un dandi pianista,
de palabras tan románticas en el piano de gran amor;
compuso su preludio opus tres número dos de su lira
en mil ochocientos noventa y dos,
con un movimiento lento y fortísimo de su armonía,
dando a su obra en la tonalidad de do menor,
el cual es una historia que vivió en su mundo de agonía,
donde a veces el destino no está como quieres a esa flor,
donde solo es mustia sin risa
y pedís al cielo ese humor,
y solo trae melancolía,
a veces queremos vigor
y hay solo que perfidia,
suena lento de gran ardor
entre los acordes de lira,
teniendo su evasión
del mundo con su enigma,
que nadie logra entender su corazón
que canta en ese ambiente de morriña,
encendido de su pasión
sin irse a otro mundo de su agonía,
sintiendo el dulce olor
que le marca su poesía,
sintiendo el gran Rachmaninoff
su inmensa predilecta caricia,
que juega con sus acordes de iluminación
ante un paisaje de su vida,
saboreando el lenguaje de su cantor
que entona entre la noche vacía,
es y será su gran temor
cuando lucha entre sus tardes de elegía,
cantando el solamente con adoración
a su tonada que le dicta,
tan solo que su ardor
entre la llama que es ardida,
en esa noche de teror
entre la obra que él hace de armonía,
tan llena de pasión
entre su noche vacía,
y empieza a cambiar su movimiento a agitato
entre los compases de su pieza,
desprendiendo gran temor desesperado
cuando compone en su naturaleza,
y desprende gran ira de un vesánico
que vive en el piano de la tierra,
es así sus notas de tal pánico
que veis hasta un cielo sin vida bella,
un espacio entre fuscos astros
dando luz de tormenta,
donde él canta así de lo trágico
en su abundancia de su alma plena,
sino del arte de su ser amado
que canta en su cadencia,
no pudiese ver otro que ese ser mágico
que canta ahí con toda potencia,
que no está acabado
sino con ansias de salir a la terneza,
así es y luego sigue con lo más desgarrado
entre su tormento de su inteligencia,
de su alma misma que aún no está salvada,
que verá como qué vivir para acariciar eso,
solo ve ahora un infortunio que mata
a su obra de tanto dolor interno,
quiere ver a un rojizo alba
y solo ve a ese invierno negro,
no hay centellas rutiladas
sino un cantar de lloriqueo,
entre noche que es tan manca
que le lastima su corazón de desespero,
donde ninguno sabe que pasa
sino solo su melodía de aliento,
ella palpita solo a su alma
de lo que él está sufriendo,
con una venturanza sin gracia
entre un mundo de lamento,
donde luego al tiempo va venir una congoja
más que matará a su centro,
las melodías saben que es su hora
para que el exprese al mundo de miedo,
de lo que siente en su memoria
y que deje la huella de su momento,
es así ese paraíso que moja
entre acordes y rapidez de lo mesto,
que luego tranquiliza a su vidorria
con algo en el cielo,
es así su historia
que vive en su orbe de tormento,
se espera que sea así su gloria
y pueda dormir entre sus lamentos,
son tan mágicas las notas
que ellas solo hablan en el verso,
son la voz de su aroma
que desprende cuando toca en el sentimiento,
de su piano de cola
cuando en la noche muere ante el instrumento,
y que termina de callar esa obra
entre las notas de poco consuelo,
terminando así su zozobra
para luego empezar con otra de más sentir mesto.
Rachmaninof termina su opus despiadado,
su preludio que toca de su alma,
donde nada fue lo enamorado
porque zahiere la ardiente espada,
donde solo en un piano nos centramos
para ahí vivir y componer las palabras,
donde nos enfurecemos entre acordes,
donde vivimos las vistas de una historia mágica
y el cual solo damos las mejores voces,
es así y debe ser así en la vida,
donde solo somos poetas de un escrito,
donde a veces es vida y morriña
y donde a veces morimos y sucumbimos,
es así la locura de un pianista
que existe y está en su paraíso,
no hay otra marea en su mar,
solo existe un océano que llora,
como en sus notas de sollozar
los cuales están centrado en unas hojas,
es así el infortunio y la felicidad
que vive en su Rusia de mazmorra,
donde su alma es presa sin libertad
y que pide a gritos a una diosa,
y su tempo primo son de muchos acentos;
fortísimo en los compases sonando en su piano,
volviendo al mundo de miedo,
como su estérico sonido calmado,
de su espíritu de tan poco aliento,
donde solo hay flores de lo fenecido,
soportando su sonido los truenos
donde suenan las tonadas de lo fallido,
y que luego disminuye su ser pleno
para sucumbir al final de su sonido.

Es un momento de tal depresión de su ente,
que a más tardar compuso otra similar voz,
un estudio Tableau del opus treinta y nueve,
del número dos en la menor,
donde es un sonido tan tenue
y tan congojoso de su dolor,
donde vivía lo de siempre
a veces decepciones en su amor,
que no disfrutaba tiernamente
en sus mañanas del albor,
donde pintaba su mundo simplemente
con un pincel su paraíso este pintor,
así fue su ser en ese estudio sencillamente
donde evacuó su gran debilitado amor,
a veces queremos gritar en la alegría
y no hayamos ese mundo en el sonido,
solo corremos a uno de su simpleza cantiga
de las deblas para las notas de lo vivido,
son así a veces los sopranos en espinas
que cantan en mis notas de lo sufrido,
lastimando sus tonadas las morriñas
y que no apartamos sino en el vivimos.
Este compositor sabía qué sentimiento plasmar,
sabía que aliento o destino escribir,
él solo sabía de qué manera era su cantar,
o de qué manera se debía de sentir,
o de qué sentimiento al piano tocar,
él solo sabía su mundo del existir,
nadie más que su alma al entonar,
su alma en el sonido de fluir
como gotas de lluvia de su amar,
era así su locura de ser en sí,
así como una ópera de su felicidad,
así como una pasión ante un violín,
así como lo es y será sin llorar,
pero en su caso fue solo un mundo gris
donde fue abatido al deleitar,
y fue su sentimiento que lo escribió así
para ahí hablar y suspirar.
Así era mientras tocaba a su alma,
era así solo que las rosas que olía,
el perfume de su íntima tocada
al cual el solo se hundía,
conoció tanto de la música clásica
que su obra ya era legítima,
así de ese tiempo del barroco de magia
como en sus notas de una simpleza fina,
era así oírlo tocar desde su alma
como lo que daba siempre de sus melodías,
era como el rapsoda de sus palabras
para contar de su vesania que vivía,
era así este señor de la poesía de las mañanas
para pintar lo vesánico de sus polifonías,
siempre estaba entre sus noches en calma,
velándose para escribir en su pieza,
donde respiraba el aroma de su noche mágica,
como inspirándose entre la luna y las estrellas,
su mundo mágico que vivía de las tocadas
y que recitaba hasta con su música poemas,
imaginaba hasta mujeres apasionadas
que lo acariciaban entre la noche fresca,
que él las besaba en el sonido que cantaba
a esas hermosas diosas que eran doncellas,
quizá en el insomnio él las desnudaba
y se entregaba en ese ensueño de su pieza,
era así de profunda su tonada que hacía el amor,
tanta pasión en su ser de poeta
que lloraba cuando despertaba sin la pasión,
así vivió él de gran quimera
que solo soñaba en ese mundo de su ensoñación
para hacer lo hermoso de una música del estude de su naturaleza,
sentía tanto en ese estudio su corazón
que veía lluvia negra caer de la quimera,
que manchaba a su modulación
entre las notas de corcheas,
ese estudio lloraba con tal desolación
que él lo tocaba con alma de un poeta,
así fuese otra tétrica composición
él vivía lo que pasaba en su interior
para sentir solo la música eterna,
no se centraba en otra coloración
que sino que en esa,
en esos tonos de acordes de dolor
cuando caen en el piano de alma funesta,
que pedía tanto amor
y solo tenía una vida entre tiniebla,
quizá lloraba al tocar su amor
dando una imagen de su debla,
con ojos tristes al tocar su iluminación
sentado en ese piano de tristeza,
donde explota su imaginación
entre un movimiento agitato de tormenta,
que giran en su piano cantador
a un mundo de terrible naturaleza,
era así en su fóculo Rachmaninoff
que no veía otras notas de su existencia,
que expresaba tal rencor
a su misma vida que le centra,
que buscaba otro aroma de olor
y solo tenía una espada que lo mella,
saboreada tal espantoso sabor
cuando en su misma noche agitada cantaba sin belleza,
aunque su obra es de gran ardor
sentía todo caer en su alma patética,
entre ese tableau por una tentación
de su anhelo a unas epicúreas damiselas,
de querer socavarse en esa inspiración
y así no fallecer más en su tierra,
sino sentir ese gran calor
y solo besarla con palabras tiernas,
donde salpicaban esas notas sumisas de desesperación
entre el piano de tormenta,
saber que su vida fuese una matización
y querida en su mismo poema,
que ya no sea más dolor
sino un mundo de aroma y de belleza,
buscaba tanto eso en su composición
que suena tan tronadora
que luego de milagro pasa algo en su atención,
baja lo agitato de su obra
y canta dulce su composición,
y una voz del cielo baja con gloria
y le dicta que él iba a vivir de ilusión,
que a pesar su obra de ser atroz
iba a tener un aire de consolación,
tanto lo pedía entre sus acordes,
que luego viene esa esperada pasión,
si eran muchas fueran más canciones
y de lo más pintador,
para que el escriba en su cielo de adoraciones
cuando perciba el arte de su corazón,
así fuese un vivir entre su orbe
cuando sienta ese perfume tan enamorador,
fuera un vivir loco de los acordes
cuando fija su mirada con exaltación,
así como en ese mismo horizonte
que tiene a la música de gran sabor,
fuera así un paraíso de ardores
cuando llegue a la voz de Dios,
para sentir que sus obras son salvaciones
y su misma alma que está de resquemor,
tanto pide este gran hombre
para que no fallezca más su corazón,
tanto canta este con su nombre
que al mundo deja una vista de agitación,
por ser así sus composiciones
que hace con cólera de su desesperación,
que suena aquel piano con vigores
y con tal depresión,
que pide más que un cielo de albores
para que duerma su alma ahí de amor,
pero no hay aún esas visiones
que se siente fallecer en su cantor,
pero recuerda aquel ángel que bajó
y que puede renacer quizá su ilusión,
sigue entre su delirio,
sigue entre sus compases
sintiendo tanto amorío
por una damisela afrodita de romance,
sigue y sigue su destino
con manos tan rápidas y grandes
que tocaban en ese sonido,
siendo uno de los más apasionantes
que en la vida compuso de idilio,
entre sus sonidos que suenan tan palpitante
entre el viento de mi estación,
que todo es invierno delirante
que desgarra a mi corazón,
que luego hay tanto dioses salvajes
que echan a la quimera aversión,
como la peste de lo no memorable
que destroza a su misma visión,
que nada es amable
cuando él toca ante esa fijación,
donde sus notas aún no han sido afable
cuando el siente en su composición,
observa tantos diantres
que se burlan entre el ludibrio de su imaginación,
es tanta ira quizá ante su ser matante
que canta entre ese canto de estupefacción,
por ser tanto pasmo su ser amante
que vive atrapado en esa celda de humillación,
porque él vive una guerra
entre su vivir y por eso que canta así,
no puede cambiar a su existencia
por si vive con tanto latir,
no ve a otra cadencia
que en su sonar sea vivir,
solo lo que sucede a su vida plena
y a su sentimiento de su existir,
cómo irse de su vida de realeza
si lo está percibiendo en su sufrir,
fuese algo sin nobleza
no decir que está ocurriendo,
fuese tal mendaz de su pieza
sino hablara como está viviendo,
quiere solo sentir su naturaleza
así con su obra de lamento,
dejadlo solo así con su poca belleza
que expresa en el piano de fin,
donde anhela ver una afrodita damisela
o muchas y cantarle como querubín,
y donde termina de tocar ese estudio con dolencia
pero con una espera de gran amor,
pero aunque no hay ninguna ahora en su terneza
solo que lo hiel y sucumbir,
quisiera seguro cruzar al amor
y olvidar estas obras de lo infeliz,
aunque vayan hacer sus obras de más ardor
que haya podido hacer en la tristeza de su cicatriz.

Era así su ser lleno de efusión
el cual no se alejaba de esa entelequia,
en mil novecientos cuarenta y tres murió,
fue un gran compositor y director de orquesta,
a eso solo en su profundidad amó,
por ser su gran vida eterna
que no se alejaría ni hasta en el paraíso de Dios,
y que disfrutaría componiendo de su poema
para cantar a las diosas de su imaginada ilusión,
sin decirles que son solo quimeras
sino reales en ese cielo de tanta pasión,
y que olerá y disfrutará como sus condesas
sin dejarlas de amar entre su corazón,
fueran su tiempo de su alma tierna
tenerlas y amarlas sin desolación,
no fueran esas diosas de dolencias
porque no les diría jamás adiós,
y que las palabras de aquel ángel fueron ciertas
y pudo conseguir a sus hermosas afroditas,
que eran tan dandis epicúreas damiselas
que disfrutaba en ese oasis de alegría,
y pudo renacer su alma de maleza
para una vida de inmensa melodía,
supo esperar hasta que muriera
y contener a lo más bello de su vida,
y que recordaría tanto a sus dos piezas
y sus otras miles de su armonía,
que fueron la reencarnación de su querencia
para que tenga más que felicidad bendita.
.
Rachmaninoff vivió en Rusia,
se dio a conocer en su maestría,
aprendió a componer con astucia
para vivir en ese mundo de armonías,
tenía el anhelo de hacer música
entre obras como gran concertista,
compuso conciertos para piano en la locura,
estudios tableaus y sinfonías,
nació en mil ochocientos setenta y tres este compositor,
amaba la música como a una poesía,
se relacionó con Franz Liszt como su profesor,
le enseñó mucho a este artista,
quien luego iba a tener como a mentor
más importante de Peter Llich Tchaikovsky de su vida;
con quien se la llevó de lo mejor
entre charlas tocando como un dandi pianista,
de palabras tan románticas en el piano de gran amor;
compuso su preludio opus tres número dos de su lira
en mil ochocientos noventa y dos,
con un movimiento lento y fortísimo de su armonía,
dando a su obra en la tonalidad de do menor,
el cual es una historia que vivió en su mundo de agonía,
donde a veces el destino no está como quieres a esa flor,
donde solo es mustia sin risa
y pedís al cielo ese humor,
y solo trae melancolía,
a veces queremos vigor
y hay solo que perfidia,
suena lento de gran ardor
entre los acordes de lira,
teniendo su evasión
del mundo con su enigma,
que nadie logra entender su corazón
que canta en ese ambiente de morriña,
encendido de su pasión
sin irse a otro mundo de su agonía,
sintiendo el dulce olor
que le marca su poesía,
sintiendo el gran Rachmaninoff
su inmensa predilecta caricia,
que juega con sus acordes de iluminación
ante un paisaje de su vida,
saboreando el lenguaje de su cantor
que entona entre la noche vacía,
es y será su gran temor
cuando lucha entre sus tardes de elegía,
cantando el solamente con adoración
a su tonada que le dicta,
tan solo que su ardor
entre la llama que es ardida,
en esa noche de teror
entre la obra que él hace de armonía,
tan llena de pasión
entre su noche vacía,
y empieza a cambiar su movimiento a agitato
entre los compases de su pieza,
desprendiendo gran temor desesperado
cuando compone en su naturaleza,
y desprende gran ira de un vesánico
que vive en el piano de la tierra,
es así sus notas de tal pánico
que veis hasta un cielo sin vida bella,
un espacio entre fuscos astros
dando luz de tormenta,
donde él canta así de lo trágico
en su abundancia de su alma plena,
sino del arte de su ser amado
que canta en su cadencia,
no pudiese ver otro que ese ser mágico
que canta ahí con toda potencia,
que no está acabado
sino con ansias de salir a la terneza,
así es y luego sigue con lo más desgarrado
entre su tormento de su inteligencia,
de su alma misma que aún no está salvada,
que verá como qué vivir para acariciar eso,
solo ve ahora un infortunio que mata
a su obra de tanto dolor interno,
quiere ver a un rojizo alba
y solo ve a ese invierno negro,
no hay centellas rutiladas
sino un cantar de lloriqueo,
entre noche que es tan manca
que le lastima su corazón de desespero,
donde ninguno sabe que pasa
sino solo su melodía de aliento,
ella palpita solo a su alma
de lo que él está sufriendo,
con una venturanza sin gracia
entre un mundo de lamento,
donde luego al tiempo va venir una congoja
más que matará a su centro,
las melodías saben que es su hora
para que el exprese al mundo de miedo,
de lo que siente en su memoria
y que deje la huella de su momento,
es así ese paraíso que moja
entre acordes y rapidez de lo mesto,
que luego tranquiliza a su vidorria
con algo en el cielo,
es así su historia
que vive en su orbe de tormento,
se espera que sea así su gloria
y pueda dormir entre sus lamentos,
son tan mágicas las notas
que ellas solo hablan en el verso,
son la voz de su aroma
que desprende cuando toca en el sentimiento,
de su piano de cola
cuando en la noche muere ante el instrumento,
y que termina de callar esa obra
entre las notas de poco consuelo,
terminando así su zozobra
para luego empezar con otra de más sentir mesto.
Rachmaninof termina su opus despiadado,
su preludio que toca de su alma,
donde nada fue lo enamorado
porque zahiere la ardiente espada,
donde solo en un piano nos centramos
para ahí vivir y componer las palabras,
donde nos enfurecemos entre acordes,
donde vivimos las vistas de una historia mágica
y el cual solo damos las mejores voces,
es así y debe ser así en la vida,
donde solo somos poetas de un escrito,
donde a veces es vida y morriña
y donde a veces morimos y sucumbimos,
es así la locura de un pianista
que existe y está en su paraíso,
no hay otra marea en su mar,
solo existe un océano que llora,
como en sus notas de sollozar
los cuales están centrado en unas hojas,
es así el infortunio y la felicidad
que vive en su Rusia de mazmorra,
donde su alma es presa sin libertad
y que pide a gritos a una diosa,
y su tempo primo son de muchos acentos;
fortísimo en los compases sonando en su piano,
volviendo al mundo de miedo,
como su estérico sonido calmado,
de su espíritu de tan poco aliento,
donde solo hay flores de lo fenecido,
soportando su sonido los truenos
donde suenan las tonadas de lo fallido,
y que luego disminuye su ser pleno
para sucumbir al final de su sonido.

Es un momento de tal depresión de su ente,
que a más tardar compuso otra similar voz,
un estudio Tableau del opus treinta y nueve,
del número dos en la menor,
donde es un sonido tan tenue
y tan congojoso de su dolor,
donde vivía lo de siempre
a veces decepciones en su amor,
que no disfrutaba tiernamente
en sus mañanas del albor,
donde pintaba su mundo simplemente
con un pincel su paraíso este pintor,
así fue su ser en ese estudio sencillamente
donde evacuó su gran debilitado amor,
a veces queremos gritar en la alegría
y no hayamos ese mundo en el sonido,
solo corremos a uno de su simpleza cantiga
de las deblas para las notas de lo vivido,
son así a veces los sopranos en espinas
que cantan en mis notas de lo sufrido,
lastimando sus tonadas las morriñas
y que no apartamos sino en el vivimos.
Este compositor sabía qué sentimiento plasmar,
sabía que aliento o destino escribir,
él solo sabía de qué manera era su cantar,
o de qué manera se debía de sentir,
o de qué sentimiento al piano tocar,
él solo sabía su mundo del existir,
nadie más que su alma al entonar,
su alma en el sonido de fluir
como gotas de lluvia de su amar,
era así su locura de ser en sí,
así como una ópera de su felicidad,
así como una pasión ante un violín,
así como lo es y será sin llorar,
pero en su caso fue solo un mundo gris
donde fue abatido al deleitar,
y fue su sentimiento que lo escribió así
para ahí hablar y suspirar.
Así era mientras tocaba a su alma,
era así solo que las rosas que olía,
el perfume de su íntima tocada
al cual el solo se hundía,
conoció tanto de la música clásica
que su obra ya era legítima,
así de ese tiempo del barroco de magia
como en sus notas de una simpleza fina,
era así oírlo tocar desde su alma
como lo que daba siempre de sus melodías,
era como el rapsoda de sus palabras
para contar de su vesania que vivía,
era así este señor de la poesía de las mañanas
para pintar lo vesánico de sus polifonías,
siempre estaba entre sus noches en calma,
velándose para escribir en su pieza,
donde respiraba el aroma de su noche mágica,
como inspirándose entre la luna y las estrellas,
su mundo mágico que vivía de las tocadas
y que recitaba hasta con su música poemas,
imaginaba hasta mujeres apasionadas
que lo acariciaban entre la noche fresca,
que él las besaba en el sonido que cantaba
a esas hermosas diosas que eran doncellas,
quizá en el insomnio él las desnudaba
y se entregaba en ese ensueño de su pieza,
era así de profunda su tonada que hacía el amor,
tanta pasión en su ser de poeta
que lloraba cuando despertaba sin la pasión,
así vivió él de gran quimera
que solo soñaba en ese mundo de su ensoñación
para hacer lo hermoso de una música del estude de su naturaleza,
sentía tanto en ese estudio su corazón
que veía lluvia negra caer de la quimera,
que manchaba a su modulación
entre las notas de corcheas,
ese estudio lloraba con tal desolación
que él lo tocaba con alma de un poeta,
así fuese otra tétrica composición
él vivía lo que pasaba en su interior
para sentir solo la música eterna,
no se centraba en otra coloración
que sino que en esa,
en esos tonos de acordes de dolor
cuando caen en el piano de alma funesta,
que pedía tanto amor
y solo tenía una vida entre tiniebla,
quizá lloraba al tocar su amor
dando una imagen de su debla,
con ojos tristes al tocar su iluminación
sentado en ese piano de tristeza,
donde explota su imaginación
entre un movimiento agitato de tormenta,
que giran en su piano cantador
a un mundo de terrible naturaleza,
era así en su fóculo Rachmaninoff
que no veía otras notas de su existencia,
que expresaba tal rencor
a su misma vida que le centra,
que buscaba otro aroma de olor
y solo tenía una espada que lo mella,
saboreada tal espantoso sabor
cuando en su misma noche cantaba sin belleza,
aunque su obra es de gran ardor
sentía todo caer en su alma patética,
Rachmaninoff vivió en Rusia,
se dio a conocer en su maestría,
aprendió a componer con astucia
para vivir en ese mundo de armonías,
tenía el anhelo de hacer música
entre obras como gran concertista,
compuso conciertos para piano en la locura,
estudios tableaus y sinfonías,
nació en mil ochocientos setenta y tres este compositor,
amaba la música como a una poesía,
se relacionó con Franz Liszt como su profesor,
le enseñó mucho a este artista,
quien luego iba a tener como a mentor
más importante de Peter Llich Tchaikovsky de su vida;
con quien se la llevó de lo mejor
entre charlas tocando como un dandi pianista,
de palabras tan románticas en el piano de gran amor;
compuso su preludio opus tres número dos de su lira
en mil ochocientos noventa y dos,
con un movimiento lento y fortísimo de su armonía,
dando a su obra en la tonalidad de do menor,
el cual es una historia que vivió en su mundo de agonía,
donde a veces el destino no está como quieres a esa flor,
donde solo es mustia sin risa
y pedís al cielo ese humor,
y solo trae melancolía,
a veces queremos vigor
y hay solo que perfidia,
suena lento de gran ardor
entre los acordes de lira,
teniendo su evasión
del mundo con su enigma,
que nadie logra entender su corazón
que canta en ese ambiente de morriña,
encendido de su pasión
sin irse a otro mundo de su agonía,
sintiendo el dulce olor
que le marca su poesía,
sintiendo el gran Rachmaninoff
su inmensa predilecta caricia,
que juega con sus acordes de iluminación
ante un paisaje de su vida,
saboreando el lenguaje de su cantor
que entona entre la noche vacía,
es y será su gran temor
cuando lucha entre sus tardes de elegía,
cantando el solamente con adoración
a su tonada que le dicta,
tan solo que su ardor
entre la llama que es ardida,
en esa noche de teror
entre la obra que él hace de armonía,
tan llena de pasión
entre su noche vacía,
y empieza a cambiar su movimiento a agitato
entre los compases de su pieza,
desprendiendo gran temor desesperado
cuando compone en su naturaleza,
y desprende gran ira de un vesánico
que vive en el piano de la tierra,
es así sus notas de tal pánico
que veis hasta un cielo sin vida bella,
un espacio entre fuscos astros
dando luz de tormenta,
donde él canta así de lo trágico
en su abundancia de su alma plena,
sino del arte de su ser amado
que canta en su cadencia,
no pudiese ver otro que ese ser mágico
que canta ahí con toda potencia,
que no está acabado
sino con ansias de salir a la terneza,
así es y luego sigue con lo más desgarrado
entre su tormento de su inteligencia,
de su alma misma que aún no está salvada,
que verá como qué vivir para acariciar eso,
solo ve ahora un infortunio que mata
a su obra de tanto dolor interno,
quiere ver a un rojizo alba
y solo ve a ese invierno negro,
no hay centellas rutiladas
sino un cantar de lloriqueo,
entre noche que es tan manca
que le lastima su corazón de desespero,
donde ninguno sabe que pasa
sino solo su melodía de aliento,
ella palpita solo a su alma
de lo que él está sufriendo,
con una venturanza sin gracia
entre un mundo de lamento,
donde luego al tiempo va venir una congoja
más que matará a su centro,
las melodías saben que es su hora
para que el exprese al mundo de miedo,
de lo que siente en su memoria
y que deje la huella de su momento,
es así ese paraíso que moja
entre acordes y rapidez de lo mesto,
que luego tranquiliza a su vidorria
con algo en el cielo,
es así su historia
que vive en su orbe de tormento,
se espera que sea así su gloria
y pueda dormir entre sus lamentos,
son tan mágicas las notas
que ellas solo hablan en el verso,
son la voz de su aroma
que desprende cuando toca en el sentimiento,
de su piano de cola
cuando en la noche muere ante el instrumento,
y que termina de callar esa obra
entre las notas de poco consuelo,
terminando así su zozobra
para luego empezar con otra de más sentir mesto.

domingo, 18 de marzo de 2012

Antonio Lucio Vivaldi y su sanación.



Adagio molto de un italiano músico,
entona en su sinfonía de si menor
en un ambiente de su ser lúcido
en lo fúnebre del compositor,
llamándose Antonio Lucio
que en Venecia nació,
siendo un escaldo rúnico
del Barroco de su pasión,
que en esa obra suena de lo único
que él sentía de su resquemor,
que usaba un rojizo túnico
como sacerdote de su devoción,
suenan tantos violines no rústicos
en esas cuerdas de su corazón,
por haber perdido a lo fústico
que tenía en su alma de amor,
ahora es un averno ligústico
que vive Antonio Vivaldi de dolor,
sin necesidad de lo acústico
él componía su obra de más vigor,
donde palpitan esos querúbicos
en esos violines de postración,
siendo su siglo diecisiete tan rústico
entre su mundo de lo nostálgico,
si amaba porqué quitar el anhelo,
y porqué sufrir en lo cefalálgico,
quería tan solo ese ser pleno
que en días había convivido de lo mágico,
y ahora solo es un estallido de ecos
que palpitan de lo trágico,
¿quisiéredes contener el beso
de aquel ángel que fue volando?,
aquel aroma que fue eterno
cuando dormía junto tus brazos,
solo y lúgubre es el sentimiento
que canta a ese adagio,
donde la vida de ese desespero
vendrá más en tonos atormentados,
una tiniebla se apodera de sus instrumentos
para solo de perfidia acorralarlo,
quiere la luz del mismísimo cielo
para que alumbre eso sacro,
pero es fusco por su devaneo
y solo es un ambiente de tétricos contrabajos,
qué locura son sus movimientos
cuando transmite en lo cabizbajo,
lo hiel mata en su duelo
y lo pérfido acaba a su ser sollozado,
solo en su noche negra componiendo
y tocando esa obra,
lo increíble sintiendo
y sintiéndose con tanto idioma,
porque en cada verso
de cada compás es la historia,
por tal pesar de su universo
que invade esas notas,
sabiendo que será de más miedo
por ver ya afuera algo que llueve,
entre rocíos del mismo cielo,
porque ya afuera cae nieve,
siendo ya un ambiente mesto,
donde aquella luz que anhelaba fenece
y donde comienza su otra obra del invierno,
está por terminar su otro presente
que vive en este aposento solo de duelo,
y por contemplar llovizna entre las relieves
y por cegar a sus ojos de su aposento,
donde no hay luz y solo velas se prenden
al no ver ya ese sol ardiendo,
su mismo ciclo de estación cambia,
antes era otoño muriendo
y ahora tan solo es frío que mata,
así como en notas gimiendo
por la vida disipada,
donde termina de tocar ese adagio molto
y donde toca sus otras palabras,
viviendo en su opus d`invierno sonoro
a su mirada más acongojada,
donde lo acompañan serafines entre coros
y que tocan los violines del alma,
y él toca la viola de lo loco
aunque llore de su vida matada,
siente ante esos violines su opus sin retorno
por su ambiente de vida llorada,
mesto su invierno sin retoño
sin ver una primavera matizada,
solo se siente frío al fondo
y un cantar de las patéticas tonadas,
donde toca un chelo un ángel entre los tonos
y un contrabajo una dócil hada,
Antonio Lucio Vivaldi no está solo
sino con sus amigos de las palabras,
aunque viva su música de lo fantasmagórico
ama aunque sea un desaire de cantadas,
sigue y sigue sintiendo su invierno formidoloso
entre su aposento de pérfida alma,
donde no hay un vivir que no sea postro
sino una ley que no exista la muerte en la amada,
donde ya no ve su fijo rostro
y donde ya no la besa en su alborada,
donde aflija sus ojos llorosos
y donde al tocar los violines lloran con su alma,
era el Domine de los tonos
y más de los instrumentos de cuerdas,
él podía hacer tal mundo luctuoso
que hacía llorar a su tema,
que hacía contemplar lo sonoro
de lo cual es un sombrío poema,
no hay fuga de esos ojos
que le miran en anatema,
son los ojos del felón fogoso
que vive en la vida que averna,
donde no hay paz y todo es espantoso
entre las almas que penan,
ahí cuando él tiene los tonos
se da cuenta que hubo una culpa,
observa la imagen de lo zozobro
donde se llevan a su ternura,
el mismo diantre tenebroso
a su infierno de injuria,
fue para él tan doloroso,
que despierta una ira de locura,
hace mover en sus cuerdas más acentos,
más compás de su sentimiento,
más ira como un Domine del instrumento,
lo que era él entre su mundo tétrico,
donde la magia suena de más chelos,
de más contrabajos y violines,
de más violas y ecos,
donde al mismo diantre le espera peores afines
por su obra del invierno,
será así hasta por los serafines,
por haber ensuciado su vida de truenos,
de desesperación y cicatrices
que no se desaparecían de su pecho,
ahora que sabe esa tragedia
solo va a derrotar entre su misma obra,
dirigiendo a su misma orquesta
los sonidos que son en su rapsoda,
así cambia tal ardid que flecha
más al dolor de su historia,
y que aparta a ese anatema
reviviendo a su luctuoso aroma,
dirige y dirige su cadencia
donde la armonía grita con gloria,
donde los instrumentos son belleza
y donde su fe vuelve a su idioma,
acaricia tal ardor en su alma poética
que convierte a su mundo de libre paloma,
donde el mismo Dios da unas azucenas
para que aromen a su alma de rosas,
lo perfuma tanto a su poema
que desprende aún mucho más de notas,
tan solo los serafines contemplan
un gran compositor de su vidorria,
como cambiar esas corcheas
entre los acordes de honra,
a su alma joven con terneza
y sin ya tener lo mesto de su obra,
hay tanto latir en su sapiencia
que siente amor ya a su invierno,
donde siente que va regresar su condesa
y que amará como en el lecho,
se siente florear y ya no llorar,
se siente una nueva imagen de su sentimiento
y un nuevo Antonio Vivaldi de cantar,
aunque hayan tañeres de lo mesto
será por la ganada lucha que anhela lograr.
Siguió tocando entre su aposento
ante los serafines entre lo amado,
seguía entre su noche y cielo
aunque había todavía nieve a lo lejano
pero que ya sentía amor a su invierno
por sentir un hermoso milagro,
no era aún eso a su aliento
y aún no se sabía de lo mágico,
tenía que esperar la orden de su cielo
y así poder ir a rescatarlo,
a eso que quiere en todo sus instrumentos
sin poder olvidar menos lo del pasado,
son recuerdos que viven en su seno
y son locuras que aún te aman demasiado,
por eso tenía que esperar la voz del reino
para poder ir en combate ante lo despreciado,
sabía bien que si iba con ojos abiertos
iba a sucumbir en ese infierno penando,
tenía que luchar sin ver al averno
y poder rescatar a su ser idolatrado,
¿sin ver iba a traer a su mismo apego
y así cómo buscar a eso adorado?,
¿no tendría que lidiar ante el felón maléfico
y así derrotar y traer a lo mágico?,
solo Dios sabía que quería hacer con él,
que el mismo se diese cuenta,
así como en su música fiel
cuando compone de nobleza,
cuando compone en lo hiel
para solo ver a la terneza,
y al seguir aún tocando la miel
de su composición logra conseguir la inteligencia,
y decide ir al mundo cruel
y así no mirar con sus ojos a ese anatema,
fue tocando con su viola a ese inframundo,
seguían tocando los serafines y hadas la pieza,
el sonido se oía hasta ese espeluznante mundo
que iba con ojos cerrados ante las tinieblas,
habían muchos demontres fuscos
que daban terror ante el sonar de las deblas,
aunque no viese veía a través de la música,
veía todo a través de ella,
sentía ya donde estaba su ternura
y que iba a derrotar fácil con su poema,
venció a los demontres de locura
y fallecieron ante las lavas negras,
seguían tocando en la noche nocturna
sus amigos en la orquesta,
ellos igual sabían que iba todo con holgura
por saber que era él la nobleza,
y la fe de la lucha
para traer a su bella condesa,
luego llegó a lo alto de la altura
y vio a su hermosa diadema,
el Rey Diantre se enfrenta con astucia
y le da por la espalda con fuerza,
Antonio Vivaldi no sintió nada en su túnica
y solo empujó al Diantre con fineza,
y tocó su lìnvierno con alma de música
aturdiendo al demonio con cadencias,
y el demonio se va de esa locura
y se vuelve loco por su presencia,
no sabía que era el Domine de la justicia
que venía a solo destrozarlo con ese tema,
el demonio vio todo en esa alma acústica
que se sintió mal por lo que hizo a ese con su condesa,
ya su mujer había sido violada en lujuria
y ya no era núbil en su apariencia,
al darse cuenta eso Antonio lo mata con su lucha
y lo manda a un mundo de dolencia,
solo y solo sin fuego de su liturgia
del mal entre otro mundo de más tristeza,
y su amada cae a los ojos de su teúrgia
que hizo ahí de magia inmensa,
su mujer lo mira con tanta ternura
que a sus labios ella solo lo besa,
sonriendo con una vida de holgura
por haber tenido el milagro de su naturaleza,
los instrumentos de su aposento seguían con finura
y su alma de él con una obra más que bella,
de una vida de amor por fin con dulzura
y con su hermosa diadema,
fueron a su aposento con alma casi gemebunda
porque no creían que iban a vivir juntos en la tierra,
el terror de su mundo no se abunda
y el invierno desaparece en su vida plena,
aunque sigue sonando ese lìnvierno de ternura
y de fe a la nueva condesa,
los que le acompañaban en su hogar de la música
cantaron más en los tañeres de grandeza,
sintieron tal emoción sin angustia
por haber tenido el amor Antonio de querencia,
no una vida de tonos de vida mustia
sino una vida de tonos en terneza,
qué mágico fue al derrotar al ruin,
qué bello fue que tenga a su amor,
qué noble Dios fue con su violín
que llegó a dar magia en su corazón,
a sus instrumentos de más sentir
y de más magia de la música de pasión,
había hecho cosas que nadie hace,
maravillas que van y que se recuerdan,
un idilio que es más que romance
más que poesía en su inmensa pieza,
donde dio un gran cambio y avance
entre los compases de su alma poética,
entre los instrumentos fragantes
que cambiaron a su vivir de cadencia,
era la hora de su eterno vivir,
de su felicidad perpetua,
de su giro interminable de su latir
ante la hermosa condesa,
donde los ríos dejaron de ser hielo,
donde los árboles dieron verdor,
donde ya nada había muerto
y donde nada ya era dolor,
sino una vida de un brilloso cielo
y a lo lejano con un sonriente sol,
con más luz su aposento
y con más armonía su amor,
aunque no iba a olvidar su invierno
porque sería una de sus obras de más inspiración,
y terminan de tocar L `invierno
y los músicos se va al cielo sin dolor,
por ver a un músico con su amor eterno
y no un mundo del mismísimo resquemor,
y ellos viven en su nueva primavera,
juntos amándose entre el lecho de amor,
queriéndose entre la cópula enérgica
y tocando el violín de pasión,
sin ver ya más anatemas
sino una vida de la dulce unión,
de ese éxtasis de su relación eterna
entre su lecho y su vida de la composición,
donde los dos juntos fueron al cielo brilloso
del año mil setecientos cuarenta y uno,
donde él había nacido en el año mil seiscientos setenta y ocho,
y ahí juntos estuvieron de fortunio,
él compuso setecientas setenta obras de lo loco
junto a su amor esas eternas u ocho opus,
fueron al cielo de lo ardoroso
y allá tuvieron la felicidad de su otro mundo,
juntos allá de lo meloso
y con su música de tanto amor profundo,
juntos con amor amoroso
y sin infierno en sus seres pulcros,
y se va con sus cuatrocientos setenta y siete óperas,
con sus cuarenta y seis conciertos,
y otras más dejando huella
de su vida y ante el amadísimo cielo,
un sacerdote que consigue un poema
y una vida con sus amados instrumentos,
una existencia con eterna terneza
y con su amor más que divino y eterno,
amándose felices allá entre la nobleza
y ante Dios que los ayudó,
y se consigue con sus amistades
en el paraíso de gran emoción,
entre las hadas y serafines y ángeles
cantando entre ellos de pasión,
y volviendo a tocar su invierno de romance
que en la tierra tanto lo salvó,
y sus otras inmensas obras apasionantes
que compuso de su alma y corazón,
sonriendo entre la chispa de la alegría,
por ver que era una hermosa relación,
cantando entre las vivas armonías
que tenían en su ambiente de canción,
y así vivieron de tanta emocionada melodía
que jamás se dejaron de amar en su ilusión.

viernes, 16 de marzo de 2012

Santa Cecilia y su renovado destino de su amor.



Santa Cecilia del siglo dos,
nació en los años ciento ochenta,
entregada a Dios
y al cristianismo su terneza,
creció con el arte de un don
de tocar música sacra de su cadencia,
patrona de la música en su nación,
y su lenguaje latín era,
en su mundo de la iglesia se relacionó
y vivió como patrona de ciegos y poetas,
admiraba obras de amor
y de sensible belleza,
ama a la música sacra de su composición
cuando tocaba en el órgano de nobleza,
donde los mismos ángeles veían su cantor
entre la noble y bella iglesia,
tenía en su órgano rosas de pasión
entre lirios, jazmines y azucenas,
tanto aroma poesía su corazón
que solo de eso vivía en su existencia,
una mujer núbil de su interior
casada ante su Dómine de grandeza,
según sus padres querían que se casase,
con un noble pagano Valeriano,
pero ella estaba en otro arte
donde debía ser fiel de lo venerado,
ese era el sátiro destino de su vida,
pero ella solo quería lo mágico,
el arte de vivir su lira
entre su belleza de nada trágico
Cecilia:”tengo que comunicaros un secreto,
habéis de saber que un ángel de Domine,
siempre ha velado por mi aliento,
si me tocáis sonarán malditos violines
y todo será un infierno,
él ángel se enfurecerá y querubines
y vendrán para que sufráis de miedo,
en cambio si me respetáis en lo sensible
os prometo que el ángel os amará como a mi sentimiento”.
Valeriano:”Mostrádmelo si realmente es un ángel de Dios,
haré lo que vos pedís,
todo en mi será venero y amor
y así no veré ni un sufrir,
porque a vos veros es tanta pasión
que fallezco hoy y siempre de latir”.
Cecilia:”Si creéis en el Domine vivo,
etéreo y recibís el agua sacra a lo grande,
esa agua de dúctil bautismo
tan solo vos veréis al ángel,
y quizá haya un milagro de idilio
y podáis a mí amarme”.
Valeriano obedeció a la patrona Cecilia,
fue al encuentro de Urbano,
el papa lo bautizó con agua bendita
y Valeriano regresó como cristiano.
Entonces apareció el ángel a los dos,
y los corona como esposos,
con rosas y azucenas de amor,
siendo el sueño más amoroso,
así como de él y de su hermosa flor,
Dios la había premiado de lo milagroso
dejando a que su ser sea feliz en la pasión.
Cuando Tiburcio el hermano de Valeriano,
se acercó a ellos también fue convertido en cristianismo,
viviendo en un mundo sacro
y de puro romance en el órgano de surrealismo,
ella lo amaba tanto a su Valeriano
que tocaba la toccata y fugue en re menor de lo cuito,
de un compositor Johann Sebastián Bach que iba a nacer del siglo diecisiete;
tenía la magia de ver el presagio futuro,
así con su arte para obtener lo que quiere
aunque con una espina de infortunio
ante su Valeriano que luego fenece,
veía tanto pero no la suya,
solo contemplaba otros entes
y llorando quizás de injuria,
mirando a Dómine molestosamente
por haberle dado un Don de quebradura,
a su esposo junto a su misma sangre fallece
por el funcionario Turcio Almaquio del prefecto de ruptura,
designó al prefecto Máximo para ejecutar la sentencia,
y desaparecieron de su ruta
para solo ella misma llevar los restos de dolencia
ante un tabernáculo de tumba,
vivía una vida católica de anatema
sin saber porqué vivía si amaba la sacra música,
no podía ser diferente en su esencia
y solo vivir una vida tranquila en noche de luna,
y no en una mazmorra de consecuencias
a su joven moza alma de locura,
solo amaba tocar música y escribir poemas
ante su iglesia de ternura,
pero la vida a su virginidad no ofrecía nobleza
sino odio y solo tortura,
aunque haya llevado los restos de su condena
seguía tocando su espíritu aún la toccata,
sintiendo tal tristeza
entre sus lágrimas de lo lúgubre,
sintiendo que quería paz entera
y no de Dios esas cruces,
cuan injusto Domine era con ella
ante el círculo de sus luces,
todo en su sonar del órgano mella
y más a su alma de inquietudes,
tocaba con alma tan patética
que la nostalgia invadía su cumbre,
donde sentía la toccata con alma tétrica
entre sus acordes y melodías,
queriendo la paz de su alma plebeya
para una sonada de dóciles armonías,
aunque teniendo en esa obra belleza
no sentía tanto en su seno de elegía,
manchada en su órgano de sangre eviterna
mientras tocaba en su tabernáculo de alma cuita,
buscaba en su fe esa cantada poética
quien a ella elevara en su vida,
seguía tocando de forma esbelta
con su vestido que ella tenía,
un arte de ser su fineza
entre esa iglesia de gran reliquia,
los ángeles estaban con tristezas
por verle tan mesto a su corazón,
ofrecían los serafines cantos de delicadeza
a su alma en ese órgano donde empieza con el fugue desolador,
obraban a su entera pureza
entre su cantar de noble amor,
Santa Cecilia miraba esa esencia
y se alegraba un poco en su modulación,
y los ángeles botando tantas azucenas
a su órgano para la sanación,
eran tan gráciles en alma ante ella
que le dejaban solo inspiración,
otra vida a su ojos de perlas
sin recordar más esa visión,
cegaron a su vista eterna
y le dieron un honorable don,
el don de solo amar a la música poética
y a su alma solo ante el amor,
el amor de su misma iglesia
y a sus obras de la música de adoración,
y sentir que Dios no es dureza
sino que solo le dio lo mejor,
pero al darse cuenta que fue rudeza
le ofreció solo el don de su pasión,
vivió tocando ese órgano cada vez de terneza
y convirtiendo los acordes en compasión,
transformando esa obra de más agudeza
entre los compases de consolación,
eso necesitaba su alma entera
para solo vivir en una vida de coloración,
eso fue lo que buscó su naturaleza
y tuvo en su tabernáculo de más canción,
de más sonidos y de más poemas
entre lo sinfónico y fónico de su entonación,
de más belleza expuesta
en su dulce y amadísima composición,
los ángeles siguieron con su voz tierna
ante su espíritu de gran curación,
aunque al traspasar los anatemas
tuvo ahora una mejor forma de vivir,
amando tanto a su hermoso don
que no dejaría jamás de latir,
así como en su idioma de su amor
que tiene solo en sus escritos de latín,
donde tenía chelos y fagotes
y un hermoso fónico violín,
quien ella con eso tocaba con voces
entre su tabernáculo tan feliz,
necesitaba un amor en sus roces
y Dios manda a un adonis serafín,
seguía en su vida sonando ese fugue de voces
sin dejar de latir eso sinfín,
ella vio al hermoso horizonte
y vio bajar en alas a ese ser con jazmín,
Cecilia al verle estaba enamorada,
pensó que Dios era más que noble,
más en su profunda alma
para mandar a un ser en su vivir de pasiones
con arte e infinita magia.
Vivieron hasta los años doscientos treinta,
su futuro de ella era morir en lava,
duraba solo tres días en su vida fea
y se iba al cielo con alma penada,
pero la historia cambia a su naturaleza
y va con su amor que alguna vez anhelaba,
su Valeriano era aquel adonis serafín,
ella sorprendida estaba,
su ser más de amor más era de fluir
ante él ser Valeriano que de verdad amaba,
juntos de pasión y feliz
que juntos tenían en ese tabernáculo de morada,
juntos tocaron ese Fugue sin ser gris
sino romántica y apasionada,
juntos amándose en el vivir
sin dejar de amarse en las mañanas,
interpretando ese fugue de re menor,
viendo a través de esa obra de Bach,
tanta pasión de su corazón
para su orbe de lo más pasional,
sintiendo que son felices en su nación
sin dejar de amarse en esa obra magistral,
ese fugue era interminable en su entonación
por sonar de tanta magia,
lo cual amaron en su infinito corazón
sin decirle jamás a la música mala,
sino benéfica en su ilusión
que tenía de inmensa música sacra,
tan hermosa y querida,
tan virtuosa ella,
tan elegante sus vidas
que tenían en el fondo de nobleza,
con su romanza de alegría
que se transmitía hasta en esos trazos de la pieza,
tanta locura bendita
que hasta Dios lo miraba con pureza,
por ver que hizo de ella un mundo de melodía
y con su virtuosismo una realeza,
una existencia con mil armonías
y con unos bellos poemas,
era la era de su vida querida
hasta irse en su años cincuenta,
era así el destino de su vida
que con eso vivía con hermosa silueta,
y cómo amaba a su serafín Valeriano,
lo amaba pero tan inmenso,
que con él en ese órgano
tan solo lo besaba de lo tierno,
se lo consumía de lo apasionado
sin dejarlo respirar por tantos besos,
su romance fue tan volcánico
que los ángeles cantaban en su órgano de lecho,
era una vida de renacer en lo amado
sin irse a un averno maléfico,
si no estar ahí solo que esa vida adorando
y olvidarse de los tormentos,
luego al tiempo su huella quedó en los siguientes siglos,
tan solo que hasta hoy,
ya del siglo veintiuno su ser no extinto
que sigue viviendo de amor,
entre la música sacra del cristianismo
y la nobleza de su corazón,
donde se ve la imagen de su ser de sentimentalismo
ante el mundo de compasión,
la imagen del mismo Dómine del paraíso
ante los ojos de aquel don,
fue así y lo es en el destino
su imagen de arte y de profundo amor,
no hay otra como ella en ese siglo
que hasta hoy vea su inmensa inclinación,
entre mil obras y poemas de su idilio
que dejó ante el mundo de entonación,
sus obras suenan en el cielo amadísimo
y en los corazones de los poetas,
de los compositores de su surrealismo
por haberla conocido en su huella,
que dejó tal arte de lo bendito
que no olvidaremos en la existencia,
así fue como existió aquel siglo
donde todo fue diferente a esta era,
por cautivar esa pasión de cariño
ante la vida eterna de nobleza,
sin irse los dos en ese camino
sino escribir y componer de belleza,
vivieron del arte sumiso
que en la vida de hoy hay en melopeyas,
de esa forma de componer de sonidos
ante esta era de la gran obra maestra,
de voces sacras en una sinfónica de lo bellido
entre la altísima voz del alteza,
como Dómine que dejaron su corazón vivo
sonando en esas mil etopeyas,
y que lo siento hoy tan querido
que me toca el alma eterna,
igual ese Fugue tan de idilio
que me hace ver su imagen de belleza,
tan dentro del amor sentido
entre ellos en esa vida de prosopopeya,
que ni olvidará nada mis escritos
por recordar tal siglo de la nobleza,
así como del cristianismo
que tuvieron ellos de gran fonética,
y que termina casi de tocar su Fugue en el sacro paraíso
amando a su amor que tanto venera,
porque ya habían muerto su ser vivo
y que ahora viven en esa naturaleza,
donde es una unión de tanto delirio
que hasta el diantre celoso estuviera,
por ver la magia de ese ser bendito
ante la casta y cándida iglesia,
que no fue su ser ferido
y ni el de su amor que hoy en la paz besa,
como a su Valeriano querido
que hasta de lágrimas allá llegan,
juntos con el arte más infinito
que dejaron gran huella,
aunque haya sido su orbe suplicio
tuvo el milagro ante el ángel de nobleza,
por eso que vive con el gran cariño
y que pinta Dios a sus seres de grandeza,
como en el mismo oasis querido
viviendo juntos con música entera,
entre poesías de libros
de lo que le pertenece a ella,
de sus mil músicas de su sentimentalismo
allá en esa pintura tierna,
de sus cantos sacros de sonidos
latiendo en esa pintura que expresa,
eso fue la última magia que dejó su Dios comedido
para que viváis vosotros entre el arte de su vivo poema,
que se refiere a ese cuadro de surrealismo
de esa pintura que hizo Dómine con pureza,
al saber eso, Cecilia termina su fugue ennoblecido
de tocar en ese desdén con alma serena,
viendo a ese cuadro tan poético de los sonidos
que Dómine hizo para ellos de ofrenda,
estaban muy jubilosos en ese paraíso
viviendo juntos entre la lujuria y la música de belleza,
amándose entre cuerpos de besos infinitos
y de caricias sobre la carne férvida,
sin dejarse de socavar en lo más consumido
entre ese cielo de gran entrega,
los dos besándose en el camastro de lirios
y rosas entre la desnudez de su copulación,
encendiéndose de tanto delirio
en el lecho de su férvido amor,
sin olvidarse que son seres benditos
en ese edén de la noble pasión,
con su patrona de lo más amadísimo
que consume y disfruta de exaltación,
de sentirse tan queridísimo
por esa dulzura que ama en su corazón,
tanto y tanto de lo codiciadísimo
entre su alma pura de gran emoción,
que la vida en ese mundo clásico era bellido
y con música sonando alrededor,
con sus mismas obras de Cecilia en ese paraíso
sonando y sintiendo ella lo tranquilizador,
por solo sentir el inmenso estallido
de su música sacra en su lecho de ardor,
palpitaba un aire tan sonorísimo
que mordía al cuerpo de su amor,
una vida en el oasis tan artístico
donde era una diáfana relación,
eran tan solo de ese reino lo sofístico
donde ardían como el sol,
su amor tan dúctil y místico
que tenían entre besos de sensación,
donde era poesía recitada en su lecho paisajístico
de Valeriano ante su enorme admiración,
de aquella patrona de lo eucarístico
que tenía de lo beato en su corazón,
aquella poeta compositora del siglo tres ya romancístico
que tocaba a su mundo de gran estupefacción,
y al terminar su cópula se oían cantos operísticos
alentando a su divina unión,
al saber que en ese cielo tendrán lo heurístico
entre vástagos por la polución,
y sus cantos eran en latín de lo prosístico
ante su terminada copulación,
y también en versos de lo artístico
ante el canto que hizo Cecilia a un amor,
y que ahora lo tiene de romancístico
y oyendo su misma obra y de ellos de ardor,
una obra cantada de lo místico
que sentía porque era de ella de su efusión,
y que al tenerlo y vivirlo de lo amadísimo
lloraba y dormía entre los brazos de su calor,
así pasó ese canto tan queridísimo
que durmió ante el lecho con su amor,
al tiempo en ese inmenso paraíso
florece tres semillas con emoción,
sus vástagos tan dignos
de su misma vida de pasión,
que no olvidaría ese milagro de Rabino
que dejó a que fuera feliz su interior,
ante un ángel que trajo a su destino
para que viviese en su tabernáculo de consolación,
para que llegase de ahí al cielo bendito
y tenga vástagos de tanta ilusión.

jueves, 15 de marzo de 2012

Gaspar Melchor Jovellanos y su condesa.



Un soñador poeta de la lengua española,
un ruiseñor en el siglo 18 canta,
entre escritos que son prosas
donde cautivaba Gaspar Melchor Jovellanos al mundo el alma;
por su arte que era en sí la gloria
entre escritos de ilusiones y de arias,
por su belleza cadenciosa
que tenía en sus versos de magia,
nació en mil setecientos catorce
en el país de España,
sintiendo a lo largo de su vida pasiones
como entre historias que él soñaba,
siempre a Dios rogó en su lira a una condesa,
quién fuese su amor,
que el mundo fuera los ojos de esa nobleza
qué el solo viera de pasión,
admiraba el arte de la belleza
de lo que había a su alrededor,
y tan dandi era su vestimenta
que a marquesas atraía de tentación,
pero jamás a una condesa
que él tanto quería en su corazón,
para solo tener lo que desea
escribía más loco en su inspiración,
pasaba noches con su alma despierta
y escribía y escribía con ilusión,
era un paradigma en la tierra
de lo que hacía en su oración,
lo cual era su poesía de poeta
ante el mismo honorado Dios,
él hablaba a la gran altísima silueta
que solo su mirada iba a ese sol,
al ser el desafío de su alma tierna
sonó en ese ambiente el Kyrie de la misa en do menor,
donde se explora el lado más oscuro de la pieza
y de su misma vida de desesperación,
esas voces en ese fóculo suenan
alentando a su alma de entonación,
la obra de Mozart se corea
entre sopranos con ofuscación,
a su mundo esas voces se emplea
por tal amor de esa visión,
y tan solo ese delirio se refleja
ante el poeta de obcecación,
aunque la soprano da la plañidera
renace su alma en un trino de iluminación,
de esa tonada de espera
que solo a su fe da esa canción,
esa misa de su primavera
suena y él feliz un poco en la oración,
y escribe este tema
de lo que siente ante el ardor de ese amor,
acompañado de esos cantos de terneza
entre soprano y el tenor,
de esos violines y chelos de belleza
que entonan en su dolor,
siendo un ambiente de sacra alteza
que cantan a él y a Dios,
que de su alma se apiade en nobleza
y así llegue ante su hogar sin adiós,
de esa maravillosa condesa
que él ruega y anhela en su corazón,
un único y enamorado poeta
vive y suena de lo más embrujador.
“Dios apiadaos de mí poema
que sueña con el gran amor,
solo quiero vivir con una condesa
y entregar mi fiel corazón,
donde nadie podrá ser con mi lema
porque soy el arte de su canción,
un conde de su soñada silueta
que vive hoy en mi admiración,
tanto y tanto en este poeta
que quiere amar a su ojos de albor,
a su piel nívea como tenue azucena
ante mi lecho de ardor,
verla con rosas en su cabellera
y aromarme con su olor,
usando una maja vestimenta
que a mí solo en sueño flechó,
y no quiero ya la tormenta
sino tener la lava de su interior”.
Rezos de aquel enamorado conde,
solo su anhelo era ante un amor,
aunque se paseara con amores
solo quería besar a ese imposible sol,
por estar tan lejos de su horizonte
y porque en su mundo no habían,
solo habían marquesas y plebeyas,
él solo quería la figura de su poesía,
era tanto el afán de esa prosopopeya
que solo moría en esa elegía.

Un día salió de su aposento donde escribía,
y llegó a querer comprarse un piano,
quería hacer música y vida,
recibió clases con un musicastro,
reconoció al tiempo la música viva
y compuso millares de astros,
entre sus tardes y noches queridas
poesía y música dejando rastro,
el mundo de Europa más lo conocía
por las obras que escribía de lo romántico,
llegó la voz a toda las mujeres más afroditas
como de esa historia de lo mágico,
habían condesas que a él lo querían
y él sin saber viajó a Italia de lo enamorado,
y vio tal cúmulo de condesas vestidas
y su corazón reconoció el milagro,
pero sus ojos solo vieron a una maravilla
donde su mirada en Venecia quedó maravillado,
era la condesa Rosalba Carriera emperatriz,
sin saber él solo quería a ese cielo purificado,
quería ir a besar el jazmín
que ella tenía en su cabello de halo,
donde era pintora en su orbe feliz
pintando gran fantasía en cuadros,
vivía de ese sueño de su vivir
entre su clase de su arte amando,
dando la imagen de su mismo sentir
por ser la figura de ese mundo clásico,
poesía su imagen un latir
que a los ojos de este poeta atrajo,
era la magia de ese país
que él a sus ojos pasmaron,
estaba loco de esa lis
que le gritó desde lo lejano,
“si la vida es soñar
hoy mismo quiero ser vuestro esposo,
quiero que compartáis mi anhelar
y vivir juntos de lo hermoso,
una chispa de Dios veréis de astral
por solo miraros esos ojos verdosos,
así como el paisaje pasional
es lo que veo en vos de frondoso,
si miento ahora solo mirad
como al cielo ese fuego fogoso,
y es el fuego de mí palpitar
que os mando de mi corazón ardoroso,
hace años que busco una condesa
y hoy os veo y me parece paraíso,
es una fragancia tan eterna
que siento y que desde aquí respiro,
no quiero poesías que son avernas
sino poesía y música de delirio,
solo a un mundo de la vida tierna
que anhelo ante vuestro jazmines y lirios,
vos con esa maja y estupenda silueta
que hoy tenéis en ese cabello y vestido,
tan reluciente ante este poeta
que dejáis con tanto amor querido,
no sé si me aceptéis ante este planeta
donde vos es, más que lo bellido,
no miro a otras que mis ojos contemplan
sino a vos de tanto amor sentido,
vos me habéis enamorado condesa
y solo vivid ante mí corazón encendido”.
La condesa quedó estupefacta,
con un sentimiento tan brillado,
por ver a un conde con hermosas palabras
que le dieron a su alma solo amando,
y se fijó en su noble y poética alma
para vivir ante él de lo adorado,
el conde sintió la calma
cuando esa condesa le miró a sus ojos,
vio que su ser si quería con su llama
para quemarse ahí de lo meloso.
De un clavicordio tan solo suena,
una obra de Bach el aria da capo,
da su imagen de aquella Rosalba Carriera
que el regala en honor de lo venerado,
queda más enamorada aquella hermosa y noble condesa
por recibir esos tonos tan apasionados,
por sentir que su mundo será pintura de poemas
entre los sonidos que el haga en el piano,
y de una le dice: “me quiero casar sin problemas
y vivir respirando de su ser mágico”,
el conde en el clavicordio tan solo queda
con una visión llena de milagro,
por ver que su sueño ya era
y que era una pasión que el tanto había rogado,
al ser tan perfecta y tierna
solo termina de tocar y besa a esos labios,
siente perfume de una condesa
y el amor tan único y soñado”.
Condesa Rosalba:”Claro que os aceptaré,
seré vuestra esposa conde,
mi amor ahora lo tendréis
y el mundo será música y colores,
haremos al mundo florecer
juntos y vivos de amores,
siendo el centro del querer
ante esta Venecia de cantores,
nosotros somos el arte de crecer
y yo de pintar a la historia de colores,
así como somos y que voy haré
entre las diáfanas noches,
hasta vástagos van a nacer
y la musa música entre acordes,
cuadros de pinturas de tañer
cuando la veamos en inspiraciones.
Y vos habláis tan bello poeta,
dais a mi seno un inmenso querer
solo quiero dormir en esa voz tierna
cuando me beséis,
entre susurros de terneza
que yo anhelo que me deis,
será el mundo con recitados poemas
que vos solo en amor florecéis,
qué lindo tocáis la espineta
que a mi corazón lo dejas bombeando,
tenéis una pureza tierna
cuando rozáis el clavecín adorado,
lo llenáis de esa magia bella
que a mí me hace ver un amor volcánico,
es tanto esa pieza
que me deja loca por vos en lo imaginado”.
Conde Gaspar Jovellanos:”!Oh queridísima mía!,
lo toco como si os rozara los labios,
rozo las teclas como si vos fuese la caricia
que me da el mismo teclado,
tan poético suena esa lira
que transmito hoy a vos de lo amado,
gracias por aceptarme condesa mía
porque ya hoy vivo de lo mágico,
ya hoy es mi vivir eterna alegría
y más con vuestro arte lo más matizado,
juntos daremos al mundo vida
como entre nuestro arte más codiciado,
el mundo sabrá de estas melodías
y de el amor que os tengo más romanceado,
es tan hermoso quererte en las armonías
que siento que os hago el amor amado,
es quizás una quimera o fantasía
que se vive en lo más imaginado,
y vos me hacéis hacer eso querida
donde sois la condesa más dulce de lo enamorado,
sois aquella imagen que me da mucha alma viva
entre mi destino que hoy amo,
ya el cúmulo se fue de nuestra vía
y solo quedamos en este dulce palacio,
donde estamos solos amadísima mía
y donde solo nos amamos,
donde solo nos queremos en polifonía
y en donde solo hoy del amor pintamos,
es tanto así el arte de una increíble alegría
que hoy la pasión me ha embrujado,
solo por vos dulce poesía
que en mis acordes llenas de lo poetizado,
cambio el clavicordio y tengo un órgano de amor,
aquí en vuestro palacio bello,
e interpreto Fugue de Bach en sol menor,
para vos con todo inmenso venero,
lo toco y os lleno de esa dócil entonación
donde recito unos dulces versos,
solo para vos de tanta ilusión
que en mi corazón tanto yo siento,
y porque os amo con la fuerza de Poseidón
ante esta noche ya, de sentimientos,
enciendo mi ser por vos
aquí con este órgano que contengo,
entre trinos, y acordes de amor,
siendo las voces de Bach para ti,
siendo el arte de él de sus melodías,
todo lo ofrezco para lo feliz
que tendremos sin elegías,
todo será una vida de lo que vivo hoy aquí
junto a lo más admirable de mi vida,
no sé qué más hoy decir
porque todo lo dicen las melodías,
ella os hace imaginar este sentir
que a vos os veo ahí de armonía,
juntos sin el fin
amándonos tan fuertes de la vida,
todo lo dice así
en este palacio querida afrodita,
solo es música sacra que toco de mi
en esta noche ya, sin más triste poesía,
es una ilusión tan hermosa contigo aquí
que muero por vos mi dulce alegría,
por ser de mi alma esa diosa Emperatriz
que gobierna a mi alma bendita,
la cual os ama de pura armonía
y de infinita homofonías,
son tantas cosas las que digo,
son tantas locuras de mi vida,
son puras palabras que hoy dicto
para el alegrar de la perfidia,
todo se cambia en el mundo de cariño
por darnos este amor de música viva,
tanto es mi corazón por vos
que estoy que os hago la relación lasciva,
soy tan loco ante este soñar de amar
que no sé que más sentir,
son tantas cosas en las palabras al amar
que vivo a vuestro lado de lo más feliz,
se ve tantas dimensiones al tocar
que solo me veo contigo ahí,
juntos, besándonos y haciendo la relación libidinosa,
juntos sin nada de qué hablar,
solo copulando para tener oriundos de gloria
ante nuestra vida de amar,
es tanto el volcán que enciende estas notas
que toco hoy ante mi amor pasional”.
Condesa Rosalba:”!Oh amadísimo de mí,
seguís tan rítmico de lo poeta,
esos versos tan dóciles de ti
que me dan hasta el alma belleza,
solo sois el paraíso sinfín
que consumiré y amaré,
solo sois ese hombre feliz
que hoy me ha hecho más florecer,
sois tan divino como el mismo violín
que suena en ese órgano de querer,
me encendéis tanto en ese latir
que yo misma voy y te hago lo rijoso,
dejo la excitación fluir
ante vuestro cuerpo ardoroso,
os beso el cuello con tanto sentir
que mientras tocáis nos volvemos locos,
así en este palacio entre velas y de lis
con mi figura que os quiere de lo amoroso,
siendo un destino tan feliz
y de nada en los sonidos luctuoso,
mientras rozáis el piano como a mí
a vos mismo os desnudo,
quito vuestro majo traje de arte
e igual que yo el mío de pulcro,
y me zumbo encima de vuestro glande
y me hacéis encender hasta lo profundo
por sentiros dentro de mí de lo apasionante,
hacéis que mi ser sea pronto a un año oriundo
para el crecer de este romance,
entre vástagos ante este mundo
que dejaremos de pintura y arte,
donde un corazón tan jocundo
consumiéndote el dulce glande,
hacéis que desprenda orgasmos,
hacéis que mi vida sea amor,
hacéis que mi vida sea lo amado
y hacéis que mi vida sea lo soñador,
solo que con vos poeta romántico
que amo en todo mi infinito interior,
jamás pensé que viniese un poeta mágico
a mi vista a enamorarme de amor,
pero sois aquel vate enamorado
que hoy en el día hasta la noche ganó mi corazón,
sois tantas maravillas en lo pintado
donde pintaré nuestra música,
donde será nuestra vida de lo ilusionado
una vida de vástagos y locura,
entre amigos en este palacio
de una morada de amor y ternura,
donde moro con el ser más entregado
al amor y a la noche de lujuria,
¡oh amor, oh sí qué orgasmos!,
qué rico me hacéis en la dulzura
que boto de mi más del coito lo mágico,
que hasta mojo a este lecho de noche luna
con mis vesanias de lo excitado”.
Conde Gaspar: “Me gusta como gemís,
os veis tan dulce querida,
me hacéis tan feliz
que os acaricio el pubis de melodías,
y nuestro mundo es lasciva pasión
ante esta noche que tenemos de alegría,
es tanto el ardor del amor
que hacemos la locura viva,
nadie nos ve solo somos los dos,
así que hagamos lo que queramos querida,
juntos la felicidad Rosalba en el lecho de amor,
explotemos más de esta excitación bendita
que nos damos tan enérgicos en el ardor,
bebemos del océano inmenso,
que no se acaba por ser tan amoroso,
de aquel océano intenso
entre lo dúctil de lo rijoso,
así es tanto esto corazón
que muero por esto tan vesánico y fogoso,
así junto a ti en esta noche de amor
donde ya os he llenado de algo meloso,
a vuestro vientre de la polución
que he entregado de lo lujurioso,
y que estoy que ya me duermo
ante la noche de tanta pasión,
descansemos en el lecho,
ahí me dormiré con vuestro olor
y de todo lo que hemos hecho,
no olvidaré jamás esta relación
ni siquiera entre mis sueños,
escribiré todo este amor
que hemos vivido en la noche de lo tierno”.
Condesa Rosalba:”Igual yo amor de mi alma,
ya ando cansada igual conde Gaspar,
duérmanos en el lecho con la ilusión eternizada
y sigamos mañana igual en la música y rijosidad,
y de seguro pintaré un cuadro de magia
donde estaremos juntos de lo pasional,
con vástagos de alegría cantada
entre amigos de amistad,
donde habrá una mujer con un arpa
cantando a nosotros de felicidad,
entre un paisaje con dulce fragancia
aromando así a nuestra lealtad,
a vos dibujaré con un atuendo majo que encanta
lado de mí con mirada de amar,
todo será en ese paisaje de pintura bañada
entre la música y alegría de inmensidad,
así será y qué dulce aria
la cual anhelo pintar,
la cual es mi sentimiento que plasma
al tiempo que sueño lograr,
y seguro mi ser ese sueño abrazara
y junto a vuestro lado de soñar,
solo que con vos conde divino,
os amo tan astral de lo imaginado,
sois tantas cosas en mi amor querido
que hoy amor a mi has pintado,
igual que con música has bendecido
como a mi corazón enamorado”.
La condesa y el conde duermen,
a los años hace ese cuadro maravilloso,
tienen hijos que quieren
y que viven amándose de lo melodioso,
de la poesía que dan siempre
ante su mundo de libros y pinturas,
de una pasión que no fenece
sino vive en la huella de su mazurca,
de la vida que solo tienen
para luego ir al paraíso de ternura,
juntos y queriéndose tiernamente
sin decir adiós a su locura,
juntos de esa pasión eternamente
que llegarán y dormirán en almas de dulzura.

miércoles, 14 de marzo de 2012

El poeta compositor y su soñada afrodita.



En esta tarde toco mí alma,
con una obra de Fransz Liszt en mi aposento,
viviendo en la romanesca deseada
ante su andantino quasi allegretto,
tocando en el piano esa romanza
que me consume de sentimiento,
que me hace observar a esa soñada dama
que cuide y ame con lo sincero,
sintiendo la melodía en el primer compás,
luego en el otro compás acordes,
armonía sonando de la vida real,
y enojado quizá por mis visiones,
porque todo en mi vida es fantasear
y nada etéreo en mis roces,
solo poesía y musicalidad
sin encontrar oír esas voces,
solo que en lo dócil tranquilo
en esta tarde que me refleja el sonar,
donde hace silencio el sonido
entre el piano al tocar,
tocando de vacío
por querer eso en mi contemplar,
y sigo en este solo destino
con arte y sollozar,
no puedo ver y sentir un idilio
tan amoroso sino tengo a ella,
solo toco un desafío
por solo vivir ante un vivo poema,
hasta el mismo sonar es sombrío
y mi espacio un anatema,
quisiera ser Dios mismo
y traer a una hermosa gema,
darle mi mismo surrealismo
y no tener más problemas,
como con mi mismo sentimentalismo
que no quiero de tormenta,
solo él quiere acariciar a un amorío
y solo vivir, ver y besar,
que sea real el mismo destino
y así en las noches no llorar,
tan refinado es el sonido
que me hace tanto inspirar,
como en esta tarde hasta a escribir este escrito
y no dejar en mi alma palpitar,
como en este piano enardecido
que me hace quizá calma dar,
lo único aunque injusto el alivio
por no darme el anhelo que quiero amar,
no en poesías ni soñados seres queridos
sino en el mundo de paz,
nada de diosas en lo que siempre escribo
sino una dama en mis ojos real,
para solo de sus besos quedar dormido
en sus regazos de gran melosidad,
y no salir de ese paraíso
que fuese mi ambiente de respirar,
cada noche y día de cariño
y tan solo que a ella solo idolatrar.

Seguí tocando la obra de Franz Liszt,
y sentía esa música de sueños,
aunque en la tétrica ira
solo me tranquilizaba con los ecos,
y un ángel del cielo vino de venida
y me dijo “que no me preocupara más de eso
que en mi existencia amor tendría”,
no habría más averno
y flores de jazmines vería,
cayendo como de el cielo
y una flor a los ojos mío de afrodita”.
Sin más que decir se fue al cielo
y no pude decir nada a su voz sumisa,
quedé pensando será que si hay un anhelo
y si hay una dama que quiera con alegría,
solo sé que esa frase de él me alegró,
solo sé que sentía un buen sentir,
que en el piano hasta toqué de más pasión
por tal sueño que quería vivir,
era de la vida por fin la compasión
y resucitar que anhelaba en mi,
el piano de alegría más cambió
entre los compases de Franz Liszt,
a pesar de ser triste a mi corazón tranquilizó
por la espera de una hermosa lis,
que ya nada fuera terror
sino un mundo con un alegre violín,
que por fin su entonada me ilusionó
y no me dejó al final con cicatriz,
sabía que este era el amor
y que nada más en mí,
que él iba a sonar de pasión
y que me iba hacer feliz,
acordes amados del tañer
hoy dan su fuga para mi,
le digo adiós al entristecer
y le digo bienvenido sea entre el trino al vivir.
Donde luego cambio su movimiento,
entre el piano de mi vida,
sintiendo tan solo eso bello
que a mí en mi ser acaricia,
sintiendo tal momento
que en el mundo necesita de alegría,
esos tonos de lo tierno
que viajan a través de la armonía,
son tantos esos ecos
que van hacia el cielo con voces sumisas,
que acarician a las hadas con besos
y las veo y me es todo melodía,
sentir esos sonidos contentos
que giran alrededor de miles de polifonías,
entre trinos sin desesperos
sino ilusionados ante mi alma bendita,
que será por el anhelo que quiero
para que viva junto a mi vida,
y vendrán esos bellos trinos en el fuego
de mi hermosa y alegre vida,
sonarán y sonarán eso más solo floreciendo
para mí en la beatitud de la misma cantiga,
y que hasta vibro en el tiempo
cuando oigo oír esa cadencia rítmica,
por ser la visión de mi sentimiento
que me hace feliz entre el trino de la lira,
y el paisaje es ya un poco más de regodeo
por verme un poco feliz entre mi alegre misa,
de esas notas de tanto trinos de sentimientos
que transmito en mi joven vida,
que son un arte de oleros
entre mi persona del trino que solo magia hechiza,
esa magia que caen entre el viento
entre salpicadas notas sin melancolía,
sino un renacer de trinos que son buenos
que a mi ojos pinta,
entre una cadencia larga de ecos
para mi loca energía,
entre esos dulces trinos eternos
que van del piano de alegría,
sin callar unos a otros en mi sintiendo
ante el piano que me consume de vida,
que me hace adorar a ese dulce fuego
que expresa el piano de su caricia,
como antes no lo vi en mi sendero
y que aquí lo veo de tanto trinos de lira,
así son de gran dulzura su trino,
que me hace sentir tan vivo de la vida,
acariciar a ese destino
que me hace contemplar una maravilla,
como al tocar el piano de los sonidos
entre mi loca y apasionante agonía,
sin dejar de rozar este sueño colorido
que me hace alegrar sin pesadilla,
es todo así de lo bellido
que me siento tan férreo en mi alma enigma,
que nadie podrá entender lo mismo
cuando yo toco en mi noche de poesía,
es tanto mi locura en mi surrealismo
que hago magia entre mis mil rimas,
cuando toco este piano de mi amorío
que en esta noche me da esos mil trinos caricias,
así como de esos acordes sumisos
que rozo con mis manos entre sonrisas,
viviendo algo bendito
que espero que sea más con un milagro de alegría,
por tocar en este piano de cariño
que me hace sentir el más vivo de la vida,
y que sigue sonando sin parar de idilio
entre mi noche que me consume de la poesía,
donde solo soy yo de mi sentimentalismo
que hoy siente la piel con melodías,
que vuelan hasta el reino de Dios,
y es tan milagroso que llegue,
donde él mismo manda luz de amor
para mi piano que toco en mi presente,
donde resuena unos arpegios de dulzor
entre el piano tan evanescente,
donde pinto un gran romance de pasión
viéndome ahí maravillosamente,
donde esa apoyatura suena entre lo anochecedor
que me acaricia la piel tiernamente,
y sigue esa apoyatura y arpegio de sensación
que me consume inmensamente,
sin dejar de acariciarme este calor
que en el piano tanto me enciende,
y es tan potente esta entonación
que los astros brillan lujosamente,
que los compositores ofrecen su cantor
entre mi noche de tonos tenues,
que sonríen ante mi visión
por sentir solo amor a mi presente,
que estoy saliendo de un terror
para vivir ahora en lo dulcemente,
que son estos sonidos de iluminación
que me hacen sentir enamoradamente,
es tanto mi locura de lo sonador
que veo caer del cielo estrellas velozmente,
es un ambiente de todo amor
que tengo en mi una pasión que solo crece,
como de aquí al inmenso sol
sin lúgubre sino poesía alegremente,
es así y es mi corazón
que anda viviendo felizmente,
no pudiese decir que no es locución
esto que vivo ante Dios presente,
porque él me ve en su pudor
y sabe que vivo esperanzadamente,
así es mi eterna predilección
que esperaré de ese dócil y amado ente,
que amaré con tanto ardor
sin decirle adiós a mi otro ente,
que es este arte de canción
que solo tengo por mi mente,
en mi alma y corazón
lo cual me hace fuerte,
así haya en la vida desolación
este será por el momento mi consuelo de siempre,
aunque soporte el dolor
la música me hará tranquilizar en mi presente,
así de esos sonidos que son mi misma voz
que cantan en la melodía tenue,
mi voz es sumisa en lo soprano
y mi sueño es más que Dios quiera a su diosas,
soy un hombre diferente en el canto
que vive hoy en sus versos de rosas,
los cuales cantan de lo escaldo
al ser algo heroico de mi euforia,
algo que va más que el astro
para dar iluminación a la misma galaxia Andrómeda,
soy tan lunático
que vivo en una pasión totalmente loca,
y este es el amor vesánico
que entra en mi sueño de ahora,
así vivo como un no poetastro
sintiendo las dulces notas,
que salpican en el piano
y que me hacen invisible a la mazmorra,
me siento tan invencible y ganado
entre el murmullo de las horas,
así como de los susurros del teclado
que acaricio con mi amor de flora,
que perfumo al ser mágico
que es el instrumento que me hace cantar,
es a lo que adoro sin lo trágico
al momento de tener la felicidad,
y así será hasta que llegue lo amado
para que consuma mi melosidad,
que daré con versos cantados
desde el piano con toda pasión de la paz,
y así será mi ser enamorado
que verá a lo más bello de la galaxia espacial,
así será mi visión de lo entonado
que sentirá un estallido de lo pasional.
Dormí aunque tocando igual ese querer,
esa obra de la romanesca,
como entre mis sueños de enternecer,
por la vida que me espera,
era más que un arte y poesía ese ser
que viniese a mí naturaleza,
a la que hablase con amor y fe
y con recitados poemas,
y donde termino de tocar ese querer
en el piano de la romanesca,
donde termino mis suspiros en el tañer
y donde vivo con un sueño que me espera.
Soñar con tantas simples maravillas,
de estar ahí y solo de eso vivir,
sí, ahí y solo acariciar con alegría
de eso que os consume del existir,
que solo queremos ir a ese lugar,
¡sólo ahí, sí, ¡eh, sólo ahí!,
vivir y vivir ante esa flora pasional
y amar tanto sinfín,
es delicado, apasionado y amor tanto
que descubro un poeta y un compositor,
por leer ya hoy en sueños mi canto
y el cúspide espléndido amor,
por no ser ya nada espanto
por la naturaleza que espero yo.
“Durmió aunque hablando en su sueño,
viviendo mil cosas este poeta compositor,
viviendo en la vida su amado anhelo
por querer lograr y a dar tal amor,
en su puerta entró la afrodita,
y solo al lecho fue a rozar a su cuerpo,
el compositor despertó de gran melodía
por ver a ese rostro como el cielo,
Dios se la había mandado
para que viva y sea fortunio su apego,
y no viva de lo congojado
sino con lo más dulce y pleno,
sonando en su ambiente un piano
de un Liebestraum en presencia de Liszt número uno,
ante su ambiente por el milagro
ante él al ver esa hermosa visión,
que hasta sus ojos quedaron cegados
por la beldad que él contempló,
le miro y la besó en lo enamorado
que había dado a su corazón,
esa flecha de la llama del amor
que en su ser quedó flechado,
por ser tan fuerte vida su ilusión
y que ahora tiene lo esperado,
donde Liszt toca de gran pasión
a su fóculo de lo alegrado,
ofreciendo esa música de su corazón
para este romance esperanzado,
dando su imagen en el ardor
y haciendo cantar al piano.
Liszt compuso este liebestraum para Dios,
donde el plasma eso sacro,
para el hombre con consolación
por el milagroso milagro,
que en la pasión pasó,
y toca este obra que había dedicado
por el amor a Dios,
y lo toca tan delicado
haciendo semejanza al hombre de su visión,
que toca en ese ambiente con lo más apasionado
teniendo en sí la presencia del Señor,
del Domine entre su rastro
que él sabe que es un buen pastor,
que lo ayudó a él tanto
para que viva de tal amor,
de tal magia en su vida con el piano
y que cante como compositor,
sin dejar eso tan adorado
que ahí canta con dócil honor,
ante el lecho sagrado
del hombre y de la afrodita con dulzor,
él sigue con su piano
sonriendo por tal humor,
por tal vida de lo dos seres humanos
que despiertan en su seres gran amor,
y hay tanta felicidad de lo sacro
que en ese refugio suena de más ardor,
no hay mustia vida en un árbol
sino naturaleza de primavera,
un mundo de lo casto
con la dulce vida de una gran estela,
sin quitar ese verdoso pasto
entre los murmullos de Liszt de grandeza,
que tan solo deja mil astros
en su hermoso lecho de quimera,
de tanto amor apasionado
que ahí solo besos se entregan,
sin irse de su santuario
que tienen en su gran belleza,
solo amándose de lo copulado
con locura y mucha entelequia,
y sigue en el piano amando
ese Liebestraum de dulce cadencia,
sin irse a otro mundo mágico
qué sino ahí entre la bella pieza,
sonriendo ante Dios sagrario
con esta obra de su alma noble,
sintiendo un paraíso alabado
por su fe a Dios y al amor de iluminaciones,
donde no deja de acariciar el mismo piano
ante la loca y bella noche,
donde se oyen gemidos sagrados
en el lecho de muchas flores,
donde se acarician como lo modulado
entre versos y acordes,
que es la música de lo mágico
cuando canta en sus cuerdas de voces,
y será así de lo alado
entre su momento y en el cielo de adoraciones,
donde vive Franz Liszt de lo santo
ahí en el piano ofreciendo sus amores,
su obra de lo apasionado
sin irse de esa lira de muchas entonaciones,
y seguirá ahí con lo maravillado
entre los murmullos de sus mismos roces,
que hace volar hacia los seres enamorados
con su lenguaje poético de relajaciones,
de un lenguaje tan romántico
que acaricia a sus pieles de inspiraciones,
de más besos y abrazos
en ese lecho de tantas sensaciones,
que se desprenden tantos orgasmos
y tanta pasión que mantienen en su dulce roce,
que seguirá hasta el cielo sacro
ellos ahí llegando de amor y flores,
porque así descansarán en lo brillado
de ese cielo de pasiones,
con almas ahí amando
y sin irse de ese paraíso de ilusiones.
La vida a veces centra a un solo amor,
que de ese amor despierta más amores,
los cuales solo uno vive ahí,
viviendo de la inmensa felicidad,
sin dejar eso a un mundo inundado,
solo consumiendo la eternidad
que te da por ejemplo un piano,
que no se marcha esa libertad
sino sigue ahí amándote,
donde puede ser injusta tempestad
que clava el dolor romanceándote,
al cual no quieres en la verdad
pero sigue ahí matándote,
y solo deseas salir a la melosidad,
pero sigue esa morriña clavándote
sin poder ir a otro cantar,
donde está tan solo mirándote
y tu llorando entre la melodía de llorar,
y no paras entre el sentimiento
y solo estás atrapado en lo despreciable,
pero cuando ocurre un amor a Dios eterno
consigues como el amor a Dios de esta obra apreciable,
de este Liebestraum de lo tierno,
de lo dulce en la vida amable,
que existe un Dios sin infierno
que os amará en lo más amigable,
que será tú amigo en lo eviterno
sin dejarte en la vida ahogante,
sino conseguiréis un mundo con besos
y con más amor a lo grande,
cuando solo amáis a ese cielo
con esperanza de lo apasionante,
y tendrás ese ser tierno
que amaréis en el dócil romance,
así es a veces ese fuego
que quema y que puede ser adorable,
como Dios en su reino
que le mandó el amor más imaginable,
más hermoso y bello
para que tocara a su alma de lo anhelante,
de una vida de tonos y chelos
y que canten entre sopranos y tenores,
donde el latir es apasionamiento
y donde hay amor entre su lecho de amores,
donde esta obra es tal sentimiento
que suena entre el piano de dóciles acordes,
de melodía en el amor eterno
que vive en su divina y apasionada noche,
sin decir adiós al mismo cielo
por vivir el amor que ama apasionado.
Ellos amándose en el calor
de sus cuerpos copulados,
encendiéndose tanto su fervor
que se miran y gritan (te amo),
juntos de un mismo verbo de su flor
que ahora da a su querido ser amado,
se ven las estrellas con más fulgor
dando a su lecho encantado,
Liszt hace maravilla con su composición
ante todo el mundo de lo imaginado,
ofrece tal obra de adoración
que Dios canta en el santuario,
por ver unos corazones de honor
que sienten en su mundo de amor aromado,
es así esa inmensa visión
que este Liszt hace de lo más mágico,
viviendo ellos en la vida del no fracaso
sino en una vida del gozo y del amor,
donde termina su obra del canto
y se aman tanto en ese lecho de ardor.
Y la afrodita le dice cuando él se despierta
estas palabras tan bellas,
y el milagro sale en el piano
una figura ante su aposento de amor y lo mágico,
y toca ahora en ese ambiente Liszt de lo sagrado
por verles ahí de lo enamorado”. (Toca Liszt como en la descripción)
Afrodita:”Vi las plegarias tétricas que tuvisteis,
no estaréis solo y ni el piano,
porque aquí mi corazón tendréis
y Liszt ahí míralo tocando,
su primer Libestraum de su ser
para nosotros de lo sacro,
hagamos la vida de un mundo único,
no veáis más el maldito infierno,
observad mi ser de fortunio
y amadme en el sentimiento,
que soy solo vuestra en el mundo
y mi dulce y divino cuerpo,
soy lo que pedisteis en vuestro poema puro
y soy la resucitación de esos versos,
soy yo la real que podréis amar,
soy aquella dama que os quiere,
soy la inmensa locura de tu verdad
soy aquello que nunca fenece,
soy tantas maravillas de la poesía
que vos mismo ni sabréis,
soy el arte de Dios en la vida
y la fuerza que levantará vuestro ser,
ahora vivid conmigo,
olvidaos y rechazad la muerte,
has de vuestra vida un amorío
y de más poesías con mi ente,
haréis eso y mucho más,
desde que os vi en mi cielo, os amo,
desde que sentí esas plegarias te quiero
y desde que vi vuestro amor sacro
he estado sintiendo amor eterno”.
El poeta compositor:”jamás pensé que ese ángel dijo la realidad,
pensé que sus palabras eran juego,
y he aquí vos sin fantasear
y una beldad como la gema de centello,
tanto brilláis a mis ojos de verdad
que estoy igual enamorado de ti cielo,
tan afrodita sois como mi soñar
que quería tener junto a mis versos,
sois esa diosa y bella deidad
que no puedo dejar hoy de dar besos,
igual os quiero con lo más pasional
e imaginable de mi sentimiento,
y qué hermoso toca Liszt de magistral
ante nuestro fogoso lecho,
él ahí nos mira de lo fenomenal
por vivir este hermoso, real, sueño,
toca tan igual que Dios Liszt
en esa obra de fineza,
qué composición hizo su sentir
que ante ti caigo con terneza,
da un ambiente feliz
por tal poesía que ofrece de belleza,
que me hace enamorar más a mí
por palpitar ante vos mi plebeya”.
Afrodita:”Siempre hay que confiar en la lucha,
siempre hay que tener la fe,
jamás dejarla de sentir por más que sufras,
porque ella vendrá y te amará,
y esa magia soy yo,
la mujer que os acariciará
y la mujer que os ama en su corazón,
entre cuerdas de aquel piano
que suena de tal agitación,
que son mis latidos sonados
para vos solo de gran pasión,
es así esta vida de lo soñado
que ahora tenéis de ilusión”.
El poeta compositor:”sí así es amor mío,
solo que esa vida de una pasión amada,
que siempre antes busqué de amorío,
para que me hiciera lo que soy ahora de magia,
os amo tanto a vuestro cuerpo querido
que lo socavo con tanta gracia,
con tanta pasión de delirio
entre mis manos a ti de gran romanza”.
Afrodita:”Igual yo ante vuestro ser bendito
que beso y amo con ansias,
que es tan divino y rico
que consumo en mis labios granas,
me hacéis vivir un mundo de sonidos
que antes en el cielo no tuve de magia”.
El poeta compositor:”Igual yo de eso vivo
que antes no tuve en este mundo de lágrimas,
sino ahora la fe y lo lindo
que sois vos en vuestra cara,
en vuestro cabello como el paraíso
y esos ojos como la luna rutilada,
esa boca como el rubí rojizo
que beso entre la noche cantada,
por aquel piano de suspiros
que suenan en cada entonada,
y tan bello tu voz de pajarito
que ofrecéis a mi morada,
sois el milagro más bendito
que en la vida no dejara,
así que quiero vivir contigo
y por siempre en las mañanas”.
Afrodita:”Sí así es, y decís tantas palabras
que no terminamos de decir nuestro amor,
es tan infinito que llega hasta la galaxia
todo este hermoso ardor,
así repitamos lo mismo en las palabras
no importa porque es bello decir que es dar pasión,
así repitamos lo mismo de esta cantada
sabremos que es por el inmenso inacabable amor”.
El poeta compositor:”así es afrodita de mi vida,
así es tan eterno y bendito,
así es esta pasión que me resucita
y así será hasta el mismo paraíso,
no ha dejado de ni de tocar en las melodías
sino sigue con esa pasión del sentimentalismo,
así nos hace dar más ganas afrodita
a querernos consumir en el idilio,
que nos entregamos en la cama lasciva
con nuestras carnes de ardiente surrealismo,
esto es lo que sentimos querida
por amarnos tanto en el cariño,
así será y florecerá
hasta que el sol se muera,
así de eterno será
hasta que el universo no se vea”.
Afrodita:”Gracias amor de mi vida,
gracias por hacerme tuya,
gracias por amar así con alma viva
y gracias por hacerme de vuestra ternura,
soy tan feliz en las melodías
que suenan en el murmullo de ese piano,
son tan tenues y suaves
que me han enamorado,
así de la música como tú,
así de la poesía,
tan hermosa como nuestra juventud
que existirá en esas polifonías,
todo lleno de amor y de salud
y jamás un mal en nuestra vía,
porque nuestro Dios cuida esta beatitud,
por ser un amor sacro en las cantigas,
que tan solo suenan de esa noble virtud
ante nuestro cantar en el lecho de caricias”.
El poeta compositor:”si así es cariño esa luz,
y será por siempre eternal así la vida,
ahora las palabras son llenas sin dolor,
antes eran versos de elegías,
ahora contigo son cantos de amor
son cantos de naturaleza viva,
no sé que estaba pensando antes,
pero lo que sé que ahora soy otro,
que vivo una poesía con lo más apreciable
y que no veo ni el tártaro pavoroso,
solo un cielo con querubines cantantes
ante nuestro vivir de lo más hermoso,
así veo y veo lo apasionante
que vive en mi corazón fogoso,
que desprende melodía fragante
ante vuestro amor que devoro,
que amo en lo delirante
y que quiero en mi ser melodioso,
soy tú amor y vida,
siempre te amaré sin melancolía,
viviremos y viviremos del amor,
viviremos y existiremos sin dolor.
Seguiré haciéndote la dócil rijosidad,
el amor os hace sentir mil palabras,
como lo más pasional
ante el ser que queréis con tanta volcánica llama,
por ser esa magia de divinidad
que no dejo hoy en noche de socavar,
y que me amaneceré con la diosa cortesana
amando con toda eternidad,
hasta la hermosa alborada
consumiendo su hermosa venustidad.
Afrodita:”Me hace tan feliz este compositor en mi alma
que no puedo decir ya qué en verdad,
por tener esa caricia vesánica
que me enciende en mi pubis vaginal,
es tan apasionada su romanza
que en su delirio acabo orgasmos de sensualidad,
me ha matado el compositor en matanza
por tal idilio que ofrece de inmensidad,
no hay infierno ni lanzas
sino un paraíso del lascivo amar,
con música del piano de magia
ante nosotros llenándonos de felicidad”.
El poeta compositor:”Qué divina sois en mi lecho,
os amo y querré con todo venero,
os siento tan viva en el amor
que ante los sonidos cantas de ardor,
en el lecho enciendes de tanto anhelo
que veo a vuestro ser de gran erupción,
así como un volcán sintiendo
en el fuego de nuestra pasión”.
Afrodita:”Siento ya sueño,
descansemos ya amor,
El poeta compositor:”Sí igual yo eso siento
vamos a dormir ya corazón”.
Afrodita:”Gracias te quiero”.
el poeta compositor:”Igual yo a ti con ardor,
buenas noches mi cielo
y que duermas tranquila con lo más soñador,
Afrodita: ese sois vos mi bello
que tendré en mi sueño de pasión”.
El poeta compositor:”Gracias qué bella ere en mi centro
que hoy a vuestros brazos me acobijo de calor,
hasta mañana, estoy que ya duermo
oliendo solo que vuestro dulce olor”.
Afrodita:”Hasta mañana mi hermoso amor eterno
y yo a tu lado respiro tu pecho y duermo de amor”.