martes, 21 de diciembre de 2010

Don Giovanni ha sido, el hombre libertino, y florecido



¡Don Giovanni! ha sido el hombre libertino, y florecido

Un jardín. De noche. Leporello, envuelto en una
capa, se pasea delante de la casa de Doña Ana.

Leporello: ¡Reventarse noche y día
por quien nada sabe agradecer;
(soportando lluvia y viento hasta el amanecer),
solo en mis virtudes oliendo,
mal comiendo y mal durmiendo!
Yo también quiero ir de hidalgo,
no quiero volveros a servir al preclaro,
¡no, no, no, no volveros a servir,
no, no, no, no a seros acudir!.
¡Oh, qué benévolo el caballero!
¡Él está ahí dentro con la dama de deseo,
y yo aquí, de centinela!
Me parece que viene alguien de cubierta silueta;
no quiero que me descubran,
mejor estaros en los árboles como tumba,
sino mi luz ante ellos después se alumbra,
y no quisiéredes que pasara eso, sino me derrumba!.
(se retira. Don Giovanni sale del palacio del
Comendador seguido de Doña Ana, trata
de cubrirse el rostro, va envuelto en una
amplia capa)

Doña Ana (Reteniendo a Don Giovanni)
¡No esperéis, a menos que me mates,
que voy a dejaros huir del desdén miserable!.
Don Giovanni (tratando de ocultarse)
¡Mujer perturbada! ¡En vano gritáis,
no sabréis quién soy!,
ni a los ojos mirarais,
solo vivid con eso del horror.

Acercándose Leporello: ¡Qué tumulto! ¡Cielos, qué gritos tan duros!,
mi amo está de nuevo en apuros.
Doña Ana:¡Que acuda gente! ¡Criados! ¡Al traidor!
Don Giovanni: ¡Calla y tirita ante mi furor!,
Doña Ana: ¡Canalla!
Don Giovanni: ¡Insensata!
Leporello: ¡Veáis como ese truhán será causa de mi ruina!,
haré lo que pueda en toda esquina.
Doña Ana: ¡Con desesperada furia
sabré perseguirte y hundirte!
Don Giovanni: Su furia desesperada terrible
¿quiere buscar mi ruina en lo hundible?.
Mejor retiraos, y marchaos,
no sabéis ni quien soy en tus ojos de astros.
Llega con espada, el Comendador: ¡Dejadla villano!
(cuando Doña Ana oye la voz de su padre
suelta a Don Giovanni y entra en la casa)
¡Bátete conmigo desalmado!,
Don Giovanni:¡Vete! No eres digno de luchar hombre desdichado,
porque soy más que vos silueta añeja,
solo dais lastimera.
Comendador: ¿Así pretendéis huir de mí?
(aparte) Leporello:¡Si al menos pudiese partir!
Don Giovanni: ¡Miserable, espera, si es que queréis morir!,
(Se baten. El Comendador cae mortalmente herido)
Comendador: ¡Ah, socorro! ¡He sido traicionado!
el asesino me ha herido en mi costado,
y del pecho palpitante
siento ya mi alma partir.
Sin ver estrellas siderales,
siento solo mis venas sucumbir,
Don Giovanni:¡Ah! Ya cae el desventurado,
afanosa y agonizante
de su pecho palpitante;
ya veo su alma partir,
(y de eso sostuvo en conciencia sollozante de sufrir).
Leporello: ¡Qué crimen! ¡Qué fechoría!,
en el pecho, de puro espanto que se huele de la morriña,
siento palpitar mi corazón.
No sé qué hacer, ni que decir, ¡sólo me da ese rostro temblor!.
(el comendador fallece, y seguid la historia que vence).

(Recitativo en voz baja)
Don Giovanni: Leporello, ¿dónde estáis?
Leporello: Estoy aquí, para mi infortunio o infelicidad.
¿Y vos?.
Don Giovanni: Estoy aquí lleno de preguntas y de negra fealdad.
Leporello: ¿Quién ha muerto, vos o el viejo?
Don Giovanni: ¡Que pregunta tan estúpida! El hombre añejo.
Leporello: ¡Bravo! ¡Dos buenas faenas:
forzar a la hija y matar al padre sin penas!,
pero no sabéis si esto pronto sea un anatema,
o sea como una espada ceñuda en el poema.
Don Giovanni: Él se lo ha buscado,
nadie le mandó a meteros de garbo,
él mismo lo buscó y ahí quedó,
con pocos respiros y sangre encarnado
cubriéndoos su cuerpo y que sentirá a su hija llorando.

Leporello: Y Doña Ana ¿qué es lo que quería?
Don Giovanni: ¡Cállate, no me fastidiéis y venid conmigo,
si no quieres recibir tú también lo mismo!
Leporello: No quiero nada, señor, ya soy mutismo.
(recoge del suelo la linterna y la capa. Se van)

(Don Octavio, Doña Ana y criados con luces)
Doña Ana: Mi padre está en peligro vayamos en su auxilio,
(con la espada desenvainada)
Don Octavio: ¡Toda mi sangre vaciaré si es preciso!,
pero ¿dónde está el malvado que esto hizo?,
que dejó a este ser en el pasto ferido.
Doña Ana: Aquí debe de estar
¡Qué funesto espectáculo,
se ofrece, dioses, a mis ojos cabizbajos!
¡Padre! ¡Padre mío! ¡Querido padre!,
¡cómo os extrañaré en mis días, noches y tardes!.
Don Octavio: ¡Señor!
Doña Ana: ¡Ah! El verdugo me lo ha lapidado.
y se ha ido y mi padre así ha quedado.
Esa sangre, esa herida, ese rostro,
solo veros se ve de un tumulto tan postro,
teñido y cubierto del dolor de la muerte,
y no sé si soporte esto que me duele.
Ya no respira, fríos tiene los miembros enteramente…
¡Padre mío! ¡Querido padre! ¡Padre amado!,
volved estoy que extingo, ¡amado Padre de mis momentos!
Desfallezco... muero, me muero ¡oh padre mío os quiero!.
(se desmaya y lágrimas de sus ojos caen)

Don Octavio: ¡Ah! ¡Socorred, amigos, a mi tesoro!
Buscad, traedme
unas sales, algún tónico.
¡Ah! ¡No tardéis! Para levantar a lo hermoso.
(salen dos criados)
¡Mi esposa! ¡Mi amiga! ¡Doña Ana!
el intenso dolor amenaza con matarla.
Doña Ana: ¡Ah!...
Don Octavio: Ya vuelve en sí vida, mí propia alma.
(vuelven los criados)
Auxiliadla de nuevo,
quiero que florezca hacia el ojo de mi cielo.
Doña Ana: ¡Padre mío!,
no puedo vivir así mi destino,
sin tu consejos y amor bellido.
Don Octavio: Ocultad, alejad de su vista
ese objeto de horror.
(se llevan el cadáver)
Alma mía, consuélate, ten fuerza y valor.
Doña Ana: (desesperadamente)
¡Aléjate, cruel, aléjate!,
Vete y por otro sitio paséate,
deja que muera también yo,
ahora que ha muerto, ¡oh Dios!
el que la vida me dio,
porque os has llevado a mi gran cuidador.
Don Octavio: Escuchadme, corazón mío,
miradme solo un instante cariño,
del alma y más allá os lo pido;
os habla el enamorado
que vive sólo por ti
en este sitio dando
fuerzas a tu ser en lo esperanzado.
Doña Ana: ¡Eres tú! Perdona, mi bien,
mi angustia, mis penas me han dado en este desdén...
¡Ah! ¿Dónde está mi padre?,
Don Octavio: ¿Tú padre? Aleja, mi amada de una vez,
ese amargo recuerdo que da en vuestro ser.
Esposo y padre tienes en mí sin condoler,
solo el reino de mis besos,
y vuestros sentimientos
serán el ardor de embelesos.
Doña Ana:¡Ah! ¡Jura que vengaréis,
si podéis esa sangre del poema!
Don Octavio: ¡Lo juro en tu presencia,
que lo haré bella,
lo juro por nuestro amor!,
por ser el que explota de ilusión!
(ambos)
¡Qué juramento, oh dioses!
¡Qué terrible momento!
entre mil y un afecto
palpita los corazones.
(se van)

(Una calle cerca de un albergue. Amanece)
Don Giovanni: Vamos, aligera, ¿Qué quieres?
Leporello: Se trata de un asunto muy importante.
Don Giovanni: Lo creo, pero no vence.
Leporello: Es importantísimo contarte.
Don Giovanni: Mejor aún. Termina de una vez.
Leporello: Juradme que no montaréis en cólera.
Don Giovanni: Lo juro por mi honor,
a no ser que me habléis del Comendador,
y enfurezcáis mis sentidos de lo atroz.
Leporello: Estamos solos
Don Giovanni: Eso veo, ¿y?.
Leporello: Nadie nos oye y no es incómodo.
Don Giovanni.¡Vamos!
Leporello: ¿Puedo hablaros con total sinceridad?
Don Giovanni: Sí.
Leporello: En ese caso, siendo así,
mi muy querido amo,
la vida que lleváis en lo alto,
(al oído, pero fuerte)
¡es propia de un bribón!,
¡el que no tiene ni sangre humana de amor!.
Don Giovanni: Temerario ¿Cómo te atrevéis decir eso...?
Leporello: ¿Y vuestro juramento?
Don Giovanni: ¡Nada sé de juramentos! Calla o te...
Leporello: No hablo más, ni rechisto, mejor mi amo.
Don Giovanni: Así seguiremos siendo aliados a todos lados.
Ahora escucha: ¿sabes por qué estoy aquí?
Leporello: No sé nada. Pero, viendo que ya clarea,
seguro es una nueva dama bella?
¿no se tratará de una nueva conquista?
debo saberlo para añadirla a la lista.
Don Giovanni: ¡Ahí se nota que eres grande!
has de saber que estoy enamorado de un ángel,
de una bella dama
y sé con certeza que ella me ama.,
La vi, le hablé
y esta noche me la llevaré,
como al huerto, y daré muchos besos...
(Doña Elvira se acerca por el fondo)
¡Silencio! Creo percibir olor a hembra,
y huele tan sápido que lo siento en mi lengua.
(aparte) Leporello: ¡Caramba, qué olfato tan fino!,
¡percibo a lo lejos algo divino!.
Don Giovanni: Y diría que es hermosa.
(aparte) Leporello:¡Qué buen ojo!,
¿de seguro la tuviese que ver como una flora?,
¿será que será venenosa?
Don Giovanni: Retirémonos un poco para reconocer el terreno,
y así contemplar lo dulce y tierno.
Leporello:¡Ya se ha encendido!
(se retiran)

Trío

¡Ah! ¿Quién podrá decirme
dónde está el bárbaro
que para mi vergüenza amé,
que tan perjuro me fue?
¡Ah, si encuentro al impío
y no vuelve a mí,
horrendo será su castigo!,
le arrancaré el corazón,
y le aseguro que será él postración.
Don Giovanni:
(en voz baja a Leporello)
¿Oyes? Alguna bella vaciada por su amante.
¡Pobrecilla! Tratemos de consolar su tormento hechizante.
(aparte) Leporello: Así consoló ya a mil ochocientas,
y vive de reliquia siempre con sus damiselas.
Don Giovanni; Señorita...
Don Elvira: ¿Quién anda ahí?
Don Giovanni: ¡Diantre! ¡Qué veo!
Leporello: ¡Ésta si que es buena! ¡Doña Elvira!
Don Elvira: ¡Don Giovanni!
¡Estáis aquí monstruo, felón, embaucador!,
Responded ya miedoso.
(aparte) Leporello:¡Qué títulos tan sonoros!
¡Se ve que lo conoce bien al tramposo!
Don Giovanni: Calmaos mi querida Doña Elvira,
aplacad vuestra cólera querida...
Oídme..., dejadme hablar mi vida...
Doña Elvira: Qué puedes decir después de acción tan negra?
entráis en mi casa furtivamente sin vergüenza.
A fuerza de artimañas, de halagos y promesas,
lográis conquistar mi corazón: me enamoras,
¡oh cruel! me declaras tú esposa.
Juráis ser en alma la honrosa,
luego faltando a las sagradas leyes de la tierra y el cielo,
con enorme delito de mi sueño,
y que da rabia en estos momentos,
al cabo de tres días os marcháis de Burgos hombre frío,
quedo sola y pensándote y sintiendo escalofrío
por no verte hombre libertino.

¡Me abandonáis, huyáis de mí y me dejáis presa
de remordimientos y del llanto,
como castigo por haberte amado tanto!
(aparte) Leporello:¡Habla como si estuviera leyéndolo en un libro!
Don Giovanni: ¡Oh! en cuanto a eso, mis razones tenía,
¿No es verdad?
Leporello: Es verdad. ¡Y eran razones de peso de mentira!
Doña Elvira: ¿Y cuáles son, sino tu ligereza y perfidia?.
Mas el justo cielo ha querido que yo
os encuentre para hacer suya mi venganza.
Don Giovanni:¡Vamos! Sed más razonable amada....
(aparte)
¡Pone a prueba mi paciencia!
(a Doña Elvira)
Si no creéis en mis palabras,
creed a este hombre de bien que os ama.
(aparte) Leporello: No está tan claro.
Don Giovanni: Vamos, dile algo...

Leporello: (en voz baja a Don Juan)
¿Y qué debo decirle?
Don Giovanni: Sí, sí, díselo todo sin mentirle.
(se va a escondidas de Doña Elvira)
Doña Elvira: Y bien, date prisa.
Leporello: Señora... ciertamente... en este mundo,
nada se entiende y es furibundo,
como quiera que cuando fuese...
el cuadrado no es redondo ni porque de mil veces se viese...
Doña Elvira: ¡Miserable! ¿Así os burláis de mi dolor?.
Ni un soplo me disteis esa vez y venís así traidor.
(a Don Juan, creyendo que aún está)
¡Ah! Vos... ¡Cielos! ¡El infame ha huido!
¡Pobre de mí! ¿Dónde está? ¿A dónde ha ido?,
Leporello:¡Dejad que se marche!
No se merece que penséis en él ángel.
Doña Elvira: El malvado me engañó, me traicionó...
No puedo olvidarlo estoy llena de rencor.
Leporello:¡Eh! Consolaos; no sois, no fuisteis
y no seréis la primera, ni la última luz de gran cielo.
Mirad: “este libro, que no es nada pequeño,
está repleto con los nombres de sus amantes el mujeriego”,
(saca una lista del bolsillo)
cada ciudad, cada pueblo, cada país
es testigo de sus mujeriegas empresas de su existir.
Aria
Señora mía, he aquí la relación
de las bellas que amó mi señor;
un catálogo que yo mismo escribí,
observad, leed conmigo porque es así.
En Italia, seiscientas cuarenta,
estuvo disfrutando de dulce manera,
en Alemania, doscientas treinta y una,
fue tan suyas las bellas lunas,
que en cada astro este Rey dejaba su locura,
cien en toda esa Francia,
les dio una romanza de fragancia,
en Turquía noventa y una;
un gran conquistador de la ternura,
pero en España ya van por mil tres,
vivía tan afortunado a su vez,
como de esas mujeres de vesánico querer.
Entre ellas hay campesinas,
criadas, burguesas bien bonitas,
hay condesas, baronesas,
marquesas y ¡princesas!,
mujeres de todos los rangos apasionantes,
de todos los tipos y de todas las edades,
y de todas las exquisitas clases.
En la rubia suele alabar la gentileza;
en la morena, la certeza;
de las que tienen la tez blanca, la dulzura,
y saborearlas entre el lecho de lujuria,
¡oh sí esas sí de la divina captura!,
entre redes de besos y de caricias que alumbran.
En invierno prefiere a la rellenita,
en verano a la delgadita,
la alta le resulta esplendorosa,
a la pequeña la encuentra siempre donosa.
A las viejas las conquista
por el gusto de añadirlas a la lista;
pero su pasión predominante
es la joven principiante.
Le da igual que sea rica,
que sea fea, que sea linda;
con tal de que lleve faldas,
vos ya sabéis como actúa de: esa palabra.
(se va, y la mujer queda enfurecida)

Doña Elvira: ¡Fue así como me traicionó el malvado!
¡Y éste es el premio que ese bárbaro
otorga a mi amor sacro!. ¡Ah! Quiero vengar
mi corazón engañado. Antes de que huya...
se repita..., se vaya... Sólo escucho en mi pecho de injuria:
la voz de la venganza, rabia y despecho de furia.
(se va)

(Campesinos cantando, tocando y bailando)

Zerlina: Jovencitas que os entregáis al amor,
no dejéis que les pase la edad por favor.
Si el corazón les bulle en el pecho,
mirad, el remedio aquí está de ardor.
La ra la, la ra la, la ra la.
¡Qué alegría y que placer será!,
¡Que alborozado es y hay que cantar!
Campesinos:¡Qué alegría y que placer será!
La ra la, la ra la, la ra la.
Masetto: Jovencitos ligeros de casco,
no andéis rondando de acá para allá.
Poco les dura a los locos el espectáculo,
cuando para mi aún no ha comenzado.
¡Qué alegría y que placer será!
Campesinos: ¡Qué alegría y que placer será!
La ra la, la ra la, la ra la.
Zerlina, Masetto: Vengáis querido/as gocemos!
cantemos, bailemos y toquemos,
y gritemos, que la música es el comienzo,
no tiene final sino es eterno.
¡Qué alegría y que placer será!.
¡Así cada vez cantar y bailar!

Don Giovanni: (llegando)
Menos mal, ya se fue.
¡Mira qué linda juventud, qué bellas mujeres se ve!
Leporello: (aparte)
A fe mía que entre tantas
algo me tocará a mi también en el alma.

Don Giovanni: Queridos amigos, buenos días.
sigáis con vuestra alegría,
continuéis tocando, buena gente que gritan.
¿Celebráis alguna boda?
Zerlina: Sí, señor y yo soy la esposa.
Don Giovanni: Ello me alegra. ¿Y el esposo?,
¿dónde está o quizá soy yo tú tesoro?,
Masetto: Yo, para servirle.
Don Giovanni: ¡Oh, bravo! para servirme,
así es como habla un hombre de bien.
Leporello: (aparte)
Basta con que sea el marido.
Zerlina: ¡Oh, mi Masetto es hombre de gran corazón y querido!.
Don Giovanni: ¡Oh, también yo, ya veis!
quiero que seamos amigos.
¿Cuál es vuestro nombre?
Zerlina: Zerlina
Don Giovanni: ¿Y el vuestro?
Masetto: Masetto
Don Giovanni: ¡Oh, mi querido Masetto! ¡Mi querida Zerlina!,
les ofrezco mi protección. A ¡Leporello de lidia!

(a Leporello que bromea con otras campesinas)
¿Qué hacéis ahí, bribón?
Leporello: También yo, querido señor,
ofrezco mi protección.
Don Giovanni: Rápido, ve con ellos: llévatelos en seguida
a mi palacio. Ordena que les sirvan de buen garbo,
chocolate, café, vino, jamón.
Procura que se diviertan, enséñales el jardín por favor,
la galería, las habitaciones; y sobre todo
haz que quede contento mi buen Masetto sin enojones.
¿Has comprendido?, ¡ir y hacerlo entonces!
Leporello: He comprendido señor para serviros a ellos de buenas acciones.
(a los campesinos)
¡Vamos!
Masetto: Señor...
Don Giovanni: ¿Qué ocurre?
Masetto: Zerlina no puede quedarse aquí sin mí.
Leporello: En vuestro lugar estará su excelencia
que sabrá representar bien vuestro papel,
y la tratará bien así que no temáis,
que estará bien ese ángel, y lo digo con todo venero.
Don Giovanni: ¡Oh! Zerlina queda en manos de un caballero.
Vete ya, después ella vendrá conmigo.
Zerlina: Vete, no temáis amor mío.
Estoy en manos de un caballero cariño.
Masetto: Y por eso...
Zerlina: Y por eso no cabe desconfiar...
Masetto: Y yo, diantre...
o no me quieres ángel,
preferís a ellos o qué.
Don Giovanni:¡Acabemos la discusión!
¡Acabemos esta tonta charla que parece locución!,
si no os largáis ahora mismo sin rechistar
lo vais a lamentar.
(mostrándole la espada)
Masetto, mira bien, te arrepentirás.
Aria
Masetto:¡Lo he entendido, si señor!
Agacho la cabeza y me voy.
Ya que a vos os place así,
no replico más ante ti.
Sois un caballero,
no lo puedo dudar,
me lo demuestra la indulgencia
con que me queréis tratar.
(aparte a Zerlina)
¡Bribonzuela, malandrina,
siempre fuiste mi ruina,
y seguís comportándote así chiquilla!
(a Leporello que trata de llevárselo consigo)
¡Ya voy, ya voy!,
(a Zerlina)
¡Estate, quédate!
Es muy honesto por tu parte.
Que nuestro caballero os haga
caballera a ti también y no os rechace.

Don Giovanni: Al fin nos hemos librado,
gentil Zerlinetta, de ese zopenco mal oliendo de lastimera.
Qué te parece, mi bien, ¿sé apañármelas?,
de mi manera de ser de grandeza.
Zerlina: Señor, es mi marido...
Don Giovanni:¿Quién? ¿Ese?
¿Crees que un hombre honesto,
un noble caballero,
como yo me precio de ser el fiero,
puede soportar que esta carita de oro,
que este dulce rostro,
sea vea maltratado por un vil patán?,
¡eso jamás!, primero será consumo de volcán,
y seréis mis palabras a su ser de mortalidad.
Zerlina: Pero, señor, yo le he prometido casarme con él,
y ahora no sé qué hacer.
Don Giovanni: Esa palabra no vale nada.
vos no estáis hecha para ser aldeana;
otra suerte le reservan,
esos ojos picarones,
esos labios tan hermosos de poemas,
esos deditos blancos de aromas,
me parece tocar crema y oler rosas.

Zerlina: ¡Ah!..., no quisiera...
Don Giovanni: ¿Qué es lo que no querrías?
Zerlina: Verme engañada a continuación de tristeza.
Yo sé que los caballeros rara vez actúan de nobleza,
sois honesto y sincero con las mujeres,
a ver respondedme en mi cara sin treta,
que quiero algo que me llene de grandeza,
como la deífica naturaleza.
Don Giovanni:¡Eso es una calumnia de la gente plebeya!
la nobleza lleva pintada en los ojos mi bella,
la honestidad. Vamos, no perdamos más tiempo,
ahora mismo os quiero desposar ¡oh mío cielo!.
Zerlina: ¿Vos?
Don Giovanni: Si, yo.
Ese palacete es mío,
no veis en mis ojos que alumbran,
solo por ti cariño,
y que no caen a la tumba
exaltaos queda mis miembros por ti ternura.
Solos viviremos y estaremos,
y allí, prenda mía, nos casaremos,
sueño con vuestro cuerpo y más que un anhelo.
Duettino
Allí nos daremos la mano,
allí me diréis que sí.
Mirad, no está lejos cielo purificado;
partamos, mi bien, de aquí.

Zerlina: (aparte)
quisiera y no quisiera,
me tiembla un poco el corazón.
Feliz, es verdad, sería en la tierra,
pero aún podría burlarme de lo atroz?.
Don Giovanni: ¡Ven, mi adorada belleza!
Zerlina: (aparte)
Me da pena de Masetto.
Don Giovanni: Yo cambiaré tu suerte de ese zopenco.
Zerlina: Rápido... No sé resistirme más,
esta duda que vivo infernal.
Ambos: Vamos, vamos, bien mío,
a aliviar las penas
de un inocente amorío,
y ven abrazarme mi silueta
de lo cándido y no de lo fornido.

Doña Elvira: ¡Paralízate, miserable! El cielo me ha permitido
oír tus perfidias. Aún estoy a tiempo de salvar esa alma bendita,
a esta pobre inocente de tus terribles garras,
os juro que será así hombre de no tener el alma.
Zerlina: ¡Desgraciada de mi! ¿Qué oigo, qué pasa?,
Don Giovanni: (aparte)
¡Amor, aconséjame que le quiero mi alma!,
(en voz baja a Doña Elvira)
Adorada mía ¿no veis que quiero divertirme?,
deja que sea como quiero ser ¡libre!,
dejadme que haré lo que quiera con mi fuego terrible.
Doña Elvira: ¿Divertirte? ¡Es verdad!,
divertirte seguro sin piedad...
bien sé, canalla, cómo te diviertes sucia alma,
seguro le has hecho algo a esa mujer sana.
Zerlina: Pero, señor caballero, ¿es cierto lo que dice ella?,
por qué habla así y siento tiniebla?
Don Giovanni: (en voz baja a Zerlina)
La pobre infeliz está enamorada de mí
y por piedad debo fingir amor,
pues soy, para mi tribulación,
hombre de buen corazón,
solo sus palabras son inexactitudes de rencor,
solo quiere destruir este amor,
que le tengo desde que le salvé mi sol.
Aria
Doña Elvira: (a Zerlina)
Ah, huye del traidor,
no le dejes hablar más a ese falso conquistador;
sus labios mienten,
falaz es su mirada indudablemente.
Aprende de mis tormentos
lo que es creer en su corazón
y que brote tu temor
de mi sufrimiento;
que he llevado desde que me dejó en desvelo,
sin caricia y solo en carne sola muriendo,
pero el amor venganza es y no es él bueno,
solo un maldito zopenco,
que vino e hizo injuria a mi sueño.
(se va llevándose a Zerlina,
y así aparta a la hermosa querida)

Don Giovanni: Me parece que hoy el demonio se parrandea,
oponiéndoos a mis placenteros planes:
todo me sale mal, que se me va lo más adorable.
Don Octavio (a Doña Ana)
Ahora, adorada mía, vano es el llanto,
hablemos de venganza... ¡Oh, Don Giovanni!
¿recordáis por lo menos algo?
Don Giovanni: (aparte)
¡Sólo faltaba esto!,
(a Don Octavio)
ahora qué queréis zopenco.
Doña Ana: Señor, le hemos encontrado a tiempo:
¿Tenéis corazón? ¿Tenéis un alma generosa como el cielo?
Don Giovanni:(aparte)
Verás como el diablo
le ha dicho algo,
será que juega conmigo ante esto sin garbo.
(a Doña Ana)
¡Qué pregunta! ¿Por qué?,
Doña Ana: Necesidad tenemos de vuestra amistad
Don Giovanni: (aparte)
¡Recupero el aliento!,
será que todo va ser bueno,
ahora actuaré para mi buen momento.
(a Doña Ana)
Mandadme. Mis amigos, mis parientes,
esta mano, esta espada, mis bienes,
mi sangre daré para serviros,
para que sea vestigio.
Pero vos, bella Doña Ana, ¿por qué suspiráis así?
¿Quién fue el desalmado que osó turbar la calma
de vuestra existencia?,
y estaros así de esa fea manera,
no veis que a mis ojos los deja de tristeza,
(aparte)
Y porque de todas has sido la grandeza,
como de Don Lorenzo Da Ponte mi bella,
y por ser ella, así tengáis ese marido mi cándida estrella,
y sienta que a veces sois a veces tan plebeya.

Doña Elvira (a Don Juan)
¡Ah, de nuevo os encuentro, pérfido monstruoso!,
ya os quité una y está será igual demonio espantoso.
Cuarteto
(a Doña Ana)
No te fíes, desgraciada,
de ese corazón hipócrita lleno de llamas;
a mí me engañó el bárbaro
y a ti quiere engañarte también el inicuo de espanto.
Doña Ana, Don Octavio (aparte)
¡Cielos, qué noble aspecto,
qué dulce majestad y eso sintiendo!
Su palidez, sus lágrimas gimiendo,
hacen que me apiade de ella,
y ayude con palabras a esa reina!
Don Giovanni: Esta pobre muchacha
está ida, amigos míos desde su alma loquita;
dejadme solo con ella,
quizá así se calme la idita.
Doña Elvira: ¡Ah, no creáis al pérfido!,
qué horror es verlo, más su ser férvido,
y del desdén yazca en fuego el cérvido,
y fuese él muriendo, ojala en el infierno.
Don Giovanni: Está ida, no hagáis caso,
da hasta lástima por lo que dice y que de espanto.
Doña Elvira: ¡Quedaos aún, por favor quedaos!,
créanme a mí, he sido por él cabizbajo.
Doña Ana, Don Octavio: ¿A quién debemos creer?,
porque tanta ironía entre ambos,
o el aticismo se explaya en las letras,
y de tantos versos que yace de lo lejano,
para ver pelea y saber quién es el villano.

Doña Ana, Don Octavio, Don Giovanni (aparte)
Mi alma se remueve con una
desconocida impresión de inmolación,
que me hace presentir por esa infeliz preocupación,
cien cosas que no acierto a entender del terror.
Doña Elvira: (aparte)
Mi alma se estremece llena de desprecio,
rabia, temor y despecho,
que me hacen presentir de ese traidor
cien cosas que no acierto a entender de rencor.
Don Octavio (a Doña Ana)
Yo no me marcho de aquí
sin aclarar este asunto,
que me tiene ya patíbulo,
y siento que espolea como los tríbulos.
Doña Ana: (a Don Octavio)
No se advierten signos de locura
en sus maneras, ni en sus palabras que comentan.
Don Giovanni: (aparte)
Si me voy, se podría
sospechar algo, así que mejor no.

Doña Elvira (a Doña Ana y Don Octavio)
Por su rostro deberíais
juzgar su alma negra de patíbulo
que a un tiempo estaría
y turulato estará en piedra del fundíbulo.

Don Octavio (a Don Giovanni)
¿Luego ella...?
Don Giovanni: Está ida.
Doña Ana: ¿Luego él...?
Doña Elvira: Es un traidor de mentiras.
Don Giovanni: ¡Infeliz!
Doña Elvira: ¡Mentiroso!,
Doña Ana, Don Octavio:
Estoy empezando a dudar locos.
(Pasan unos aldeanos)
Don Giovanni: (en voz baja a Doña Elvira)
Callad, callad que ya la gente
se reúne alrededor nuestro,
sed un poco más prudente,
pues os van a criticar mi cielo.
Doña Elvira (en voz alta a Don Juan)
No lo esperéis, malvado,
he perdido la prudencia;
tus culpas y mi situación degenerado,
a todos quiero mostrar
lo que sois hombre de lo más despreciado.
Doña Ana, Don Octavio (observando a Don Juan)
Esas palabras de dolencias,
y ese mudar de color,
son indicios evidentes
que me hacen comprender
que sois algo que da terror.
(Doña Elvira se va)
Don Giovanni: ¡Menesterosa desventurada! Seguiré sus sendas,
no quiero que cometa una esquizofrenia:
perdonad, bellísima Doña Ana; si le puedo ayudar,
en mi casa le aguardo en verdad . ¡Amigos, adiós!
(se va)

Doña Ana: Don Octavio. ¡Estoy muerta!,
y eso a mi alma le pesa y le pena.
Don Octavio: ¿Qué te ocurre?.
¿Por qué habláis así tan espurre?,
Doña Ana:¡Por piedad, socorredme!
no veis que transcurre,
Don Octavio: ¡Bien mío ten valor, y poseedme!
Doña Ana: ¡Oh Dios! ¡Él es el verdugo de mi padre!
Don Octavio: ¿Qué decís vuestro padre?
Doña Ana: No lo dudéis. Las últimas palabras que el impío profirió,
su voz impar rememoraron de temblor,
en mi corazón las del indigno
que en mis aposentos dio...
Don Octavio: ¡Oh reino celestial! ¿Es posible que bajo el sagrado
manto de la amistad?... Pero, ¿cómo ocurrió eso allá?,
narradme el extraño suceso,
quiero saber cómo fue su proceso,
que le sintió mi hermoso cielo.
Doña Ana: Estaba ya muy avanzada la noche,
cuando en mi aposento,
donde para mi desgracia, sola me encontraba sin alientos,
vi entrar envuelto en una capa a un hombre que
en un primer momento tomé por vos;
pero enseguida insinué mi error.
(él es el que cambiará su amor,
a pesar del odio lo es porque lo digo yo,
solo yo y así explayo su pasión)
Don Octavio (angustiado)
¡Cielos! Seguid.
Doña Ana: Con sigilo a mí se acerca y pretende abrazarme;
intento de él y de su silueta liberarme,
él me estrecha aún más estando desnudos;
aunque era su tumulto algo tan oscuro,
grito, nadie acude. Con una mano trata de ahogar mi voz
y con la otra me aferra el cuerpo de pasión,
con tal fuerza, que ya me creo vencida ante su olor.
Don Octavio: ¡Pérfido! ¿Y qué paso luego?
Doña Ana: Al final el dolor,
el horror ante tan infame atentado acrecentó,
mi energía bajó, que a fuerza de revolverme,
y de sentir eso y querer retorcerme
y doblarme de ese mezquino abusador,
conseguí soltarme de él y de furor.
Don Octavio: ¡Ay! ¡Respiro!
Doña Ana: Entonces redoblo mis gritos,
pido ¡socorro, socorro, socorro;
el felón huye que entró a mi palacio el pedorro;
audaz, le sigo hasta el bosque espectral para detener a ese demonio,
y paso de perseguida a perseguidora de sus morros,
los cuales no fueron cubiertos cuando me besó del todo,
solo llegó a taparse bien el rostro,
pero quién habrá sido ese alhorro,
que ni me dijo su nombre ese sucio zorro,
que corrió y me hizo eso, de no decoro,
(solo fue así y luego verás quien será ese hombre codorro).
Mi padre acude, quiere desenmascararlo,
pero el ignominioso da su lidia de lo malvado,
que era más fuerte que el pobre anciano,
completó su fechoría dándole muerte,
y así terminando todo sin verlo ya y eso me vence.
Aria
Ahora sabes quién del honor
quiso despojarme,
quién fue el traidor
que me arrebató el padre.
Venganza te pido,
la reclama tu corazón quizá perdonable.
Recuerda la herida
de su mísero pecho,
recuerda el suelo funesto
cubierto de sangre,
cuando veas que decaiga
la ira de tu justo furor escalofriante.
(se va)

Don Octavio: ¡Cómo puedo creer que de tan negro delito sea
capaz un caballero! Debo descubrir la verdad
por todos los medios. Siento en mi pecho,
como esposo y amigo, que el deber me habla a todo los miembros:
desengañarla quiero, o vengarla así sea mi muerte en eso.

Aria

De su paz depende la mía,
lo que a ella complace me devuelve la vida,
lo que a ella disgusta muerte me da.
Si ella suspira, también yo suspiro más;
mía es su ira, su llanto es mío;
no tengo yo dicha si le falta en su espíritu .
(se va)

Leporello: De una vez por todas debo abandonar
para siempre a este loco... Aquí está:
¡mira con qué indiferencia se acerca!,
pero sucede algo en otra lejanía para nuestra miseria.
Don Giovanni:¡Mi buen Leporello¡ ¿Va todo bien?
Leporello: ¡Mi buen Don Juanito! ¡Todo va mal!
Don Giovanni: ¿Cómo que va todo mal?
Leporello: Fui a casa, como vos me ordenasteis,
con toda aquella gente y hablé.
Don Giovanni: ¡Bravo! ¡Bravo!,
siempre hacéis caso a lo que os mando!
Leporello: A fuerza de cháchara, zalamerías y mentiras,
que tan bien he aprendido estando con vos de perfidia,
trato de entretenerlos...
Don Giovanni:¡Bravo!
Leporello: Le digo mil cosas a Masetto para aplacarlo,
para apartar los celos de su mente amo.
Don Giovanni: ¡Bravo, a fe mía!
Leporello: Hago que beban los hombres y las mujeres.
Cuando están medio borrachos, unos cantan siempre,
otros bromean, otros siguen bebiendo asiduamente...
y en lo mejor, ¿quién creéis que aparece?
Don Giovanni: ¡Zerlina!
Leporello: ¡Bravo! ¿Y quién viene con ella?
Don Giovanni: ¡Doña Elvira!
Leporello: ¡Bravo! ¿Y qué dice de vos?
Don Giovanni: Todo lo malo que le vino a la boca,
porque ella es así de loca.
Leporello:¡Bravo, a fe mía!.
Don Giovanni: ¿Y tú qué hiciste?
Leporello: Me callé
Don Giovanni: ¿Y ella?
Leporello: Siguió gritando.
Don Giovanni: ¿Y tú?
Leporello: Cuando me pareció que se había desahogado,
suavemente la conduje fuera del huerto vesánico,
con habilidad cerré la puerta con llave
y me escabullí dejándola solita en la calle.
Don Giovanni: ¡Bravo, bravo, archibravo! El asunto no puede
ir mejor. Tú empezaste y yo sabré terminar de gran sabor.
Me interesan demasiado esas campesinas;
quiero entretenerlas hasta que llegue la noche de lira.

Aria

Para que el vino proteja fogoso sus cabezas,
haz que preparen una gran fiesta.
Si encuentras en la plaza a alguna doncella,
intenta también contigo traértela.
Sin orden alguno les haces bailar:
un minueto, una folía de majestuosidad,
una alemanda; la danza da igual.
Y yo, entre tanto, aprovechándome,
con unas y otras podré flirtear.
¡Ah, mi lista, mañana por la mañana,
con una decena habréis de aumentar!,
y así creceré como en Francia en todos los países más.
(se van)

(Jardín con dos puertas cerradas
con llave por fuera. Dos templetes)
Zerlina: Masetto, escuchadme... Masetto, te digo...
Masetto: No me toquéis sois indigno.
Zerlina: ¿Por qué?
Masetto: ¿Y me preguntáis por qué? ¡Pérfida!,
¿He de soportar el tacto de una mano infiel perversa?
Zerlina: ¡Ah, no! Calla, cruel, no me merezco
que me tratéis así.
Masetto: ¿Cómo? ¿Y aún os atrevéis a disculparte así?
¡Estar a solas con un hombre!
y quizá por mi pienso es un demontre,
¡Abandonarme el día de mi boda!,
esperando ese día jubiloso a mí esposa,
y ni veniros siento vidorria,
sabéis que es no tenerte y ni vuestro aroma.
¡Poner en la frente de un honrado aldeano esta marca de infamia!.
¡Ah!, si no fuese por el escándalo me mata y me desgarra,
Zerlina: Pero si estoy libre de culpa,
yo misma fui por él engañada de injuria;
y además ¿qué teméis?. Tranquilízate teatrero,
vida mía: no me tocó ni la punta de los dedos.
¿No me creéis?, ¡Ingrato! de lo fiero. Ven aquí, desahógate,
mátame, haz conmigo lo que os plazca entonces,
pero luego, Masetto mío, hagamos las paces en el verde monte.

Aria

Dale, pégale, guapo Masetto,
a tu pobre Zerlina;
aquí me quedaré cual corderita,
estaré esperando tus golpes.
Dejaré que me arranquéis el pelo a jalones,
dejaré que me saquéis los ojos,
y tus queridas manitas
contenta sabré besar después.
Tendrás a haber hecho de alegría,
sin saber luego que hacer.
¡Ah, pero ya veo, no serías capaz!
Paz, paz, vida mía,
con gusto y alegría
noche y día vamos a pasar.
(se va)

Masetto: ¡Fíjate cómo ha sabido contentarme esta bruja!.
¡Somos unos ingenuos y unos blandengues en la lucha!
Don Giovanni: (desde dentro)
¡Preparadlo todo para una gran fiesta!,
¡quiero que sea inmensa!
Zerlina (regresando)
¡Ah, Masetto! ¿oyéis la voz del señor caballero?,
el hombre ese que anda siempre de un tumulto fiero.
Masetto: Y bien, ¿qué pasa?
Zerlina: Que vendrá...
Masetto: Deja que venga y ya.
Zerlina: ¡Ah, si hubiera algún hueco por donde escapar!
Masetto: ¿De qué os asustáis? ¿Por qué palideces?
¡Ah, entiendo, bribonzuela!,
Teméis que comprenda lo que ha habido entre vosotros maléfica, .

Final

Rápido, antes de que venga,
me esconderé en algún sitio que no me vea;
aquí escondido en el templete,
quietecito me voy a quedar enteramente
Zerlina: Oye, oye ¿Adónde vais?
¡Ah, no te escondáis!, ¡Masetto!
Si os encuentra, pobrecito la, la, la, la,
tú no sabéis de lo que es capaz.
Masetto: Que haga y que diga lo que quiera,
eso no me importa solo veré su silueta.
Zerlina: (en voz baja)
¡Ah, de nada sirven las palabras!,
así que mejor sal de esa glorieta,
tengo certeza que mirará vuestra silueta.
Masetto: Habla más alto y quédate aquí.
Zerlina: ¿Qué tonterías se han metido en tu cabeza?
Masetto: (aparte)
Sabré si me es fiel
y hasta dónde llegó la cosa en su ser.
(Entra en el templete)
Zerlina: (aparte)
¡Qué ingrato, este hombre cruel!
busca hoy su perdición de una vez.
Don Giovanni: ¡Venga! ¡Despertaos mis valientes!
¡Venga! ¡Animaros, buena gente!.
Queremos pasarlo bien siempre,
queremos reír y bromear,
y tan solo que divertirse y florear.
(a los criados)
Hasta la sala de baile
conducid a todos ellos,
y ofrecedles
un abundante refrigerio.

Criados ¡Vengáis!. Despertaos mis valientes, etc.

Zerlina: Escondida entre estos árboles
puede ser que no me vea,
ese hombre a mí que temo en los acordes.
Don Giovanni: Mi graciosa Zerlinetta,
ya os he visto, no os escapéis bella.
(la sujeta)
Zerlina:¡Ah, dejadme marchar...
Don Giovanni: ¡No, no, quédate, preciosa s va a gustar!
Zerlina: si os queda piedad en el corazón!
Don Giovanni: ¡Sí, bien mío!. Soy todo amor...
Acércate un poco, aquí mismo os daré calor,
os voy a hacer feliz,
sin tener en la piel cicatriz.
Zerlina (aparte)
¡Ah, como vea mi esposo,
yo sé bien de lo que es capaz ese mostro.
(Don Juan abre el templete
y descubre a Masetto)
Don Giovanni: ¡Masetto!
Masetto: Sí, Masetto.


Don Giovanni (un poco confuso)
¿Qué hacéis ahí encerrado?,
¿Por qué estaros ahí me parece raro?
Tu hermosa Zerlina,
no puede, pobrecilla,
pasar más tiempo sin ti en la vida.
Masetto (irónico)
Ya lo comprendo, señor,
seguramente deciros lo fiel de la palabra de tu voz.

Don Giovanni: Alegraos, entonces.
(se oye una orquesta en la lejanía)
¿Escucháis a los músicos de grandes olores?
Venid ahora conmigo,
y disfrutemos de este maravilloso entonces.
Zerlina, Masetto: Sí, sí, alegrémonos
y a bailar con los demás de regodeo,
vayamos los tres de este mejor momento.
(se van)

(Va anocheciendo. Aparecen Don Octavio,
Doña Ana y Doña Elvira, enmascarados)

Doña Elvira: Debemos tener valor,
queridos amigos míos
y así podremos descubrir a lo peor,
sus viles fechorías de terror.
Don Octavio: Nuestra amiga dice bien,
conviene tener valor;
aleja, vida mía,
la angustia y el temor.
Doña Ana: La empresa es peligrosa,
pueden surgir complicaciones malosas.
Temo por mi querido esposo de mi gloria,
y por nosotras también en la historia.

Minueto

Leporello (abriendo la ventana)
Señor, fijaos un poco,
¡qué máscaras tan elegantes!
Don Giovanni (en la ventana)
Hazlas pasar a lo memorable,
diles que nos hagan ese honor.
Doña Ana, Doña Elvira, Don Octavio (aparte)
Por el rostro y por la voz
se descubre al traidor.
Leporello: ¡Pst, pst! ¡Señoras máscaras!,
pasaros al final de la casa.
Doña Ana, Don Octavio (a Leporello)
Vamos, responded.
Leporello: Pst, pst...
Don Octavio: ¿Qué deseáis?
Leporello: Al baile, si les place,
les invita mi señor elegante,
al final por favor.
Don Octavio: Gracias por tal honor.
(aparte) Entremos mis bellas amigas al fóculo del traidor.
Leporello (aparte)
También a éstas nuestro amigo
intentará enamorarlas,
no le importa ser como es tan indigno,
solo quiere disfrutar de su carne y su alma.
(entra y cierra la ventana)

Doña Ana, Don Octavio:
Que el justo cielo proteja
el celo de mi corazón.

Doña Elvira: Que el justo cielo vengue
mi traicionado amor.
(Entran)
(Sala en la casa de Don Juan, iluminada y
arreglada para una gran fiesta de baile)
Don Giovanni: Descansad, encantadoras muchachas.
Leporello: Bebáis algo, apuestos jovencitos.
Don Giovanni, Leporello: Volveréis pronto a hacer locuras.
volveréis a divertiros y a bailar de galanura.
Don Giovanni: ¡Eh, café!
Leporello: ¡Chocolate!
Don Giovanni:¡Sorbetes!

Masetto (en voz baja a Zerlina)
¡Ah, Zerlina, ten sensatez!
Leporello: ¡Pastelitos!
Zerlina, Masetto (aparte)
Demasiado dulce comienza la escena;
amargamente podría terminar de pena.
Don Giovanni (acariciando a Zerlina)
¡Qué guapa eres, chispeante Zerlina!,
¡aquí dentro de mi tú solo lo agitas!.
Zerlina: Sois muy amable,
por esas palabras hombre apreciable.
Masetto (aparte, furioso)
¡Le gusta a la bribona!,
Estoy seguro, se nota en sus miradas locas,
que hasta aquí llega su aroma,
y no hay otras señas que de esa forma,
la cual no me parece como ellos de graciosa.
Leporello: (imitando a su amo)
Son estupendas, Giannotta, Sandrina,
vuestra lindura es como la artemisa,
y no digo mentiras, se nota en tu retina.
Masetto (para si, mirando a Don Juan)
¡Como la toquéis, os corto la cabeza!,
y eso júralo vosotros en certeza.
Zerlina (aparte)
Me parece que Masetto está alterado,
esto se está poniendo muy feo con este hombre despreciado.
Don Giovanni, Leporello (aparte)
Me parece que Masetto está trastornado,
habrá que usar la cabeza.
Masetto (aparte)
¡Le gusta a la bribona! ¡Me quieres desesperar!,
¡no veis como estoy que quiero gritar!

Leporello ¡Adelante, pasad, graciosas máscaras!
Don Giovanni: ¡Sed todos bienvenidos, viva la libertad!
eso que es mejor que la hermandad,
mentira viva la libertad celestial.
Doña Ana, Doña Elvira, Don Octavio:
Agradecemos tantas muestras de generosidad.
Todos: ¡Viva la libertad!
Don Giovanni: ¡Volved a tocar!
(a Leporello)
Tú, ve formando las parejas,
y que queden muy buenas.
(Don Octavio baila el minueto con Doña Ana)
Leporello: ¡Animaos y bailad!,
que esto es para reír y cantar!
Doña Elvira (a Doña Ana)
Aquella es la campesina.
Doña Ana (a Don Octavio)
¡Yo me muero!
Don Octavio (a Doña Ana)
¡Disimulad!
Don Giovanni, Leporello: ¡En verdad, esto va bien!
Masetto: (con ironía)
¡En efecto, esto va bien!
Don Giovanni: (a Leporello)
Vigila a Masetto,
no quiero que haga algo de enfrentamiento,
o de descuido me haga algo ese hombre necio y terco,
y por supuesto lleno de enjambres de celos.
(a Zerlina)
Yo soy tu pareja,
bailaremos en esta divina fiesta,
quiero estar junto a ti belleza
Zerlina ven conmigo,
olerte en ese círculo de baile será divino
(empieza a bailar una contradanza con Zerlina)
Leporello (a Masetto)
Pobrecito ¿No bailáis?.
Ven aquí, querido Masetto,
hagamos como los demás que bailan.
(hace bailar a la fuerza a Masetto)
Masetto: ¡No, no quiero bailar!.
Leporello: ¡Vamos, baila, amigo mío o ponte a desfilar!
Masetto: ¡No!
Leporello:¡Sí, querido Masetto!
Doña Ana (a Don Octavio)
¡No aguanto más!.
miraos como están.
Él es así de leviatán,
¿por qué razón se porta así él de maldad?,
¿por qué, por qué?
Doña Elvira, Don Octavio (a Doña Ana)
¡Seguid fingiendo, por piedad!,
esperad un rato más,
calmaos por favor,
no veis que si no se descubrirá.
Don Giovanni: ¡Ven conmigo, vida mía!,
vamos os necesito mucho querida.
(bailando y dirigiendo hacia fuera a Zerlina)
Masetto: ¡Déjame! ¡Ah no! ¡Zerlina!,
(se suelta de las mano de Leporello
y va tras Zerlina)
Zerlina: ¡Cielos! ¡Estoy perdida!,
y más que en mis sentidos confundida.
Leporello: Aquí va a ocurrir una desgracia.
(sale)
Doña Ana, Doña Elvira, Don Octavio:
El malvado, por sí solo, en la trampa va a caer.
Zerlina (desde fuera)
¡Que alguien me socorra!,
¡me siento rara y sola!.
Doña Ana, Doña Elvira, Don Octavio:
¡Socorramos a la inocente!,
necesita de ahora de nosotros amablemente.
(Los músicos se marchan)
Masetto: ¡Ah, Zerlina!,
dónde estás querida
Zerlina (desde fuera)
¡Malvado!
Doña Ana, Doña Elvira, Don Octavio:
¡Ahora grita por aquel lado!
¡Echemos abajo la puerta,
y veamos que pasó en ese costado!.
Zerlina:¡Socorredme o me muero!
Doña Ana, Don Elvira, Don Octavio, Masetto:
¡Aquí estamos para defenderte!,
no os vamos a dejar sola campesina inocente.
Don Giovanni (sale empuñando la espada y agarrando
del brazo a Leporello y fingiendo que no
puede desenvainarla para herirlo)
¡Aquí está el canalla que te ha ofendido.
Yo le daré su castigo! ¡Muere, malvado!
Leporello; ¡Ah! ¿Pero qué hacéis?
Don Giovanni:¡Muere, os digo y no habléis!
Don Octavio (con una pistola en la mano)
No lo esperéis...
Doña Ana, Don Elvira, Don Octavio (aparte)
El miserable cree que con tal ardid
puede encubrir su inmoralidad,
y las cosas no son así
ahora tendréis lo turulato de verdad.
(se quitan las máscaras)
Don Giovanni:¡Doña Elvira!
Doña Elvira:¡Sí, malvado!
Don Giovanni:¡Don Octavio!
Don Octavio: ¡Sí, señor!
Don Giovanni (a Doña Ana)
Ah, ¿Creéis...?
Todos: (menos Don Juan y Leporello)
¡Traidor! ¡Todo se sabe ya!,
que pensáis hacer ahora ¡ja,ja,ja!
¡Tiembla, tiembla, miserable!.
¡Irte de aquí ya hombre no apreciable!,
¡pronto el mundo entero conocerá
tu horrible y negra fechoría,
vuestras actuaciones de maldad,
tu feroz crueldad!.
Escucha el trueno de la venganza,
os sucumbís hasta el alma,
no tiene nada solo un merecido en tus entrañas,
como resuena cerca de ti,
ese trueno sobre tu cabeza en este día,
su rayo caerá de elegía.

Leporello: Su cabeza está confusa,
ya no sabe lo que se hace en la ruta,
y una horrible tempestad sobre él,
¡oh Dios!, se está ciñendo el ser,
más no le falta valor,
no se pierde ni se confunde de su rumor,
aunque ahora se hundiese el mundo,
nada le atemorizaría a este señor.
Don Giovanni: Mi cabeza está confusa,
ya no sé lo que me hago de injuria,
y una horrible tempestad
sobre mí, ¡oh Dios, se está ciñendo!,
más no me falta el valor,
porque siempre lo huelo,
no me pierdo ni me confundo.
aunque ahora se hundiese el mundo,
nada me atemorizaría.

Una calle, delante de una hostería al final
de la tarde. Poco a poco anochece.

Don Giovanni ¡Basta ya, mentecato, no me fastidies!
Leporello: No, no amo, no quiero quedarme ni haceros caso,
por haber hecho algo tan perverso y malo.
Don Giovanni: Escúchame, amigo...
Leporello:¡Os digo que me voy!,
y no me detengáis porque me voy hoy.
Don Giovanni: Pero, ¿qué os he hecho yo
para que quieras dejarme?
Leporello: No habéis hecho nada,
¡casi matarme!.
Don Giovanni: Mira que eres necio.
y quizá un poco tonto y zopenco,
pero no quise hacer eso,
a vos yo criado le aprecio.
Fue una broma.
que hice para huir de las cosas.
Leporello: Pues, yo no bromeo:
quiero irme, a otro lado y poder reírme.
Don Giovanni:¡Leporello!
Leporello: Señor.
Don Giovanni: Ven aquí, hagamos las paces: ¡Toma!
os ofrezco esto a vos de honra.
Leporello: ¿Qué?
Don Giovanni: (le da unas monedas)
Cuatro doblones
para que me perdones.
Leporello: Escuchadme: por esta vez
acepto el trato, pero no os acostumbréis,
no creáis que podéis seducirme,
a lo que queráis hacer.
(cogiendo la bolsa)
con dinero como a las mujeres,
Don Giovanni:¡No hablemos más de ello!,
¿Serás capaz de hacer lo que os diga?,
en una orden que necesite criado de mi alma amiga.
Leporello: Mientras que nos dejemos de mujeres...
Don Giovanni:¿Dejar a las mujeres? ¡Qué locura!,
eso fuese una hiriente lanza en tu carne ceñuda.
¡Sabéis que para mí son más necesarias que el
pan que como, más que el aire que respiro, son todo!
Leporello: ¿Aún siendo capaz de engañarlas a todas?
Don Giovanni: ¡Soy todo amor!,
les entrego a ellas lo mejor.
Quien a una sola es fiel,
con las demás es cruel;
yo, que en mí siento
tan profundo sentimiento,
las quiero a todas.
Aquellas que creen ver en esto un daño,
a mi buen natural llaman engaño.
Leporello: Jamás he visto natural tan considerado
y benigno. Y bien, ¿qué queréis?
Don Giovanni: Escuchad. ¿Has visto a la doncella de Doña Elvira?
Leporello: ¿Yo? No.
Don Giovanni: Entonces no has visto cosa preciosa,
con su boca que a mí me vuelve hasta el alma loca y dichosa;
mi querido Leporello; ahora gracias a ti
voy a probar mi suerte con ella y he pensado,
puesto que está anocheciendo
y para estimular más su deseo,
presentarme ante ella con tu vestimenta.
Leporello:¿Y por qué no podéis
presentaros con la vuestra?
Don Giovanni: Tiene poco crédito con gente de tal
rango ir vestido de distinguida manera.
(se quita la capa)
¡Date prisa, vamos!
Leporello: Señor, por muchas razones...
Don Giovanni:(enfadado)
¡Ya basta! ¡No soporto que me contradigan!
(se cambian de ropa)

(Poco a poco cae la noche)

Doña Elvira (en la ventana de la hostería)
¡Ah, calla, injusto corazón!
¡No palpitéis en mi pecho de ardor!

Es un impío, un traidor,
es un error sentir piedad de él.
Leporello (en voz baja)
¡Callad! Oigo, señor,
la voz de Doña Elvira de dolor..
Don Giovanni: Aprovecharé la ocasión,
escóndete por ahí...
(se esconde detrás de Leporello y dice)
¡Elvira, ídolo mío...!,
¡Gran ídolo mío!
Doña Elvira: ¿No es ése el ingrato?
Don Giovanni: Sí, vida mía, soy yo no lo grato,
y os pido perdón.
Doña Elvira (aparte)
¡Dios mío, qué extraño sentimiento
se despierta en mi pecho!,
por ese hombre pidiéndome eso,
Dios dadme fuerza os ruego.
Leporello (aparte)
¡Ya veréis como la loca
es capaz de creerle de nuevo!,
a lo que decís con un perdón el hombre fiero,
y despiadado de almas en juegos.
Don Giovanni: ¡Bajad aquí, preciosa mía,
veréis cómo sois vos la única de mi vida!,
a quien adora mi alma: arrepentido estoy,
os pido Elvira de mi gran diáfano amor.
Doña Elvira:¡No, no te creo, bárbaro!,
has sido un hombre muy insólito y malvado.
Don Giovanni (con énfasis, casi llorando)
¡Ah, créeme o me mato!,
¡Ídolo mío, ven aquí os necesito en mi corazón romanceado!
Leporello (en voz baja a Don Giovanni)
¡Si seguís así, me dará risa!.
Sé otro y demuestra la fidelidad en su retinas.
Doña Elvira (aparte)
¡Dioses, en qué dilema me encuentro!
¿Voy o aquí me quedo?,
es el hombre que quiero pero no quiero sufrir de nuevo.
¡Ah! Proteged mi confianza,
por favor no quiere volver a llorar mi alma.
Don Giovanni (aparte)
¡Espero que pronto consienta!,
y le daré muchas arias de dulces poemas,
ese será el precio solo para tenerla de riqueza.
¡Este es un buen golpe de efecto!,
más fértil que el mío no puede haber talento.
Leporello (aparte)
Sus labios embusteros,
que son tan maléficos,
la vuelven a seducir.
¡Oh dioses!, ¡proteged su confianza!,
y su tenue y evanescente alma
Don Giovanni: ¿Qué os parece, amigo?
Leporello: Me parece que tenéis el alma de bronce,
Don Giovanni: ¡En verdad, que bobo eres!
Escucha bien: cuando ella llegue,
corre a abrazarla de alegría, hazle cuatro caricias,
finges mi voz y luego, con habilidad,
trata de llevártela a otro sitio de creatividad.
Leporello: Pero, señor...
Don Giovanni:¡Basta de réplicas!

Leporello: Pero, ¿y si me reconoce?,
Don Giovanni: No os reconocerá si tú no quieres.
¡Silencio! ¡Ya abre! ¡Ea, sé prudente y vence!
(se aparta de allí)

Doña Elvira:¡Aquí me tenéis!
Don Giovanni (aparte)
Veamos qué hace,
o quizá le satisface,
y es un logro de clase.
Leporello (aparte)
¡Qué embrollo!,
pasa aquí del todo,
es todo un rollo.
Doña Elvira: ¿Podré creer que mis lágrimas hayan
conquistado este corazón?,
que seáis tú de verdad ya mí amor,
¿Qué arrepentido, mi amado Don Giovanni, a su deber
y a mi amor regresa?,
Leporello (cambiando la voz)
¡Sí querida!,
Doña Elvira: Así sin disturbio será grandeza,
como tocar al reino de Dios de nobleza,
será, espero amor de la fría dolencia.
¡Cruel, si supierais cuántas lágrimas
y cuántos suspiros me habéis costado.
Leporello:¿Yo, vida mía?
Doña Elvira: Vos.
Leporello:¡Pobrecita! ¡Cuánto lo siento!
Doña Elvira: ¿Volveréis a huir de mí?
Leporello: No, cara bonita,
de ti jamás mi alma en mis entrañas tejidas.
Doña Elvira:¿Seréis siempre mío?
Leporello: Siempre, siempre tuyo angelito.
Doña Elvira: Mi bien amado!
Leporello:¡Mi bien amada!
(aparte)
Me gusta esta burla,
ser así en alma de lo vil y oscura.
Doña Elvira:¡Mi tesoro!
Leporello:¡Mi Venus!
Doña Elvira: Por vos soy toda fuego.
que en ti estaré ardiendo,
de noches entre el níveo cielo.
Leporello: Y yo todo ceniza,
sois la que llenará de vida.
Don Giovanni (aparte)
El bribón se está calentando,
y lo hace tan copado
que lo disfruta en lo alto.
Doña Elvira: ¿Y no me engañaréis?
Leporello: No, seguro,
(aparte) Pero todo es bruto y oscuro..
Doña Elvira: Juradlo.
Leporello: Lo juro por esta mano
que beso con ardor y por estos bellos luceros,
que son tan iguales como tus ojos azulejos.
Don Giovanni (fingiendo que está matando a alguien)
Ah! eh! ih! ah! ih! ¡Ah, estás muerto!,
Doña Elvira, Leporello:¡Oh, dioses!
(huyen)
Don Giovanni:¡Ja, ja! Parece que la suerte me acompaña.
Veamos; las ventanas son ésas. Cantemos ahora de magia,
y porque soy la presagia de mí alma,
a pesar de tener un mal que me devora de llamas,
que no diré sino al final de mis letras que claman.

Canzonetta

(canta acompañándose de una mandolina)
Asómate a la ventana, mi tesoro,
ven a consolar mi llanto.
Si te niegas a darme bálsamo,
ante tus ojos quiero morir amando.
Tú, que tienes la boca más dulce que la miel,
tú, que de azúcar tienes lleno el corazón y tu piel.
¡No seáis, bien mío, cruel conmigo:
déjame al menos verte, mi bello amor del delirio!
Don Giovanni: Hay alguien en la ventana: puede que sea ella.
¡Pst! ¡Pst!
Masetto (llega armado de mosquete y pistola, le
acompañan campesinos con fusiles y palos)
No desfallezcamos;
el corazón me dice que le encontraremos,
así busquemos hasta el último pueblo.

Don Giovanni (aparte)
¡Alguien habla!
Masetto(a los campesinos)
¡Quieto! Me parece que hay alguien por ahí.
Don Giovanni (aparte)
Si no me equivoco, es Masetto.
Masetto: ¿Quién va?
(a sus compañeros)
No responde. ¡Venga, preparad las escopetas!
(con voz más alta)
¿Quién va?

Don Giovanni (aparte)
No está solo; iré con cuidado,
Para que no me mire ese desgraciado.
(intenta imitar la voz de Leporello)
Amigos… (aparte)
No quiero que me descubran.
(con voz más alta)
¿Eres tú, Masetto?
Masetto: El mismo. ¿Y tú?
Don Giovanni: ¿No me conoces?
Soy el criado de Don Juan.
Masetto: ¡Leporello! ¡El criado de ese indigno caballero!,
al cual despojaré con lo más fiero, y del poder que tengo.
Don Giovanni: Cierto, de ese bribón,
el que hace mal las cosas de gozo y destrucción.
Masetto: De ese hombre sin honor,
¡Ah! dime, ¿dónde podemos encontrarlo?.
Le estamos buscando para matarlo.
Don Giovanni (aparte)
¡Qué tontería!,
lo que dicen estos de amenaza en lidia,
dan es lástima muchachitas.
(en voz alta)
¡Estupendo, Masetto! Me uno a vosotros
para dar su merecido al bribón de mi amo.
Escuchad ahora cuál es mi plan despiadado.

Aria
(señalando hacia la derecha)
La mitad de vosotros irá por allí,
(señalando hacia la izquierda)
y el resto por allá.
Buscadlo con sigilo,
no debe andar lejos de aquí el indigno.
Si veis un hombre y una muchacha
paseando por la plaza,
si bajo una ventana,
oís hablar de amor,
atacad sin miedo, atacad de furia y rencor,
pues será mi amo,
y de una vez matadlo.
Lleva puesto un sombrero
con blancos penachos,
lo cubre una gran capa
y ciñe espada al flanco.
¡Vamos, marchaos pronto!
(los campesinos se van. A Masetto)
Sólo tú vendrás conmigo.
Nosotros haremos el resto amigo:
ya verás de qué se trata.
(se lleva a Masetto aparte)
Don Giovanni:¡Silencio, déjame oír! ¡Magnífico!

(se cerciora de que los campesinos
se han alejado)
¿Así que debemos matarlo?
Masetto: ¡Por supuesto!
Don Giovanni:¿Y no os bastaría con romperle los huesos,
molerle las espaldas con tus golpes de lo protervo?
Masetto: No, quiero cargármelo y hacerlo cien pedazos,
que sufra y sucumba de llantos, de cabizbajos sus encantos.
Don Giovanni: ¿Tienes buenas armas?
Masetto:¡Faltaría más!.
Tengo este mosquete y además, esta pistola,
así será su muerte en cada segundo hasta que termine las horas.
(da el mosquete y la pistola a Don Giovanni)
Don Giovanni:¿Y qué más?
Masetto: ¿No basta?
Don Giovanni: ¡Claro que basta!. ¡Ahora toma!,
quien es el que estará tirado en el suelo de derrota.
(golpea a Masetto con el lomo de la espada)
¡Esto por la pistola y esto por el mosquete...!,
¡sufre ahora tú por meterte con este jovenete!,
notaros a vos en el suelo es vencerte,
solo siendo lo peor que un vejete,
y ante vuestras imágenes soy vuestro zaguanete,
miraos ahora y siempre,
o que le trove de pavura de lo villancete,
y lo peor sin saberos vos quien soy zoquete
hasta vedme quien soy ni en los cachetes,
los cuales si tocáis serán agrestes,
y de mis bizarrías de socarronería,
hasta de lo que me dicta, soy bellaquería,
soy solo yo quien actúa y camina,
de la viveza vivaz hago lo que sea y gritas,
solo veros de semblante que da morriña
que en silencio de duda eres la sodomía,
y gozo miserable de la vida.

Masetto: ¡Ay, ay! ¡Socorro!,
me tiene lo más espantoso.
Don Giovanni: ¡Calla o te mato! ¡Esto por cargártelo
y esto por querer despedazarme!,
sufre ahora tú lo irrespirable.
¡Villano! ¡Bellaco! ¡Cara de perro!,
os dejo así como si fueseis lo lastimero.
(Masetto cae al suelo, Don Giovanni se va)

Masetto: ¡Ay, mi cabeza! ¡Ay, ay, la espalda y el pecho!,
me duele mucho, ese miserable me ha hecho esto,
Zerlina: Me parece escuchar la voz de Masetto.
Masetto: ¡Oh Dios, Zerlina mía, socorro!,
me ha hecho daño me siento horroroso,
Zerlina: ¿Qué os ha pasado?
Masetto: ¡El inicuo, el ruin me ha roto huesos y nervios!
Zerlina:¡Ay, pobre de mí! ¿Quién?
Masetto: ¡Leporello! O algún diablo que se le parece.
Zerlina: ¡Qué cruel! ¿No os dije que con esos
malditos celos tuyos acabaríais mal mi cielo,
¿Dónde te duele?
Masetto: Aquí
Zerlina: ¿Y dónde más?
Masetto: Aquí y también aquí.
Zerlina: ¿No os duele en ningún otro sitio?
Masetto: Me duele un poco este pie,
este brazo y esta mano.

Zerlina: Vamos, no es gran cosa, si el resto está sano.
Vente conmigo a casa y si me prometéis
ser menos celoso, yo os curaré mí amado,
mi querido esposo, os adoro, mi dulce tesoro.

Aria

Veréis, bonito,
si eres buenecito,
qué buen remedio
os voy a dar.
Es natural,
no sabe mal
y el boticario
no lo sabe preparar.
Es cierto bálsamo
que llevo conmigo,
dártelo puedo,
si lo quieres probar.
¿Quieres saber
dónde lo tengo?
Siéntelo latir,
tócame aquí.
(le acerca la mano al corazón, luego se van)

(Casa de Doña Ana. Un atrio oscuro
con tres puertas)
Leporello (fingiendo la voz de su amo)
Se acerca el resplandor de muchas antorchas;
quedémonos aquí, mi bien, hasta que se alejen
mi bella rosa.
Doña Elvira: Pero, ¿qué temes adorado esposo mío?
Leporello: Nada, nada... Simple precaución,
quiero ver si las luces se han alejado amor.
(aparte)
¡Ah!, ¿cómo podré librarme de ella?,
ahora que me tiene la dulce y endiosada doncella.
(en voz alta)
Quédate ahí, alma mía.
Por favor !sí querida!.
(se aleja)
Doña Elvira: ¡Ah, no me dejéis!,
¡porque vos me pertenecéis!,
no me hagáis esto mi jovenete.

Sexteto
Sola, sola en tan oscuro lugar
mi corazón siento latir,
y me asalta tal temor ya
que me parece morir.
Leporello (avanzando a tientas, para sí)
Por más que busco no encuentro
esa condenada puerta;
donde está que quiero salir.
Poco a poco, ¡la encontré!
es el momento de huir.
(se equivoca de puerta. Entran Doña Ana
y Don Octavio vestidos de luto)
Don Octavio: Enjuga tus lágrimas, vida mía,
y calma tu elegía.
La sombra de tu padre
pena sentirá de tu tormento,
hazle ver mejor tu amor entero.
Doña Ana: Deja al menos a mi pena
este pequeño consuelo;
sólo la muerte, tesoro mío,
puede acabar con mi llanto de este destino,
no lo olvidéis durante las sendas cariño.
Doña Elvira (sin ser vista)
¡Ah! ¿Dónde está mi esposo,
a dónde se fue mi tesoro?.
Leporello (desde la puerta, sin ser visto)
¡Si me encuentran, estoy perdido!,
mejor me esconderé mejor para no ser visto.
Doña Elvira, Leporello:
Allí veo una puerta. A hurtadillas me iré,
voy a ir para ver.
(Leporello, al salir, se encuentra de cara
con Masetto y Zerlina)
Zerlina, Masetto:
¡Detente, bribón! ¿Adónde marcháis?,
os estamos hablando escuchad.
(Leporello se esconde la cara)
Doña Ana, Don Octavio:
¡Aquí está el canalla!,
sabéis que estamos en batalla.
¿Cómo ha llegado aquí?
Doña Ana, Zerlina, Don Octavio, Masetto:
¡Ah, muera el pérfido que me ha traicionado!,
sucumba el felón que ha tergiversado
Doña Elvira: ¡Es mi marido! ¡Piedad!,
¡por favor no le hagáis nada en verdad!,
¡por favor, por favor bondad!
Doña Ana, Zerlina, Don Octavio, Masetto:
¿Es Doña Elvira a quien veo?
¡Apenas puedo creerlo!.
¡No, no, morirá ese vil protervo!
(Cuando Don Octavio se dispone a matarlo,
Leporello se descubre y se pone de rodillas)
Leporello (casi llorando)
Perdón, perdón, señores míos.
No soy quien creéis, ella se equivoca, soy libertino.
¡Dejadme vivir, por caridad se los pido!

Todos (excepto Leporello)
¡Cielos! ¡Leporello! ¿Qué es esta delusoria?
turulato/a estoy... ¿Qué pasará ahora?
Leporello (aparte)
Mil belicosos pensamientos
dan vueltas en mi cabeza;
si me salvo de este tifón
será una grandeza.
Todos (excepto Leporello)
Mil turbulentos pensamientos
dan vueltas en mi cabeza.
¡Qué jornada, cielos, ésta!
¡Qué imprevista novedad , bestia!
(Doña Ana se va)
Zerlina: ¡Entonces fuiste tú quien hace un momento
maltrató cruelmente a mi Masetto!,
fuisteis tú sí o no, dilo necesito saberlo.
Doña Elvira: ¡Entonces tú, malvado, me engañaste
haciéndote pasar por Don Giovanni!
Don Octavio: ¡Entonces has venido así vestido
para cometer alguna fechoría!,
hablad quiero saber tus otras engañifas.
Zerlina: Debo castigarle
para que no olvide este hombre sin clase.
Doña Elvira: No, yo lo haré.
Don Octavio: No, no, seré yo.
Masetto: Vamos a cargárnoslo entre los cuatro,
y veremos qué hacemos con este inadecuado.

Aria
Leporello:¡Ah, piedad, por favor señores míos!
os doy la razón a vos y a ella,
pero el delito no es mío.
Mi amo, con prepotencia,
la inocencia me arrebató de grandeza,
e hice todo esto de zopenca manera.
(a Doña Elvira)
¡Doña Elvira, compadeceos!
Ya os imagináis lo que sucedió mi cielo.
(a Zerlina)
De Masetto no sé nada enserio,
(señalando a Doña Elvira)
os lo dirá esta joven ahora;
hace más o menos de una hora,
que con ella me paseo de gran aroma.
(a Don Octavio, confundido)
A vos, señor, no os digo nada:
cierto temor, cierto incidente,
por fuera claro, por dentro oscuro,
no hay escondite, la puerta, el muro.
(señala la puerta donde se había
escondido por error)
Lo... el... la..., salgo por ese lado,
luego, oculto aquí, se descubrió la cosa...
¡Pero si llego a saberlo, me escapo por aquí!,
(huye precipitadamente por ahí)
Doña Elvira: ¡Detente, pérfido, detente!,
¡No os vayáis delincuente!.
Volved no seas miserable estúpido jovenete.
Masetto: ¡El granuja tiene alas en los pies!,
ya no se le ve.
.Zerlina: Con qué astucia se ha escapado el truhán,
como si fuese un leviatán,
ha desaparecido al fondo del más allá.
Don Octavio: Amigos míos, después de hechos tan graves,
no podemos dudar que Don Giovanni no sea el malhechor miserable,
el impío asesino del padre de Doña Ana es imperdonable;
quedaos unas horas en esta casa,
voy a presentar denuncia a quien corresponde en alma,
y en breve prometo vengaros,
para que acuerde que con nosotros nadie se mete de lo bellaco.
Así lo exigen el deber, la piedad y el afecto,
que el que se pase reciba su espada en silencio.

Masetto: ya no aguanto esto me iré,
y así me quedaré,
me considero que soy un cobarde,
pero ya me largaré.
Y con mi amada Zerlina por siempre me quedaré,
y la amaré.
(No sale más Masetto se va con su gran amor).
Zerlina: Pero no me agrada ya ese hombre,
quiero vivir en paz,
y ese será mi hombre que amo de ardores,
Masetto por siempre mi divino hombre.
(Zerlina al pasar tanto, decidió igual irse con su amor)

Aria
A mi tesoro, entre tanto,
id a vivificar
y de sus bellos ojos el llanto,
tratad de enjugar.
Decidle que sus agravios
voy a vengar;
y que sólo he de regresar
anunciando la muerte del impío infernal.
(se va Don Octavio excepto Doña Elvira)

Recitativo acompañado y aria
Doña Elvira: ¡En qué plétoras, oh dioses, en que fechorías
montaraces y tremendas está envuelto el malvado de cuchillas!,
porque me siento con tanta ira,
no quería esto en mis minutos de tétricos días.
¡Ah!, no puede ya tardar la ira del cielo, ni la justicia.
¡Ya me parece oír la saeta fatal de esa vira,
precipitándose sobre su cabeza que ella desfila!.
¡Abierto veo el abismo mortal de mi vida!.
¡Pobre Elvira! ¡Qué sentimientos contradictorios surgen en tu corazón de elegía!
¿Por qué estos suspiros y esta desazón?,
se pasa en cada ira de ese malhechor.
Me traicionó su alma ingrata,
infeliz, ¡oh Dios!, me hace, estoy esclavizada y matada.
Pero traicionada y abandonada,
aún experimento piedad por él porque mi alma lo idolatra.
Cuando siento mi tormento de venganza
el corazón me habla,
más si pienso en el peligro que corre de terror,
se aceleran los latidos de mi corazón,
soy solo una tonta que se enamoró
de ese hombre tirano del triste amor.
(se va)


(Un cementerio rodeado por una tapia, con
diversas estatuas ecuestres, entre ellas la del
Comendador)

Don Giovanni (riendo, entra saltando la tapia)
Ja, ja, ja. Ésta sí que es buena,
déjala que me busque ahora.
¡Qué hermosa noche de dulce aroma!
Es más clara que el día de sus rosas.
Sosiego para deambular a la caza de muchachas,
y llevarme a unas cuantas.
¿Es tarde? ¡Oh!, aún no son las dos de la madrugada;
me gustaría saber cómo ha terminado
el asunto entre Leporello y Doña Elvira.
Si él ha sido sensato con esa divina angelita,
o lo han descubierto y matado,
ja, ja, ja que habrá pasado.
Leporello (se asoma por encima de la tapia)
Al final conseguirá mi perdición,
ese hombre que es tan malhechor.
Don Giovanni (aparte)
¡Es él!, le hablaré de una vez.
(en voz alta)
¡Eh, Leporello!,
eres tú verdad criado de mis aposentos.
Leporello (desde la tapia)
¿Quién me llama
de esa manera tan sabia?,
Don Giovanni: ¿No conocéis a vuestro amo?,
al que os ha dado todo lo bueno y no lo malvado.
Leporello: ¡Ojalá no le conociera!,
para ser mejor mi vida que ha tenido saetas.
Don Giovanni: ¿Cómo? ¡Bribón!,
¡cómo me has llamado con ese valor!.
Leporello: ¡Ah!, ¿sois vos? Disculpadme,
no sabía amo de mi crianza sin males.
Don Giovanni: ¿Qué ha sucedido desde que os fuiste contadme?.
Leporello: Por vuestra culpa casi me liquidan en lo despreciable.
Don Giovanni: Y bien, ¿no hubiera sido esto un honor para ti?,
Leporello: Señor, os lo regalo,
no me importa eso ya amo.
Don Giovanni: Ven, acércate, tengo buenas cosas que contarte,
algo que me ha pasado interesante,
y que seguro os gustará al escucharme.
Leporello: Pero, ¿qué hacéis aquí?,
porque dime amo de mí.
Don Giovanni: Entra y lo sabrás.
La mayoría de las aventuras
que he tenido desde que os fuiste te las narraré
en otra ocasión;
ahora sólo os contaré la mejor,
la que me pasó de lo gallardo y de lo primor.
Leporello: Mujeril, claro está.
Don Giovanni: ¿Lo dudáis?. Con una bella muchacha,
joven, galante, por la vía me encontré; me acerco
a ella de una vez, la tomo de la mano, intenta huir a otro lado,
le digo unas palabras y ¿sabes por quién me toma en su pensamiento errado?
Leporello: No lo sé.
Don Giovanni: Por Leporello,
¡tú mismo hombre!. ¿Podéis creerlo?,
que haya sido así de esa manera de lo zopenco.
Leporello:¿Por mí?
Don Giovanni: Por ti.
Leporello: Qué bien.
Don Giovanni: De la mano entonces ella me toma,
y yo sintiéndola como otra más de mis glorias.
Leporello: Mejor aún.
Don Giovanni: Me acaricia, me abraza: «¡Mi querido Leporello!
¡Leporello mío querido de mi cielo etéreo!»
Entonces comprendí
que era alguna de tus beldades,
¡oh sí y que belleza fue ese ángel!.
Leporello (aparte)
¡Ah, maldito!
Don Giovanni: Me aprovecho del engaño,
pero ¡no sé cómo me reconoce de inmediato!,
grita, oigo gente en la lejanía,
salgo corriendo y a toda prisa,
salto esa tapia y aquí me encuentro con vida.
Leporello: ¿Y me lo contáis con tanta desfachatez?,
no os da ni sentimiento contarme eso de esa manera cruel,
no sientes nada así haya sido mía alguna vez.
O que haya hecho con ella siendo mí ser.
O estaros aún de esa dama ilusionado,
¡no os duele ni un poco amo!,
a pesar de ser vuestro criado.
¿Por qué no sois vos mismo villano?.
¡Me quitáis hasta lo más lejano!,
a pesar de no verle ni en sus ojos claros.
Don Giovanni: ¿Por qué no puedo actuar como vos criado?.
Quizá gane algo, no seáis así Leporello,
sea fuerte, no débil zopenco.
Leporello: Pero, ¿y si ella hubiese sido de verdad mi mujer?.
Si hubiese sido el amor que llorara aún de mi oler.
Don Giovanni (riendo a carcajadas,
por la obra que hace este de adolorada).
¡Mejor aún!.
Estatua del Comendador: ¡Dejaréis de reír antes del alba!,
porque veréis que pasará hijo de mis llamas.
Don Giovanni: ¿Quién ha hablado,
con esa voz como del diablo?.
Leporello (muy asustado)
¡Ah!. Será algún alma del otro mundo
que os conoce a fondo,
y por eso habló de lo pavoroso.
Don Giovanni (empuña su espada)
¡Callad, majadero!. ¿Quién va?. ¿Quién va?,
¿Quién sois?. Alzadme al cielo,
o no os atrevéis hombre de miedo.
Estatua del Comendador: ¡Sinvergüenza, insolente!
dejad en paz a los muertos,
porque pronto bajaréis en ese averno.
Leporello (temblando).
¡Os lo dije!,
¿quién será ese vil temible?.
Don Giovanni: Será alguien que desde
fuera se burla de nosotros,
y quiere asustar de esa vil de lo molestoso.
(con indiferencia y desprecio).
¡Eh! ¿No es ésta la estatua del Comendador?.
Lee lo que pone en la lápida por favor.
(y por miedo no quiere leer e inventa algo, por temblor)
Leporello: Disculpadme... no he aprendido a leer
a la luz de la luna,
hazlo vos lee que dice ahí en esa letras oscuras.
Don Giovanni: ¡Os digo que leas!,
¡no me hagáis enojar Leporella!.
Leporello (leyendo)
“Del impío que me llevó al trance final aquí
aguardo la venganza”,
¿Habéis oído? ¡Tiemblo y me recuerda la remembranza!
Don Giovanni: ¡Ah, viejo grotesco!,
tú has sido que ni temor dais viejo feo.
Dile que esta noche le espero a cenar conmigo,
y así le ordeno y decidlo.
Leporello: ¡Qué locura!. Me parece... ¡Oh Dioses fijaos!,
y de lo que mi vista ha solo miraos,
algo que no va agradar por lo malvado,
¡qué miradas tan terribles nos lanza!...
parece vivo... parece que oye esa alma...
y que quiere hablar esa espantosa estatua.
Don Giovanni: ¡Venga, ve para allá!.
¡O te mato aquí mismo ya, y os entierro después ja,ja,jaaa!
Leporello: Calma, calma, señor, ahora obedezco,
haré lo que vos decís sin juego y sin miedo.
Duetto
¡Oh!, estatua gentilísima
del gran Comendador...
(a Don Juan)
¡Amo, me tiembla el corazón,
no puedo, no puedo terminar con la locución!
Don Giovanni: ¡Acaba, o en el pecho
os clavo este acero!,
y sangraréis por teneros a él tanto pavor y miedo.
Leporello (aparte)
¡Qué aprieto, qué capricho!.
¡Se me hiela la sangre, oh Dios mío!
Don Giovanni (aparte)
¡Qué gusto, qué diversión!
¡Quiero hacerle temblar de terror!
Leporello: ¡Oh, estatua gentilísima!,
aunque de mármol seáis...
(a Don Juan)
¡Oh!. Mi amo, fijaos
¡cómo nos sigue mirando!,
sin detener su vista a nuestro sitio congelado.
Don Giovanni: ¡Muere!
Leporello: No, no... ¡Esperad!
(a la estatua)
Señor, por favor mi señor...
entendedlo bien… no yo…
desearía cenar con vos.
¡Ah, qué escena ésta!
(la estatua asiente con la cabeza)
¡Cielos! ¡Inclinó la cabeza!.
Ved nada más como hace él alteza.
Don Giovanni: ¡Anda vete que eres un bufón!,
para todo lloráis como niña de temblor,
y hasta se nota en tu corazón.
Leporello: ¡Mirad otra vez, amo!
Don Giovanni: ¿Y qué debo mirar?,
Leporello, Don Giovanni:
Con la marmórea testa hace así, así.
(Leporello imita el gesto de la estatua)
Don Giovanni (a la estatua)
Hablad, si podéis. ¿Vendréis a cenar?
Estatua del Comendador: ¡Sí!
Leporello: Apenas si puedo moverme…
¡Oh Dios!, las fuerzas me ceden.
¡Por caridad… marchémonos,
vayámonos ya de aquí!
Don Giovanni: Extraña es en verdad la escena,
el buen viejo vendrá a la cena.
¡Vayamos a prepararla,
marchémonos ya de aquí para la cena!
(se van)

(Sala sombría en casa de Doña Ana)

Don Octavio: Calmaos, ídolo mío, pronto serán castigadas las
graves fechorías del infame; seremos vengados pase lo que pase.
Doña Ana: Pero, mi padre, ¡oh Dios!,
que él ha sido todo por qué aún no venís mí cuidador,
os necesito y no puedo olvidarte mi protector.
Don Octavio: Debemos acatar los designios del cielo.
¡Ánimo, oh querida de mi momento!.
De tu amarga pérdida sea mañana o no,
si lo deseas, dulce compensación de este corazón,
ésta mano, que mi tierno amor,
y olvida ya a ese padre vuestro que os hace llorar,
y venid conmigo y vive de mis sentidos sin penar.
Doña Ana: ¡Oh, dioses!. ¿Qué decís?. En tan tristes momentos,
dame el amor que de verdad quiero,
¡no! el que con solo olvidaros con sus palabras que me hace ver un infierno,
dadme ese amor eterno,
cómo el de ese hombre que entró de sentimiento,
hace mucho y me hizo solo ver lo dulce y tierno,
así haya entrado y hecho
la lujuria de ese momento,
pero esa vez la pasé tan bien de lo bueno,
me dejé por él y de su jugoso cuerpo,
me enamoré de él y de su aliento,
pero jamás dije nada mi cielo
de Don Octavio en ese momento,
porque no quería lastimarlo,
así haya sido un audaz ese hombre, sentí eso,
y al pasar tanto tiempo
es el pérfido a pesar de todo de ser mujeriego.
Ese se ha ganado no sé de qué manera mi sentimiento,
y es él con quien quiero vivir mi mundo pequeño,
ante sus alientos, arrumacos y dulces palabras de coqueto.
Entendéis Don Octavio así que marchaos de mí ya cielo.
No eres ese mago de hacer cambiar mi alma a lo bueno,
retírate de mi vida y de mí ya por favor,
y lo siento, lo siento, ¡vete de mi ya!
Don Octavio: ¿Y qué? ¿Acaso quieres con nuevas esperas
acrecentar tus penas?; ¡Cruel!,
me siento mal en el ser.
Recitativo acompañado y Aria
Doña Ana: ¿Cruel?. ¡Oh, no, mi bien!. Lamento demasiado
posponer un bien que largamente anhela mí alma
... Pero el mundo, ¡oh Dios que pasa!...
no tientes la constancia de mi corazón sensible
que repleto está de amor por ese ser que existe,
No me digáis, que eres mi ídolo,
que soy cruel contigo:
bien sabéis cuánto os amaba
y conocéis mi fidelidad que os daba,
pero ya acabó el silencio y es esperada
para otro que esperaré en el alma,
y en el camino lleno de esperanza,
a pesar de ser el vil es toda mi calma.
Así sufra por mi padre pronto habrá una alabanza,
y que cambiará mi vida con su alma,
lo siento y parece ser una presagia,
así como todas mis palabras,
lo siento sí él es mi vida y refugio que me abraza,
mucho luego y os digo que te vayas,
¡pero ya!. No me hagáis enojar,
adiós Octavio de esta vida larga.
Tal vez un día el cielo os de un nuevo amor,
y no tengáis ese frío dolor.
(se va)
Don Octavio: ¡Ah!, seguiré sus pasos;
qué más puedo hacer que tener las penas.
Será mejor seguir mi camino,
y teniendo estos dolientes espinos,
que clavan ante mis tristes suspiros,
y esperar a ese amor correcto y bendito,
(se va y no vuelve nunca más)


(Una sala en casa de Don Juan. La mesa está
dispuesta para la cena. Los músicos esperan
la orden para empezar a tocar)

Final

Don Giovanni : La mesa ya está preparada:
Tocad, queridos amigos de calma:
ya que gasto mi dinero,
me quiero divertir por ser fiero,
¡eh broma toquen de lo bueno!.
(se sienta a la mesa)
¡Leporello, rápido a la mesa!
Leporello: Estoy listo para servirla,
y ante los músicos su música oírla.
(los músicos comienzan a tocar)
¡Bravo! ¡”Cosa rara”!
(Aludiendo a un fragmento de la ópera
“Una cosa rara” de Vicente Martín y Soler)
Don Giovanni: ¿Qué os parece esta hermosa música?
Leporello: Está a la altura de vuestro buen gusto de injuria,
mentira solo es broma amo..
Don Giovanni: ¡Ah, está bien!. ¡Ah qué plato tan sabroso!
Leporello (aparte)
¡Ah, qué bárbaro apetito apreciable!
¡Qué bocados de gigante!.
Es como para desmayarse.
Don Giovanni (aparte)
Parece como si se fuera a desmayar
viendo mis bocados,
me hace reír en verdad
solo al ver a mí criado.
(en voz alta)
¡Otro plato!
Leporello: Sirvo.
(empieza a sonar un fragmento de la ópera “Fra
i due litiganti il terzo gode” de Giuseppe Sarti)
¡Qué vivan los “Litigantes”!,
¡oh sí vosotros demandantes!.
Don Giovanni: Escancia el vino. ¡Excelente marzimino!
Leporello (aparte)
Este trozo de faisán
poco a poco me lo voy a zampar.
Don Giovanni (aparte)
Está comiendo el muy marrano;
fingiré no darme cuenta ante el criado.
(Los músicos empieza a tocar un fragmento de
“Le nozze di Figaro” de Mozart)
Leporello: Ésta la conozco demasiado,
es algo grande y que da pasmo,
por sus palabras que transmiten en el sonido acariciado,
es maravillosa esta ante el acto.
Don Giovanni (sin mirarlo)
¡Leporello! (con la boca llena)
Leporello: ¡Mi amo!
Don Giovanni: ¡Habla claro, granuja!.
¡No os entiendo cara de bruja!
Leporello: No me deja un catarro las palabras pronunciar.
Don Giovanni: Silba un poco mientras como.
Leporello: No sé hacerlo.
Don Giovanni (finge darse cuenta que está comiendo)
¿Qué hacéis?
Leporello: Perdonad: tan excelente es vuestro cocinero,
que también yo quise probar de eso.
Don Giovanni (aparte)
Tan excelente es mi cocinero,
que también él quiso probar.

Doña Elvira (entra desesperada)
La última prueba de mi amor
aún quiero ofrecerte sin error.
Ya he olvidado
tus engaños, piedad siento mi cándido ruiseñor.
Don Giovanni, Leporello
¿Qué ocurre?
Doña Elvira (se pone de rodillas)
No quiero esta alma abatida,
quiero vivir sola mejor en la vida,
Don Giovanni: ¡Me maravilla! ¿Qué queréis sois loca?.
Si no os levantáis no sigo de pie tonta.
(se arrodilla también)
Doña Elvira: ¡Ah, no te burléis de mi amargura!.
Pensé que viniendo vos me iba a dar ternura,
Leporello (aparte)
Ella casi me hace llorar.
Don Giovanni (se pone de pie y levanta a Doña Elvira)
¿Burlarme yo de ti? ¡Cielos! ¿Por qué?
(con afectada ternura)
¿Qué quieres, mi bien?
Doña Elvira: Que cambiéis de vida.
Don Giovanni: ¡Estupendo!
Don Elvira: ¡Pérfido corazón!
Don Giovanni: Déjame comer
y si os place come conmigo.
Doña Elvira: ¡Quédate, bárbaro, en el hedor inmundo,
horrible ejemplo de iniquidad del mundo!,
me marcho por siempre hombre oscuro,
malhechor de todo y de mi infortunio,
que has dado siempre sucio.
(se va)
Leporello (aparte)
Si no se conmueve por su dolor,
el corazón tiene de piedra, o no tiene corazón.
Don Giovanni: ¡Vivan las mujeres, viva el buen vino!
¡Sostén y gloria de la humanidad de mi destino!.
Te vais y prefiero vivir que con una loca,
porque ya tengo una excelente mujer en mi historia.
La indicada de poseer este corazón que ha ablandado de gloria,
a pesar de pocos momentos pero ella es la de mi romanza,
ella es solo ella de mi eterna alma,
por ser su Lorenzo Don Giovanni que le ama.
Doña Elvira (sale)
¡Ah!
(entra de nuevo y huye por la parte opuesta, y no aparece más)
Don Giovanni, Leporello:
¿Qué ha sido ese grito?
Don Giovanni: Ve a ver qué pasa.
Leporello (sale)
¡Ah!
Don Giovanni: ¡Qué endiablado grito! Leporello, ¿qué ocurre?
Leporello (entra aterrorizado y cierra la puerta)
Leporello: ¡Ah señor por caridad!,
no salgáis de aquí porque lo vais a lamentar.
El hombre de piedra, el hombre blanco,
está a fuera, y solo me imagino que da espanto.
¡Oh, amo, estoy helado, me tambaleo!.
Si vieseis que figura, y que da miedo.
si oyeras como anda, solo él en el centro de las llamas,
y como de terror al terreno desgarra.
¡ta, ta, ta, ta!.
Don Giovanni: no entiendo absolutamente nada.
Leporello: ¡ta, ta, ta, ta!.
Don Giovanni: estáis loco de verdad,
estáis loco de verdad.
(se oye llamar a la puerta)
Leporello: ¡Ah escuchad!
Giovanni: alguien llama,
abre.
Leporello: estoy temblando.
Giovanni: ¡Que abras te digo!,
no tengáis temor amigo.
Leporello: ¡ah!.
Giovanni: loco.
Leporello: ah!
Giovanni: ¡si sois entre el fóculo loco!.
Y avanzáis así de lo tonto.
Para solucionar ésta intriga yo mismo iré a abrir.
(coge una luz, desenvaina su espada y va a abrir)
(aparte) Leporello: No quiero ver otra vez al amigo,
otra vez me esconderé, porque él da escalofrío,
como cuando lo vi en ese bosque de oscurecer
sucumbiendo de martirio
en aquel suelo de fallecer,
por esa lucha que hubo entre Lorenzo,
entre iras del padre de Ana de atrenzo,
porque ella era su más cúspide ser bellido,
por lo que este Don Giovanni entró en su mansión de atrevido,
y no sé si vos recibiréis al final algo,
o yo por ese acto de aquel suplicio,
al igual que yo por haber ahí estado
tan solo que ahí del palacio escondido,
y porque él me vio en lo lejano
y porque soy igual de libertino,
y me arrodillo entre el espanto
a las palabras que digo,
porque sé que luego esto será un infierno
que suframos quizás de castigo,
así pienso y Don Giovanni seguro ganase
entre lo honroso si es en lo benigno,
para ser beatitud de lo más grande
él en su ser digno,
por aquello que es beato
en olor del paraíso,
Doña Annetta de su santuario
que viese en belleza de berilos,
y no sé si queráis vos arrepentirte
solo por quitarte del infierno eso dolido,
de los engaños en mujeres tristes
que vos habíais solo tenido,
de lo que en el bosque hiciste
tan solo vos corriéndoos de lo cuito.
El pecador hacia su amada Ana o Annetta:
"Liberaos zozobras que matáis en silencio de mi ser aturdido,
al ser así esa parte de mi vida,
solo desaparecerá por fin así haya el fuego mezquino,
la otra parte será por fin el paraíso de alegría,
y mi vida será, ya sabéis aquellos labios divinos,
con ella viviéndoos mis alientos de acaricia
entre la dulce calma y el amorío".

¡Voz afanosísima en el entorno!,
os dará de lo explosivo el demonio,
espacio de lo no défel del matrimonio,
y caeréis vosotros al suplicio del cabizbajo.
porque entre todo ese vestigio,
tan solo estuvo entre vuestras manos,
le cayó entre su alma una espada de la lidia.
Sucumbió y os fuisteis entre la morriña,
porque al irte no supisteis que iba de ser de esa Annetta,
corriéndoos vuestras preguntas, cubiertas entre una capa de vuestra silueta;
sintiéndoos condenas que derrumaban,
por si la volveríais a ver a vuestra cándida bella,
y por eso es que él aparecía en venganza ruda
tan solo para vuestra condena,
vos junto a Leporello que estuvo escondido bajo la luna,
tan solo que en esa misma celda,
y que vendrá el Comendador a la poca dulzura
para solo dar miedo en aquella cena,
pero en un tono de voz de locura
que alzará a vuestra piel de tinieblas,
y seréis a él muy férreo de lucha,
y ni le haréis caso en el perdón de su horripilante cadencia;
que transmitirá en su espacio de fría musa
ante vos y Leporello entre ese averno de tormenta,
la cual cantará entre su voz a vosotros de nobleza,
y al no quereros condenados seréis de congoja,
que entre su lugar os llenaréis de diantres,
que en locura de espantos os mojan,
y os ronda entre torbellinos de fuego de volcanes
ante su miedo que viviréis de mazmorra,
hasta quereros salir él por su ángel,
y sale tan solo hacia esa sacra dulce paradisiaca hermosa
por su arrepentimiento a los leviatanes
que despertó ante ese gran amor de honra,
y porque ella le aceptará en el romance
y viviréis de esa hermosa gloria.

El Comendador: “Les perdono y no sabéis teneros,
y véanse en él muy derrotados
y entre mi voz les mataré de duelo,
vosotros miraréis pronto lo tornado del bajo
de mis alientos fornidos a vuestro sendero,
y que a vuestra cena me invitaron,
y porque no me pasáis la cena que estoy hambriento,
y porqué estáis y andáis tan callados,
será por el asombro de verme en sus óculos ciegos
que aquí mi siluetra solo es de espanto,
o les digo mejor de aquí marchaos a lo lejos,
pero quedaseis en la tierra diantre de lo energúmeno y contristado”.

Y he aquí veáis a él de fuerza en su voz de no soprano;
invocándose el tumulto del más allá ante su espacio embrujado,
en figura de un demonio de color blanco,
pero que le cubre esa capa la silueta
mientras canta ante ellos en voz de un tenor de espanto,
y así la magia de este hombre escalofría los ojos de Don Giovanni y Leporello,
entre su hoyo del miedo turulato,
a lo que pasó del duelo,
que hubo entre Don Giovanni de malvado,
de enfrentamiento al cual huyó de miedo
por ese acto de lo villano.

Grita el Comendador su nombre en el averno invocado,
estará a la vida en tumulto,
y que el Comendador daréis la luz fusca de lo malo,
y vosotros no sentiréis ante su ser lo pulcro,
solo lo férreo de su escudo llorado,
observaréis la fisonomía del infortunio
que se viene la venganza en almas,
para que vosotros bajéis de arias del mundo
en el instrumento de frías lágrimas,
veniros a ofrecer cena y no dais,
¡vosotros qué esperaréis!,
que les trate él bien en su canto,
y es lo que vosotros escucharéis
y que dejará aturdidos en su espacio.

(Coro nuevamente para teneros en énfasis la historia final que incia)

Doña Elvira (sale)
¡Ah!
(entra de nuevo y huye por la parte opuesta, y no aparece más)
Don Giovanni, Leporello:
¿Qué ha sido ese grito?
Don Giovanni: Ve a ver qué pasa.
Leporello (sale)
¡Ah!
Don Giovanni: ¡Qué endiablado grito! Leporello, ¿qué ocurre?
Leporello (entra aterrorizado y cierra la puerta)
Leporello: ¡Ah señor por caridad!,
no salgáis de aquí,
porque tan solo lo vais a lamentar.
El hombre de piedra, el hombre blanco,
está afuera, solo me imagino que da espanto.
¡Oh, amo, estoy helado, me tambaleo!.
Si vieseis qué figura, y que da miedo.
si oyeras como anda, solo él en el centro de las llamas,
y como de terror da que al terreno desgarra.
¡ta, ta, ta, ta!.
Don giovanni: no entiendo absolutamente nada.
Leporello: ¡ta, ta, ta, ta!.
Don Giovanni: estáis loco de verdad,
estáis loco de verdad.
(se oye llamar a la puerta)
Leporello: ¡Ah escuchad!
Don Giovanni: alguien llama,
abre.
Leporello: estoy temblando.
Giovanni: ¡Que abras os digo!,
no tengáis temor amigo.
Leporello: ¡ah!.
Giovanni: loco.
Leporello: ah!
Giovanni: ¡si sois entre el fóculo loco!,
avanzáis así de lo tonto.
Para solucionar esta intriga yo mismo iré a abrir.
(coge una luz, desenvaina su espada y va a abrir)
Leporello (aparte): No quiero ver otra vez al amigo,
otra vez me esconderé, porque él da escalofrío.
(se esconde debajo de la mesa)

La voz dice así del Dios de su entorno,
¡decidlo ahora en voz muy fuerte de demonio!,
y aparece este entre Don Giovanni al abrir lo espantoso.
La Estatua del Comendador:
“¡Don Giovanni!”. ( En voz fuerte)
¡Don Giovanni a cenar contigo!, (baja la voz) ¡Don Giovanni a cenar teco!
me invitaste, y he venido, m’invitasti e son venuto!.
junto a vosotros de un suplicio,
vieron que morí por el amor de mi hija,
estaréis del infortunio malditos,
soy la voz que le usurpará de martirio en su vida.
Don Giovanni: Jamás lo hubiera creído, Non l’avrei giammai creduto;
pero haré lo que pueda, ma faró quel che potró,
¡Leporello, que sirváis Lerporello, un altra cena
enseguida la otra cena!, fa che subito si porti!
no veis que ya yace aquí el alteza,
como se podría decir de las tinieblas,
Leporello: (asomándose por debajo de la mesa)
¡ah señor, ah señor!. Ah padron! Siam tutti morti.
¡Ah señor somos todos muertos!.
Don Giovanni: ¡Que vayas, te digo, y no tengáis miedo! Vanne dico!
La Estatua del Comendador:
¡Detente!, Ferma un po’!
¡no se nutre de alimento mortal!, Non si pasce di cibo mortale
¡no se nutre de alimento celestial!, chi si pasce si cibo celeste;
otros asuntos más graves que éstos, altra cure piú gravi di queste,
que entre cadavéricos posarais de lo mesto, altra brama quaggiú mi guidó!
otros anhelos me han guiado hasta aquí,
y si no hacéis caso veniros a sucumbir.
Giovanni: ¡hablad, pues!, Parla dunque!
¿qué pedís! qué quieres? Che chiedi! che vuoi?
Leporello (aparte):
La fiebre terciana creo tener, ¡La terzana d’avere mi sembra
y todos los miembros me tiemblan en el ser, e le membra fermar piú non so.
Don Giovanni : ¿Qué buscáis?, ¿qué quieres?, Che chiedi! Che vuoi?
La Estatua del Comendador:
Voy a hablar, escucha: no tengo mucho tiempo, Parlo; ascolta!. Piú tempo non ho!
solo mi llegada ha sido por un momento,
Giovanni: Habla, habla, te escucho, Parla, parla, ascoltandoti sto.
o a cualquier cosa que digáis no tengo escudo.


La Estatua del Comendador:
Voy hablar, escucha: no tengo mucho tiempo Parlo; escolta!, Piu tempo non ho!
Giovanni: Habla, habla, te escucho. Parla, parla ascoltandoti sto.
Comendador: ¡Tú me invitaste a cenar! Tú m’invitasti a cena,
ya conocéis vuestra obligación. il tuo dover or sai.
¡Respóndeme, respóndeme!, rispondimi:
vendrás tú a cenar conmigo ahora ya?. Verrai tu a cenar meco?
Leporello: (desde lejos, temblando)
¡Oh, oh!. No tiene tiempo, Oibó; tempo non ha,
¡disculpadle!. scusate.
Giovanni: ¡De cobardía jamás seré tachado! A torto di viltate
y pisaré vuestra tierra sin salir de tu ser leviatán, Tacciato mai saró.
así sea lo que haga en tu tártaro embrujado
que iré ahí y vos me verá,
Padre de Doña Ana: ¡Decídete! Risolvi!
Giovanni: Ya lo he decidido. Ho giá risolto!
Comendador: ¿vendrás? Verrai?
Leporello (a Don Giovanni):
¡Decid que no, decid que no! Dite di no!
Giovanni: El corazón está firme en mi pecho, Ho fermo il cuore in petto:
no tengo miedo, iré con todo derecho. Non ho timor: verró!
La Estatua del Comendador:
¡Dame la mano en prenda!, Dammi la mano in pegno!
Don Giovanni (le tiende la mano):
Hela aquí, y que ella no se ofenda. Encola! Ohimé!
¡Ay de mí, qué hielo terrible!,
solo, siento en tus manos un río temible.
La Estatua del Comendador: ¿qué te ocurre? Cos’ hai?
Giovanni: ¿Qué gelidez es ésta? Che gelo é questo mai?
La Estatua del Comendador:
arrepiéntete, cambia de vida, Pentiti, cangia vita,
es el último momento, é l’ultimo momento!
Don Giovanni (trata en vano de soltarse)
¡No, no, no me arrepiento, No, no, ch’io non mi pento,
aléjate de mí y de mi acento! Vanne montan da me!
La Estatua del Comendador:
Arrepiéntete, desalmado, Pentiti, scellerato!
-No, viejo fatuo de túnica de espanto. No, vecchio infatuato!
-¡Arrepiéntete! (voz muy fuerte) Pentiti!
-¡No! No!
-¡Arrepiéntete! Pentiti!
-¡No! No!
-¡Sí! Sí!
-¡No! No!
-¡Sí! Sí!
-¡No! No!
-¡Sí! Sí
- ¡No, Nooooooo!. No, noooooooo!
La Estatua del Comendador:
!Ah ya no queda más tiempo!,(voz lenta y fuerte) Ah! Tempo piú non v’é!
le dije y no quisieron mis absoluciones,
moríos ahora de lamento,
se creyeron perfectos hombres ,
pero desde las cenizas renací para daros lo mesto,
y vuestros ojos ante la miseria habrá dolores,
y tan solo estaréis pidiendo:
perdón ante los ojos de los demontres,
ahora viváis su mundo en que se tornó de lo plañidero,
y porque cuando estuvieron vivo ni siquiera dieron
arrepentimiento a mi ser que vos ¡mismo mataste Lorenzo!,
por una lucha de espadas por una hija que quiero,
por haber acudido a ella de atrevimiento,
como a su mansión en que yacía de descanso y sueños.
Entrasteis sin permiso como enamorado de su cuerpo.
Vos os fuisteis de mí y desaparecisteis a lo lejos
de ese bosque donde era niebla y lamento.
Don Giovanni: no entendéis, ella es como un sueño,
la musa Beatriz que veo,
la cual dormía en ese dormitorio la joven Annetta,
de piel tan blanca y ojos azules arrullados de este poeta,
castaño su melena que rodeaba su cuello de belleza,
y solo el tumulto, silueta mía apareció ante su mansión completa,
esa noche era de niebla, la luz de la luna era azul como sus ojos de grandeza;
boca de rosas, sus ojos no veían los míos esa diosa,
estaba tapado solo de una capa, la amé y me amó en esos instantes de gloria,
era acariciar su piel como besar y oler a una flora sacra,
su perfume elevaba mi alma esa noche maravillosa,
sintiéndoos mis versos en su perfume de victoria.
La estatua del Comendador: Así fue que pasó todo eso de aroma,
¿estabais bien enamorado de mi hija, en verdad pérfido del mentiroso idioma?
Don Giovanni: la dama que vi de joven, era como ella de hermosa,
“la Beatriz musa de la enamorada de Dante”,
como entre las historias de un libro de romance.
La estatua del Comendador: Sí la conozco y es muy memorable,
pero diferente a vos hombre despreciable.
Don Giovanni: os contaré mi vida pasada,
en mi vida moza, a ese entonces me dio el libro un beato Padre,
y al cual a través de la historia he soñado hasta hoy de conseguir ése ángel,
solo su belleza en una imagen vi y quedé de esa Beatriz enamorado,
y es tan igual a vuestra hija que estoy que muero por ella en el pecado.
Quedó mi ser en aquella noche por sus ojos brillantes;
enamorado vivía, por eso que soy poeta y su Don Giovanni de arte.
La estatua del Comendador: os entiendo pero no me convencéis,
sois tan libertino que no os creo ni una palabra cobarde,
Don Giovanni: no digáis eso entendedme vos a mí miserable,
os conté esa historia que viví de joven,
para que veáis cómo me siento ahora sin avance,
soñando hasta que se me cumple y veo a lo más noble
para solo llegar aquí por vos solamente en lo despreciable,
El Comendador: ¡no me digáis así!, ¡os merecéis eso y más!,
por haberme matado vos a mí.
Don Giovanni: Tuve la suerte antes de componer con Mozart a lo grande,
El Comendador: no me importa quien sea él solo sois un felón,
y no me habléis de eso que me dais ganas de matarte,
pero aún no lo haré por no verte sufrir todavía de resquemor.
(ignora lo que dice) Don Giovanni: no solo soy lo que soy, sino también músico de amor,
componer no es trabajo sino una historia en que estoy de lo apasionante,
a la que amo y consumo en besos suculentos y suaves,
a la que le respiro de todo corpúsculo de su carne,
pongo yo mis letras y esas veces Mozart ponía su armonía,
era y es loada por mis tenues versos al compositor apreciable,
Mozart conoceros en las virtudes fue de mí amor innegable de mi vida,
y recuerdo que me dijo en ese entonces estas palabras amigables.
El comendador: no juguéis conmigo estáis haciéndome enojar,
no estoy para músicas con vuestros ludibrios, os voy a matar,
si seguís así me enfureceréis, y lo vais a lamentar.( lo mira con vasta rabia a Giovanni)
Don Giovanni: parece que os hubiera pasado algo,
os siente bien estatua sucia de mármol,
escuchad estas palabras que me dijo Mozart,
por mi galanura al ser lo vate ante este mundo grande,
y porque tiene garbo y porque es inmensamente maravillosa.
Mozart en esos tiempos dijo: “si conocierais mis latidos a vuestro opus hechizante,
tan acabada será que da aroma de los más inmortales,
posaros de los infernales como de los leviatanes
que venido seáis por el padre que mataréis y no dará lo diletante,
porque sé quién es ese en verdad en la lengua de la música y obra”.
El comendador: y por eso que vos me matasteis sin honra,
sin miedo a mí ser de esa manera tan dolorosa.
Don Giovanni: os merecéis eso sucio viejo,
y Mozart sabía de esta obra que vivimos ahora,
de lo peor y que seguro vendrá los demonios del fuego,
porque Mozart fue mi gran amigo que me acompañó para derrotarte ante el averno como mazmorra.
El Comendador: ahora veréis vos y vuestro zopenco compañero,
porque ya no queda mucho tiempo.

“¡Pero de ser así tan entregadora y gloriosa!,
pasó esa pelea por su padre de derrota,
y resucitó del averno para venir en venganza,
y a pedir que se arrepientan en alma de ese vestigio que mata;
al solo mataros, Leporello estaba escondido,
lo que a situación es que juntos estaban,
y de su ida quedó él de rabia,
seguramente del más allá por sus almas,
que ahora le desgarrará en llamas.


La Estatua del Comendador:
Solo olíais vuestras almas de que todo era eterno,
ofrecéis Don Giovanni esa vez lo hiel y atrenzo,
aunque lo seguís vosotros haciendo,
no me conocíais bien y pecaron sin daros cuenta,
vosotros seréis el instrumento quejumbroso de lastimera,
sus nervios seríais las entrañas de sus cuerdas,
y sin sonidos cantarais en el mundo de lobreguez y tinieblas.

(Sale fuego por todas partes, la estatua del
Comendador desaparece y se abre un abismo)
Don Giovanni: ¡Siento un temor insólito, Da qual tremore insolito
que se apodera de mí monstruoso!. Sento assalir gli spiriti!
¿De dónde salen esos horrendo torbellinos de fuego?, Donde escono quei voctici
tan solo veros siento que son lavas del infierno. Di foco pien d’orro?
Coro de Diablos (con voces tenebrosas):
Todo es poco para tus culpas, Tutto a tue colpe é poco!
ven aún hay un mal peor de torceduras, Vieni, c’é un mal peggior!
que sentiríais en vuestra alma una espada sañuda,
que les mataríais lentamente de injuria,
ese filo que no dobla sino deja vuestra alma nocturna,
y que haced recordar a lo igual que hicisteis
a él con vuestra espada de lo hiel;
y que dejasteis sin olores en su piel,
solo a su hija Doña Ana gimiendo en su ser.
Don Giovanni: ¿Quién me desgarra el alma?. Chi l’anima mi lacera
¿Quién me rompe las entrañas? Chi m’agita le viscere?
¡Qué tortura, ay de mi que frenesí! Che strazio, ohimé, che smania!
¡Qué infierno, qué terror! Che inferno, che terror!
¡los demonios son con esas máscaras de maldad,
solo veros me asustáis,
como mi ser en un mundo sin soñar,
que veros me hacen al alma llorar,
y sin poder por lo menos gritar.
¡Qué tortura, ay de mí, qué suplicio!.
¡Moran mis sentidos, ay de lo cuito!,
qué averno se siente en tus ojos fundidos,
como lavas inmensas de terror,
y con el aliento en el oscuro dolor.
Leporello: ¡qué rostro desfigurado!, .Che cffo disperato!
¡qué expresión de condenado!, .Chegesti da dannato!
no quiero vivir esto tan cabizbajo, . Che gridi, che lamenti!
¡cuánto terror me infunde en lo malvado!, . oe mi fa terror!
quiero el aliento de alguien en lo amado.
Coro de Diablos (debajo de tierra, con voces tenebrosas):
Todo es poco para tus culpas,
ven, aún hay un mal peor,
que ahora le vencerá de lo atroz.
Don Giovanni: ¡qué tortura, ay de mí, qué suplicio!
¡qué infierno, qué terror!
Don Giovanni:¡Ah, ah!. (Expresión muy sufridora)
Leporello: ¡Ah, ah!.

Sus almas fueron pedidas en el perdón del Padre,
él les dio la oportunidad de ser aventurados,
y reprocharon ante su piedad poca de sus actos,
no tuvo otra que dejaros con el alma de lo cabizbajo,
y más que en ese averno a Lorenzo Don Giovanni lloriqueado,
viviendo una vida de absolución,
a la cual ahora posaréis vosotros en el corazón,
así hayáis amado Lorenzo a ella, a Annetta de lo apasionado,
vuestra identidad se quemará en lo olvidado,
sin tener una misa de ganancia, de su ente acongojado,
nada os librará de este infierno que mata, y que vos mismo habéis colocado.
¡Don Giovanni viví sin lo hermoso y deífico de lo sagrado,
ella está lejos de vuestros óculos por miserable,
aunque hallaríais el amor de su carne,
ha sido ya tarde, ella vive en su mundo aunque triste de lo no memorable.

(Sufre mucho ante su amor que añora)
Don Giovanni: No me hagáis esto quiero ir con lo adorable,
Voces infernales: ¡No, a ningún fóculo iríais para entregarte!,
como a ella tan dúctil de lo enamorante y frágil,
¡no y no!. Solo viviréis en vuestro hogar de lo imborrable,
nadie os salvará, porque vos ha elegido esta vida de leviatanes.
Don Giovanni: ¡No la elegí así!,
sólo no quise arrepentirme de un ser nada confiable,
si lo hacía sabéis que hubiera pasado,
seguramente me mandaría a esto mismo de lacrimosazo,
no sé qué hacer, extraño a mi dama que le veo de lo romanceado,
déme una oportunidad y les prometo que no haré más daño,
mis sentimientos a vuestro Rey Comendador, daré rezos de lo glorificado,
de castidad en mi perdón, a lo que hice en el acto,
quiero volar de aquí del infierno atroz, e ir a su paraíso
de su piel que de verdad amo; y así no ser cenizo,
me estoy sucumbiendo sin su olor y del amor que mis sentidos ha adorado.
Ella es la dama que cualquier inmortal moviese su olor para amar,
cualquier Dios de los cúspides diesen para tenerla más y más,
como en el alma de regocijo y de cantar.

No pudo más este Lorenzo Da Ponte enamorado de su única vida,
y la que ha elevado a su mente de una aventura de liras,
de su primera diosa que miró en el papel de niñez
hasta que la tuvo en persona,
ahí la acarició de dulces notas,
de frases hasta hacerla sentir que es la diosa,
que el vio cuando era muy longevo de su vida que comenzaba esa historia,
de ser poeta y amar así tanto, a eso como la gloria de su amor,
y que ha dado en su mundo,
pero pronto un perdón y el inmenso será ardor,
viviéndoos juntos de esa apasionadota y enamoradota pasión.
Los demonios y el Comendador deciden dejar que viva feliz
en el orbe junto a su amada como flora lis.
Solo al ver su arrepentimiento y su rezo de lágrimas,
que ahora si viéndoos que amaba a su hija del alma.
Dejó que fuese al mundo de los mortales para ser entregada,
si ella misma perdonaba a este hombre en su vida solitaria,
y para que viva de ese romance que ¡también ama!.
Ella se enamoró cuando apenas lo vio en su mansión que cayó a su cama;
son una relación que debe de ser más que unida y apasionada.
¿Ahora Lorenzo vivirá regodeado y besándoos a su Beatriz de rosa nácar?;
o diáfana por sus ojos que son celestes en su vista feliz desde el alma,
y alumbraos vuestros vestigios de sus ojos que enamora,
solo es una mujer que al verla da flor de aroma.
Acariciaréis su íntimo cuerpo con la voz de vuestra boca,
oleros tanto que gustaros de lo que tiene la hermosa,
se alentará vuestra alma de su caricia cadenciosa,
manos de palomas blancas que son milagrosas,
se dejará socavar de la hermosura de su diosa.
Don Giovanni (pidiendo perdón a Doña Ana):
Perdonad todo lo que hice de esta vida pasada,
era un hombre como vos lo sabéis que jugaba y hería
con las relaciones de las mujeres sin tener alma,
pero desde que entré a vuestro palacio y os vi quedé de romanza,
subieron versos a mi cabeza por vos en bellas arias,
os escribí en silencio mientras tenía otras damas,
pero vos ha sido esa dúctil mujer que me encanta.
Sé que fui un soez, bellaco y tunante,
pero vuestra figura quedó como Beatriz de Diosa enamorante,
y disculpadme por haber matado a vuestro padre,
no debí hacerlo, pero aquella vez pensaba muy salvaje.
(No quiso contar lo de Mozart para no entra en más detalles)
Era el dueño de mi destino, era un Dios grande,
pero fue pasando los días y hasta que sucumbí en las lavas despreciables;
pero me enamoré siempre de vuestra dulce carne,
como en aquella noche que saboreé mí divino ángel,
volved conmigo y perdonadme,
quiero vivir contigo Annetta y ¡amadme!,
sois lo único que me queda ante este mundo frío,
si venís conmigo será tórrido mi amorío,
y el mundo, contigo mi sacro y dúctil angelito.
Annetta: Os perdono, sois gran Poeta Lorenzo da Ponte,
tenéis aquí dentro de mi vuestro horizonte,
las caricias de mí alma y lo que apasione,
tocadme amor de mis ardidos soles,
por ser mi divino amor ahora de mis acordes.
Siempre me gustasteis pero no os dije nada por como eras;
pero tenéis aquí dentro de mi respiración vuestra primavera;
respira de mi y bebedme toda,
ésta ángel quiere ser vuestra Beatriz Diosa,
esa que vos viste de pequeño mi nene Lorenzo,
seré tuya como ella y como soy mi cándido sentimiento,
y porque a penas de esta ruta del amor es el comienzo,
son muchos caminos por recorrer y amarnos mi bello.
Don Giovanni: Gracias por perdonarme,
hacéis que mis miembros y el espíritu grite: ¡amor gigante!,
no llega ni a los astros va más allá de lo endulzante,
ya no tendré infierno en mi destino matante,
sino tendré caricias de vuestra dulzura enamorante,
tengo vida, tengo alma, y tengo vuestro amor,
tengo todo y solo vuestro aliento que me da de palpitación,
solo es maravilla lo que vivimos de esta relación,
y lo que significa en la vida ésta rescatadora y renacida pasión,
cuando se busca hasta el final y se consigue de salvación,
vivo feliz y así es mi introspección,
ella no tiene dolor solo ve la vida de una hermosa flor,
y eres tú mi e inmenso y dúctil apasionado amor.
Os quiero tanto en mi alma mi Annetta,
hacéis que mi ser os besea ti y toda la pierna como cena,
a tus pechos y senos ante ti de dulce manera,
vuestro ser es mío y completo belleza,
me encantáis ángel de mi vida bella,
¡qué beatitud!, y ¡qué triunfo mi dulcinea!,
soy vuestro caballero jovenete,
no el que se la da de mucho del presente,
sino uno que os quiere alegremente,
y que no se escaparía de vos este zoquete,
ni en sueños amor mío, vida mía de mi ente,
y estaréis de mí romance solo atesta,
y siento en esta noche las mareas
que son los latidos de mi corazón que revientan,
por vos tanto y tanto mi seráfica Annetta.
Annetta: Dejadme ser vuestra vida y romanceadora,
toco chelo y en él a vos tengo viéndoos de victoria.
Siento tus palabras ahí poeta, que son de lira de rosas,
quiero añejarme con tus sentidos, ¡oh Don Giovanni de mi historia!,
¡oh mi hombre beato y querido que ama mi carne de flora!,
¡oh mi hombre de lo cándido del paraíso que hoy me devora!.
Hacedme veros en lo glorioso y bendito que canta de mi trova,
¡oh poeta digno de mi piel ardiente que a ti hoy os moja,
de sudor ardiente que mi piel es y que os adora,
porque entre esta noche que estamos copulados,
y por eso la piel suda y se entrega de lo amado,
sois mi carne ferviente y tenue que he besado de lo purificado,
sé sentiros como embelesos de sentimientos,
los cuales moveros a tu ser de mí aliento sagrado,
y ellos besáis de el pulcro deífico beso,
y luz del cielo veniros a veros por lo apasionado
y daréis amor entre truenos,
al mío que quiero de un explosivo apego enamorado
que quedaréis con el relámpago de sus reflejos,
y de ellos cada uno será mil caricias a mi pecho soñado,
y el amor mío dará mil centellos,
a lo que da un infinito gozo no atontado,
sino sápido, con él dejándoos devorar de su cuerpo,
oliéndoos profundamente y respirándoos su amor,
sentidos míos lo que él tanto esperó, y que ahora arde de la sacra pasión,
sí, si sois mi amor apasionado y ganado,
Lorenzo: has relatado un sentir poético,
me has hecho a vuestra carne feliz y sentir Dios de lo bello,
como vuestro adonis de vuestro vivir
como en lo explosivo del sentimiento,
siempre ante ti consumido mi lis
de mi amor y del ardiente cuerpo,
entristeciéndoos la vez que en mi lecho os perdí,
sentiros de hipocondría aquella vez en el pecho,
no podía vivir así en lo cabizbajo del infierno gris,
hasta que mis sentimientos de milagro y amor subieron,
fijados ellos que el perdón es el apego feliz
para solo obtenerte de nuevo y vivir en mi fuego,
y así arder lo terrenal y no lo eterno del existir,
vivir aquí contigo y amarte porque ya soy inmortal de tu aliento;
y al seros así puedo hacer mi destino de un gran vivir,
más con sumisa piel que dio amor a mi terreno,
y a dar encanto beato a mí como al cielo,
no retiraros de mi, sino desea mi cuerpo,
que os quiere de lo sabroso, deífico y tierno.
Sois esa dama límpida de mis ojos ciegos,
los cuales vosotros se abrieron y vieron
por vuestra inmensa beldad de mi libro de colisión;
de lo que en esa vez era de longevo,
hasta que os miré y estallé de pasión,
e incontenible a lo lejos de este universo,
mí único amor que arde de luceros ante el sol,
la que he mirado y a vuestros sentimientos
que mí amor veneraría todos los momentos de dolor,
y no rechazo eso como mi palabra de Lorenzo,
que os llenará de muchos besos de gran sabor,
de eso y de lluvias de los cielos
los cuales caerán en notas de enamoramiento,
en frases de cantigas de pasión,
a tu ser lujurioso de mí sacro corazón,
vuestros ojos veréis esas letras como os tocaran de ilusión,
que vos también deis a ellos de olor,
y les haga sentir que son sentidas
que es en el ser, alma sentiros del ardor.
Para que el poema mío del cielo de entonación
a tu cuerpo diáfano del gran enorme amor,
e indecible que latiera en tu pecho sin resquemor,
y las flores tuviesen de este momento coloración,
la cual fuera si tomáis eso de adoración
por ser mi aroma pulcro de una trova de lo romanceador,
como a vos que os digo de lo delicado de mi amor.

Anetta: os amo en lo deífico de mi voz,
os cantara como un ruiseñor,
entonaría vuestro oído de mi amor,
y a lo lejos de él paraíso viene Dios,
dice: ¡vuestro romance es ardor,
es lo que un amor debe de tener en el corazón!.
Así moran en el reino ángeles, querubines de explosión,
es una vida de gran ilusión que se siente al verlos yo,
se es tan beato cuando os amáis en lo purificador,
sus alientos hacen hacerme un Dios lleno de paz,
no veo injuria, solo la castidad de apasionarse de armonía,
así es aquí y en vuestro fóculo es igual,
les daré el premio cuando mueran a mi reino de paz,
aquí viviréis de jóvenes para que sean felices en verdad;
aquí vosotros escribiréis poemas de santidad,
vuestras poesías que tenéis volarán,
y posarçeis en este fóculo del oasis de tenuidad,
no os preocupéis por vuestras escrituras que no se perderán;
les bendigo de esa inmensa tranquilidad,
ahora me retiro. Un deleite generoso haberos hablado.
Anetta: veis amor que esto es el premio de nuestro amor romanceado,
y de nuestros sentimientos en días esperanzados
de que siga así y sea lo benigno del alma y corazón,
para que tengamos en este mundo una huella de gran identidad de la pasión;
a lo que somos en la historia los dos.
Lorenzo como Don Giovanni:
Siempre será esto nuestra vida, a la que en noches amaremos en poesía,
a la que endulzaremos de lo que es nuestra lira, de nuestras férvidas caricias,
la que nos llevan de ilusión en esas cantigas, a la que escribimos con la pluma en la hoja los versos que son nuestra mitra, de vivir siempre en sonrisas, de amarte mi Annetta de mi apasionadora vida, de amaras en mis sentimientos de lo que dicta el alma a tu delicia,
y que siempre lo ha hecho viéndote de alegría, os amo, por vos soy Lorenzo, hasta el oasis por Dios seremos lo efebo, mi nombre fue dicho por solo verte en mi cuento.
Annetta: amáis mis sentimientos vuestra lluvia de amor, y en ti he bajado de ardor.

(Y es así siempre el amor,
siempre es así lleno de lo más hermoso de un poema como en el corazón,
que relata y narra la historia como de un ganado, ganado amor,
de una lucha espantosa que tan solo pasó,
y que solo se tuvo la luz de la salvación
como en los corazones que sollozaban tanto del terror.
En silencio ella porque sí amaba a su Lorenzo Don Giovanni de pasión,
la cual no olvida en sus días de su lecho, su aroma de amor,
y que beatitud se observa en su magia de lo más grande del corazón,
la cual ha dado milagros a su vida de regocijo y de perdón).

(Leporello había salido del infierno junto a Don Giovanni).

Leporello: Gracias Don Giovanni por ser ahora un gran primor
que vuestro comportamiento ahora es leal y lleno de amor;
ahora yo viviré feliz en vuestra matizada vida,
ya ningún pesar pasará en nuestra vida de la amistad mi señor.
Don Giovanni: Seréis mi criado aún, y me haréis caso aún,
no creáis que vos se librará tan fácil de mi,
Leporello: pero no que habíais cambiado,
porqué seguís siendo el mismo hombre malvado,
Don Giovanni: porque sí, porque vos es un tonto,
Leporello: no seáis tan zopenco tú, sino mejor me largo,
y no volveréis a verme más a tú criado,
Don Giovanni (a parte)
Hasta que le he hecho enojar al joven lloriqueado.
Don Giovanni: Son bromas todas estas palabras,
ya mi personalidad cambió por el amor de mi gran dama,
jamás os maltrataré amigo que me acompañó en las malas,
como vos Leporello, aquí viviremos de gran magia,
con mi Annetta que amo desde las sonatas.
Leporello: !Oh gracias me haréis botar unas lágrimas!,
qué palabras decís amigo mío en esas tonadas,
Annetta: Tranquilo Leporello, vos tan educado y apuesto,
siempre os conocí y fuiste muy bueno,
aunque jugabais poco, pero siempre sentías el sentimiento,
os preocupabais por las damas que existían de sufrimiento,
son cosas muy sanas que no hay en cualquier ser humano del apego;
cosas que se valoran, como ahora yo amigo Leporello,
viviremos feliz junto a tu amo,
jejejeje, junto al amor que yo de verdad idolatro.
Leporello: Sois muy tierna y muy amable,
siempre supisteis ser un ángel,
aunque no tengáis alas ni corona,
nunca dejasteis de buscar la libertad de vuestro aroma,
así estuvieseis tétrica, pero en vuestro corazón lo teníais ya en pasión amorosa;
y qué bandido tan afortunado fue el que os tiene en la historia,
y ser ahora correspondido de vuestro amor que ahora aquí entona.
Don Giovanni: ¡eh cómo que bandido Leporello!,
Leporello: bueno es un decir, sabéis que le quiero,
Don Giovanni: Gracias igual yo amigo de mi aposento,
Annetta: Sí lo elegí fue porque me di cuenta que era la felicidad de mi sueño;
fue el que supo dar cosas que no dieron otros en mis alientos,
cosa rara jejeje, pero le tengo gran cariño de mi sentimiento.
Leporello: ¡Qué felicidad es el amor!,
¡qué virtud de amistad tenemos en esta unión!
¡qué romance explayan vosotros de ilusión!
¡no hay averno sino paz hasta el reino de Dios!
Annetta: !qué amor vivimos en el fóculo de entonación!,
¡qué noches serán de regodeos sin dolor!
¡os amaré siempre mi Don Giovanni Lorenzo da Ponte de mi eterna adoración!;
porque sois vos ese ser eclesiástico que respeto del amor,
y porque no hay letras que digan lo que es la pasión,
por ser tan vesánico y deífico en la introspección.
Don Giovanni: Yo igual os amo mi amadísima Annetta,
siempre en las líneas de los versos arderán así de esta terneza,
de que soy vuestro cándido y enamorado, y loco poeta,
que os quiere en la tierra con flores y poemas,
que os adorna de la pureza de mi piel que toca a vuestra piel de azucena;
y que crece tanto que os veo como un ángel y una sirena,
por ser mi amadísima y dulce Annetta, la que me dio la realidad de la vida bella,
con la cual viviré siempre, siempre mi dulce dulcinea,
a la que besaré ardientemente, y que de la eternidad nos amaremos siempre como amamos a este poema.


Terminado el 12/11/2010, 21/11/2010 y finalmente terminado el 06/01/2011.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

¡Viva el amor ante una hermosa sirena!



Un hombre viviendo con una esbelta sirena.

Las fuerzas epicúreas rodean mis ojos y cuerpo,
no puedo huir de ella y ni de vuestro aliento,
ni ser prófugo de la tierra en que estoy para destierro,
ni desarraigo de esa beldad del nocherniego
entre árboles junto a pájaros de bellos movimientos,
a lo que le contemplo y brota luces a mi alrededor y en sus ojos de destellos;
pero siempre me observa y no habla, callado siempre y sin decir una palabra,
queriéndola atraer si quiera una vez con algo que ella sienta,
y que me llene de su amor que miro de disturbio y turbulencia,
que se insensibilice en meticulosos besos de mi presencia,
y que ahí le vea lo que de vuestra belleza,
belleza me ha llenado de esa entera esencia,
que no he dejado de oler cada vez que os siento entidad de sirena.
Es como una luz sagrada como si fueseis Dios de grandeza,
algo que no se puede tocar en la tierra,
es algo santo que se tocara en poemas de voces de delicadeza;
pero mi existencia estuviera en guerra,
él quiere tocaras, arrullaras en poemas que ella sienta,
como de mis voces a acariciadas manos en su entidad de sirena,
no quiere vivir solo viéndola, necesitáis vivir conteniéndola,
como entre los brazos y ahí enriqueciéndola, y amándola como la dulcinea,
o duquesa fueseis todo esa entidad de ojos de mil estrellas.
Cristal rojo volara y cayera, como a sus labios y es metáfora de mi lengua,
mi lengua que a vos abrazara de la locura de un poeta,
sigo sintiéndoos fárrago de lluvias por la oscura fresca tormenta,
por ser su canto que mi mente conlleva,
y que suena tanto que es su voz de tenora tierna,
¡es todo, ni esquiváis un poco, contenéis albedrío del tono!,
así es vuestra esencia sirena, como de las cuerdas que despierta,
tenuidad; pero te veo y no me decís una seña,
solo solfeáis como ópera sin decirme una palabra en mi existencia.
¿Por qué sois así, si os quiero o no me veis sirena?,
quiero que por lo menos te deis cuenta
que habita un hombre debajo de ese árbol que te observa,
solo ilusionado se podría decir de vuestra cadencia,
de vuestras tonadas que a mí me dieron de ahínco y de agudeza.
Una sensibilidad explayáis que me dejáis con el alma de tú belleza,
esa imagen flota sobre mí y grito: ¡miradme que soy un loco de las letras;
que lleva toda su vida de lo mozo escribiendo unos poemas!,
pero que hoy al parecer vuestra alma de cuerpo de sirena
ha daos que todas mis poesías se vuelvan
a todo un sentido de la esperanza que en ti se besa;
como mis olores, versos, la vida que me embelesara de grandeza,
si tomaríais a este hombre que siente cabizbajo
por no tenerte en el corpúsculo de mi poetizado,
si suspiraríais esos versos de amor fuera ovacionado,
triunfado de la vida y escribiera el ardor a ese árbol,
si me aceptáis en tu romance de lo apolíneo y guapo,
mis liras no serían escaramuza,
suculentaza fueran mis palabras de la lucha
por haber ganado entre mis palabras la sirena gula,
pero que aceptó mis poemas de ternura;
y que ahora me devora de lo efebo e impúber de dulzura;
es tanto ella lo heliogábalo,
que me ha dejado el corazón de sus olores de labios,
se ha comido tanto mi amor que me amáis,
estoy en las raíces del árbol con ella y me besáis,
os entregáis entre mí que decís: eres mi único adonis,
y ni tenéis entre tus versos algo panoli,
y que os escribo entre mi la tinta roja de lo diletante,
que sois lo benigno y campechano,
que os amo en lo apasionante
y mi voz lo suavizáis de lo almibarado,
cuando me veis con amor de lo beato
es tanto lo enamorado que mis cantos son gregorianos,
y que os imploro que me arrulléis de besos campechanos
y mi vida de la liturgia será por tus sacras manos.
-Veíais que era una santa sagrada pero ahora sois mis santo que amo;
todo se convierte en ternura de lo dúctil y blando,
así más vamos más avanzando
en la ruta de este camino encariñado,
como tus besos dúctiles
que son en las noches de versos gráciles,
y son tan claro como tus luces,
ni el cabizbajo de los pesares fueran fáciles
apartar como la que vivisteis sin nada dulce,
pero que me fijé y os di los braciles
que cargáis de protección al amor de mares azules,
como esperanza de lo verdoso de los arcaciles,
y que no se dejaréis de observar en este árbol sus alcauciles,
porque ella cura hasta el más pétreo suplicio lóbrego del corazón,
ella arranca lo acre y acibarado que entone lo hiel de la peregrinación,
como lo religioso de este amor hacia un santuario lleno de flor,
de aromas a nuestro sabor que se siente en la introspección,
y que no se iría, sino entre cantos de óperas vosotros mismos sonaríais del amor;
es eviterno nuestra relación que es nuestra amada peregrinación
de flores milésimas que se vislumbraran de delectación,
y que a nuestro mundo aromaran de fruición,
que es a veces entre el respiro de la noche del ardor,
y que se clama de lo noble y eterno del amor.
-Así fue como viví, hasta que os fijasteis en mi,
disteis lo beato a mi alma de flores y de violín,
pero que en esas noches contigo tuve marasmo,
por solo mirarte sirena de cuerpo de humano,
que me dejasteis con el alma hecha de lo apasionado,
son a veces esas veces que quedo así de lo estupefacto,
sois la magia de entrar entre mi sangre y recorrer y besar,
llenarte en él y siempre adorar y no dejarme de alentar,
sois la que llenáis a mis sentidos de lo que había esperado,
eso deífico y milagroso de lo holgorio o regodeaos,
que beso entre las noches de la ilusión que siempre ha ganado.
Mis caminos al verte en realidad no serán grimas,
solo sintiera la nostálgica y elegíaca vida,
si no tuviese más tú amor en mi alma de rimas,
o rítmicas palabras bisbiseas que te arrullan de lira,
o como escuchar óperas agudas de morriña
por querer decir que vuelvas a mi dormida.
La sirena le dijo: Jamás me iría
de vuestra alma para estar en lo infernal de la elegía,
no te dais cuenta que os amo tanto hasta en mi ópera de cantigas,
que se va en voces muy dulces de soprano a tu sima,
se van millares de tónicas y amadas letrillas
que dicen: ¡no veis, no veis que os tendré en la sonrisa!,
que de todos los compositores soy tu ninfa,
la tenora de entonarte lo que es mi vida
y que en tu alma sacra no estará partida,
solo de amor que no se ven en la línea
de todo este universo de mil giras
que son mis aromas rijosos que te miran
y que os quieren de un romance que dicta:
“unida la vida y no empedernida,
unida mi imagen del amor que vos estimas
como a ella de gran ardor que te toca como sinfonía”.
El hombre de la sirena dice: gracias por ser esa pulcra dama de la vida;
dejáis mi ser de una alborozada energía,
mi mundo es paz y armonía,
es hermoso vivir así contigo mi sirena de la maravilla,
que hasta en mi alrededor escucho más esa voz sumisa
que me llena de esas hadas que cantan de una alma tan querida,
y que no hace nada en sus voces cadavérico; sino es colorida,
no es injuria es completamente en el entorno de mitras
las voces de ellas a nuestro lecho de flores que gritan,
¡es el amor, sí el amor que no había visto en la dicha,
sí es su amor mozo que viven en alma bienquista!.
Se es tan campechano que hasta el cielo de la belleza os mira,
y bota luz del sol que arde en su tierra bendita,
y sois ante ella tan valiente de lo barbián,
que cuidáis entre noches a su ser de deidad,
como si fueseis un ángel pulcro de lo guardián,
no os retiráis de ella ni un segundo si quiera en la inmensidad;
amáis tanto su ente que ardéis como un volcán
entre toda su piel sacra que te entonáis de verdad.
Las flores hablaron desde la planta alcachofa,
descubrís entonces ¿cuál es ella en la historia?,
así no tenga flores, es fantasía esta relatadora y misteriosa aroma,
se puede hacer lo que quiera y así soy con las notas,
no me digáis lo que puedo hacer con la delicia,
con ellos puedo hacer ver cristales de caricias,
fuego en agua unida, dar besos en las mentiras,
lluvias y océanos con volcanes que se acarician,
ver la muerte en la beatitud de sus cantigas,
lo infortunio con la quemadura de sonrisas,
o respirar en el universo y caminar en esa orilla,
sin caerme sino volar como lo enigma,
que son mis letrillas, entonadas a tu vista,
veis qué maraville es el entonces de mi vida,
queréis tener esto como noticia o como la dura letrilla,
que de mi explotan a otros mundos para que vean lo que vive una poesía;
que ella puede ser más que una mentira y realidad que os mira,
bizarro soy al escribir en la delicia de lo que quiera hacer mi vida;
e iluminación daré como sol en sus retinas,
sí así soy como mis características
que hoy han hecho de una historia linda
y que del amor solo el fortunio se maciza,
porque es la solución de lo cabizbajo en la piel rojiza,
la cual arde como lo etéreo y quemador de la vida,
pero que consume hasta cambiaros en la risueñaza sonrisa.

Sirenas cantan al amor de la melodía,
entre versos de esa ópera de oda que grita,
como el sentimiento que sensibiliza
los mares de las olas, y los demonios de la vida contrita,
elfos aparecen en la lejanía,
ofrecen sus poderes para salvar a los diantres de cariacontecida,
y la ópera se vuelve lamento en lucha de sus almas afligidas,
los infernales luchan contra Satanás Rey de la elegía,
y el canto de tal efusión se da que vence al Rey de la morriña,
suben vuestros seres ante la naturaleza que vive la vida,
no la vidorria de su averno que le ha despedazado de hipocondría,
desmirriado hasta verle el alma tan marchita,
que seguramente si vosotros pasabais más iban hacer polvo de cenizas,
no iban a vivir más, no serían nada en su vida,
y solo ante este canto piadoso levantado de ese mundo de resquemor;
y vosotros tenéis la honrosa de este paraíso del amor.

Las sirenas eran amigas de la afortunada sirena de cuerpo de humano,
ellas ayudaron junto a los Elfos a rescatar lo cabizbajo,
por eso que ahora es un paraíso de demonios con almas de lo santo,
demonios serán por haber pecado,
y benditos serán por el arrepentimiento de su ser lacrimosazo
que inundaron en este pasto, con sus recuerdos plañiderazos,
y que no pecarán más sino serán demonios de cenizas,
y eso hará el hombre de esta historia de su magia bendita,
como la más poderosa que el tiene escondida,
y que a penas se comenta hoy ante vosotros de advertencia de su vida.
Los demonios al oír todo eso dijeron: No olvidaremos su perdón,
somos ya almas concientes y no haremos algo profano en su reino de amor;
más bien brindaremos ayuda, y alegría en su interior,
nuestros corazones brotan de su melodía de lo gladiador,
lucharon en el infierno y eso es algo maravilloso en el corazón
que no se olvida y ni se va por ser ustedes el aliento del divino Dios;
nos sentimos en realidad feliz, llenos de esa magia, paz y de amor,
esto queríamos pero no sabíamos como hacer para vencer al Rey del dolor;
era tan fuerte que nos mandaba con su poder maléfico
hacer cosas que no queríamos pero hacíamos en humillación;
no los teníades en ese mundo compasión,
nos trataba como si fuéramos nada en su infierno de desolación,
¿Cómo creen que nos portaríamos mal en su mundo de gran olor?,
esto es la vida hermosa que cualquiera busca estar en emoción.

Se sintieron tan regodeados que jamás imaginaron vivir así de amor,
qué bonito es ver como salen unos males a la salvación,
qué sublime viven ellos que merecen el perdón.
Así tiene que ser la vida del mundo a los errores una compasión.

El hombre de la historia que ama a su sirena de cuerpo de humano
le dice: Sirena y serafina de mi existencia,
veis como hemos convertido a los demonios de belleza,
viven en este mundo ahora de paz inmensa,
no están ya sus espíritus de querella,
no tienen malos vestigios en su conciencia,
esto es la vida que tuviera que ser siempre en la existencia,
todo si fuese así que bueno amarían a sus damas de esencia,
que les arrullaríais de un férvido amor que dieran de grandeza,
no existiera el mal en su conciencia, sino un sentimiento de delicadeza,
y una música sonara entre su ronda tan tierna,
tan esa que los llevaría al fóculo de flores de esa naturaleza,
la cual es esta en que vivimos de la existencia,
cantaran el gran amor de la quimera,
la cual despierta esta generación de magia del poema.
La sirena se dirige a vuestro amor con cautela,
y dice: sois increíble, así es esta vida que merece huella,
como en las cosas que escribimos de nuestra esencia,
que deje todo lo que en verdad enseña,
como de nuestras voces en esas líneas de la pasión que nos besa,
que esto es la poesía que se extrae todo de la vida a este hoyo de poema,
bota luces a sus conciencias para hacer ver que es una lira verdadera,
buscamos la belleza y la tenemos completa,
por eso somos enigmas de palabras que representa
nuestra historia como poetas,
de ese sentimiento que solo en hojas se deja,
lo que es la historia que nos pasa de amor de la naturaleza.
-Sí amor, así es, tu y yo somos un poema
de corazones apasionados del tema,
que no he leído si quiera,
como entre otros libros el amor que nos besa.
Somos realmente pasiones indecibles,
que están llenas de tonos invisibles,
los cuales no se ven en los ojos fácil de que dice,
solo hay que oírla en el silencio de vuestro interior,
y ahí encontraréis esos sonidos y palabras de amor,
solo ahí en ese sitio veréis lo que dice nuestra canción,
solo ahí sintierais la armonía hermosa de un Dios,
y escucharéis de que soy un poderoso Dios,
así viven los músicos de la historia de un amor,
solos en esa soledad la cual se tiene a un olor,
y es mi sirena de me dio esa ilusión de amar en el corazón;
y que ella en ese silencio leyó mis labios de ardor,
supo que era lo que decía en mi destino
cuando le compuse mi entonado amor,
por eso la música solo es universo de la constelación,
entre cada estrella está nuestro tono de la agitación,
allá está mi inspiración,
allá vive mi alma para siempre de mi imaginación,
porque ahí de cada astro son los tonos de mi composición,
son las escalas que suben y cambian en el amor,
son todo mi yo y el otro yo de mi loca pasión,
allá está mi amada que le amo de gran fervor,
nada es juego en el tema del corazón
al cual se escribe en las tintas de una composición;
la cual es mí música de gran ternura,
la cual es ella la cual toca mi alma de dulzura.
Es así mi vida, nada cambiara mi existencia,
solo duermo en tu cuerpo de esencia,
sois mi adorable y hermosa sirena,
de ti poseo todo lo que quiera,
sois mi vida, alma, olor y música tierna,
eres todo en la existencia de mis sonidos que te tocan de esta naturaleza;
y que vos dejáis ante el entorno de mi sonido aroma de primavera,
dejas ángeles cantándoos a la vida y a mí amor de grandeza,
y os querré como mis poemas aman a sus letras,
como mi música ama a sus notas de sus bellas cadencias,
como mi piel ama al olor de vuestra íntima carne de esencia,
siempre seréis mía sirena, y por eso ahora dormiré junto a vuestros senos,
y beberé de ellos como si fuera mi alimento,
dormiré contigo mi amado paraíso o cielo,
estaré siempre amándote ojos de destellos,
y no os olvidaré jamás de mi inspiración de lo tierno.

Sus palabras arrulláis a la amada del quijotismo,
un mundo de las cosas más visionarias.

Explayáis de tu voz el íntimo surrealismo,
y en las noches frescas dabais vuestras plegarias
como al Dios que idolatráis de gran romanticismo,
que has dado igual a tu hermosa sirena de tú alma,
que dabais de gran sentimentalismo
para que así esté en vuestra vida de calma,
y que lo decíais con amor al mesianismo
que dabas el rezo de tú amor de la sirena que amas,
porque son el adorable misticismo
que explotan de la vida de ustedes que se idolatran.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Hadas y el hombre íntegro escaldo.



Hadas viviendo de un íntegro escaldo.

Hadas etéreas entre ese fóculo de tenuidad,
escucho sus voces que dan claridad,
como al hogar entre las flores eviternas y el pasto,
que son su parte delicada de esa verdad
y que estarán entre su aliento y esperándoos al Papa lo beato;
que vendrá entre el astro,
para decir quien es esa persona de tono eclesiástico,
y así vuestras hadas adoraros a él de lo sagrado,
vosotras os fijaréis en él, y os enamoraréis ante lo epicúreo de sus versos letrado.
 Buscará después él lo hedonista,
como de sus cuerpos sumisos de vida,
flores de ojos rutilantes de su pantomima,
por ser tan indecible ante su mudez de su fraseología;
que llevará ante vosotras de la romanza que le estima.

Se cuenta lo que podrá ser y es enigma,
y el Papa llega de ese inmenso astro de alegría,
y reposado seáis en ese pasto de eviterna vida,
y el hombre de esta historia que va ser por él beato,
aparece entre la luna y baja como estrella fugaz ante su vista,
observáis Papa a él y le da las palabras de un santo,
“convertido has sido ante vuestras hadas para amaros,
y darle la bienvenida de los versos que el ha dado,
si esos versos no lo han visto están es reventando
de romanticismo ante su cuerpo que ha besado,
entre esas frases romanzas de su alma palpitando,
¡y qué sibaritas son que dan el deleite de lo estupefacto!.
Ellas observaron que era un hombre muy esbelto,
sus monadas quedaron hasta los astros y el cielo,
porque en él se atraparon de lo gallardo y pasional de versos
que jamás pensaron que el Papa diese eso tan inmenso;
que les llevó a estar incitadas, enamoradas de su ente tierno,
se observa el amor de la lira de los ojos de unas hadas de enamoramiento;
y llevan tanto entre ellas ese glorificado sentimiento
que seguro brindaréis vosotras de amor bello y no lastimero.

Les queda un sueño, y ese es a este hombre pulcro de versos,
hada de vestido blanco y de cuerpo eviterno,
representáis la mujer del pasto en lo centello
de las flores a su noche del azabache cielo,
vosotras notáis que al tener a este hombre besaréis,
fijados vosotras que a él en delicadeza acariciaréis,
sin dejaros ir, venir y denle indecible aroma
que lo lleve hasta su intimidad que apasiona,
y su boca solo de él transmitirá cuerdas de vocablos que enamora;
el hablaría a vosotras, de una voz tan hermosa,
que sus entes y ojos alumbraran de la luz que les entona:
caricias de un hombre que es él y deja de existir lo malo que borda,
solo vosotras ahí y él haciéndolas suyas como diosas,
y caen del cielo más bienquistas rosas, alegres a su lecho de aroma,
ven que es un hombre que deberían de hacerlo sentir su piel blancota,
que es ante mis ojos una maravilla que me relaciona
a una incitación de lo férvido y que explota,
y que no me resisto sumisas mujeres de mi pasión que les adora,
soy otro y no él que cuenta lo que veo en vosotras,
que me llevan hacer lo que imagino de la vida loca,
y el hombre habla y dice: ¡Veréis el amor es mío,
el cual fluye como un sideral de estrellas fugaces del destino!,
a ellas he dado versos que hacen sentir lo del idilio,
¡ni otro delirio ni enamorado vendrá a quitarme lo mío!,
que ha estado ya en noches entre el aliento fundido,
y que ha sido tan erótico y dulce de lo bendito,
os diré que se aleje de mi historia la cual es mía de amorío,
y que romántica de esta no estaréis vos y solo en lo afligido.
No veis que mis voces son sumisas y muy soprano para mi camino,
que de ellas vuelan a los cuerpos sumisos,
que les amo tanto y porque fui por el Papa comedido
para ellas que me amen y así es,
así que retirarte y dejadme con mis hadas de mi corazón ardiente que ama su nido..

Las palabras se habían ido de ese que contaba la historia,
enamorado de las damas que eran para el diosas,
y el hombre lo retiró y quedó solo el con la gloria,
de que al ser tan adorado y de sus aromas
por fin dar a estas hadas de pasión fervorosa.
Las hadas hablan y dicen: Porque os portáis así, si igual os queremos,
no sentís confianza en que os vamos a tener a todo derecho,
si el Papa os eligió fue para quererte en lo verdadero,
pero no queremos un hombre que le trate mal a otro que cuenta de sentimiento;
nos admira él pero deja que escriba la historia como siente en su sueño;
nos hacéis sentir mal y no queremos eso,
queremos que vos os sintáisde beatitud con nosotras siempre en lo eviterno;
que no juzguéis de palabras maléficas a ese ser que vive de versos,
sabemos que tu tenéis magia en las voces que nos gusta de embeleso,
pero no cargáis el derecho de ofender así en el cuento,
nosotras queremos que esto sea flor como mi piel de florecimiento,
y así podernos llenar de paz que queremos,
y así a vuestro cuerpo nosotras os llenaremos
de pasión sumisa y de unos inolvidables besos,
a ver ¿habríais comprendido nuestro pedido?,
solo buscamos la gracilidad de tu corazón empedernido,
y así ofrendas dará el Papa a tu ser de lo aplaudido, que es del destino.

El hombre quedó atónito a lo que dijo sus hadas de lo bendito,
y solo al sentirse tan, neurasténico, hipocondríaco y de sombrío,
recitó unas palabras de perdón en música de su rapsoda,
“Hombre que has venido a contar en versos de la historia,
os pido del alma perdón antes mis actos de vanagloria,
quería vanidad y tenía celos antes mis diosas,
no quería perderlas solo amaros como a rosas.
Veréis ahora os ruego que vengáis y tengáis las trovas
que hacíais y amabais en ellas de pasión amorosa”.
Palabras muy dolidas y apasionadotas en perdón,
para que así él venga y cante nuevamente a sus diosas,
que se explayaron de mucho dolor
y que vendrá a recitar de forma grandiosa.
Y se aparece entre el viento las voces del rapsoda,
y cuenta solo esto: Son el firmamento de la historia
que entonaré de armonías en mis versos de victoria,
os relataré de una pasión que no termina en la escala,
sino entre otra empieza de besos el sonido de sus almas,
hasta ver ustedes a Dios y que les acaricie con sus manos milagrosas;
que les deje de una imagen de mucha sonrisa y de rosas,
su paraíso en la tierra será por él de majestuosa,
luces al cielo irán de sus tonos de trinos de besos que se dan del aroma,
que le lleváis dentro tanto a la historia, y que está mojada de coplas,
de un lenguaje casto que a lo lejos en mis versos enamora,
y que no se irá del mundo sino existirá de la voz de vosotros que moja.
Las hadas y el hombre dicen: Jamás pensamos que hicierais magia,
escribís y nos hacéis sentir lo que vivimos en el alma,
todo eso que decís en cada línea es lo que nos pasa,
eres el mago de las palabras, eres la persona que da la venturanza,
hacéis que nos sintamos regodeados, jarifo, jocundo en la vida encantada.
El hombre de la historia dice: me equivoqué en realidad esa vez que os maltraté,
tan maremágnum a vuestro ser que solo contaba de querer,
de querer a esta vida que nos llevamos de fe, y de mucho nacer en flores,
como los azahares de mi hada de olores,
y de fárrago amor en los ardientes corazones
que está colmada de nuestras cuerdas de inspiraciones;
tan sabias de voces, tan lunáticas del amor del entonces,
tan sonadas y tan acabadas de sublimación,
y de la vida esto es de la indecible pasión,
que llega hacernos en la memoria del amor,
tan solo que personas de remanso del retozón,
que ahí es cuando sonáis nuestras cuerdas de voz,
como del piano hermético de su entonación,
así nosotros hablamos en lenguaje de pasión,
cuando nos tocamos en la cama de amor,
somos vesánicos y enamorados,
¿por qué no vivir esto en lo inmenso y adorado?,
sentimos júbilo en el aliento del corazón explayado
entre caricias de ese lecho que ya llevamos,
lo de un querer tan unido y excitado.

El nocherniego es el momento de sentarme a escribir,
todo eso lo que me pasa con ellas del vivir,
y cada una de ellas me es lo estro de lo feliz,
y no lo cabizbajo del existir,
siempre perenne en el sonreír,
como sus semblantes a los míos,
eso es lo que me alboroza a escribir,
tenerlas ahí entre mis ojos de idilio,
como no escribirles el poema del destino,
que sus seres significan la identidad de mi amorío,
que si no hubiese ese Papa venido,
no me hubiera enamorado de lo más deífico y divino,
que un hombre quisiera tener las mil noches de lo bendito,
rozar vuestras pieles con el aire de besos de lo silfo,
y hacer de él su poder de Dios y amaros de lo inmortal,
que no se iría mis vistas de sus óculos de zafiros,
y tuviese siempre en mi piel vuestra intimidad,
se es tan jocundo en esta vida de apasionar
lo que son ustedes en la vida de mi alma del amar.
La hada de vestido blanco dice en tono a ellas:
somos lenidad a tu alma,
somos esas flores que a vos encanta,
y sobre todo con nuestras pieles blancas,
exultantes con vuestro ser de magia,
os damos amor y vos dais besos que ardan
hasta hacer de nuestras pieles lluvia santa,
y que bueno que esto es así vida y no manca,
hasta en sueños mis sentidos son de romanza
a caer a vuestro ser de miles de arrumacos a tu pecho de llamas;
que no son cobas sino verdaderas alabanzas,
sonrío amor porque os amo de verdad en el alma,
antes como hada esperé un hombre que me escuchara,
y aparecéis así por un Papa, y soy la digna de vuestra cama,
igual que mis dos amigas que os adoréis de gran delicia del alma,
la pasión crece y crece a lo lejos siempre que llega hasta la montaña,
para hacer de ella una luz misericordiosa del amor que se ama,
y también llega a lo inmenso de los cometas que vuelan de magia,
solo cuando ese romance vuela y se da contra la luna rutilada,
se desprende destellos que no se olvidaran,
porque se vería desde la tierra esa transparencia diáfana,
de lo que es el amor que hemos vivido esperanzado,
para solo recibir ese brillo que dice: “Son ustedes amados,
son lo que en este cielo será universo de luz sagrada y entregado,
como a los dioses que existieron y que están en lo alto,
como de cada astro unidos en formas de su figura,
ellos darán el aliento que a su destino llenara de ternura,
una ternura de sagrada suavidad de los dioses de la noche nocturna,
y que sonreirán felices a lo que a su magia se acostumbra,
las cuales desde sus lápidas de tumbas,
tienen aún la magia de hacer a ustedes la luz que alumbra,
que brilla horita de majestuosidad y ¡véanla qué blancura!,
y levantado vuestros seres a su místico poder que les apunta,
y que les llena de amorío y de la tenue flor que le acaricia de dulzura”.

Viváis felices estos seres en esta tierra de la pasión que siempre perdura;
como en ellos al cuidarla tanto en su vida de la noche nocturna,
se besan entre el lecho del amor que le apunta,
las hadas junto a su piel gritan que os amáis de la dulzura,
las melodías a los cielos se escucha,
son tonadas de los mismos dioses de las estrellas que tocan de blancura;
llenáis este sitio del lecho de frutas,
de mucho amor que abunda,
sus seres se acarician más y más con la música,
sus pieles de las hadas despiertan más de la lujuria,
y los dioses al ver eso no le es injuria,
sino tocan y tocan como grandes en la noche nocturna,
mientras las hadas con él hombre se entregan de ricura,
viven la noche de magia y de besos que arden y brillan como luna,
que maravilla es el amar de vosotros de la noche que suma
un aroma lleno de la belleza,
entre vuestros seres que se quieren en esta naturaleza,
no es la tristeza sino la férrea madera de un poeta,
como del hombre de sus liras a ellas,
que tiene de pasión en sus cuerdas,
las cuales son sus voces que explaya de belleza,
como el sonar del piano que alienta,
sumisamente a todas esas hadas esbeltas,
que el quiere y que teníades por siempre de grandeza,
y que besaréis en la rijosidad que aumenta
el regocijo de tu ser a ellas de la vida eviterna,
y que a su destino no es el infierno que averna,
no hay esa febril lastimera,
sino regodeo que en sus ojos a ellas en mirada besa,
y que grita ¡por fin tengo lo que en el inmenso pedía de acaricia tierna!.

Al amarse tanto así termina y comenzáis sus voces,
hadas con él se reúnen y deciden cantar de ilusiones,
juntos cantar porque esta vida ha sido como canciones,
y que necesitan enfocarse en algo
que les haga pasar el momento de emociones,
para tener un corazón enamorado
y saber que es su vida un sitio de amores,
y que entre el lecho han dado explosiones,
como la divina palabra de concupiscencia,
que se han saboreado durante su existencia,
como lo incitador del deseo de su vida que truena,
como de los besos, del sentimiento que no frena,
sino sigue como las palabras que hoy siguen de grandeza,
como lo anacreóntico de palabras de amor de su fineza,
así son estos seres como ese Poeta Griego de sutileza,
al cual compartió en su vida Griega,
todo eso del placer del amor unido y de belleza.
-Así es la vida mía con vuestras hadas que pega,
y que no se desune en la vida de lo que embelesa,
y como de sus versos a ustedes en caricias besa,
o como en silencios de una música a ustedes ahí les eleva;
y cuando suena, a ustedes ahí tanto la besa,
como de mis labios de los tonos de sabrosura mis damiselas,
no se puede ir mi ser de ustedes hadas de mi existencia,
están en todos lados vuestros alientos que me gusta,
y que de mis sonidos ante ustedes no asusta,
y no son en mi relación mustias,
son de mis sonidos el desespero de angustia,
de quererlas tener y besaras de lujuria,
de no dejaras ir mis amores de ternura,
las amo y les alentaré mis hadas de dulzura,
viviré en su lecho de blancura,
despertará el hijo ahí algún día ya verán,
y será la vida tan ardiente de volcán,
seré vuestro guardián de cuidar,
y serán el amor que de mi poesía florecerá
hasta ese universo de los Dioses de tenuidad,
de entrega y amor inmenso de la vida de paz.
¡Sí, así es el amor! que sentimos mis damiselas de mi alma de verdad,
que está colmada de magia y de divinidad,
y tan gloriosa que el cielo no se ve por nuestra luz celestial.
Así vivimos, así somos, y así estaremos
de esta pasión que jamás lo dejaremos,
siempre será nuestro aliento,
que acariciará todo nuestro cuerpo,
y que entre flores dormirá del lecho,
ya el amor vive en lo inmenso,
como junto a los dioses de lo bello,
y ellos aún sigue tocándoos sus instrumentos, como el violonchelo,
un piano y violines de maestría de sentimiento,
el amor es así y será de lo nuestro,
y porque soy vuestro escaldo que os ama en todo lo eterno,
mis hadas de mi amado sueño.

viernes, 3 de diciembre de 2010

¡El mago de la pasión!



El romanceador venturoso de la magia y del amor.

Iré a visitaros mañana para que así acortéis o reduzcáis vuestras iras de la coraza
que adquirís en vuestra íntima alma, de vuestras zozobras floreceré de calma,
necesitaré que vuestras cuitas amen mi santidad de piano que no manca,
por si os salvarais de ese resquemor que os maltrata,
paz abría en el entorno de ángeles cantando de magia,
por haber quitado de ese mundo que os desgarraba.

¡Superadlo entonces mujer qué vos hacéis en lo mesto zozobrando
sin saber que mi ser os está entre flores a tus sentíos amando!.
¡Amadme condensa! y así alentaréis a mi ente de vuestros sentimientos de poemas,
solo por mis tocadas del alma que alimenta entre cuerdas,
que es el piano de tocada que embelesa y que os acaricia tan tierna.
Encariñados mis sentidos serán por vuestros labios que a mi alma le besa;
y que se siente beatitud por ver que cambiáis ante la vida tan bella,
por solo dejarte acariciar de mi alma que ofrece dulzura inmensa,
como a los corazones tétricos, lóbregos de esta vida que penan.
 Quisiéredes contemplar mi entorno del alma que solo ama,
tendríades que volar entre la magia más loca de un universo,
a la entrada que está en la puerta de mi sacra alma,
y veáis ahí la pulcra sonada del sentimiento,
sí de mis meticulosos trazos que a vuestra boca de oasis tocó.
Idos de hace poco cuando hubisteis luctuosa del ser desolador
y más de vuestro corazón;
moveos entonces ahora que os veo en mí de explosión,
no os vayáis de la beldad de lo adormecedor,
y engendrad vosotros ante ella de mi voz, mis caricias a su adoración.
Vosotras sin hacedle daño en su sentimiento de poemas del amor,
que le he visto siempre en su mágica voz,
que ¡tanto mi vida le he de amaros!
sin dejar de arrullaras en mis idas de un sueño que la veo yo;
siempre estáis ahí con vuestra figura de un Dios,
que me tenéis vesánico en la gira de tu contemplación,
sois entre maravillas la sideral de mi ida apasionante,
la que junto a vuestra dulce y tierna carne
se ha posado ante liras de mis caricias de romance,
la he salvado y la he traído a este sol de valses:
“Románticos de mi alma en alas a vuestros ojazos siderales”,
porque no fundirte en él y ahora de luz ¡amadlo!,
flores de lucha a su espinada sin mancharos
de mendaz a su alma que a vos ha pintado,
de magia, salvación y fantasías de lo alegrado,
y calmado entre su voz soprano
de vuestras noches en el lecho de aromas amando;
por siempre, por salvador a su ente que te ha iluminado,
los sentidos y armonías de vuestra alma a su ser que le ha besado.
 Antes no se miró un ser así en la noche que ella estaba triste,
y pidiendo en ruegos a un Dios que ayude a su vestigio hundible,
que le atacó en el camino de lagrimas sufribles,
la razón fue es que no teníades la paz del amar de la soledad,
nadie a vuestra alma visitaba para ofrecer la castidad de amar,
y he llegado mis sentidos ante su ser salvando de tenuidad,
más con mi alma de tonos que a vuestro ser salvó de lo angelical,
rutilándoos vuestro orbe de majestuosidad,
y haciéndola reír en mi vida y ojos de felicidad,
nadie había hecho esto, pero si existe un chelo
que os vea y que acaricie de tiernos tonos y besos,
por eso que el instrumento he sido yo de los cielos
que a vuestra pureza ha caído para dar de lo bello,
no se rinda ahora jamás porque tenéis un poema de sentimiento
que ha tocado su alma, vida como destellos,
¡qué hermoso es amaros así a su ser de dulces versos!
que tocan su intimidad de vuestro cuerpo;
y llegan hacer de cisne un níveo cuello.
 A lo lejos de estos cielos, un sideral entre flores durmiendo,
vuestra beldad entra al entorno de lo verdadero,
hace ver que esto es el romance de lo franco y de mil universos,
porque entre ellos se dá mi armonía de tener a lo más bello.

¡Ya si miráis oh mundo, oh vida mía tengo los alientos más que enamorados,
que de una dama del pasado llegó para convertir en lo dulce y romántico!.
 Violines a lo lejos de mis ojos observo sonando,
son azabaches de ángeles tocando entre numerosas de escalas,
suena tan tiernamente y suave, igual que vuestras voces apasionadas,
vosotras alentáis a mis armonías de mi piano del alma,
y convirtáis lo que quisiéredes en la calma
de mi vida junto a ella de lo que siempre ama;
y que he gritado siempre entre la vida pasada
que pasará en la eternidad cuando consiga esa dama,
pero alientan mi fóculo azabaches ante lo que cantan,
y de qué forma lo hacen vosotras de magia.
Vengáis angelicales a mi y déme sus violines de sonada
que de ellos serán ante la cortesana refinada;
el brillo de este mundo en violines sonando de la belleza
y se verá grandiosa naturaleza; y vosotras si quieren vivan de lindeza,
como en este fóculo de sus aromas que dejan, y hacer de ellos amor a mi damisela.
Habríades contemplado estas azabaches mi bella,
no sentís gentileza con todas ellas,
son tan divinas de pulcra esencia, que han dejado amor a vuestra belleza.
Amaríades ahora mi ente a vosotras azabaches tiernas,
y pido permiso a mi hermosa esbelta,
si puedo dirigirme a ellas como mujeres mías de lo que quiera.
Condesa: Veréis amor si han venido y nos ha dado su guapeza,
porque no vivir una vida de amor y belleza.
 Venidos a este fóculo con mi hombre vuestras
almas y amaros de mucha esencia,
como lo he hecho yo en su ser de vihuelas.
 El romanceador: Gracias amor, sois grandiosa ojos de velas,
has dejado en mi alma una divina huella
que seréis el pecado hasta de Satanás en esta historia de lemas".
  "Tocarte sería morir los mismos demonios de sapiencia,
astuta de hacer lo que quiera, pero sucumbieran entre la fría huella
ellos por siempre de la no benevolencia ,
otro:  No entrar a sus óculos sino seréis piedra,
y no hay otra solución hacia vuestro ser de penas”.

La dama mía es tan indecible ante los demonios,
ni porque vengáis a este entorno,
podréis hacer vosotros maldad con mi amor que adoro.
Es inmortal como nuestro apasionado matrimonio,
idos entonces ni penséis venir sino morir en el lodo.
Sonrío entre la noche junto a mis hadas que imploro,
¡un amor loco!, y tanto en su piel de besos de melodías amoroso.
Y así la vida en esta noche en el lecho con ellas es ardoroso,
os ama mi vida tanto que exploto, como entre el llanto luctuoso,
porque antes de mi vida no era esto de lo maravilloso,
solo era en mi vida del piano y de poema que amo,
solo escribía para mí, y mirad que he conseguido de lo hermoso,
ahora todo es frondoso entre pinceles dibujando mi corazón de piano melodioso;
¡soy feliz!, sí, soy tan inalcanzable en la beatitud que reposo,
que ni Dios viera lo que hoy tengo en el sueño de los versos armoniosos,
que a estas damiselas ineludibles de mi corazón que les adora de lo fastuoso;
vivo tan venturoso en mi vida de lo godesco,
que hasta el ambiente de esta naturaleza que me acaricia es fresco,
y sentidos mis amoríos a ellas de los cielos,
que amará entre la felicidad de sus ojos de destellos,
y que este amor ante su almas es entre la quimera lo perogrullesco,
o que del agua que cae de las rocas son mis tonos del sentimiento
que van hacia ella, la cortesana de miles de besos;
os amaré siempre en lo más romántico que pueda imaginarme ojos de destellos.

Meliflua en su mirada siempre en noches que duermo,
la veo así, viéndome y sonriendo,
y por dentro feliz siendo, sabiendo que es mía del sueño,
y que no he abandonads vuestro aliento que amo en la noche de silencio,
al cual en miles de segundos observo, mis violines de sentimiento,
que aman tu tormenta de lluvia que acaricia mi cuello,
sois la magia de mi inspiración del momento,
y que será por siempre hasta el reino de los cielos,
os amará mi voz a vuestro ser de chelos,
y no abandonaréis jamás mi centro, el que es tuyo mi amorío tierno,
porque siempre en mi tu semblante y óculos contemplo,
y es como si estuviese viéndoos y oyendo,
la voz de Dios de aquella ves que estuve en el templo,
y os lo pongo como ejemplo, porque eso me pasó de enrojecimiento,
por dentro de mi sintiéndoos del corazón hasta que os conocí mis ojos serafines,
que hacéis levantar al cielo mis violines,
y a tocarte de pasión a tu ser ellos felices,
sin dejarte ya más en tu interior cicatrices.

Pinto así de esta manera a este cuento de matices,
y le lleno de amorío inmenso e invisibles,
sin ser ante mi vida vuestra alma triste.
Junto a las azabaches respiro sus jazmines,
y entre sus aromas de flores les beso entre el fóculo libre,
vivimos en esta vida para amar,
y llegamos aquí entre versos para soñar
lo que nos incita para siempre besar,
y vemos que si es posible luchar y a esa dama acariciar.

¿Por qué somos así los poetas enamorados?
que escribimos el sentir de lo explayado,
y que a ellas no analizamos, ni pensamos,
sino que al escribir las letras salen volando,
como estrellas del inmenso espacio,
y que si ven que entre esos versos las acaricio tan despacio,
sus labios jugosos, como frutas y rosas de lacio.
Vivo así y soy feliz, vivo con la belleza de un poema,
vivo con la realidad de mi quimera,
y ante otros mundos que observen no hay problema,
porque soy yo el que vive esa vida de gemas,
y las cuales son ante mis bellas,
son divinas de besar como al ser que observas,
pero siempre entre cada estrofa que cuentas,
y que en esa imagen tu a ella la besas.
La llenáis de un amor que alimenta
cada vez a tus versos de felicidad y lengua,
lengua que te vais alimentándoos de fónica,
hasta ser de tu historia bellas glorias,
y llega un momento que quieres gritar ¡victoria!,
y os dais cuenta que eso es lo que buscáis de la historia,
que amaréis a tus estrofas como a ellas de no vidorria.
Y adormeceré junto al regazo de vosotras en caricias de notas,
las cuales son de mi alma armoniosa y gritona.
A ellas de amorío que les adora.

Una voz sacra de las cascadas de la naturaleza
vino y le dijo de mucha tenuidad y poca fuerza:
“Amadlo y cuidadlo bellezas a vuestro esposo poeta,
veáis es un hombre que les quiere hacer ver su íntima belleza,
que os ha daos de grandiosidad de poemas,
sus liras entre estrofas han dicho la quimera,
y así vive el con vosotras de gentileza,
y les queréis tanto que entre los sueños les besa,
vivan regodeadas y ámenlo de la vida que no juega,
sino con el a vosotras enseña, la pasión que no niega,
ni en lo más lejano de este mundo que le lleva,
siempre tratáredes a él de la luz divina que deja
a sus corazones de cálida arena”.
Y en ella deja escrita:”soles de mis astros,
os dejo mis alientos amados,
y mi alma, sentimiento y versos se sienten estupefactos,
por ver que tal amor les tengo en sus seres delicados.
Amaréis vosotras a mi ente que le deben de adoraros,
y dejar en la vida de oriundos y a ellos idolatraros,
como a mí queridas que les quiero de lo apasionado”.
Ellas se quedaron con el alma iluminada,
vieron que su esposo si les quería en el alma,
su romanceador se había ido a otro lado.
Y les había dejado solas pero sabiendo que les ama,
y que estará allá buscando un vestigio o una remembranza,
la cual a vuestro orbe iluminará
más del amor que le tiene a vosotras de inmensidad;
¿a dónde habrá ido su esposo encantador?,
fue al inframundo a buscar un collar de perlas y de rojo color,
ellos son la remembranza que a vuestro mundo florecerá
de luces en su cuerpo ángeles de prodigiosidad;
¿pero por qué al inframundo y no a otro lugar?.
El inframundo tiene entre lo más fondo de su mundo lo celestial,
observáis ahora lo que es un romanceador amando a sus diosas de felicidad;
veréis que puede hacer un enamorador por hacer lo más grande
e indecible y convertir en diosas sus damas de mágica deidad,
y les llevaréis a vuestras damas lo apasionante
y convertiréis sus seres de lo más obsesionado de un hombre de verdad;
como vosotras seréis en la naturaleza de este enamorador de envidia,
y su cortejador así en su ser de deidad dará caricia,
y le amaréis con su vestigio del collar que da alegría,
un collar o joya convertido a vosotras de liras,
a deidades majestuosas que les querrá de dicha.
Y el poeta les dijo: ¡Hola dulcineas de mi naturaleza!,
he venido y he traído a vosotras la íntima e ineludible belleza,
estas joyas de perlas, y rubíes a vuestros ojos de esta gema,
colocárselo dulcineas de mi alma de cuerdas,
he ido al inframundo y mire vuestro vestigio,
de ese mundo traje y esto he conseguido,
les dije que iba a venir con lo más mágico de un destino.
Si se ponen eso serán deidades de lo dicho,
y su seres azabaches serán más de delirio,
y mi cortesana será de lo refinada a lo sacro divino.

Tendréis poder amor de mi corazón ardiente.
Azabaches, vosotras haréis ver a las montañas de lo bendito,
harán que ellas canten como vosotras de lo lindo,
con esa voz muy soprano a esta naturaleza de lo que necesito.
Y las damiselas del romanceador dijeron: ¡Oh que mágico sois amor,
has hecho de nuestros seres que de ardor y pasión!.
La cortesana dijo: Miradme como soy ante ti hoy,
soy toda una deidad del amor que quisiéredes con tú corazón
entre suaves mariposas volando a mi pecho de amor;
volaríades entre árboles cantándoos ese ruiseñor,
tan melodioso a mi ser por ti de ilusión.
Que le quiera mucho como el ama su voz,
sí y así di mi amada alma a mi romanceador,
que es ante este collar de rubí brillador,
y besándoos sus hojas de los versos de mucha pasión,
porque mientras todo lo que nos pasa,
el está ahí viéndonos y escribiéndoos del amor,
y así al ser el así me llena de la lira amada
que me dejáis entre la montaña de voces cantadas.
Soy feliz contigo amor de mis mil noches,
y se despiertan los divinos soles,
y hacen ver en vos historia tonos de la armadura de bemoles,
y solo de él despierta pasiones
para que de eso arda, enamore
todos nuestros iluminados corazones.
El cual tiene por dentro mil voces,
que dicen: ”Os amo, hombre de mi entonces,
que será hasta lo sempiterno de los acordes,
y duraréis sin retirar de él mis tonos de flores”.

Queda el amor de estos historiadores
que comienza y no termina en sus ardores,
sino se besan de esa vida bellida que viven de emociones,
si así es el amor entre hojas de sus olores,
porque vivir con las amadas que debéis de amaras,
y en vuestro mundo en flores acariciaras.
Tratáredes de mostrar un mundo más angelical,
pero lo hacéis tanto que convertís más allá de la inmensidad,
y vuestras deidades a vuestra alma, sentidos amáis,
tus óculos, caricias, piel de hombre ellas idolatráis.
De tu ida ellas no se retiráis,
sino siempre pero siempre están ahí amándote,
y entre besos a vuestro poema están iluminándote,
del ardor de ellas de sol que os ama del amor,
y que no se retiran de vuestro divino olor,
¡qué maravilloso es la ilusión de un querer!
que crece y nunca envejece del ser,
sino siempre vuela entre nubes y el cielo de fe,
de que esta relación será un huerto de divino frutecer.

El romanceador de esta historia vive de lo más imaginario,
pero entre noches el se esconde y reza un rosario,
y le pide al grande Dios de todos lo apasionado,
que no lo abandone nunca y que le de lo mágico,
que el sea el mago, si de hacer cosas de lo amado
como a sus deidades que el ha idolatrado,
como de tanto romance entre noches de mil tonos,
tocándoos con su instrumento de lo loco,
que ama como a ellas en su corazón fervoroso,
y Dios de los grandes le da la magia de lo apasionado,
y al tenerla vive feliz y regodeado,
¡qué virtuoso es en verdad con el instrumento este mago!,
hace cosas con ese instrumento que hace blanquear los pastos,
hace mover los cielos y nubes y al sol arder de iluminación
para que de a su fóculo pasión, y vivan del grandioso hermético amor,
que nadie entenderá como fue que creció,
y si los que entiendan como fue, así será lo mucho que crea esta pasión,
porque es como el comienzo del primer compás,
hasta que de ellos fundan entre las notas de la vida real,
besándose vosotros y escuchando la tonada del amor,
sacro momento entre la gira del vuelo de su vida del poderoso compás;
porque estáis entre corcheas y tonos su voz de amar,
y una nota cambia para hacer ver que os quieren de verdad,
como sus palabras que comparte de los labios a sus damas de amenidad;
para hacerlas sentir que les amáis de lo pulcro y celestial.
Así es su historia que viven ellos en su música de poesía,
la cual es miles de liras escritas de maravilla,
y que será ante el entorno su amada melodía,
la cual suena y sonará del romance de su vida.

Esto es la vida que muchos creen que es mentira,
esto comparte la parte íntima de la lira,
sentís lo que pasa en sus meticuloso trazos,
que ha trazado el romanceador a su pasión que ha amado,
lo que es de su melodía que tañe de lo enamorado,
que se nota hasta en sus ojos brillando.
Por su esbeltas que tiene en su corazón besando,
es solo esta pasión que estará en su ser agitado
hasta en el lecho de besos y mil flores adorando;
¡qué viva el amor de estos seres que se dan tan glorificado,
antes en el universo no se sintió algo tan romántico,
que de este enamorador nació tan mágico.
Y vivís con vuestras dulzuras de lo dulce,
y hacer de ellos mucha luces,
y dejar entre las montañas o cumbres
rutilancia de melodía sonada de alegría.
Veis como siente el amor en su poema,
porque es tan indecible su forma de amar a sus esbeltas,
porque se engendra tan profundo junto a sus dulcineas
que son diosas ante él junto a sus joyas o gemas.
Porque esto es el amor que ellos tienen de mil tonadas de poemas;
y que no se irá de su vista o presencia,
estaréis llena de esas flores de esencias
para hacer ver lejos que este amor es lo más sacro que exista en la historia de un poeta;
y que ha fundido a su amor entre su lengua
para hacer ver que amar así es una riqueza,
y que se saborea en la boca como fresa.
Si como a ellas que son sus divinas princesas,
a quien devora en noches en el lecho de delicadeza,
y de inmenso querer a vuestros seres de grandeza.

Beethoven aparece entre esta historia de benevolencia,
y ofrece su surrealismo ante esta pasión que incrementa,
para tocar el concierto para piano número cinco opus 73 del “Emperador”,
el cual comienza con sumisos sonidos de violines y chelos de iluminación;
dejáis ante el ambiente de ellos lleno de belleza y amor.
Toca en su piano luego tonos de gran divina modulación,
se siente tan felices los romanceadores de esta historia,
que gritan a Beethoven: !Gracias por venir y dar vuestra gloria!,
como a esta naturaleza de gran música apasionadota,
y tan sublime ante nuestros seres que nos acariciáis las notas tan maravillosota.
Tenemos el alma tranquila y eso es lo que vos has dado pianista,
llenas nuestras vidas de regodeo de vuestro sonido que nos dan lira.
Sois increíble Beethoven, tocáis así de maravilla,
que nos hacéis sentir beatitudes en esta vida,
y dulces como los ruiseñores cuando cantan de dicha,
vivimos ahora con vuestra presencia ante mi poema
de lo que quería de un genio como vos de la naturaleza;
que le dierais matiz a mis versos de las estrofas de belleza,
y con tu sonido es lo que has dado. ¡Qué noche de estrellas!,
tocáis ante esta noche junto a mis dulcineas,
porque no vivís aquí Beethoven del arte que enseña,
y que da grandiosidad en su sonido de la vida que lleva su voz de profeta;
Beethoven seguía tocando ese concierto hermoso en esa naturaleza,
y dice: “Mirados y palpitados mis sentidos a vuestros seres de grandeza,
he venido ante su naturaleza y vuestra presencia,
para ofrecer de mi lo que ante mí antes viví de poema,
este concierto como mucho de los míos es este la que representa
como el amor hacia una mujer que amé tan entera;
y tan frondosa y matizada de primavera.
Era ella un amor inmortal de mi existencia,
pero sucumbí y ella jamás supo de mi amor que ofrecía,
como el verdadero; que son de ustedes en carne de alegría,
cuando sucumbí ella leyó luego mi carta del amor,
ella al leerla lloró, porque jamás supo que la amaba así en mi corazón.
Y este concierto es tan igual como ella que tañe entre trinos de quererla amar;
y de mi vida cuando estaba vivo quererla abrazar.
Así como los trinos juntos se abrazan yo quería a ella besar,
pero nuestro mundo era tan desunido aunque me quería,
pero yo por motivos de celos me apartaba de ella y sufría,
y más por mi vida de cómo era sorda y dolida.
Así era como yo vivía, así era mi existencia de antes,
pero si he venido he ofrecido mi arte, que es lo dulce y apasionante,
lo que dice la música mía le ofrezco lo del romance,
y en ella vivirla seáis ustedes de lo realizable,
y felicidad a vuestros seres que me ven en su vida de ángeles,
y si vosotros queréis que viva con vosotros viviré,
y si es posible aquí en alma en paz descansaré.
Así no vea a mi amada inmortal del amor,
jamás la vi aunque está en mi corazón,
pero ella así donde esté la quiero con todo el ser y del otro yo.
Es todo amigos, venid y vivamos felices,
no quiero más tristezas que estar de cicatrices,
y mejor que ver en mi música divinos matices”.
Dice el romanceador de las damiselas:
“pero esa dama si leyó vuestra carta no creeréis
que debe de estar en el oasis, ¿esperándote?,
-¡no!, no creo, ella aún debe de estar en el inframundo del infierno,
-¿por qué decís eso así tan espantoso y feo?.
-porque ella al leer la carta de dolor no tuvo otra que matarse,
y al serlo solo su alma va al averno,
y vive en esa pena dolida y despreciable,
-¿Y cómo vos sabéis eso?
-La vi desde el paraíso como lo hizo,
y Dios no tuvo otra alternativa que mandarla al infierno.
 Y bota lágrimas Beethoven al decir eso,
no lo soportaba en su ser la realidad esa del averno.
-Entiendo Beethoven y por eso es que esta música a pesar
de ser tan profunda y dolorosa,
en ella decís que vos la amáis tanto como a una diosa,
y que quisiéredes encontrarla para amarla,
-sí así es, pero ya no se puede, ¿quién podrá de allá sacarla?,
¡es triste vivir así!, a alguien que vos améis y no la tengas,
-sabes amigo yo tengo magia y puedo traerla,
yo fui a ese mundo del inframundo y traje gemas,
la puedo buscar y no será difícil, ¿confías en mí?,
-ve entonces y te lo agradecería tanto
que a cada poema tuyo llenara de lo apasionado,
hiciera sentir vuestra poesía de mi piano.
Tus estros fuesen melodía y así fuera todo alegría.

El romanceador va al infierno con su magia,
y observa entre las tinieblas del inframundo a esa dama,
Beethoven le dijo todo como era ella.
Y cuando la ve, la rescata y la trae tan rápido que enseguida vuelve a su naturaleza;
y ve Beethoven a su belleza, y Beethoven grita: ¡amor de mis melodías de mil poemas!.
¡Estáis aquí amor de mi naturaleza!, os quiero tanto que me muero por ti amor amado. La amada inmortal le dice: “amor quiero llorar, quiero gritar que no puedo creer esto en verdad, ¡cómo puedo verte aquí si estaba en lo infernal!, me maté porque no aguanté
el dolor que tenía, lo hice con un cuchillo por mi cuello, como vos ya estabais muerto,
y no tenía ya a nadie, lo hice para ir con vos y amarte, pero nada fue así, fui a otro mundo y viví de dolencia; fue horrible, pero veo que me trajo un mago rápido, ¿él quién es?”. Y dijo Beethoven: el es el hombre a quien he tocado el piano, porque tiene unas damiselas que el ama tanto, y que a través de mis tonos fui contándoos la historia que tuve contigo, y contándole sabes ¿qué?.- ¡No!, ¿qué?. - Qué tenía un amor en mi vida, a quien yo tanto quería, pero mucho entre mis melodías, pero que al final no se pudo hacer nada, y me morí sin decirte que os quería. Pero vi que moristeis en la tierra, que tú misma te matasteis de tristeza. Pero el romanceador vio que estaba muy lóbrego que me dijo: yo mismo rescataré de ese infierno a vuestra amada, y la traeré a este sitio de paz iluminada, porque yo tengo la magia que me dio Dios, y que pedí y que ahora seréis la salvación, para que vos tengáis a vuestro gran ineludible amor. Y dice Beethoven: Pero lo importante es que vos estáis aquí
y me amáis ahora de mil centello,
a mi ser e iluminado de ti y siempre de amor floreciendo.
Las rutas de este camino se volvieron duelo
para llegar ahora a la lucha de un sueño,
¡que eres tú! mi amada inmortal de lo verdadero,
y que viviremos aquí de lo hermoso y apasionado,
que junto a vuestro cuerpo amaré como amo al piano.

Y las damiselas del romanceador dijeron: sois increíble mago,
que de esta historia eres lo más estupefacto,
tenéis eso que hacéis feliz a ellos en lo alto.
Son felices y por fin somos todos beatitudes de lo apasionado;
vivimos todos aquí en esta naturaleza de lo enamorado,
y que estará en el romance entre voces de santos,
este sitio llenándoos de lo más sagrado
que llega el amor de nosotros al cielo de Dios volando.
El romanceador dice a Beethoven: ¡gracias por venir,
gracias por venir aquí, me gustó ayudarte!,
me gusta ser tu amigo y darte
lo que un amigo debe de dar a un hombre admirable;
y gracias por el trabajo que has hecho de melodías a mis poemas adorables;
mis poemas ahora al leer suenan de esa armonía apasionante,
me siento feliz en verdad Beethoven de esta naturaleza de arte,
que vos ha pintado con dulzura con tú música agitable
a todo los rincones de este mundo de lo mágico;
sois un genio cúspide ante los sonidos amados.
Beethoven le dice: “No es de nada, tú disteis y yo doy lo que merecéis,
no creéis que eso debe de ser a tu alma de mi melodía de fe,
lo hice con mucho amor hombre romanceador y espero que lo ames;
como yo amo a mi música y a mi amada inmortal de lo delirante.
Veréis ya esta pasión ha crecido de amistad,
y veremos que nuestro mundo será mucha tranquilidad.
Esto si es vivir de la vida de lo que se pide más y más,
no se dejará de observar esto que tenemos de majestuosidad.
Y Beethoven habla a su amada:
¡Todo es amor! y es lo que tú me has dado ahora mí amada inmortal,
sois la grandiosidad de mis notas inmortales que te amarán.
Así no la veas, ellas en mis tonos te besan ya,
y arden tanto como el volcán,
y de ellas soy tu Rey de reyes como el guardián,
que os quiere y ama de verdad, y nunca os escondáis de mí,
porque mis sentimientos siempre volarán hacia ti,
mi amada inmortal; unos son felices y otros tristes,
pero hoy ha sido mis sentidos contigo felices.
Vivamos este ameno momento de lo amado,
te amo mi amor adorado y agitado,
-Igual yo mi Beethoven de mi corazón de rosa,
sois lo que ha dado a mi vida ahora de alma maravillosa.
Vivo tranquila, os amo mi único ser de la pasión apasionadota,
y que sonaréis en mis aromas, como tus divinas palabras de idioma,
las cuales entran en mí tanto de la vida milagrosa.
Que vos has dado hasta hoy y siempre de la historia gloriosa,
os amaré Beethoven de mi vida loca, sois mi amor de las notas.

La historia es así lo dice el romanceador.
“Así es nuestra historia que se vive en cada compás de iluminación.
Así yo veo la vida de un músico de amor,
y por eso es que antes mis dulcineas yo he dado igual el ardor,
nuestro mundo estará latiéndoos en él de fuerte canción.
Hasta ruiseñores vendrán a cantarnos de pasión,
y sentidas mis palabras serán de mi introspección,
por ser vosotras mis amoríos que encienden mi alma de ilusión.